Trabajo correspondiente a la asignatura ECONOMÍA Y MEDIO AMBIENTE, del Máster Oficial en Economía de la Escuela Austriaca, de la Universidad Rey Juan Carlos, Madrid.

Si le preguntamos a un ecologista qué piensa sobre el fracking seguramente oiremos alusiones a la filtración de gas metano, aguas subterráneas envenenadas, terremotos y, en general, un completo desastre medioambiental. Pero la realidad es que los continuos estudios, de gran calidad la mayoría de ellos, apuntan casi todos hacia el carácter fundamentalmente verde del método de fracturación hidráulica. El punto clave en la discusión ecológica de este nuevo tipo de extracción de gas (y también petróleo) tiene que ver con la perforación de los pozos, la extracción del gas y el tratamiento posterior de las instalaciones.

1) El fracking contamina acuíferos de los que obtenemos el agua corriente. Esto es falso porque la fracturación hidráulica se produce varios centenares de metros por debajo de la altura a la que se encuentran los acuíferos y capas de roca sólida separan los depósitos de gas y petróleo de los acuíferos. Este amortiguador natural hace que la temida filtración sea prácticamente imposible. Además, los pozos se construyen con al menos 4 capas de acero y hormigón por lo que no existe posibilidad alguna de fuga.

2) El fracking necesita una enorme cantidad de agua para su actividad. No diremos que el fracking usa mucho o poco agua pues eso es una valoración subjetiva, pero sí diremos que sus necesidades de agua son menores que las que otras energías necesitan para su producción como el carbón y la nuclear. La perforación de un pozo consume normalmente entre 19 y 38 millones de litros, lo que multiplicado por los 4000 pozos existentes supone apenas el 0,03% del consumo total del país. Por otro lado, parte de dicha agua es reutilizada en otros pozos tras pasar un proceso de reciclaje, lo que reduce las necesidades de agua en futuras prospecciones.

3) Los productos químicos empleados son altamente peligrosos y ocultados del público. El 99,5% del fluido utilizado para fracturar la roca es agua y arena. Por lo tanto solo el 0.5% son químicos, que en ningún caso son secretos. Muy al contrario, todos ellos son publicados por la propias empresas extractoras en una web del Gobierno federal americano abierta al público llamada FracFocus. Allí el usuario podrá consultar los miles de pozos, uno por uno, abiertos por los centenares (literalmente) de empresas dedicadas al fracking. Además, no pensemos que se trata de elementos químicos muy alejados de nosotros pues todos los que podremos ver en dicha web se encuentran en nuestra vida diaria.

4) La perforación hidráulica produce terremotos. De nuevo, no existen evidencias de que la propia actividad del fracking cause terremotos pues esta actividad no emplea toda la energía suficiente para causar un movimiento sísmico. No obstante, no sería honesto pasar por alto que un derivado del fracking sí es culpable, nos referimos al almacenamiento geológico a presión de las aguas residuales tras su empleo en la fracturación. Pero simplemente reduciendo la cantidad de agua inyectada y la profundidad de los pozos, así como evitando zonas propensas a los temblores, puede ser claramente reducido el riesgo de provocar terremotos, que a pesar de todo es pequeño y de poca magnitud.

5) Las aguas residuales del fracking suponen un peligro. Este es a nuestro parecer el punto más débil de la fracturación hidráulica. En media, alrededor del 20% del agua inyectada en un pozo se recupera tras finalizar la perforación. Este agua, contaminada con los productos químicos empleados pero, sobre todo, con elementos químicos muy peligroso traídos de las profundidades hace que su tratamiento sea muy complejo. Existen dos vías mayoritarias de tratamiento en la actualidad, por un lado el reciclaje y por otro el almacenamiento. El reciclaje parece la mejor solución pues evita tener que volver a gastar más agua en futuros pozos y, sobre todo, carece del grave problema del almacenamiento geológico profundo del agua contaminada, que como acabamos de ver, es la causante de los pequeños pero no desdeñables terremotos referidos en el punto anterior.

Visto lo anterior parece claro que la actual mala fama de las actividades del fracking se encuentra muy sobredimensionada. Por un lado el lobby carbonífero presiona y mucho por no perder su cuota de poder. Por otro lado el lobby ecologista intenta hacer valer sus posiciones mostrando y exagerando solo lo malo. A nuestro entender el fracking no es tan verde como las energías eólica y solar pero es mucho mejor que el carbón, y a esa nadie la cuestiona de esta forma.

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