Fronteras abiertas y feminismo Sunday, Nov 6 2016 

Siguiendo el clásico argumento sobre que las funciones del estado se dividen en aquellas que deben ser eliminadas y aquellas que deben ser privatizadas, las primeras son aquellas claramente disfuncionales como la guerra contra las drogas; las segundas son aquellas como la construcción de infraestructuras, que debe seguir existiendo pero de forma privada.
Lo que quieren hacernos creer los liberales de izquierda es que las fronteras son disfuncionales como la guerra contra las drogas en lugar de útiles como las carreteras.
La respuesta evidente es que no es màs liberal aquel que quiere erradicar la construcción de carreteras como no es tampoco màs liberal aquel que pretende acabar con las fronteras.
Por lo tanto lo liberal es mantener las fronteras pero privatizando el concepto. Teniendo en cuenta la tendencia popular en Europa y EE.UU., en un mundo libertario el mercado seguiría demandando, y ofreciendo, control fronterizo.
Y es que el control territorial ha existido siempre en los grupos humanos; el estado simplemente se arrogó el ejercicio como ha hecho con todo. Cuando el estado desaparezca el control territorial permanecerá. Atacar esto no es otra cosa que contructivismo social liberal, que està representado por los izquierdistas liberales.

Acaso son los islandeses menos racistas que los ingleses? No lo creo. La diferencia fundamental es la exposición al enriquecedor multicuturalismo.
No deja de ser irónico que los autodenominados “liberales sensibles” sean justamente aquellos incapaces de tener y entender sentimientos pues tratan a los seres humanos somo entes homogéneos intercambiables y sin costes de fricción.
Semejante visión es, repito, nocivamente constructivista social. Acabar con las fronteras es constructivismo pues pretende imaginar un “hombre nuevo liberal” sin sentimientos étnicos u de otro tipo. El liberalismo debería ser neutro y dejar a los seres humanos ser como naturalmente somos.
No somos máquinas sin sentimientos en manos de bondadosos ingenieros, ya sean socialistas o liberales. En ese sentido las fronteras son una necesidad social y absolutamente natural.

Existe alguna relación entre la defensa del feminismo liberal y de las fronteras abiertas? Claro que la hay.
Por un lado, el feminismo liberal busca rehacer las relaciones hombre-mujer. El problema evidente que se encuentra es que las acciones serían positivas, es decir, un HACER algo, por ejemplo, si los hombres bloqueamos a las mujeres social y profesionalmente entonces habría que hacer algo contra eso. Pero los “liberales sensibles” no son tontos, saben que no pueden proponer abiertamente políticas de HACER porque ello les señalaría rápidamente como intervencionistas frente al resto de liberales. Por ello, muy a su pesar, el feminismo liberal se queda en chau-chau, solo palabras.
Por el contrario, el caso de las fronteras les ofrece un escenario màs propicio ya que a primera vista la política sería que las fronteras desaparecieran, o sea, un NO-HACER. Es bajo este parapeto que los liberales sensibles se sienten màs seguros y directamente defienden las fronteras abiertas pues parece que es una política de NO-HACER y por ende no intervencionista. Desafortunadamente para ellos, como ya he dicho arriba, eliminar las fronteras es también contructivismo social pues atenta contra la naturaleza humana de control territorial.
En conclusión, tanto el feminismo como las fronteras abiertas son medidas intervencionistas pero con aparente lógica inversa, HACER vs NO-HACER, de ahí que en el feminismo no tengan los cojonazos de proponer intervención pero con las fronteras sí.
El liberalismo ha hecho del mercado bien entendido su bandera. Ha defendido que es una institución natural con perfecto encaje en la naturaleza humana. El liberalismo se ha presentado siempre como una opción lógica a la luz de la naturaleza del ser humano. Dicha visión siempre me pareció atrayente. Por qué preferir el constructivismo colectivista que necesita de un hombre nuevo para que funcione cuando el liberalismo no pide nada màs que los seres humanos que ya somos interactuando libremente entre nosotros? Joder, es que tiene todo el sentido del mundo buscar el anclaje ideológico en la naturaleza del ser humano sobre el que se aplica.

Ahora me pregunto, en qué momento el liberalismo de izquierdas decidió dejar de escuchar a ese ser humano para inventarse un sujeto que ama la multiculturalidad desmedida? A poco que observemos la querencia de los individuos vemos que tienden, en todos los países, a protegerse, a actuar políticamente contra la pérdida de identidad. Inglaterra, Suiza, Hungría son ejemplos en los que por medio de referéndum se ha dejado muy clarito lo que se piensa màs allá de los lideres de opinión y medios de comunicación viciados. Siendo esto así, por qué los liberales de izquierda rechazan a ese ser humano que detesta la multiculturalidad y le obligan a ser otra cosa que no es? En qué momento el liberalismo se metió a diseñar políticas que no son para los seres humanos reales?

Si la izquierda liberal reconoce finalmente que se requiere un hombre nuevo para aplicar sus ideas. La diferencia con el marxismo parece de grado; éstos quieren un hombre 100% nuevo; el liberalismo izquierdista “no mucho”, o sea, solo la puntita.

Puestas las cartas sobre la mesa ahora le toca a cada liberal juzgar si quiere “trabajar por ese hombre nuevo” o simplemente defender el liberalismo natural, aquel que no necesita nada especial para entender por qué la población mayoritariamente rechaza el multiculturalismo.

Por último, también discrepo en lo de “no mucho”. En realidad, una sociedad de fronteras abiertas requiere un cambio de paradigma tal vez mayor que una sociedad comunista. Si hemos pasado el siglo XX acusando a los comunistas de peligrosos utopistas e ingenieros sociales, qué deberíamos decir entonces a los que pretenden un cambio si cabe mayor?

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MONOPOLY, MARKET AND COMPETITION. AN AUSTRIAN APPROACH Sunday, Nov 6 2016 

Paper submitted for the subject Industrial Economics, June 2010, Universidade Católica Portuguesa, Lisbon.

Prof. Helder Vasconcelos

INTRODUCTION

One of the main bastions of the interventionist economists is the industrial organization field. Nonetheless there is one economic school of thought which advocates the non intervention in the free market in any case. That is the Austrian School of Economics. In this work we will have a look at the Austrian vision of industrial organization because we consider it a very interesting and unusual point of view of this particular economic field that would deserve our attention.

Given that this is not a work on mainstream economics1 we will not pay heed to what they say about our topic. We just refer the classic text books2.

The larger part of the work consists on a development of the Austrian position. We will see the Austrian concepts of competition, monopoly, entrepreneurship and market. Later on we will move to an applied case of the theoretical concepts previously learned, specifically we will discuss Microsoft Case. As it is well-known this case involved a benchmark of antitrust policies. Once more the Austrian position will differ widely from the mainstream.

But first of all we are conscious of that a brief look at the main characteristics of the Austrian School3 will be welcome. In order to be more synthetic (and clear) we decided to draw a comparative table between the mainstream paradigm and the Austrian one.

Points of Comparison

Austrian Paradigm

Neoclassical Paradigm

1. Concept of economics (essential

principle):

A theory of human action,

understood as a dynamic process

(praxeology).

A theory of decision: maximization

subject to restrictions (narrow

concept of “rationality”).

2. Methodological outlook:

Subjectivism.

Stereotype of methodological

individualism (objectivist).

3. Protagonist of social processes:

Creative entrepreneur.

Homo economicus.

4. Possibility that actors may err a

priori, and nature of

entrepreneurial profit:

Actors may conceivably commit

pure entrepreneurial errors they

could have avoided had they shown

greater entrepreneurial alertness to

identify profit opportunities.

Regrettable errors are not regarded

as such, since all past decisions are

rationalized in terms of costs and

benefits. Entrepreneurial profits are

viewed as rent on a factor of

production.

5. Concept of information:

Knowledge and information are subjective and dispersed, and they

change constantly (entrepreneurial

creativity). A radical distinction is

drawn between scientific knowledge

(objective) and practical knowledge

(subjective).

Complete, objective, and constant information (in certain or

probabilistic terms) on ends and

means is assumed. Practical

(entrepreneurial) knowledge is not

distinguished from scientific

knowledge.

6. Reference point:

General process which tends toward

coordination. No distinction is

made between micro and

macroeconomics: each economic

problem is studied in relation to

others.

Model of equilibrium (general or

partial). Separation between micro

and macroeconomics.

7. Concept of “competition”:

Process of entrepreneurial rivalry.

State or model of “perfect

competition.”

8. Concept of cost:

Subjective (depends on

entrepreneurial alertness and the

resulting discovery of new,

alternative ends).

Objective and constant (such that a

third party can know and measure

it).

9. Formalism:

Verbal (abstract and formal) logic

which introduces subjective time

and human creativity.

Mathematical formalism (symbolic

language typical of the analysis of

atemporal and constant phenomena).

10. Relationship with the empirical

world:

Aprioristic-deductive reasoning:

Radical separation and simultaneous

coordination between theory

(science) and history (art). History

cannot confirm theories.

Empirical confirmation of

hypotheses (at least rhetorically).

11. Possibilities of specific

prediction:

Impossible, since future events

depend on entrepreneurial

knowledge which has not yet been

created. Only qualitative,

theoretical pattern predictions about

the discoordinating consequences of

interventionism are possible.

Prediction is an objective which is

deliberately pursued.

12. Person responsible for making

predictions:

The entrepreneur.

The economic analyst (social

engineer).

AUSTRIAN VIEW OF COMPETITION, MONOPOLY AND CARTELS

From the mainstream point of view competition is understood to mean the situation in markets where there is no monopoly power. Hence, perfect competition refers the situation where each participant has not any power to influence product price or quantity. The conditions required to define such a perfect situation are indeed completely unrealistic4, including universal perfect information concerning all current market events and potential ones a well. It is this model of perfect competition which is, in mainstream economics, seen as the heart of the law of supply and demand, and which has, in the antitrust policy history, guided governmental efforts to maintain competition, that is to say, to enforce a structure of industry reasonably close to the “perfectly competitive world”.

On the other hand, in Austrian terms, competition has a totally different meaning, for understanding how market works and for formulating public policy regarding the economic structure. Austrians think the mainstream meaning of competition is not only useless, but even wrong in terms of economic understanding. It is clear that to seek to emulate an out-of-this-world state in which no single entrepreneur can influence on market price or quantity is in effect to seek to paralyze the competitive market process.

Entrepreneurship is always competitive, that is, once an actor discovers a certain profit opportunity and acts to take advantage of it, the opportunity tends to disappear, and no other actor can then perceive and seize it. Accordingly, the social process is competitive, in the sense that actors really compete, on purpose or not, to be the first to perceive and embrace profit opportunities. Every entrepreneurial act uncovers, coordinates, and eliminates social maladjustments, and the fundamentally competitive nature of entrepreneurship makes it impossible for any actor to perceive and eliminate maladjustments anew once they have been discovered and coordinated. One might mistakenly think that the social process driven by entrepreneurship could lose momentum and come to a stop or disappear, once the force of entrepreneurship had revealed and exhausted all of the existing possibilities of social adjustment. Nonetheless, the entrepreneurial process of social coordination never stops nor is about to end because of the essential coordinating act amounts to the creation and transmission of new information which necessarily changes among all of the entrepreneurs involved the general perception of ends and means. This modification in turn gives rise to the appearance of an unlimited number of new maladjustments, which spark new opportunities for entrepreneurial profit, and this dynamic process spreads, never comes to a halt, and results in the constant advancement of civilization. In other words, entrepreneurship not only makes life in society possible by coordinating the maladjusted behaviour of its members, but it also fosters the development of civilization by continually prompting the creation of new objectives and knowledge which spread in consecutive waves throughout all of society. Moreover, entrepreneurship performs the very important function of enabling this development to be as adjusted and harmonious as humanly possible under each set of historical circumstances, because the maladjustments which are constantly created as civilization evolves and new entrepreneurial information emerges tend in turn to be discovered and eliminated by the entrepreneurial force of human action itself5.

Focusing on our specific issue, Austrians6 characterize a competitive market as where no potential participant faces nonmarket obstacles to entry, not as a situation where no participant or potential firm has the power to create any difference, that is to say, a situation is competitive if no incumbent participant possesses privileges from the state that give him the chance to deter legally the entry of new competitors.

The achievements that free markets are able to get depend, therefore, on freedom of entry, let’s say it again, on the absence of public privilege. It is because the law of supply and demand (as Austrians say) depends on freedom of entry that this meaning of the term competition is so important. That is the reason why the antitrust policy can be seen as seriously harmful as obstructing the competitive-entrepreneurial market process.

By stressing the properties of the market processes rather than the allocative pattern achieved by the process, hightlights the total irrelevance of unreal concepts of perfect competition. From this point of view, to assess a real economy against the criteria of perfect competition is not simply to treat far too seriously any chance of perfect competition, that is to say, equilibrium in all markets, it is grossly to misunderstand the essential economic problem faced by modern economies. As a matter of fact the economic problem faced by society consists of the need to ensure that, as far as possible, the available pieces of dispersed knowledge of separate actors be by some means mobilized to contribute to outstanding decisions that influence the societal pattern of resource assignment. To try to measure the success with which a society hands its economic problem, with a criteria that shows a pattern appropriate to centralized knowledge, is similar to a try to allocate the efficiency of an assignment pattern for low resources by comparing its outcomes with those that could be imagined for a non-scarcity world, the entire problem is how to hand with scarcity. And the economic problem is, also, how to mange the undeniable decentralization of knowledge7.

For fairly successful coordination in a market order economy, the discovery process based on competitive and entrepreneurial alertness to reach opportunities is key. Attempts in order to make the competition better off by public intervention are likely to be relied on wrong data because the bureaucrats do not use the market discovery process of benefit pursuit and are likely to block or even distort the original market’s own delicate discovery process.

At this point it should be clear that these disinterested, public oriented bureaucrats do not know how to reply the innumerable preferences curves8. There is no way they can know neither the proper price nor quantity for any particular good or service. There is nothing that could guide them to discover where market fails are.

Direct managing by government on quantities, qualities, or prices of production or input used will deter activities which no one has visualized so far. Where these blocked activities result to be profitable, maybe as an outcome of unexpected modifications in data, the probability of their being found out is therefore suddenly reduced. No necessarily intending it, the spontaneous free market discovery process has thereby been, to some extent, removed forever.

It is well known how important for the free market discovery process the potential for unfettered entry is by incomings entrepreneurs into markets. Inevitably, public restrictions prevent any entry. In this way, such restrictions are anti-competitive. They are going to frustrate the discoveries that the dynamic process is likely to create. Even where regulatory framework, maybe influenced by a mistaken ideal of market competition in which any significant size deserve to be erased, is designed to keep competition on for example by blocking mergers, which, actually, should be called as anti-competitive. For instance, this may prevent the dynamic process by which the optimum scale for the firm might be discovered onwards.

It is easy for regulatory bureaucrats to guess that they know what is good for the society they pretend to control. But, on the contrary, this is likely to mean that in the impressively advanced modern economies, it is easy for well-meaning individuals not to notice their nescience in specific instances. But, for private entrepreneurs, the device for the communication of such abrupt missing information is provided by the desirability of the market opportunities for gains which such missing information creates. Not only are regulators not able to take advantage of these discoveries; their direct performance in the market may barely fail to block the socially positive market process that depends on freedom of entry into markets for which the social attractiveness has not yet been set. It follows that the harmful effects of regulation are not needs found in evident failure. The harmful effects of regulation may show themselves as well in cases where there is a lack of coordination of which no one is aware. Our point is that public intervention may be responsible for such lack of coordination not being discovered. The prodigy of the dynamic market is its skill to inspire coordinative actions the very need for which would, in the lack of the market, never be unveiled. Indeed, the smithian invisible hand of the free market is invisible also in the sense that the deep problems of coordination it tends to fix are invisible even to the most brilliant of public regulators9.

Anyway high benefits attract, no matter neither where nor when, incomings into the market, which lower gains and demand that managers continuously innovate in order to stay ahead. This innovation can take the shape of better quality and service, but it may also mean lower prices. Moreover, it is far more likely that the merger would lead to lower prices, which is just what worries the competition10. Competition causes market tests that establishes which monopoly prevails until another entrepreneur temporally monopolizes the market. Monopolies that pretend to increase price or produce worse products will be quickly displaced by an incumbent firm11.

When a new firm is entering the market, the incumbent one faces market competition, and now it has three options: First, they can go out of business. Second, they can fight back by trying even harder to please customer and wants better than their rivals. And third, they can now cajole their elected representatives12 to intervene in the market process by contributing directly to them or to their pet causes, making it costly or even impossible for meaningful competition to develop in the market at all. The technical term that economists use for the third option is rent dissipation. It describes what happens when capital is invested in the political class rather than in productive efforts to satisfy customers. When this happens, the wealth-creation process is hampered considerably. The successful firms are those willing and able to “pay up” for the implied assurance that politicians will not throw obstacles in the way of the firms’ attempt to participate in the market13.

These incumbent firms, and every lawyer suing any random firm for antitrust, are not promoting any economic efficiency, unless one considers the prospect of spending billions of dollars to make attorneys wealthy as economically efficient14.  They are rent-seeking, not economic mechanics, but rather political points.  As long as these people were able to get some political gains by criticizing any firm, they will do it, simply because of they obtain some profit from these actions15.

Finally, let’s have a look at a strategic point in the Austrian School: the respect to private property and its implications16. This is such a big deal, which divides Austrian economists from the mainstream paradigm. Mainstream, in favour of antitrust policies economists say that efficiency solutions may be released by the state without taking in to account the private property. Austrians, on the contrary, say that one can engage in true economic calculation only through private property. As Mises and Rothbard have discussed, economic calculation is impossible within a socialist commonwealth. Antitrust policies are mistaken because they are outrageous violations of private property.  Without private property, there is no meaningful economic calculation, and without meaningful economic calculation, there is only economic chaos. Consequently we may argue that antitrust policies fall under the same category, the impossibility

By accepting a natural rights point of view on property, the way to observe economic relationships changes totally. That means, for instance, to include the right to merge our property and create a cartel17. From an economic position, any interference with this legitimate right is inefficient. From an ethical point of view, it violates property rights as well. Hence, it is unethical. We are not talking only about mergers. It is possible to extend that short of analysis to price fixing agreements, tying agreements, or any cooperative behaviour in free markets. Any interference in the freedom to come to an agreement is considered a violation of owners. If we get this main point in the Austrian thought everything we have been talking about suddenly fits perfectly in our mind scheme.

THE MICROSOFT CASE

Now let´s move back in time ten years ago, when Microsoft case was at its height. In short, Microsoft was charged on monopoly abuse power on Intel-based personal computers in its handling of operating system sales and web browser sales. The issue central to the case was whether Microsoft was allowed to bundle its browser with its operating system. Bundling them together is alleged to have been responsible for Microsoft’s victory in the browser wars as every Windows user had a copy of Internet Explorer. It was further alleged that this unfairly restricted the market for competing web browsers (such as Netscape or Opera) that were slow to download over a modem or had to be purchased at a store. Underlying these disputes were questions over whether Microsoft altered or manipulated its application programming interfaces to favor Internet Explorer over third party web browsers, Microsoft’s conduct in forming restrictive licensing agreements with original equipment manufacturer, and Microsoft’s intent in its course of conduct18.

Successful firms waste large amounts of resources (money, time or effort) to satisfy the consumer with high quality service and the lowest price possible. Firms that do not do so, eventually will be expel out the market. Microsoft, a firm that has raised the well being of millions people all over the world, became a public enemy because it was making gains in the free process of serving its customers19. Microsoft is one of the largest and most successful firms nowadays because its products are well valued by millions of free consumers.

In the wake of Microsoft’s success lie the charred remains of many of its rivals who could not keep up with the fast pace that this firm sets in the computer industry. Lotus and Apple Operating System lost users to their Microsoft equivalent. Alan Ashton, president of WordPerfect, which has lost almost its entire market share to Microsoft Word, called Microsoft “a threat to everybody in the industry”. However, that is just the way it works-if the customers like a product, they will buy it. Microsoft’s policy of serving the needs of its customers by leading the software industry and adding zero priced software for better value is now an issue pending before the Supreme Court2021.

  Nowadays we are attending a pretty interesting fight among Explorer, by Microsoft; Firefox, by Mozilla; Safari, by Apple; and Chrome, by Google. That shows, clearly, the benevolence of free markets. In such modern and high technology market as internet is, in even thinking that one firm may monopolized the market is a woeful idea. Everybody knows other browsers, apart from Explorer, are available in the market. Personally I do not like Explorer so I decided install Chrome. But other people prefer Mozilla and, of course, Mac users use Safari. Some years after the suit against Microsoft Explorer the Austrian vision comes up strongly: if any market is free entry (in the Austrian sense already exposed) it makes no sense to be afraid of any allegedly “anticompetitive activities”. Let´s have a look at the current situation of the market. 22

As we may observe, Explorer keeps being the leader but is decreasing, yes, Explorer may not be anymore the leader if the trend is like this in the future. The reason is simply, there are other browsers preferred by consumers. For an Austrian economist it would not be a surprise at all if we could go back to the past as the suit against Microsoft was in its height and we were able to see that plot. Now, in speaking on Explorer and Netscape makes no longer sense. And, for sure, the competitors-to-be will be other that today they were even not born. This is competition, dynamic market, free entry and so on.

CONCLUSSION

This brief work on monopoly, market and competition pretended to confirm the Austrian thesis, that is, what is required to promote that strong entrepreneurial and dynamic process upon which the market depends is just the freedom of entry to anyone who want and owns an idea to please consumer better than the incumbent contestants. It is important not to forget that no claim is made that freedom of entry entails that competitors refrain from attempts to monopolize markets. They may attempt to do so; and certainly their efforts may possibly place the consumer in a worse position (than he might be under a system reflecting perfect knowledge). The Austrian claim is that since no such perfect knowledge can exist, we must rely on the competitive-entrepreneurial process to reveal how the consumer may be better served. To obstruct this process in the name of competition is to undermine the only way through which the tendency toward social efficiency is possible. By obstructing or preventing entrepreneurial steps taken that do not fit the “perfectly competitive” model of universal utter powerlessness, even if such obstruction or prevention stems from the best of intentions on behalf of consumers, government is necessarily tending, to a greater or lesser extent, to paralyze what is truly the competitive process23.

Let us finish the work up with an old famous joke24 what is over there. It says that three prisoners were sitting in a U.S. jail, found guilty of economic crimes and were also comparing stories. The first one said, I charged higher prices than my competitors, and I was found guilty of profiteering, monopolizing and exploiting consumers. The second one said, I charged lower prices than my competitors, and I was found guilty of predatory pricing, cutthroat competing and under-charging. And finally the third prisoner said, I charged the same prices as my competitors, and I was found guilty of collusion, price leadership and cartelization.

In sum, the Austrian School states let the market work in long-run, embrace the freedom, trust in competition, not in government, and trust in free people, not in people behind antitrust lawsuits. And overall, respect property rights

REFERENCES

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Anderson, William L. 2001. Antitrust Violates Rights. Mises Daily. July 12.

Anderson, William L. 2002. The Wreckage of the Microsoft Case. Mises Daily. November 07.

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Armentano, Dominick T. 1985. Efficiency, Liberty, and Antitrust Policy. Cato Journal (Winter) Vol.4, No.3.

Armentano, Dominick T. 1998. The Anatomy of Antitrust. The Austrian Economics Newsletter (Fall) Vol.18, No.3.

Armentano, Dominick T. 2005. Microsoft in Wonderland. The Free Market. Mises Institute (April), Vol.26, No.4.

Benson, Bruce L.; Grenhut, M.L.; Holcombe, Randall G. 1987. Interest Groups and the Antitrust Paradox. Cato Journal (Winter) Vol. 6, No. 3.

Block, Walter. 1977. Austrian Monopoly Theory. A Critique. Journal of Libertarian Studies Vol.1, No.4, pp 271-279.

DiLoreznzo, Thomas, 2001. The Microsoft Conspiracy. The Free Market. Mises Institute (March) Vol.19, No.3.

Elzinga, Kenneth G. 1985. “Public Choice and Antitrust”: A Comment. Cato Journal (Winter) Vol.4, No.3.

Kirzner, Israel. 1982. Competition, Regulation, and the Market Process: An “Austrian” Perspective. Cato Policy Analysis No. 18

Kirzner, Israel. 2000. The Irresistible Force of Market Competition. Ideas on Liberty (March) Vol.50, Issue 3.

Huerta de Soto, Jesús. 2000. La escuela austriaca: mercado y creatividad empresarial. Editorial Síntesis, Madrid.

Malek, Ninos P. 2004. Anti-trust is Anti-Competitive. Mises Daily. July 13.

Salin, Pascal. 1996. Cartels as Efficient Productive Structures. The Review of Austrian Economics Vol.9, No.2: 29-42.

Terrel, Timothy D. 1999. Path Dependence and Antitrust. Mises Daily. November 09.

Tollison, Robert D. 1985. Public Choice and Antitrust. Cato Journal (Winter) Vol.4, No.3.

Westley, Christopher. 1999. The Message of the Microsoft Case. Mises Daily. December 28.

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1 We will denominate mainstream economics the neoclassical one.

2 Tirole, Jean (1988). The Theory of Industrial Organization. MIT Press.

3 Again we have to recommend some references for further explanations. Speaking about Austrian School of Economics we strongly recommend a careful lecture of the most important names of this tradition such as Menger, Böhm-Bawerk, Mises, Hayek, Kirzner or Huerta de Soto, among others. Specially important is the Israel Kirzner´s work on competition, entrepreneurship and market process. Moreover this work relies largely on his studies.

4 Salin (1996) has brightly showed that the concept of perfect competition should belong to socialist analysis when he says: perfect competition can only exist when a great number of (identical) producers produce a homogeneous good. In fact this theory does not describe a real process of competition between real entrepreneurs, but the technical organization of managers in a non-innovative system, for instance the managers of plants in a Soviet- style centralized system of production: It is assumed that there is one single technique-an optimal technique from a purely technical point of view-to produce a given good and all (numerous) managers have to apply exactly the same technique to produce exactly the same good. In that sense, it can be said that the theory of pure and perfect competition is in fact a theory of central planning.

5 Huerta de Soto (2000).

6 Block (1977) explains the two existent avenues in the Austrian School: the Mises-Kirner view, where monopoly pricing can exist on the free market, and a necessary part of its definition is a purposeful withholding of resources on the part of the monopolist; and the rothbardian one who states, in his own words, a monopoly as a grant of special privileges by the State, reserving a certain area of production to one particular individual or group (Rothbard, Man, Econonomy and State). Armentano (1978) also critisized the Mises-Kirner´s monopoly theory of monopoly defending the rothbardian theory. Along this work we will work on the Rothbard´s theory.

7 Kirzner (1982).

8 Yet, we must not forget that this concept is fully rejected by Austrians.

9 Kirzner (1982).

10 Malek (2004).

11 Terrel (1999).

12 One cannot forget the importance of interest group have in this process because at some point it becomes a political deal more than economist. Starting on Niskanen and others´ work on bureaucracy, which suggest that a bureau will produce more output than would be most preferred by the legislature; and when the enforcement of a rights assignment is the output, the result will be over-enforcemen. Because the favored interest will prefer a rights assignment larger than the legislature will grant, overenforcement by the enforcing agency will benefit the special interest. This explanation applies not only to all types of regulation but to antitrust as well. Special interests will prefer that the enforcement of rights be delegated because the rights will be over-enforced, increasing the special interest’s benefits. As Niskanen observed, agency managers’ incentives are closely linked to the size of the agency’s budget; and although his model was applied generally to bureaucracy, it fits antitrust as well (Benson et al., (1987)). So that we should have into account in the antitrust process many political interest are involved.

Other interesting point of view is given by Tollison (1985) who claims for the link between the public choice theory and the study of antitrust cartel policy. Tollison asks: How do judges behave ad why? The flat answer is tha we simply do not know. Two good comments on Tollison paper are Elzinga (1985) and Armentano (1985).

13 Anderson et al. (2001) and previously Westley (1999).

14 Anderson (2001).

15 Surrounding the Microsoft case some authors see a conspiracy, as DiLorenzo (2001)

16 For further explanations on the economic calculation under a socialist regime we truly recommend the lecture of Mises, Socialism; and Huerta de Soto, Socialism, Economic Calculation and Entrepreneurship.

17 Even if the market fails and some cartel is created Salin gives a way different point of view. He redefines the concept of cartels as follows. Taking in mind the Austrian paradigm the point is not the monopoly power creation but the homogenizing goods, as far as the process of monopolization by cartels is spontaneous. Moreover, Salin states that one cannot define a cartel by the existence of collusion but rather by the fact there is homogenization of goods produced by different producers.

18 Taken from Wikipedia.

19 But without rendering proper deference to its political masters.

20 Anderson et al. (2001).

21 The repercussion of Microsoft case has been critically analyzed in Anderson (2002). Although it seems unlikely that this unwarranted antitrust case is going to disappear anytime soon given the political proclivities of the parties seeking legal action, even if the settlement holds, it gives us no reason to cheer.  Once again, we have found that the political classes have engaged in wholesale looting, pillaging, and destruction, all in the name of “protecting consumers.”

23 Kirzner (2000).

24 At least one heard about it long time ago.

SUBJETIVISMO RADICAL: IMPREDECIBILIDAD Y DIVERGENCIA UN ENFOQUE AUSTRIACO Sunday, Nov 6 2016 

I Congreso de Economía Austriaca, 26-28 de marzo de 2008

Universidad de Santiago de Compostela

INTRODUCCIÓN

No creo exagerar si afirmo que hablar de la Escuela Austriaca de Economía en la actualidad en España es hablar de Jesús Huerta de Soto. Y es que a pesar de su aún temprana edad son ya unas cuantas las promociones de estudiantes de economía que han pasado por sus manos desde que empezara a dar clase de economía hace casi 26 años, siempre con la mira puesta en la tradición austriaca, o como le agrada decir a él, tradición escolástica salmantina, ámbito en el que ha venido trabajando arduamente con espectaculares resultados1. Se podría decir que en los últimos años el trabajo de Huerta ha visto multiplicados sus frutos debido a lo que se ha venido en llamar la eclosión liberal2 de la que él es parte fundamental, sin duda. La retroalimentación entre la Escuela Austriaca y el liberalismo es bien conocida desde que Menger explicitara la subjetividad del valor en sus Principios, de forma que a filas afluyen tanto de un afluente como del otro. En mi caso el origen se encuentra en la defensa del liberalismo. Así es como entré en contacto con los autores clásicos del pensamiento liberal que a su vez, en algunos casos, coincidían con la militancia austriaca (Hayek y Mises vienen a la mente enseguida). El siguiente paso me permitió acercarme a la Escuela Austriaca, descubrirla y reconocerla como la forma más adecuada de entender la ciencia económica. Lo siguiente fue introducirme de pleno en la misma, esto es, ponerme las gafas austriacas y comenzar a ver el cómo funcionan de verdad las relaciones sociales en general y económicas en general. Para ello nada mejor que acercarse al propio Huerta quien desde hace años viene dirigiendo un seminario inspirado en aquel histórico de Böhm-Bawerk. Ha sido ahí donde he aprendido la mayor parte de la economía hasta el momento.

No es de extrañar, por tanto, que la idea primigenia en que se basa este trabajo surgiera en el seminario de Huerta. Allí supe por primera vez qué fue la Methodenstreit, hito fundamental en la historia del pensamiento económico cuya especial incidencia en la Escuela Austriaca es patente. La posición austriaca tradicional ha venido siendo un apoyo total a la postura defendida por Menger en aquella disputa, dando por sentado, junto a la mayor parte de los historiadores, que la polémica (carente de sentido) cayó del lado austriaco en detrimento de Schmoller y sus seguidores historicistas. Pero todo esto a mí me intrigó más de lo que puede considerarse normal en un estudiante del paradigma austriaco y de una forma diferente pues sentía que en la doctrina de la Escuela Histórica había algo cuanto menos sugerente. Los historicistas defendían la idea según la cual no existen elementos de teoría válidos intertemporalmente e interculturalmente, tan sólo el estudio de la historia nos podía aportar conocimiento meramente contingente relativo a los individuos y su tiempo. Si bien en aquel momento no sabía ni yo mismo por dónde iban realmente los tiros. Ahí quedó mi interés aparcado hasta que en otra ocasión tocó hablar de las diferencias del paradigma austriaco con el neoclásico3, concretamente en lo que se refiere al proceso de coordinación austriaco versus los modelos de equilibrio neoclásicos, cuando el nombre Shackle y su sociedad caleidoscópica surgieron al instante. La propuesta teórica caleidoscópica consistente en llevar al extremo la subjetividad defendiendo con ello la lógica consecuencia: no existen tendencias coordinadoras en el mercado. Esta extrema posición ha sido denunciada por lo que se podría llamar “mainstream austriaco”4 pues pone en duda la relación casi directa entre la Escuela Austriaca y el liberalismo económico ya que, aparentemente, una teoría económica que no implique tendencias coordinadoras en el mercado es una puerta abierta al intervencionismo corrector de ese manifiesto desequilibrio en los procesos de mercado. Aquí es cuando saltó a mi cabeza la conexión entre el historicismo y la sociedad caleidoscópica. A simple vista tienen como semejanza, desde una posición austriaca, la discrepancia con las tesis mayoritarias, pero a poco que se profundice las conexiones se hacen más intensas. Y a fe que lo hice pues este trabajo es fruto de esa profundización, con motivo de la celebración del I Congreso de Economía Austriaca organizado por el Instituto Juan de Mariana en colaboración con la Universidad de Santiago de Compostela y la Asociación Prólogos.

El subjetivismo radical viene a significar el nihilismo en ciencia económica por un lado (impredecibilidad del fututo, sólo queda el pasado: historicismo) y por otro la negación del equilibrio, o mejor dicho, la ausencia de leyes de tendencia coordinadoras (desequilibrio caleidoscópico), clásicas de las obras de Hayek y Kirzner.

El presupuesto de este trabajo consiste en la recopilación, sistematización y aclaración del subjetivismo radical más que en su profundización (tal vez en otra ocasión). Trataré de mostrar cómo la radicalización del subjetivismo opera en los dos planos que antes mencionaba con unas consecuencias que pueden parecer incluso peligrosas para nuestra ciencia por cuanto el hilo argumental nos conducirá al replanteo total de la economía. Para alcanzar este objetivo me apoyaré en la primera parte, donde haré una recopilación sistemática de la historia del pensamiento económico en busca de rastros de subjetivismo radical. Al aproximarnos a algunas corrientes la conexión es patente y, en este sentido no supone una novedad este trabajo, pero creo haber ido más allá recogiendo esos rastros en escuelas y corrientes hasta ahora con escasa evidencia de conexión con nuestro tema y que a su vez están conectadas todas ellas entre sí de alguna manera. De haber hecho un trabajo correcto dispondremos entonces de un background lo suficientemente estructurado como para afrontar con seguridad los desafíos que plantea el subjetivismo radical y que serán objeto de análisis en la segunda parte.

Quiero advertir que los dos grandes pensadores radicales, Shackle y Lachmann no se encuentran analizados en la primera parte pues la segunda se dedica in extenso a estudiar sus ideas, al fin y al cabo estos autores son el leit motiv del trabajo, por lo que una nueva exposición de sus teorías sería reiterativa. Lo mismo he decidido respecto de la hermenéutica, que también ha sido trasladada a esa segunda parte, concretamente al final de la misma, a modo de colofón del trabajo. Aprovechando la conexión de ésta con el historicismo este trabajo empezará y acabará con una misma idea, es decir, cerrando el círculo lo cual, a efectos meramente estéticos, me pareció interesante.

BUSCANDO LOS HILOS RADICALES

A delicate task faces the historian of thought whenever an established doctrine, what in language of current fashion is called a paradigm or, more recently, a “research program”, is challenged. He has to trace the genealogy of the challengers. To this end he must pick up threads covered by the sand of time, dust them, and try to connect them with the new skein of thought.

Ludwig Lachmann5

LA ESCUELA HISTÓRICA ALEMANA6

El primer rastro de subjetivismo radical hemos de buscarlo en la Escuela Histórica Alemana, cuya autoridad moral fue indudable en las cátedras universitarias de aquel país durante la segunda mitad del siglo XIX pero que tras el fin de la Methodenstreit simplemente desapareció7. Quizá no se le hizo la suficiente justicia o quizá tuvo lo que se mereció tras una disputa sin sentido en la que los que desde su bando participaron en ella no supieron medir sus propias posibilidades. No obstante, aquí rescataremos lo que la Escuela Histórica haya podido aportar a nuestro tema.

No hay que olvidar que dentro de la propia Escuela Histórica existieron dos etapas: la primera, la Vieja, más moderada, y la segunda, la Nueva, más radical. Wilhelm Roscher fue el líder de la Vieja, Gustav Schmoller, de la Nueva. Para nuestro propósito es más beneficioso fijarnos en la ideas de Schmoller por ser, si se me permite, más purista por cuanto llevó al extremo el argumento y por ello éste puede ser más claro a la hora de centrar nuestra atención en el historicismo alemán.

En primera instancia, el historicismo moderado buscaba conjugar el análisis histórico con el teórico. Pretendía ser el complemento de las teorías clásicas desde un punto de vista histórico. Las teorías olvidaban la realidad debido a su abstracción. Decía Roscher que las ventajas del modelo de expresión matemática disminuyen a medida que los hechos a los que se aplica van siendo más complicados. Esto es verdad incluso en la psicología ordinaria del individuo, ¡Cuánto más, por tanto, en la descripción de la vida nacional!8 La variedad de la vida real hace difícil cuando no imposible el éxito de una generalización en economía a no ser, claro, que un exhaustivo estudio histórico nos permita la aprehensión de leyes, ahora sí, generales9.

Un paso más daba Schmoller pues defendía la inutilidad de toda teoría a priori a favor de una aproximación histórica exclusivamente. Los nuevos historicistas no sólo deslegitimaban los aspectos alejados de la realidad de una teoría como lo habían hecho sus predecesores sino que cuestionaban la teoría misma. Schmoller, claro líder del grupo, no tuvo ningún miramiento a la hora de defender la antirracionalidad en la ciencia económica, esto es, se descarta la posibilidad de enunciar teorías universalmente válidas debido a la complejidad del sujeto del análisis: la sociedad. Sólo podremos acercarnos a los hechos económicos con perspectiva histórica, describiendo lo que vemos e intentando sacar leyes que guiaron a los individuos en ese momento histórico y en ese marco social particular únicamente, nada de generalización. En definitiva, el científico de la economía sólo puede actuar en base en el pasado y en ningún caso extrapolar su conocimiento al futuro, o lo que es lo mismo, la labor científica queda casi anulada.

EL INSTITUCIONALISMO AMERICANO10

A finales del siglo XIX nació en los Estados Unidos una corriente de pensamiento que no formó nunca una escuela pues sus miembros jamás tuvieron conciencia de grupo debido en parte a las diferencias entre sí. La cabeza indiscutible del movimiento fue Thorstein Veblen a quien siguieron John Commons11, Wesley Mitchell y Clarence Ayres, cada uno con sus peculiaridades. Posteriormente surgieron renovadores de este “viejo” espíritu (Galbraith) y otros con uno “nuevo”12.

Los institucionalistas americanos fueron los primeros en resaltar la importancia económica de los hábitos de conducta (behaviorismo) y de pensamiento de los grupos humanos y tratar de analizar y entender las complejas instituciones sociales. Estuvieron muy influidos por los historicistas alemanes pues el mismo concepto de institución está íntimamente ligado al estudio histórico. Emplearon  conceptos provenientes de la psicología y del evolucionismo darwinista. La teoría vebleniana acerca del cambio institucional sigue el darwinismo evolucionista según el cual no existe una predeterminación teleológica. Veblen achacaba a Adam Smith que su economía desembocaba en teleologismo cuando hablaba de precio natural o de equilibrio13.

Para Veblen, los individuos son seres enormemente complejos influenciados por instintos y en absoluto son frías máquinas maximizadoras sino sujetos curiosos con hábitos y propensiones. Por este motivo los institucionalistas fueron bastante críticos con las tesis neoclásicas imperantes (dicha economía era determinista y por ende predecible, lo cual carecía de sentido.), denunciando que las que en la teoría económica suelen denominarse “leyes” son en realidad fenómenos contingentes que dependen de factores históricos, sociales e institucionales. En economía, defendían, existen muy pocas cosas inmutables y muchas que son influenciables por los instintos y las instituciones. Los cambios producidos en un determinado momento no necesariamente tendrán como efecto una vuelta al equilibrio sino que dichos efectos no serán predecibles. Y es que para Veblen, como ya hemos apuntado, la economía es un proceso de cambio constante e inevitable. En la economía vebleniana la evolución institucional permanente es fundamental.

SCHUMPETER14

Por su importancia y su no encasillamiento en ninguna corriente, Joseph Schumpeter merece una atención especial. Schumpeter incorpora rasgos dinámicos a su forma de entender la teoría económica al más puro estilo austriaco, centrando el análisis científico en el empresario como agente (exclusivamente) desequilibrador15, figura clave para él.

Schumpeter inicia su análisis partiendo de una economía estacionaria de tipo walrasiana en la que no tienen lugar ni inversiones netas ni ahorro, no cambian las técnicas productivas, ni tampoco los gustos de los consumidores; no se modifican las cantidades demandadas y ofrecidas de los distintos bienes; ni los precios; la vida económica deviene siempre del mismo modo, es un continuo flujo circular16. El único capacitado para conducir al sistema de esta situación estacionaria a una de desarrollo, es el empresario innovador, cuya actuación característica, la innovación, acaba con el equilibrio de la economía del flujo circular. Con dicha ruptura de las relaciones económicas existentes, aparece el desarrollo económico, que no el crecimiento pues siempre puede darse en base en factores exógenos. La misión del empresario es iniciar nuevas combinaciones de factores productivos, lo que hemos venido llamando, innovar.17 A todo este proceso lo llamó “destrucción creadora”, fruto de una perturbación de la corriente circular.

El empresario schumpeteriano se caracteriza por la innovación, que es esencialmente un fenómeno de desequilibrio que requiere de capacidades de las que sólo disponen unos pocos, precisamente, el empresario. En palabras del propio Schumpeter, la innovación es aquella clase de cambio que surge desde dentro del sistema que desplaza su punto de equilibrio de tal manera que el nuevo no puede alcanzarse desde el anterior mediante pasos infinitesimales18[…] El supuesto de que la conducta es rápida y emocional es en todo caso una ficción. […] En sus Ciclos comerciales, Schumpeter dice que las innovaciones son impredecibles y, comparándolas con las mutaciones, establece que el crecimiento económico está ligado a las fluctuaciones cíclicas, e invitaba a dejar de pensar en el progreso como suave y armonioso […] debemos reconocer que la evolución es desequilibrada, disonante por naturaleza […] la evolución es una perturbación de la estructuras existentes y es más parecida a una serie de explosiones que a una transformación suave, pero incesante19. Ligado a ello, para Schumpeter la depresión se produce debido a expectativas irracionales. El autor apela en este caso a los efectos colectivamente perniciosos que pueden aparecer cuando los agentes actúan en base a la racionalidad paramétrica, clásica de los defensores del racionalismo en las expectativas como Arrow y Debreu.

KEYNES

El estudio de John Maynard Keynes es particularmente interesante pues fue quien popularizó la idea de las expectativas como núcleo de la teoría económica en el libro segundo de su Teoría General. Esta aportación trajo a la ciencia económica un saludable dosis de realismo de la que carecían (y siguen careciendo) los economistas neoclásicos, y que Shackle continuaría exitosamente llevando la idea al extremo.

De acuerdo con la teoría keynesiana del ciclo económico las decisiones de ahorro las toman unos individuos en función de sus ingresos mientras que las decisiones de inversión las toman los empresarios en función de sus expectativas, no habiendo ninguna razón por la que ahorro e inversión deban coincidir. Cuando las expectativas de los empresarios son favorables, grandes volúmenes de inversión provocan una fase expansiva. Por el contrario, cuando las expectativas son desfavorables la contracción de la demanda puede provocar una depresión. El estado, según Keynes, puede impedir la caída de la demanda aumentando el gasto público20.

Literalmente Keynes dice: En la práctica, en general tenemos sólo ideas muy vagas sobre las consecuencias más directas de nuestras acciones […] Nuestro conocimiento del futuro es fluctuante, vago e incierto […] También el tiempo es moderadamente incierto. Pero sobre el precio del cobre o la tasa de interés dentro de 20 años, como de la obsolescencia que genera una nueva invención, o la posición de los dueños de los activos en el sistema social en 1970, no existe ninguna base científica sobre la cual podemos realizar algún cálculo de probabilidades. Simplemente, no sabemos21.

ECONOMÍA EVOLUCIONISTA22

El proyecto de fundar una nueva ciencia económica evolucionista arranca del Viejo Institucionalismo Americano de Veblen quien mostró, como ya vimos, su descontento con la visión de la economía dada por los teóricos abstractos. Los creadores del evolucionismo formal fueron R. Nelson y S. Winter quienes escribieron conjuntamente en 1982 An Evolutionary Theory of Economic Change donde proponen una nueva teoría, contraria al mainstream, con el objetivo de analizar los fenómenos asociados al cambio económico. Su “primera premisa, [es] que el cambio económico es importante” y, que, “nada es más digno de atención que la comprensión de los cambios acumulados en la organización económica y tecnológica.” La teoría evolucionista toma ideas básicas de la biología, como la selección natural darwinista, y las aplica a las empresas y a su habilidad para crecer y sobrevivir en el mercado.

Así mismo, rechazan la función de producción como construcción teórica del estado del conocimiento tecnológico y el supuesto de información perfecta23. No existe una conducta coherente de propósitos que guíe la actuación de la empresa. El proceso de selección de técnicas no ha de dirigirse hacia la opción maximizadora. En condiciones de competencia, actuando los empresarios conjuntamente, la situación de máximo es imposible. Frente al concepto de mercado perfecto, el propósito de toda innovación es justamente conseguir un desequilibrio en el mercado, proporcionando una posición predominante temporal para sí antes de que los seguidores lo imiten.

La innovación se caracteriza por la incertidumbre de sus resultados (para los evolucionistas, demasiada para ser racional). Existe incertidumbre técnica (posibilidad de éxito en los procesos) e incertidumbre en los mercados (posibilidad de éxito comercial). Por lo tanto, si la innovación es incierta la selección no es determinista y la maximización deviene imposible. Argumentan los evolucionistas que no es posible demostrar la existencia de la indeterminación porque siempre existe la posibilidad de que esté operando un mecanismo causal desconocido y oculto. No obstante lo anterior, la teoría matemática del caos nos dice que, incluso si el mercado es determinista, probablemente se comportaría con aparente aleatoriedad, y de forma impredecible, o dicho en otras palabras, se abre la puerta a la posibilidad de un “caos determinista”.

Por último, para el evolucionismo, existen influencias externas que influyen en los propósitos y las acciones individuales, si bien la acción no queda completamente determinada por ellas.

ECONOMÍA CONDUCTISTA

Daniel Kahneman (premio Nobel de Economía de 2002 junto a Vernon Smith) y su ex-colaborador Amos Tversky (fallecido en 1996) escribieron conjuntamente Prospect theory: Decision Making Under Risk, donde usaban técnicas de psicología cognitiva para explicar un cierto número de anomalías documentadas en la toma de decisiones económicas racionales. Centraron su análisis en el modo en que la teoría económica fallaba en sus predicciones. Ambos pusieron a prueba los límites que la teoría neoclásica tiene para predecir las acciones24 de los sujetos. Según dicha teoría los individuos toman decisiones sistemáticamente, basándose en sus preferencias y en la información disponible, de un modo que cambia muy poco a lo largo del tiempo o en contextos diferentes. La Prospect theory es eminentemente empírica y su objetivo es reflejar cómo se comportan realmente los individuos, no cómo debieran hacerlo si fueran “neoclásicamente” racionales. Las diferencias esenciales con la teoría de la utilidad esperada se refieren a tres grandes cuestiones: la definición de las alternativas sobre las que versan nuestras decisiones humanas; la valoración que les damos; y la ponderación que, a la vista de su probabilidad, les atribuimos.

El ámbito en el que esta nueva rama de la economía está cobrando mayor relevancia es en el financiero gracias a las llamadas finanzas conductuales. Respaldados por tendencias o acontecimientos extraordinarios, los inversores con frecuencia se ven compelidos a tomar decisiones que no están en línea con sus planes predefinidos a largo plazo. Richard Thaler, colaborador de Kanehman e importante teórico de las finanzas conductuales, ha descrito los cinco errores frecuentes de los inversores25, a saber:

1. Exceso de confianza: Los inversores sobrestiman su capacidad para elegir acciones o fondos de inversión que creen que van a ser muy rentables.

2. Aversión a las pérdidas: Una pérdida causa aproximadamente el doble de dolor, que el placer que produce una ganancia.

3. Búsqueda de la rentabilidad máxima: Cuando el mercado está al alza, demasiados inversores posponen el momento de comprar, y a menudo compran justo en el momento equivocado, cuando las acciones han llegado a sus máximos y van a empezar a bajar.

4. Invertir demasiado dinero en la empresa para la que se trabaja: olvidando que, ante todo, se ha de diversificar el riesgo.

5. Rechazo a vender activos muy rentables: Si una acción o un fondo ha subido mucho y se ha convertido en una parte muy importante de una cartera, reduzca el porcentaje que supone de la misma. De nuevo la clave es la diversificación conforme a unos porcentajes preestablecidos por el inversor.

NEUROECONOMÍA

La neuroeconomía26 es la combinación de la neurociencia, la economía y la psicología para estudiar el proceso de elección de los individuos. Analiza el papel del cerebro cuando los individuos evalúan decisiones, y categorizan los riesgos y las recompensas y como interactúan entre ellos. La neuroeconomía es la rama de la economía que se centra en las elecciones personales y en los cambios mentales-cerebrales que llamamos decisiones. Dada la juventud de esta corriente todavía no se han formado líderes y seguidores claro dentro de alguna escuela, no obstante, nombres clave en el desarrollo futuro de la neurociencia son: Colin Camerer, David Laibson, Kevin McCabe, Ernst Fehr y el pionero Paul J. Zack, director del Center for Neuroeconomics Studies.

La neuroeconomía explica, por ejemplo, la influencia de la química cerebral en fenómenos de mercado como la recurrencia por las burbujas financieras o el pánico de los inversionistas. La neuroeconomía usa técnicas cognitivas y de imágenes para entender qué sucede con la emoción y el cerebro al tomar decisiones económicas. La economía neoclásica dice que es un proceso racional; la neuroeconomía, que la emoción juega un rol importante pues el ser humano es algo más complicado que una fría calculadora. El ser humano actúa por impulsos, odia, ama, se solidariza, ayuda, incluso mata a sus congéneres; difícilmente podemos hallar la fórmula matemática que nos hace enamorarnos de determinada persona o que hace que la odiemos a más no poder. La economía se queda coja ante la irracionalidad de los individuos, necesita el apoyo de otras ciencias para entender el comportamiento de los individuos.

Como venimos poniendo de relieve en este trabajo, desde este particular punto de vista tampoco es adecuado seguir insistiendo en la racionalidad o pseudo racionalidad de los agentes económicos. Es imprescindible abordar nuevos puntos de vista para comprender mejor los mecanismos que operan en las tomas de decisiones económicas. Las neurociencias abren una vía que probablemente contribuyan mucho a comprender mejor el comportamiento de los individuos en un contexto de mercado económico. Queremos explicar las irracionalidades bursátiles, las compras compulsivas, el marketing feroz (neuromarketing) que nos programa para que compremos determinados productos27

ECONOFÍSICA

Si al lector le ha podido dejar sorprendido las últimas líneas de investigación en economía, la que a continuación veremos se lleva la palma pues es la que emplea herramientas provenientes de una ciencia más alejada de la economía, en este caso, la física. Didier Sornette con su libro ¿Por qué estallan los mercados de acciones? popularizó mundialmente la aplicación de técnicas enormemente complejas al estudio del comportamiento de los mercados financieros, ámbito en el cual se está desarrollando ampliamente.

La econofísica aplicada a los mercados financieros se sustenta fundamentalmente en la teoría del caos que, básicamente, estudia lo complicado, lo impredecible, lo que no es lineal. La idea fundamental consiste en que en determinados sistemas, pequeños cambios en las condiciones iniciales conducen a enormes divergencias en los resultados finales (efecto mariposa). Dado esto, conociendo cuales son las condiciones iniciales podríamos, entonces, conocer la evolución del sistema. En nuestro caso, la evolución de precios de las acciones. Si observamos las gráficas de la evolución de distintas acciones, a primera vista, pareciera que se comportan de forma errática, sin un patrón reconocible. No obstante, si analizamos la información contenida en los precios históricos, podríamos conocer este patrón y predecir cual será su comportamiento futuro. A lo menos, en el corto plazo. Esta idea, es acogida con el nombre de Teoría de Caos. El principal aporte de esta teoría es que nos entrega una explicación teórica de la existencia de sistemas dinámicos con comportamientos irregulares sin la necesidad de recurrir a variables estocásticas. Es decir, aclararía si estamos en presencia de un proceso aleatorio o de un determinismo caótico28.

OTRAS APORTACIONES

Más oculto en la historia del pensamiento se encuentra Nicholas Barbon quien, a pesar de que hay quien lo considera precursor de Adam Smith, defendía que la elección se orienta al placer y la utilidad por lo cual tiene que haber permanentemente renovación, variación y novedades, ideas contrarias al equilibrio natural que destila Smith.

El premio Nobel de Economía de 1978, Herbert Simon, también trató la cuestión de la racionalidad en las decisiones económicas. Según Simon la hipótesis básica de la economía neoclásica, la de que los agentes tienden a maximizar los resultados de su comportamiento, es muy limitada. En la práctica ningún ser humano está continuamente buscando la solución óptima. Aunque deseara hacerlo, el coste de informarse sobre todas las alternativas y la incertidumbre sobre el futuro lo harían imposible. De acuerdo con Simon, las personas simplemente intentan buscar una mínima satisfacción, es decir, tratan de alcanzar ciertos niveles de éxito para después, poco a poco, ir ajustando esa solución (racionalidad limitada). Simon aseguraba que nuestro pensamiento no se guía por la realidad, sino por nuestras teorías sobre la realidad. No hay que confundir la lógica con el pensamiento humano.

Otro economista, Maurice Allais, premio Nobel de Economía de 1988, investigó sobre las limitaciones de la teoría a la hora de predecir la elección de un sujeto ante diferentes conjuntos de alternativas azarosas. Superando el concepto de valor esperado monetario y de máxima utilidad esperada, Allais respondió a la paradoja de San Petersburgo (no merece la pena arriesgar mucho para ganar un premio infinito) planteada por Bernoulli, enunciando la que se conoce como paradoja de Allais. Según esta, en cierto tipo de apuestas, aún cuando la gente prefiere la certeza a la incertidumbre si se plantea de manera diferente el problema preferirán la incertidumbre que antes rechazaban29.

Harry Leibenstein se movió en términos semejantes de crítica al racionalismo cuando enunció la “eficiencia-X”, definida como el grado de ineficiencia que surge en el mercado porque los contratos laborales son incompletos, la función de producción ni está especificada ni es conocida, no todos los factores de producción se compran en el mercado, y la utilización efectiva depende de la presión motivacional, y de otros factores motivacionales. Esto implica que el individuo se comporta como quiere, como siente que debe hacerlo, o mezcla en su comportamiento ambos elementos30.

Albert Otto Hirchman habla en su obra Development projects observed sobre el principio de mano escondida (hiding hand) en los siguiente términos: El ser humano encara problemas que cree que puede resolver, encuentra luego que las dificultades son mayores a las esperadas en el momento de tomar la decisión, pero como ya comenzó ataca las dificultades inesperadas […] a veces con éxito […]. Como consecuencia del principio de la mano escondida, los aversos al riesgo a veces encaran acciones objetivamente riesgosas […]. El principio de la mano escondida es esencialmente uno que induce la acción a través del error, el error de subestimar las dificultades […]. El principio actúa fundamentalmente a través de la ignorancia de la ignorancia, de las incertidumbres y de las dificultades31. Por otro lado, Hirschman considera que las medidas para desarrollar un país deben ser analizadas caso por caso, mediante la explotación de los recursos locales para conseguir los mejores resultados. Imponer una estructura doctrinal uniforme sin tener en cuenta las circunstancias locales es, afirma, una receta para el desastre.

IMPREDECIBILIDAD Y DIVERGENCIA

Si como anuncié en la introducción el trabajo de recopilación realizado en la primera parte ha sido exitoso esta segunda parte será más comprensible en tanto en cuanto ahora tenemos con nosotros un buen “fondo de armario” para interpretar adecuadamente las ideas radicales de Shackle y Lachmann. Nuestra posición austriaca nos obliga a centrarnos en Lachmann pues fue él quien implementó el subjetivismo radical en la Escuela pero no debemos dejar de lado a Shackle ya que ambos fueron los portadores de la idea. Aunque no se puede decir que trabajaran conjuntamente sí que existió un feedback que se apreció en las mutuas referencias en sus trabajos32 que daría lugar a la co-autoría involuntaria del surgimiento del radicalismo. En todo caso, la crudeza de la posición representada por nuestros dos autores ha producido un enorme rechazo desde su mismo inicio dentro de la propia Escuela. Así, son también clásicos los ataques de los aprioristas radicales como Rothbard33 quienes veían en Lachmann y su nihilismo el germen de la autodestrucción austriaca.

George Lennox Sharman Shackle tuvo en Keynes y Hayek sus referencias fundamentales y de una fusión entre ambos se puede entender el pensamiento de Shackle, quien fue alumno de Hayek en la London School of Economics donde se graduó y doctoró. Shackle es catalogado como un postkeynesiano del desequilibrio, lo cual es una buena descripción de su punto de vista: desarrolló la noción de expectativas de Keynes hasta su límite lógico. Su obra más importante fue Epistemics and Economics: A Critique of Economic Doctrines publicada en 1972. En ella y en multitud de artículos Shackle desarrolla su kaleidic society, una sociedad en la que tarde o temprano el cambio inesperado se produce alterando con ello los actuales patrones, una sociedad en la que se entremezclan los momentos de orden con una repentina desintegración que desemboca en un nuevo estado de cosas34.

Ludwig Maurits Lachmann se dedicó al estudio de las entonces recientes obras de Hayek y del método genético-causal. De la época de estudios en Berlín data también su familiaridad con el método interpretativo de Weber. Lachmann se traslada en 1933 a la London School of Economics, donde conoce a Shackle, quien también influirá decisivamente en sus ideas. Conoce allí a Paul Rosenstein-Rodan, quien le transmite su énfasis en el papel de las expectativas en la economía. De hecho, dedica su primer artículo importante a este tema35.

Al enfrentarnos al estudio de la ingente cantidad de producción científica en nuestra materia creo que puede resultar muy útil la descomposición del subjetivismo radical en dos conceptos: el de la impredecibilidad del futuro y el de la divergencia en las expectativas. Ambos son uno pero a la vez se pueden entender por separado obteniendo una mayor claridad de ideas. En primer lugar observamos la imposibilidad de decir nada sobre el futuro derivada de la naturaleza del conocimiento que en economía tratamos. Como consecuencia inmediata de ello el científico social no puede proporcionar a los actores un patrón de conducta universalmente válido que les pueda guiar en sus acciones, abriendo la posibilidad del desequilibrio en los mercados más allá del simple error empresarial.

IMPREDECIBILIDAD DEL FUTURO

All economic action is of course concerned with the future, the more or less distant future. But the future is to all of us unknowable, though not unimaginable. Shackle strongly contends that our ignorance of the future invalidate any theory attributing knowledge of the future to economic actors.

Ludwig Lachmann36

El conocimiento científico se divide en dos, a saber: el natural y el social. El natural es el característico de la física y la química. El social, el de la economía, la sociología y la psicología. Se diferencian en el objeto de estudio, en unos, la naturaleza; en otros, el ser humano. Esta patente diferencia hace que cada ámbito científico deba tener su propio método. A nadie se le ocurriría explicar la órbita planetaria en función del pensamiento de los planetas. Es sencillamente absurdo, lo mismo que pretender explicar la acción humana en términos de cálculo de utilidades. Pero sorprendentemente esta aberración metodológica ha pasado por convertirse en el paradigma dominante.

La ciencia natural puede predecir en buena medida. Nadie duda de que un objeto atraído por la fuerza de la gravedad caiga siempre. Esta es una ley universal que no depende del momento histórico o del pensamiento de objeto. En cambio en las ciencias que estudian el comportamiento humano la predicción es, en el mejor de los casos, arriesgada. La moderna economía austriaca se enfrenta al problema del conocimiento. Tanto Hayek como Mises dedicaron esfuerzos a su mejor comprensión. Lo que el subjetivismo radical plantea es si Hayek y fundamentalmente Mises se quedaron cortos en su análisis. Para Shackle la economía trata de pensamientos y sólo secundariamente de cosas. Radicalizar el subjetivismo es considerar que los medios y los fines de cada individuo ya no son meros datos sino que están tamizados por una interpretación subjetiva. El subjetivismo se extiende a las expectativas. Esta ausencia de confianza en la previsibilidad es fruto del reconocimiento del carácter fundamental de la incertidumbre en cuestiones relativas a los seres humanos. A su vez, la imprevisibilidad aparece porque ya no investigamos estimación o descubrimiento de objetivos, sino de crearlos37. Nos hallamos en un mundo de esencial desconocimiento, un mundo caleidoscópico como lo definió Shackle. Lachmann remarca la presencia de la libertad del hombre para elegir y actuar, libertad que implica que el conocimiento futuro y, por tanto, las acciones futuras, no son determinables, destacando la presencia de la libertad de cada sujeto para elegir y actuar. En resumen, libertad implica que el conocimiento futuro y, por tanto, las acciones futuras, son indeterminadas38, impredecibles.

DIVERGENCIA DE LAS EXPECTATIVAS

In a kaleidic society the equilibrating forces, operating slowly, especially where much of the capital equipment is durable and specific, are always overtaken by unexpected change before they have done their work….What emerges from out reflections is an image of the market as a particular kind of process, a continuous process without beginning or end, propelled by the interaction between the forces of equilibrium and the forces of change.

Ludwig Lachmann39

La sociedad caleidoscópica es aquella que se caracteriza por el cambio rápido e incesante. Y es aquella en la que no hay necesariamente una tendencia hacia el equilibrio, hacia la consistencia de los planes de producción. Esto supone ir más allá del concepto de error empresarial enunciado por Mises y completado por Kirzner. Se trata de

[In the Stock Exchange] all we get is a succession of market-day equilibria determined by a balance of expectations tilting from one day to the next as the flow of the new turns bulls into bears and viceversa40.

HERMENÉUTICA41

Our empirical knowledge of economic phenomena obtained by observation must in any case be interpreted as embedded within this context.

Ludwig Lachmann42

La hermenéutica es la ciencia y arte de la interpretación, sobre todo de textos, para determinar el significado exacto de las palabras mediante las cuales se ha expresado un pensamiento. Aplica el modelo interpretativo de los textos al ámbito ontológico. La realidad no es más que un conjunto cultural heredado que fundamentan nuestro conocimiento acerca del mundo y el individuo.

La hermenéutica argumenta que no se puede pensar el mundo en términos estáticos sino dinámicos. La realidad siempre remite a un proceso (dinamismo y tiempo), a un proyecto que nos ha sido transmitido y que nosotros retomamos. Por ello, entender el mundo es tomar conciencia histórica de la relación que se produce entre tradiciones y de la distancia que se da entre ellas. Nuestra visión del mundo será siempre parcial, relativa y contingente debido a que parte de una realidad histórica determinada.

El hecho de que no sólo los objetos de conocimiento sean históricos, sino también (y fundamentalmente) el hombre mismo lo sea, imposibilita valorar “objetivamente” la realidad. No existe un conocimiento objetivo del mundo y tampoco el ser humano es un espectador imparcial de los fenómenos. Al contrario, cualquier conocimiento de las cosas viene determinado por un conjunto de prejuicios, expectativas y presupuestos recibidos de la tradición que limitan, determinan y orientan toda comprensión. El hombre se encuentra inmerso en un mundo que le impregna de una cultura y un lenguaje determinados que a su vez manipulan y delimitan su conocimiento de la realidad. Ésta no nace de la individualidad de cada sujeto sino que está condicionada por la historia, y se estructura en base en la articulación entre pasado y futuro, esto es, en el diálogo entre tradiciones. Debido a que el individuo es lenguaje y tiempo, y dado que el ser humano como sujeto en el mundo está inmerso en el ser del cual pretende dar cuenta, se hace imposible un conocimiento totalitario, objetivo y sistemático del mundo: la verdad sólo puede ser parcial, transitoria y relativa, características que surgen de la pertenencia del sujeto al ámbito de lo interpretable y de la individualidad inevitable de cada evento, entendiendo por éste no sólo las “cosas”, sino el hombre mismo43.

Aquí nos viene a la cabeza inmediatamente el historicismo. Las características de la hermenéutica calcan punto por punto el método de la Escuela Histórica. Es por ello que al inicio enunciaba que este trabajo empezaría y acabaría con una misma idea puesto que la identificación entre tradiciones es incuestionable. De ahí surge el desprecio a la hermenéutica por parte de algunos austriacos44.

Para los hermenéuticos, y para casi todos, el paradigma dominante no ofrece luz sobre la vida diaria de una sociedad como la actual45 y es ahí donde Lachmann y los demás46 piensan que la hermenéutica puede hacer un buen trabajo. La acción consiste en una secuencia de actos a los cuales nuestra mente asigna un significado (interpretación). Los elementos de la acción son de este modo producto de nuestras mentes y tienen que ser tratados como tal. Al estudiar la acción y la interacción entre la multitud de sujetos que forman la sociedad la tarea del investigador es eminentemente interpretativa.

La mayor parte de los fenómenos económicos son observables pero dicha observación requiere de una interpretación del contexto donde toman sentido y añadirlo a nuestro conocimiento. La interpretación hermenéutica de los fenómenos económicos tiene lugar dentro de un marco de significaciones establecidas, habiendo un marco para cada sociedad. En este momento la hermenéutica se comunica con el estudio de las instituciones. Éstas pertenecen al campo de la cultura, están inmersas en la historia y sólo una interpretación dentro de ella nos permitirá comprender el complejo de las relaciones humanas. Además, el adecuado estudio de las instituciones nos da respuesta al interrogante planteado por la divergencia de las expectativas. Las instituciones reducen la incertidumbre, orientando (concepto hermenéutico clave) la acción de los sujetos. Cada institución debe ser flexible pero su orden debe ser permanente para que la economía de mercado funcione.

La otra gran autora hermenéutica ha sido Deirdre McCloskey quien en su conocida obra The Retorics of Economics defendió la hermenéutica desde una visión particular. Para McCloskey existe un desprecio de la profesión económica por reconocer que su producto de investigación rebosa retórica. Con ello ponía de manifiesto la importancia que los economistas le daban a las formas en sus textos mediante el uso de metáforas y narraciones variopintas. Afirmaba que algunos autores se preocupan más de convencer que de vencer, es decir, la adhesión ganada por una teoría económica es lo más importante a la hora de determinar su bondad, y ello lo saben los economistas, quienes utilizaban la retórica para ganar adeptos más que preocuparse de hacer buenas teorías. McCloskey ha sido quien ha recordado a los compañeros que no es malo sino necesario reconocer la importancia de las formas y aprovecharse adecuadamente de ello. En definitiva, McCloskey puso el énfasis en el análisis de los textos científicos en economía señalando sus carencias y denunciando la marcada hipocresía de sus autores. Lavoie pone el énfasis en un punto semejante cuando afirma que el fin de las ciencias sociales teóricas (incluyendo a la economía y la investigación contable) no consiste más que en transmitir a la gente la capacidad de distinguir, entre las narraciones históricas, cuáles son aceptables y cuáles no.” Y añade, “el único ‘test’ que se puede hacer de una teoría es un juicio cualitativo de la posibilidad de ocurrencia de los eventos indicados por la narración47.

CONCLUSIÓN

Cuando me propuse estudiar el subjetivismo radical era plenamente consciente de las graves implicaciones que su aceptación tenía. La fuerte controversia suscitada en el seno austriaco da buena fe de ello. A la luz de todo el debate considero razonable que el punto de vista extremo aquí planteado levante ampollas entre los economistas prácticamente de todo cuño. Los motivos de esta enérgica reacción coinciden con la división que aquí se ha realizado, por un lado tiene que ver con la práctica negación de hacer ciencia económica y por otro, con la puesta en seria duda de la existencia de fuerzas con tendencia equilibradora en los procesos de mercado. Respecto de la primera objeción poco podemos oponer, es bastante cierto que mantener esta posición reduce a su mínima expresión a la economía, dejando tan sólo cabida para la investigación histórica. Es razonable que no guste esta perspectiva pero yo pregunto, si, admitiendo a efectos dialécticos, que la profesión diese por bueno en algún momento el subjetivismo radical48 ¿sería científicamente honesto rechazar dicha conclusión en base en la supervivencia de la profesión misma? Y en cuanto a la segunda, ésta es más discutible. El propio Lachmann no se granjeó amistades entre los compañeros de escuela. La apertura de la puerta teórica al intervencionismo corrector era un peligro para los clásicos fundamentos liberales de la Escuela Austriaca, pero en defensa de Lachmann hemos de decir que siempre defendió el libre mercado, eso sí, por razones prácticas, no queda otra en su posición. Y es que plantear la duda sobre la tendencia al equilibrio del mercado no implica en modo alguno abrazar el intervencionismo pues la crítica de Mises al socialismo sigue siendo válida y, además, el desconocimiento del futuro se aplica tanto a los actores individuales como a los planificadores49. En resumen, desde esta perspectiva no habría motivo para temer el subjetivismo radical, pero ¿y desde la otra?

BIBLIOGRAFÍA

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*ZANOTTI, Gabriel J.: La Escuela Austriaca en peligro de implosión hermenéutica, ponencia presentada el 13 de Octubre de 2000 en el VI Congreso de Epistemología de las Ciencias Económicas de la Univ. Nacional de Buenos Aires.

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1 HUERTA DE SOTO, Jesús: La escuela austriaca. Mercado y creatividad empresarial.

2 GIRAUTA, Juan Carlos: La eclosión liberal, Martínez Roca, Barcelona, 2006.

3 HUERTA DE SOTO, Jesús: El Methodenstreit, o el enfoque austriaco frente al enfoque neoclásico de la ciencia económica.

4 Ibíd., p.30.

5 LACHMANN, Ludwig M.: From Mises to Shackle: An essay on Austrian Economics and the Kaleidic Society. La traducción sería la siguiente: “El historiador del pensamiento económico se enfrenta a una delicada tarea cada vez que una doctrina arraigada, lo que en lenguaje moderno se conoce como paradigma o, más recientemente, un “programa de investigación”, es puesta en duda. Tiene que encontrar la genealogía de los aspirantes. Con este objetivo debe recoger los hilos cubiertos por las arenas del tiempo, desempolvarlos, y conectarlos con la nueva línea de pensamiento”.

6 EKELUND, Robert y HÉBERT, Robert: Historia de la teoría económica y de su método, pp. 264-270.

7 No es muy exacto hablar de desaparición a secas pues, como luego veremos, su espíritu permaneció en los institucionalistas americanos.

8 ROSCHER, Wilhelm: Principles of Political Economy, Nueva York, 1978, p. 104.

9 Existe otro historicismo, el británico, de menor nombre que el alemán pero con aportaciones semejantes a éste en su versión moderada. Autores como Bagehot, Imgram, Cliffe-Leslie y Toynbee protagonizaron esta corriente. Abogaban, como los alemanes de Roscher, por una revisión de la teoría clásica abstracta a la que pretendían dotar de mayor realismo mediante aportaciones históricas. Se caracterizaban por tratar a la economía como una parte de la sociología, lo cual significaba que para hacer economía necesariamente se han de disponer de un marco y herramientas sociológicos. Por último, hay que señalar su sentido evolucionista determinista mezcla de Darwin y Comte según el cual del estudio histórico se podía observar cierto proceso social evolutivo con un final predecible, lo cual le confiere una particularidad que le aleja del historicismo alemán y lo acerca sospechosamente a Marx.

10 EKELUND, Robert y HÉBERT, Robert: Historia de la teoría económica y de su método, pp. 480-501.

11 Mark Perlman defiende la relación entre el subjetivismo austriaco y el institucionalismo, especialmente en John Commons cuando dice: “Commons, clearly even more than Veblen and Mitchell is the obvius linkage to the Austrians”, cursivas mías. En Subjetivism, and American Institucionalism, en Subjectivism, Intelligibility and Economic Understanding, p 278.

12 Desde hace aproximadamente 20 años, el Nuevo Institucionalismo Económico se ha convertido en un programa de investigación que sin ser dominante en las facultades universitarias, sí que ha influido al menos en el paradigma neoclásico dominante, obteniendo el reconocimiento científico al más alto nivel.

La comparación con el Viejo Institucionalismo es un tema recurrente cuando se habla del Nuevo. La verdad es que teniendo el mismo núcleo de investigación, las instituciones, los enfoques y las herramientas son en buena medida diferentes. A este respecto tan sólo señalaremos que los “nuevos”, a diferencia de los “viejos”, centran su análisis institucional en el individuo. Además, las nuevas escuelas institucionalistas hacen algunas cosas justo al contrario de la vieja escuela del institucionalismo americano. Mientras que los primeros institucionalistas trataron de introducir en la ciencia económica conceptos procedentes de otras ciencias (principalmente de la sociología), los nuevos institucionalistas tratan de utilizar los instrumentos de la  Economía para explicar la historia, el comportamiento animal, el comportamiento delictivo, el derecho, los contratos, la empresa, las redes de información, el gobierno, la familia y otras instituciones sociales.

De lo que aquí nos importa señalaremos que para esta corriente el hombre tampoco puede ser racional en la medida en que se van incorporando con más nitidez en los modelos económicos las consideraciones relativas a los costes de transacción en la toma de decisiones económicas. Así las instituciones (o reglas del juego), a través de las organizaciones integradas en ellas (jugadores del juego), surgen para reducir la incertidumbre. Pero dicha incertidumbre es cada vez mayor debido a lo incompleta y asimétrica que resulta ser la información. Eso explica la existencia de los problemas de agencia, selección adversa y moral hazard.

13 Obsérvese la semejanza con Juan de Lugo, preguntándose cuál puede ser el precio de equilibrio, ya en 1643 concluye que depende de tan gran cantidad de circunstancias específicas que sólo Dios puede conocerlo (“pretium iustum mathematicum licet soli Deo notum”). Y Juan de Salas, en 1617, refiriéndose a las posibilidades de que un gobernante pueda llegar a conocer la información específica que se crea, descubre y maneja en la sociedad civil afirma que “quas exacte comprehendere et pondedare Dei est non hominum”, es decir, que sólo Dios, y no los hombres, puede llegar a comprender y ponderar exactamente la información y el conocimiento que maneja un mercado libre con todas sus circunstancias particulares de tiempo y lugar. en HUERTA DE SOTO, Jesús: La escuela austriaca. Mercado y creatividad empresarial.

14 ELSTER, Jon: El cambio tecnológico, capítulo 5.

15 HUERTA DE SOTO, Jesús: Teoría de la eficiencia dinámica, pp. 34-36.

16 A esto Mises lo llamó ilustrativamente “economía del giro uniforme”, lo cual implicaría que no existiría el cálculo empresarial, ni el intercambio, y por lo tanto no existiría la economía, todos los sujetos tendríamos lo que queremos porque no habría escasez. La economía de giro uniforme supone un estado de cosas en el cual hay acción humana, pero siempre la misma, sin variantes, lo que supone una visión equivocadamente estrecha de tal concepto.

17 FURIÓ BLASCO, Elies: Joseph A. Schumpeter.

18 SCHUMPETER, Joseph: Theory of economic development, Harvard University Press, Cambridge, Mass., 1934, p. 64, nota 1.

19 SCHUMPETER, Joseph: Business cycles, Nueva York, McGraw Hill, 1939, p. 102.

20 Si bien sabemos gracias al arsenal teórico austriaco que los ciclos económicos tienen su fundamento en la intervención de los bancos centrales en los mercados crediticios mediante la expansión del crédito barato causante de malas inversiones, y que la aportación de Keynes no hace otra cosa que señalar los efectos sin atisbar siquiera las causas de los ciclos, no hay que despreciar in toto el keynesianismo a este respecto pues, como señalé más arriba, introdujo una idea fresca y realista como la de las expectativas no tan racionales (es más, divergentes) como el mainstream suele suponer. La desgracia para la ciencia económica y las sociedades occidentales es que de Keynes haya quedado lo más despreciable.

21 DE PABLO, Juan Carlos: Después de Kahneman y Tversky; ¿Qué queda de la Teoría Económica?, p.78.

22 FURIÓ BLASCO, Elies: JOSEPH A. SCHUMPETER.

23 Para los evolucionistas hay límites a la información debido al conocimiento tácito que algunos agentes utilizan para el desarrollo de productos y procesos, a la protección del conocimiento por medio de patentes, derechos de autor y secretos industriales.

24 En su artículo de 1981 The Framing of Decisions and the Psychology of Choice, Tverky y Kanehman difundieron unos interesantes resultados. En dicho trabajo se les daba a 152 estudiantes alternativas hipotéticas para salvar a 600 personas de una enfermedad. Utilizando una estrategia, se podía salvar sin duda alguna a un número exacto de 200 personas. Utilizando otra, había una posibilidad entre tres de salvar a todos y dos sobre tres de que ninguno se salvara. El 72% de los estudiantes eligió la primera opción, prefiriendo el riesgo menor. Pero sorprendente (para los racionalistas, claro) cuando los investigadores les presentaron a otros 155 estudiantes el mismo dilema expresado de otra manera (400 personas morirían inevitablemente o habría una probabilidad de un tercio de que nadie muriera), sólo el 22% eligió la primera alternativa. La diferencia, explicaron Kahneman y Tversky, residía en la presentación de las alternativas como pérdidas o ganancias seguras. Los sujetos de sus investigaciones generalmente evitaban los riesgos cuando las ganancias, en este caso las vidas a salvar, eran inciertas; preferían quedarse con las ganancias seguras. Sin embargo elegían arriesgarse cuando la alternativa presentaba una pérdida segura, aun si asumir riesgos implicaba la posibilidad de una pérdida todavía mayor, en Clarín, http://www.epconsultores.com/noticias/Premio_Nobel.htm.

26 Aunque esta corriente y el conductismo antes analizado se encuentran cerca en tanto en cuanto para ambas el cerebro es una “máquina” cuando se trata de identificar tendencias cortoplacistas o dar respuestas emocionales rápidas pero se vuelve enormemente impreciso a la hora de encarar cuestiones financieras complejas; difieren en que la economía conductista es un intento de formular una teoría empírica del comportamiento: se observa una conducta y luego se hace una generalización, mientras que la neuroeconomía supone que el comportamiento económico se determina en el cerebro, y que por lo tanto el estudio de su estructura es crucial para entender de qué manera se toman las decisiones económicas.

27 PEYROLÓN, Pablo: “Neuroeconomía o la Economía del Prozac” en Contribuciones a la Economía, enero 2004, disponible en http://www.eumed.net/ce/.

28 Espinosa, Christian: Caos en los mercados bursátiles, publicado en Diario Financiero 25-09-2006, disponible en http://www.economiaonline.cl/columnas/caos-en-los-mercados-bursatiles/.

29 Otras aportaciones de este cariz son otras dos paradojas, las de Abilene y Ellfsberg. La primera se da cuando los límites de una situación particular presionan a un grupo de personas para actuar de una forma que es opuesta a sus deseos individuales. El fenómeno ocurre cuando un grupo continúa con actividades desacertadas que ningún miembro de tal grupo quiere porque ningún miembro está dispuesto a expresar objeciones. La segunda dice que en cierto tipo de apuestas, aún cuando sean lógicamente equivalentes las personas prefieren apostar por algo que contra algo, es decir, obtienen mayor utilidad apostando a favor.

30 Asimismo, los austriacos han reorientado la “eficiencia-X” en sus dirección, véase HUERTA DE SOTO, Jesús: Teoría de la eficiencia dinámica, pp. 36 y 37.

31 DE PABLO, Juan Carlos: Después de Kahneman y Tversky; ¿Qué queda de la Teoría Económica?, p. 72.

32 Shackle inicia su magnum opus Epistémica y economía con una cita de Lachmann; éste, por su parte, dedica su artículo más conocido a la comparación de aquél con Mises.

33 The Logic of Action Two, pp. 275-293.

34 CRESPO, Ricardo: Subjetivistas radicales y hermenéutica en la Escuela Austriaca de Economía.

35 Ibíd.

36 LACHMANN, Ludwig M.: From Mises to Shackle: An essay on Austrian Economics and the Kaleidic Sciety, p. 55. La cita se traduce como sigue: “Por supuesto toda la acción económica trata del futuro, futuro más o menos lejano. Pero el futuro es para nosotros desconocido, aunque no inimaginable. Shackle afirma rotundamente que nuestra ignorancia del futuro invalida cualquier teoría que atribuya conocimiento del futuro a los actores económicos”.

37 CRESPO, Ricardo: Subjetivistas radicales y hermenéutica en la Escuela Austriaca de Economía.

38 Ibíd.

39 Ibíd., p. 61. La traducción es esta: “En una sociedad caleidoscópica la fuerzas del equilibrio, al operar despacio, especialmente donde buena parte del capital es duradero y específico, se encuentran siempre sobrepasadas por el cambio inesperado antes de que hayan hecho su trabajo… Lo que surge de nuestras reflexiones es una imagen del mercado como un tipo particular de proceso sin principio ni final, impulsado por las fuerzas del equilibrio y por las fuerzas del cambio”.

40 Ibíd., p. 60. La cita podría traducirse como: “[En la bolsa] todo lo que conseguimos es una sucesión de equilibrios del mercado diario determinado por un saldo de las expectativas inclinándose de un día para otro como el flujo de noticias convierte alcistas en bajistas y viceversa”.

41 LACHMANN, Ludwig M.: Austrian Economics. A hermeneutic approach, en Economics and hermeneutics.

42 Ibíd., p. 139. Se traduciría como sigue: “Nuestro conocimiento empírico de los fenómenos económicos obtenido por observación debe en cualquier caso ser interpretado como inmerso dentro de un contexto”.

44 “La extensión de la hermenéutica supone en cierto sentido una resurrección de los viejos errores de la Escuela Histórica Alemana, al hacer depender los criterios de verdad científica de realidades externas de tipo contingente”, en HUERTA DE SOTO, Jesús: El Methodenstreit, o el enfoque austriaco frente al enfoque neoclásico de la ciencia económica, p. 56.

45 Nunca está de más recordar que para el pensamiento neoclásico, fundado en la mecánica clásica, la acción es confundida con reacción: no hay elección de fines. Dado un amplio campo de preferencias para cada agente se pregunta qué elegir. Por lo tanto, el resultado de todos los actos de elección se encuentra predeterminado. La respuesta a los cambiantes precios de mercado los individuos llevan a cabo actos sin sentido de gimnasia mental desplazando arriba y abajo sus curvas de indiferencia (el gran hombre de paja neoclásico, el homo economicus), lo cual está lejos de reflejar la realidad de la compleja acción humana. En realidad los hombres hacen planes para conseguir sus objetivos y después intentan llevarlos a cabo, pudiendo colisionar con aquellos de otros o podrían resultar inalcanzable por otras razones.

46 Don Lavoie ha sido el gran valuarte de la hermenéutica austriaca, sobre todo desde que publicó su Eucledianism versus hermeneutics, a reinterpretation of misesian apriorism, artículo en el que defendía una nueva visión de la obra de Mises de carácter hermenéutico, lo que es cuanto menos dudoso. Lachmann creyó hallar aliados en Knight, Keynes y Hicks, véase su Austrian Economics. A hermeneutic approach. Otra aportación hermenéutica se puede encontrar dentro del marxismo, donde se produjo su propio giro hermenéutico a cargo de Georg Lukács

47 CRESPO, Ricardo: Subjetivistas radicales y hermenéutica en la Escuela Austriaca de Economía, quien cita a Lavoie de The accounting of interpretations and the interpretation of accounts: the communicative function of ‘the language of business’.

48 Lo cual no sería tan extraño viendo como hemos visto la enorme cantidad de pensadores que se han adherido en sus teorías al subjetivismo radical en algún punto de las mismas.

49 LEWIN, Peter: Ludwig Lachmann (1906-1990): Life and Work.

Ensayo crítico del artículo Sobre la Producción de Seguridad, de Gustave de Molinari Wednesday, Jun 25 2014 

Trabajo sobre el artículo Sobre la Producción de Seguridad, de Gustave de Molinari, correspondiente a la asignatura  LA DEFENSA Y LA SEGURIDAD PRIVADA COMO ALTERNATIVA EFICIENTE AL SECTOR PÚBLICO, del Máster Oficial en Economía de la Escuela Austriaca, de la Universidad Rey Juan Carlos, Madrid.

PREFACIO

Antes de comenzar plenamente el comentario al artículo de Molinari me gustaría poner de manifiesto un hecho que creo claramente contradictorio en el prefacio de Rothbard, publicado en mayo de 1977, en relación a otro de sus artículos. Señala aquí Rothbard que “In contrast to all previous individualistic and near-anarchistic thinkers […] Molinari did not base the brunt of his argument on a moral opposition to the State. While an ardent individualist, Molinari grounded his argument on free-market, laissez-faire economics, and proceeded logically to ask the question: If the free market can and should supply all othergoods and services, why not also the services of protection?Esta afirmación, entendida en el contexto general de apreciación del artículo de Molinari, debe hacernos ver que Rothbard cree favorable, o al menos no despreciable, el hecho de que Molinari no defienda el mercado hasta sus últimas consecuencias por motivos éticos sino meramente utilitaristas, lo cual sería bastante honesto por parte de Rothbard. No parece muy adecuado cargar contra Molinari porque pensara que el mercado es utilitariamente mejor.

Hasta aquí todo bien sino fuera porque en otro artículo de Rothbard titulado “Do you hate the state?”, publicado en julio 1977, es decir, solo dos meses después, Rothbard argumentaba:

Let us take, for example, two of the leading anarcho-capitalist works of the last few years: my own For a New Liberty and David Friedman’s Machinery of Freedom. Superficially, the major differences between them are my own stand for natural rights and for a rational libertarian law code, in contrast to Friedman’s amoralist utilitarianism and call for logrolling and trade-offs between non-libertarian private police agencies. But the difference really cuts far deeper. There runs through For a New Liberty (and most of the rest of my work as well) a deep and pervasive hatred of the State and all of its works, based on the conviction that the State is the enemy of mankind. In contrast, it is evident that David does not hate the State at all; that he has merely arrived at the conviction that anarchism and competing private police forces are a better social and economic system than any other alternative. Or, more fully, that anarchism would be better than laissez-faire which in turn is better than the current system. Amidst the entire spectrum of political alternatives, David Friedman has decided that anarcho-capitalism is superior. But superior to an existing political structure which is pretty good too. In short, there is no sign that David Friedman in any sense hates the existing American State or the State per se, hates it deep in his belly as a predatory gang of robbers, enslavers, and murderers. No, there is simply the cool conviction that anarchism would be the best of all possible worlds, but that our current set-up is pretty far up with it in desirability. For there is no sense in Friedman that the State –any State – is a predatory gang of criminals.

En otras palabras, Rothbard critica que el anarcocapitalista David Friedman lo sea por motivos utilitaristas mientras que pone en valor su propia obra e ideología por ser iusnaturalistas. No vamos a criticar aquí una posición u otra sino simplemente poner de manifiesto lo que nos parece una flagrante inconsistencia en su argumentario en apenas dos meses de diferencia.

COMENTARIO

Vayamos ya sí al comentario del artículo sobre la producción de seguridad de Gustave de Molinari. El autor opta por realizar un análisis partiendo desde el principio, literalmente, explicando los fundamentos del ser humano y sus motivaciones en sociedad. Esa forma de argumentar se parece mucho a la praxeología desarrollada por Mises en La Acción Humana, quien comenzando desde el axioma de que el ser humano actúa es capaz de desarrollar un corpus teórico económico completo.

Comienza Molinari describiendo las pulsiones humanas a relacionarse en sociedad y cómo llega ésta a formarse. Señala a continuación que entre las necesidades humanas, una de las más básicas es la seguridad personal. Este esquema de pensamiento es netamente austriaco, siendo muy reconocible la economía de medios y fines que estableció Menger unos años después.

Por lo tanto, nos encontramos con que la seguridad es estrictamente necesaria y debe ser proveída de alguna forma por alguien o algo. Históricamente, y en términos generales, la figura del estado protector ha emergido con facilidad en base a esta justificación. El gobierno, forma básica del empleo del poder físico sobre un grupo, ha existido siempre, desde las tribus primitivas hasta la actualidad. De esta forma el gobierno se convierte en atávico pues desde el principio de los tiempos su presencia ha sido permanente y en buena medida se adapta a los recientes estudios en el campo en psicología evolutiva que señalan que el ser humano de hoy tiene mucho de aquel ser de las cavernas, temeroso, con razón, de los peligros que le acechaban y ante los cuales no quedaba más opción que la agrupación y la mutua protección. De ese caldo de cultivo es fácil colegir como uno o varios individuos más inteligentes, fuertes o, posteriormente, mejores comunicadores, son capaces de crear un poder fáctico sobre los demás y llegar posteriormente a legitimarse1.

Para Molinari la sociedad es un orden espontáneo de tipo hayekiano, la cual no ha sido creada expresamente por ningún agente externo sino que se teje a sí misma de forma autónoma y coordinada. Ese orden extenso al que llamamos sociedad no tiene por qué pensarse en términos estrictamente buenistas, es decir, la violencia entre individuos es natural pues no todo el mundo conocer y/o respeta los derechos del otro. Es en ese marco que Molinari inserta su necesidad de existencia de uno o varios proveedores de seguridad.

La premisa de partida es que el mercado es capaz de proveer cualquier tipo de bien o servicio de forma más barata y mejor que el proceso coercitivo protagonizado por el poder público. Por ende, si todo bien o servicio se somete a esta ley, no hay razón para pensar que la producción de servicios de seguridad no pueda caber para el paraguas de la libre competencia.

Clama Molinari que el gobierno no debería interferir si agentes privados quisieran ofrecer libremente servicios de seguridad a los ciudadanos en régimen de competencia de mercado pero evidentemente dicho enunciado choca frontalmente con la idea primigenia del estado como único legitimado para actuar en un territorio dado y sobre una población determinada.

Lo que le extraña al autor, como a los posteriores pensadores anarcocapitalistas como Walter Block o Hans Hoppe es por qué se asume sin más análisis que el estado deba proveer en régimen de monopolio este servicio. ¿De dónde viene este pensamiento? ¿Por qué no se cuestiona si quiera? A eso se dedica el economista franco-belga en su paper.

Realmente el autor tiene razón, pues desde un punto de vista meramente de observador objetivo no hay nada que a priori nos impida concebir una seguridad privada, por ello, la marcada excepción que existe en nuestra sociedad contra este mercado en particular resulta curiosa cuanto menos. Nos dice Molinari que las leyes, entendemos que derivadas de axiomas à la Mises, nos conducen a saber que el principio de división del trabajo es necesariamente bueno en todo tiempo y lugar, equiparando leyes económicas a leyes naturales como la gravedad, no hay lógica alguna en la negación o suspensión temporal de tal principio. En cualquier caso, o el mercado funciona siempre o no lo hace nunca y se aplica la producción comunista.

Constata Molinari que la población en general acepta la monopolización del sector de la seguridad sin poner oposición cuando dicha aceptación no se produce en casi ningún otro sector, en los cuales se admite la existencia de partes importantes de mercado.

A continuación traza una de las líneas más claras con la teoría de Rothbard sobre monopolio. Para Molinari “todo monopolio se ampara necesariamente en la fuerza”, lo cual calca la definición de monopolio rothbardiano según la cual en un mercado libre, sin estado ni coacción de ningún tipo, la cantidad de oferentes no implica una posición de dominio pues aunque solo hubiera uno, si ese uno no tiene el poder de impedir que otro entre en el mercado, nunca será un monopolio como se entiende comúnmente. Por el contrario, si existe la capacidad de impedir por la fuerza que otro agente ofrezca el bien o servicio entonces efectivamente estaremos ante una posición de monopolio. Esa fuerza a la que Rothbard y Molinari aluden no es otra que la del estado. Por lo tanto, el estado es monopolista en el mercado de producción de seguridad porque impide que otros empresarios ofrezcan sus servicios. El estado, aunque modernamente se pretenda autolegitimar de formas más sofisticadas, en última instancia su verdadera legitimación reside únicamente en el empleo de la fuerza, es decir, en la opresión de los que osen competir contra su poder.

Menos acertada nos parece la idea según la cual “el monopolio siempre acaba por desaparecer, ya sea de manera violenta, o como resultado de una transacción amigable”. No existe bibliografía que soporte dicha afirmación. La única forma en la que cabe entenderlo, y es así como lo hace Molinari es en el sentido de simple cambio de régimen, pero que en última instancia no afecta a nada sustancial, el estado, monopolista de la fuerza, no desaparece. Muy al contrario parece claro que la tendencia generalizada es hacia un mayor poder estatal desde hace 250 años.

En cualquier caso, asumamos la hipótesis del autor y pensemos ahora que el monopolio de los reyes acaba, como así fue. ¿Qué ocurrirá después? Para Molinari, si el pueblo conquista el monopolio del rey se acabará imponiendo otro monopolio pero de otras características, en concreto la gestión socializada, que no es más que un tipo de monopolio, quizá más peligroso que el monopolio del rey, como bien ha mostrado Hans Hoppe en su Democracia, el Dios que falló.

Ante esta disyuntiva, no solo teórica sino también práctica pues ha ocurrido muchas veces a lo largo de la Historia, entre acabar con toda forma de monopolio o sustituirla por otra nueva, y peor, las sociedades de han encaminado todas hacia la socialización. Solo han diferido unos casos de otros en como de despótico se ejercía el monopolio, es decir, entre socialdemocracia y comunismo.

Lo que parece claro es que el proceso histórico es el que va desde el régimen de monopolio monárquico al del comunismo es un hecho, entendiendo el comunismo como la “gestión por el pueblo” de determinada industria. Dado que vivimos en una época en la que los estados democráticos de todo tipo se arrogan el monopolio de la seguridad entonces lo llamamos comunismo dentro de este sector. Por lo tanto es importante no confundir con la idea moderna, y posterior a Molinari, de estado totalitario comunista en el que todos los sectores son gestionados por el pueblo.

Lo que cabe preguntarnos es por qué este proceso sucede casi irremisiblemente, por qué el sector de la seguridad cae siempre en el comunismo tras pasar por la monarquía monopolística. La respuesta es directa es porque se trata de un servicio que cae muy fácilmente en monopolio, ya sea del rey o del pueblo. La realidad del demandante de seguridad es la debilidad mientras que el proveedor es fuerte. Uno tiene las armas y el otro no. Esa posición de partida absolutamente desequilibrada tiende a producir un solo resultado: quien tiene la fuerza tiende a dominar a quien no la tiene. Por lo tanto parece casi natural que el fuerte no respete al débil y se acabe imponiendo mediante el establecimiento de un monopolio (estado).

Señala acertadamente Molinari que ese poder monopólico en su territorio busca continuamente su desarrollo, que en términos de monopolio en este sector no es otra cosa que la expansión territorial mediante el ejercicio de la guerra. Como dijo muy certeramente Randolph Bourne “la guerra es la salud del estado”2. Esta idea fue corroborada por Hayek en su obra “Socialismo y Guerra”.

En este sentido la diferencia entre convertirse en monopolio de la producción de seguridad y de cualquier otro sector es evidente. Un hipotético monopolista de la producción alimentaria bien podría considerarse ultra poderoso pero nunca realmente peligroso. En cambio, el monopolista de seguridad y detentor único del poder de emplear la violencia sí es un sujeto con enormes incentivo para usar su industria para algo más que dar un servicio a los demandantes de seguridad.

En definitiva la evolución histórica condujo a que el monopolio de seguridad monárquico se impusiera y se extendió hasta que las masas se revelaron. Posteriormente el poder real se vio obligado a la negociación con las masas, de forma que se crearon parlamentos y otros instrumentos de moderación del poder e interlocución entre gobernante y gobernado. Pero esta situación acabó finalmente por explotar completamente, “un día los consumidores explotados de esta forma se insurreccionaron contra los productores.” Así, una serie de idas y venidas en el poder se sucedieron hasta que en el siglo XIX se sustituyó finalmente el monopolio del rey por el monopolio popular, la monarquía por el comunismo.

Si durante el periodo monárquico nos hacíamos la preguntar de por qué la producción de seguridad queda en manos del rey y no encontrábamos respuesta desde el punto de vista de los principios de libre mercado, ahora que nos encontramos en el periodo comunista nos volvemos a plantear la misma cuestión. O bien producimos la seguridad conforme a criterios de libre mercado o bien bajo el mandado comunista. Y es aquí cuando lanza Molinari la gran afirmación. “Comunismo total o libertad total, ¡he ahí la alternativa!” Y efectivamente así es, o el mercado funciona siempre mejor que el estado o no lo hace nunca, pero no depende de cada sector. Comunismo a la norcoreana o anarcocapitalismo, voilà las dos opciones reales que tenemos.

Ante semejante disyuntiva los economistas históricamente siempre se han pronunciado en favor del comunismo. Para Molinari la razón se encuentra en que aquéllos no comprenden la complejidad del mercado, del orden extenso hayekiano. No es baladí esta cuestión porque significaría, no que el mercado es concebido por la profesión como una solución inferior sino que ni siquiera llegan a comprender completamente dicha solución. Hayek y Huerta de Soto han incidido en multitud de ocasiones la falta de comprensión de los procesos de mercado por parte de los economistas actuales del mainstream así como por parte de los intelectuales. Todos ellos consideran que está a su alcance la capacidad de diseñar la ciudad conforme sus expectativas. Por aquí, el discurso de Molinari es completamente hayekiano.

Acomete Molinari la última etapa de crítica al comunismo con base a postulados absolutamente misesianos/huertianos pues se pone a discutir la imposibilidad del socialismo con base a la información que debería tener el dirigente benévolo solo está al alcance de un ser superior. De ahí que siempre se suela deificar a los poderosos gobernantes y éstos a su vez busquen la legitimidad en la figura de un dios, ya que el poder divino no se discute. Pero no se dan cuenta los defensores del monopolio que el rey está desnudo en el sentido de que no tiene ningún tipo de inteligencia sobre humana capaz de ver y entender las complejas relaciones sociales lo suficiente como para administrarlas a su antojo.

El comunismo se diferencia de la monarquía en su legitimación. La democracia popular ya no mira a Dios sino al propio pueblo, conquistador del poder y ejerciente del mismo, aunque sea por medio de organismos políticos de representación. El comunismo asume que la razón siempre puede organizar la sociedad, empleando el debate social como medio para descubrir soluciones, esto es, el asamblearismo. Pero pensar que la mayoría ha de tener necesariamente razón es una tontería. Nadie mejor que Brian Caplan ha puesto de manifiesto las debilidades de la toma de decisiones democráticas. La escuela de la elección pública también ha trabajado en este sentido. Otra critica que observa Molinari es la ética, que se entronca muy bien con la propuesta rothbardiana en el sentido de que los derechos del individuo son inviolables, no importa cuanta gente haya decidido democráticamente arrancárselos.

Un acontecimiento como son las revueltas contra el poder ponen de manifiesto que el origen de la legitimidad del poder monopolista, más allá de las vestimentas que pongamos sobre el poder para reforzar su autoridad, en realidad, ésta se sustenta en la violencia. Es por ello que cuando la población deja de creer en ese poder éste se autoafirma simplemente recurriendo a la violencia3. Lógicamente la consecuencia es evidente, en palabras de Molinari, “toda organización artificial conduce necesariamente al terror.”

Finaliza Molinari explicando el surgimiento y posible desarrollo de una sociedad anarcocapitalista partiendo desde el grupo de hombres libres que trabajan e intercambias a la sociedad más compleja en la que el servicio de seguridad es provisto privadamente mediante el surgimiento de empresas/agentes que llegan a acuerdos voluntarios con los consumidores. En ese sentido el autor no deja de mencionar la posibilidad del nacimiento de un nuevo estado a partir de esta sociedad libertaria. De hecho se puede considerar intelectualmente honesto la introducción de esta posibilidad en su análisis. No es vano esta es una de las grandes críticas que los minarquistas hacen a los anarcocapitalistas. ¿Qué o quién le impediría a un agente oferente de seguridad convertirse en monopolista con base a la misma crítica que antes habíamos hecho al surgimiento del estado? En cualquier caso, la idea de sociedad anarcocapitalista que tiene Molinari es la de empresas basadas en un territorio determinado dentro del cual son monopolistas (en el sentido no rothbardiano sino clásico). Siendo cierto que deja abierta la posibilidad a que los ciudadanos se muevan de un territorio al otro, esta forma de imaginar el anarcocapitalismo nos parece débil, arcaica y poco robusta.

CONCLUSIONES

Molinari se considera un economista avanzado y ha pasado a la historia del liberalismo por ser el primero en proponer que la seguridad ciudadana pueda ser proveída de forma privada. Su argumento en base a etapas lógicas es netamente praxeológico, de una premisa inicial descubre todo un corpus teórico lógico basado en el mercado. Hay mucho de Molinari en Rothbard indudablemente y se pueden reconocer elementos misesianos y hayekianos. Por todo ello su discurso tiene mucho de visionario, lo cual le ha llevado a influir en buena parte de la moderna Escuela Austriaca de Economía.

En el trabajo sobre El Mito de la Defensa Nacional tendremos la posibilidad de explorar una visión de la defensa y seguridad privada mucho más sofisticada que la de Molinari pues la suya tiene el mérito de ser la primera y darnos una intuición pero no se la pueda considerar como demasiado elaborada.

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1Muy ilustrativa es la reciente aportación del filósofo anarcocapitalista americano Michael Huemer quien se dedica a estudiar la forma en la que el poder se auto-legitima.

2El estado, monopolista de seguridad, entiende la guerra en una doble vertiente, interna y externa. En su vertiente interna la guerra contra su enemigo exterior, real o inventado, fuerza a los súbditos/esclavos/ciudadanos a hacer un sobreesfuerzo que, siendo temporal, acaba convirtiéndose en permanente de forma que el poder del estado tiende a crecer con las guerras. Y externamente la guerra la proporciona al estado la evidente posibilidad de expandir su poder territorial conquistando otros estados, incluyendo sus recursos y habitantes. Ambas vertientes por lo tanto suponen un fuerte incentivo del monopolista de la seguridad hacia la guerra exterior.

3Este proceso se puede apreciar perfectamente en Venezuela, donde los levantamientos sociales de febrero de 2014 han puesto de manifiesto que el poder autoproclamado democrático, abierto, social, etc. no ha dudado en tirar de la fuerza para reafirmarse.