Trabajo sobre el libro La Teoría Evolutiva de las Instituciones. La Perspectiva Austriaca, de César Martínez Meseguer, correspondiente a la asignatura ECONOMÍA Y EVOLUCIÓN. ANÁLISIS EVOLUTIVO DE LAS INSTITUCIONES SOCIALES, del Máster Oficial en Economía de la Escuela Austriaca, de la Universidad Rey Juan Carlos, Madrid.

1. Introducción

El presente trabajo sobre el libro del Profesor César Martínez Meseguer está estructurado en dos partes. Primero un resumen del contenido que nos ocupará el primer tercio del comentario. En esta parte iremos recopilando las ideas del autor. A lo largo del resumen iremos intercalando comentarios propios a la obra del autor mencionado temas que nos han gustado en mayor o menor medida así como puntos conexos que merecen la pena añadir al trabajo del profesor.

En la segunda parte acometeremos un comentario crítico a la obra que ocupará aproximadamente dos terceras partes del trabajo. En este apartado intentaremos una síntesis de la tesis de autor junto a un mayor énfasis en la función empresarial de Kirzner y Huerta de Soto, y también la visión del emprendedor de Schumpeter, siendo capaces de extender ese análisis a otras instituciones no analizadas por Meseguer tales como la división del trabajo, la contabilidad y la propia propriedad privada.

2. Resumen del contenido

La presente obra se encuentra claramente dividida en tres partes. Una primera que podemos llamar histórica que el autor emplea para trazar los posibles hilos evolutivistas en la historia del pensamiento, o lo contrario, es decir, autores cuya opinión era claramente contraria a las tesis defendidas por la Escuela Austriaca.

2.1) Primera parte

Desgraciadamente son una minoría en la historia del pensamiento como Meseguer nos demuestra. El primer pensador destacado por nuestro autor es precisamente favorable, o eso se intuye, a la idea del libro. Fue en Grecia, a pesar de que sus pensadores se preocuparon más de la administración que de la ciencia económica, donde encontramos algunos loables ejemplos como Jenofonte, autor que puede ser considerado generalmente como el primer economista, o al menos el primer economista en desarrollar un corpus teórico temáticamente variado. Demóstenes por su parte hablaba de un evolucionismo legal superior al derecho positivo.

Más relevante fue Heráclito, quien fue el primer filósofo en descubrir la idea de cambio. Él pensaba que existía cierto orden en el mundo sobre el cual se articulaba un permanente fluir, lográndose una armonía. Para Heráclito, bajo la apariencia de la estabilidad puede estar ocultándose un cambio, un flujo que puede estar escapando a la simple observación (p.34). La propia naturaleza sería un proceso sin fin y no caótico, no caleidoscópico a lo Shackle sino con cierto sentido a lo Huerta de Soto. Si bien es cierto que Heráclito pensaba que había una ley de destino inmutable y por ello le podemos tachar de historicista, aunque Meseguer lo exculpa parcialmente. Una idea interesante de nuestro autor es entender que la Escuela Austriaca sería una suma de Heráclito al cual le incorporamos el concepto de physis (instintos innatos). Los primeros autores contrarios a la tesis evolutiva fueron los sofistas griegos. Éstos, no incluyeron las normas consuetudinarias en su idea de physis para los cuales las dos únicas normas serían la búsqueda del placer y el dominio del más fuerte. Rechazaban toda norma, incluso la costumbre. Sócrates aparecía después y tan solo su modestia intelectual le podía asemejar a los austriacos. Por su parte Platón supone un gran paso atrás que aún perdura ya que para él la sociedad tiende naturalmente a la degeneración que solo puede ser corregida por el control administrativo férreo de una élite de ciudadanos entre los cuales estaba él, por supuesto. El siguiente en la lista fue Aristóteles, quien también anhelaba una sociedad reglamentada y dirigida, incapaz de concebir los órdenes espontáneos que la articulan. Finalmente en Grecia tenemos a los epicúreos y escépticos, quienes tampoco fueron conscientes de la formación espontánea de estructuras sociales complejas.

Un caso raro y positivo es el de un grupo de pensadores chinos enmarcados en el taoísmo. Los taoístas sí apreciaban el binomio de evolución y orden, dando un papel crucial al individuo al que lo circunscribe en su ámbito natural y social. Eran liberales por cuanto defendían un gobierno limitado y una sociedad liberada. Su líder espiritual fue Lao-Tsé y le acompañaron otros como Chuang-Tsé y Ssu-Ma Ch’ien. Hablaron de órdenes sociales espontáneos, gobiernos dañinos de la sociedad, función empresarial como motor del progreso.

En Roma no hubo grandes aportaciones positivas por parte de ningún autor en particular como los estoicos, pero sí que se desarrolló era gran corpus legal conocido como el Derecho romano y que tanbien reúne las cualidades del evolucionismo legal austriaco: normas históricas, respetadas y mejoradas con el tiempo, tanto es así que son el fundamento de buena parte de nuestro derecho actual, miles de años después.

A continuación pasamos a estudiar a los autores medievales, fundamentalmente religiosos y cuya aportación general fue negativa pues los postulados de aquella Iglesia católica distaban mucho del liberalismo y del evolucionismo. En aquel pensamiento cristiano no cabía ningún tipo de evolución, todo era estático y creado por Dios de una vez y para siempre. Por ejemplo, San Agustín fue un claro defensor del antievolucionismo y eso hace de sus proposiciones inútiles para entender que sus leyes eternas se fundamentan en la dinámica de lo evolutivo. Otro caso es el de Santo Tomás, quien buscó una síntesis entre dinamismo y estática pero sin mucho éxito. Diríamos que es un racionalista no extremo pues acepta que a esa ley natural se le mejoren elementos con el tiempo. Mucho más relevante que la aportación de Guillermo de Ockam y Escoto fue el surgimiento del llamado Derecho mercantil gracias al cual las viejas normas civiles se fueron adaptando a las nuevas necesidades del comercio (p. 65). Este nuevo Derecho es una fusión del Derecho romano más el canónico, desarrollado en las ciudades independientes fundamentalmente de Italia como Génova y Venecia. Ese incipiente derecho se basaba en los contratos, los cuales debían ser respetados para alcanzar la prosperidad que luego se observó en el Renacimiento. Y en particular tenemos un espléndido ejemplo de florecimiento del pensamiento renacentista en España con la afamada Escuela de Salamanca, autores que como Luis de Molina supieron distinguir entre lo natural y lo artificial para establecer que los elementos vertebradores del orden social no podían ser fruto del diseño humano.

Posteriormente llegamos al empirismo inglés, racionalismo francés y Kant. Los empiristas como Locke. Mandeville y Hume, a diferencia del pesimista Hobbes que desconfiaba de la naturaleza desordenada y caótica del ser humano, sí supieron ver por primera vez en la Historia claramente el concepto de orden espontáneo y organización como distintos. Defendían unos derechos preexistentes a la voluntad del poder. Hablaban de un lento proceso histórico de evolución institucional, en particular se menciona a la posesión, la transmisión y el cumplimiento de las promesas. Por su parte el racionalismo de Descartes era la antítesis de los anteriores. El francés le daba importancia fundamental a la razón para descubrir todo lo que el ser humano pretendiera y modificarlo a su gusto, incluyendo las instituciones sociales, que dejaban de ser consideradas como fruto de la evolución no diseñada y se convertían en producto de la razón humana. Meseguer alerta que Descartes se refería a las ciencias naturales, lo cual salva parcialmente al pensador racionalista. Tras él surgió Rousseau, un auténtico lastre intelectual que no fue capaz de ver nada bueno en la evolución del hombre en sociedad, para él todo era una degeneración que solo podía remediarse volviendo al idílico y irreal estado de naturaleza a partir del cual realizar un pacto social que reflejase la voluntad general, o lo que es lo mismo, se buscaba fundar la sociedad de un modo ingenieril y completamente de espaldas a las enseñanzas de la evolución histórica de las instituciones que nos vertebran. Adam Smith tuvo tanto ideas brillantes como otras no tanto (teoría del valor). Para bien Smith defendió la división del trabajo y la capacidad de las sociedades para autoorganizarse de forma no diseñada a través de su afamada mano invisible. A pesar de las críticas a su economía preferimos quedarnos con su agudeza en la descripción de los procesos espontáneos y la complejidad de nuestras sociedades, incluso ya en la época de Smith. Kant intentó una síntesis entre Descartes y Hume pero no llegó a resultados que nuestro autor califique como satisfactorios. Finalmente, cierran época los peculiares utilitaristas Bentham y Mill quienes fueron tremendamente perjudiciales para la ciencia pues criticaron todo aquello relacionado con la tradición pues no existe una sana coordinación social no planificada, por lo tanto la sociedad debe reconstruirse con criterios de utilidad típicos de la ingeniería social.

Seguidamente Meseguer se traslada a la filosofía alemana. Allí encontramos a Hegel quien se convirtió en líder del idealismo y creador de la dialéctica como método definido como aquel pensamiento abierto a la contradicción y por lo tanto capaz de cambiar y evolucionar (p.100). Aunque Hegel introdujo la variable de la Historia en su pensamiento nunca llegó a ser capaz de entender las instituciones sociales como órdenes complejos incardinados en largo desarrollo histórico. Además, Hegel es un absoluto devoto del poder estatal. No en vano su pensamiento sirvió de alimento al nazismo como al marxismo. Efectivamente Marx es incomprensible sin la dialéctica hegeliana. El marxismo dice conocer ya el futuro y no queda más que esperar que venga o aplicarlo. Así, dado que se conocen las fuerzas que mueven el mundo en realidad todo está ya predeterminado, nada se hace en libertad sino que se cumple el papel para el que a uno le ha tocado en la vida, dependiendo de si forma parte de una clase u otra. Y el fin de esa película no es otro que la sociedad sin clases1. Es reseñable que Marx no desconocía los procesos de mercado, de hecho loa al comienzo de su Manifiesto Comunista los logros del capitalismo moderno incipiente, pero no acaba de entenderlo y fruto de lo cual lo malinterpreta, proponiendo como solución la burocratización plena de la sociedad. Esta coacción inherente al pensamiento marxista es profundamente contraria a la voluntariedad de las instituciones sociales, a las que desprecia como buen constructivista que era, aspirante a reconstructor del mundo.

Un planteamiento muy distinto tuvieron los teóricos de la Escuela histórica del derecho alemana liderada por Savigny. Esta tradición de pensamiento surge como reacción frente a los planteamientos racionalistas y proclamó el carácter absolutamente histórico del Derecho en tanto que fruto de la evolución de cientos o miles de años por lo que sería erróneo y arrogante pensar que se puede crear de la nada cuando la labor del jurista reside más en descubrirlo pues ya existe y vertebra la sociedad.

Entre los pensadores más perniciosos para el pensamiento pro evolucionista se encuentran los positivistas con Comte a la cabeza. A juicio de Meseguer el positivismo tuvo el mérito de unificar los mayores errores y defectos del empirismo, del racionalismo más extremo y del constructivismo (p.116). En particular en la ciencia económica el positivismo se dejó notar ampliamente pues ha llegado a colonizar toda la ciencia que cometió el gran error de haber dado entrada a la matemática y la estadística en economía al considerar que la información sobre los acontecimientos humanos es del mismo tipo que la natural y por lo tanto puede conocerse, medirse y manipularse externamente. Nada de eso es cierto. Acaba este apartado Meseguer volviendo al Derecho pues nos recuerda cuán negativo fue el pensamiento de Kelsen, el positivista legal por excelencia, adalid de la reconstrucción del marco legal a golpe de mandato estatal. Por contra el iusnaturalista Stammler tuvo cierta semejanza a Savigny pues buscó principios universales que aplicar a casos particulares.

El penúltimo capítulo lo dedica el autor a tratar el pensamiento evolucionista de tipo no social, es decir, el evolucionismo en las ciencias naturales pues aunque ajeno a nuestra ciencia en el siglo XIX el evolucionismo en biología sí que derribó muchos mitos también en otras ciencias y ayudó a entender los procesos sociales de forma diferente y mejor gracias a esa nueva forma de ver el mundo. Los nombres clave son Lamarck y Darwin. El primero estuvo completamente errado pero desde un punto de vista no-biológico sus ideas tienen bastante sentido. Para Lamarck el fenotipo (lo externo, el día a día) afecta al genotipo (la carga hereditaria que se transmite) de forma que tenemos un background histórico que se va transmitiendo pero a su vez cada generación puede aportar su grano de arena y mejorar dicha herencia. Esta idea es netamente evolucionista y austriaca, conforme por tanto a la opinión defendida por Meseguer. Por su parte Darwin sí acertó a ver que el fenotipo no afecta al genotipo sino al revés. El biólogo nos legó una fabulosa idea, la de que las especies tienen una larguísima historia que debe ser descubierta para comprenderla y que los cambios cuando se producen vienen desde dentro de la misma. Finalmente Spencer, filósofo social, pretendio aplicar las sugerentes ideas de Darwin a las ciencias humanas pero erró el tiro por cuanto, como nos dice Meseguer, sería un grave error si se pretendiese aplicar una metodología, la natural, a un ámbito, el social, que no le corresponde.

La primera parte del libro la cierra el autor realizando una recopilación crítica del constructivismo, sin duda alguna, ogro del liberalismo y de la Escuela Austriaca. Nos dice el autor citando a Hayek que el error del historicismo constructivista radica precisamente en pretender buscar leyes que determinen el desarrollo histórico allí donde es del todo imposible hallarlas (p.135). Otro extremo sería el tradicionalismo radical, situándose la posición de Meseguer entre ambos extremos, es decir, dando importancia a las instituciones sociales pero aceptando la necesidad y capacidad de modificarlas para mejorarlas pero con moderación. Un modelo muy lamarckiano, entiendo yo.

2.2) Segunda parte

En este segundo tramo de la obra el autor nos adentra en la metodología austriaca. En un primer momento revisamos el pensamiento de Menger, fundador de la Escuela y a la sazón punto de origen de la búsqueda hacia el pasado de los hilos evolutivistas de los que pudo beber Menger directa o indirectamente. Menger centra en el individuo el análisis de su estudio, un individuo que actúa e intercambia y que da origen a todos los procesos sociales. Nos muestra Meseguer un resumen del pensamiento austriaco más básico que desarrolló el pionero de la Escuela, nos referimos a los elementos de la Acción Humana tales como la aparición de una necesidad como origen de la misma, el descubrimiento de los medios para satisfacerla y finalmente la posibilidad de poseer la cosa anhelada con la cual satisfacer la necesidad originaria. Menger es capaz también de observar las relaciones de intercambio como medio para alcanzar los bienes económicos que nos satisfarán en última instancia. Una vez se descubre su ventaja los individuos la adoptan y van modificando su comportamiento a esa nueva circunstancia. Finalmente se institucionaliza. Menger muestra acertadamente cómo las instituciones sociales son de tipo evolutivo, cargadas de experiencias y sabiduría tras siglos de práctica.

Posteriormente se centra el autor en sus dos grandes discípulos, aunque no directos, Mises y Hayek. El primero basó su investigación en el estudio de la acción humana mientras que el segundo se centró en las instituciones sociales. Ambos autores, gigantes de la Escuela Austriaca, difieren en muchos ámbitos pero, siguiendo la cita de Kirzner (p.149) ambos compartieron un modo de entender los procesos de mercado como toma de decisiones dinámicamente competitivas en un mundo de incertidumbre inerradicable pero que no les impide trazar planes para perseguir sus fines.

Meseguer nos presenta los clásicos tres niveles de conocimiento austriaco, a saber, el del individuo aislado, el de las relaciones de intercambio y las instituciones sociales. Mises habría centrado su estudio en las dos primeras etapas mientras que Hayek en la tercera. Para Hayek el paso hacia las instituciones es gradual, a lo largo del pasar del tiempo, larmarckiano, mientras que Mises se refiere más a saltos, como las mutaciones genéticas de Darwin. Tenemos por tanto las dos patas de la mesa sobre las que se asienta la moderna economía austriaca, por un lado la concepción misesiana del mercado como un proceso impulsado por la empresarialidad, y por otro el concepto hayekiano de transmisión y acumulación de información por medio de las instituciones sociales.

Con estos mimbres Meseguer pasa a evaluar las mejoras a la teoría mengeriana de la Acción. El ser humano actúa racionalmente en un entorno de incertidumbre otorgando valores subjetivos a los medios a su alcance con los que satisfacer sus necesidades conforme a una escala de valores personal. Para ejecutar ese plan emplea la función empresarial misesiana, desarrollada en un tiempo praxeológico alejado del tiempo newtoniano, como tanto énfasis pone Huerta de Soto. Toda esa teoría es desarrollada por Mises a partir del simple axioma de Acción Humana. Hayek, diríamos, retoma el análisis donde se queda Mises y lo concluye para mostrarnos cómo ese ser humano empresarial acaba creando instituciones sociales complejas que dan orden a nuestra vida en sociedad.

Acaba el capítulo Meseguer mostrando como juegan las relaciones de intercambio, recordemos, segundo nivel de análisis, para ambos autores. En principio sobre este tema ya hemos dejado dicho que los sujetos cuando se dan cuenta que pueden perseguir mejor sus fines si intercambian medios entonces se produce el intercambio y el nivel de análisis da un paso más. Este proceso tiene su base en la empresarialidad innata a cada individuo y de uno de ellos al menos debe partir la iniciativa. Una vez ésta se extienda llegaremos al tercer nivel, el de las instituciones sociales.

El individuo lleva a cabo la acción en un mundo dinámico, lejos del matemático mundo positivista neoclásico. Siendo posible predecir ésta debe reducirse a la tendencia dada la teoría de la acción humana y las instituciones sociales. Más allá de eso toda predicción peca de arrogante y equivocada. En cualquier caso, para nuestro análisis resulta de gran importancia la existencia del marco teórico hayekiano pues nos permite ponernos en situación, tal como que las instituciones son órdenes repletos de información tácita heredada con el pasar de largos períodos de tiempo, tan largos que nuestro esquema mental no puede sino intuirlo pero nunca abarcarlo. El modo de acercarse a las instituciones es la modestia intelectual, sabiendo que tenemos ante nosotros unos poderosísimos instrumentos de transmisión de información intertemporal con tendencia a la mejora continua, para lo cual es importante no olvidarse que el científico puede y debe retocar aquellas instituciones que precisen de mejora pero sin llegar a ser cambios radicales.

La última parte del capítulo la dedica el autor a crítica a Rothbard abiertamente, por quien, en general, no goza mayores simpatías tanto por su metodología como por su posicionamiento político anarquista. No obstante Meseguer centra su crítica en lo que él considera un racionalismo extremo en Rothbard por cuanto para éste existe claramente definido aquello que es bueno o malo, racional e irracional, moral e inmoral. En opinión de Meseguer Rothbard yerra profundamente al creer que realmente existe una posición unívoca y cognoscible a la razón humana. Justo contra eso se había revelado su maestro Mises. En última instancia Rothbard lo que busca no es tanto un derecho natural sino una ética universal fundamentada en el reconocimiento del derecho de autopropiedad de cada individuo sobre su cuerpo y por ende al producto de su esfuerzo. Diríamos que es algo así como el intento de Mises de desarrollar toda una teoría a partir del muy básico a priori de la acción humana. A su modo Rothbard plantea algo parecido, dado que cada sujeto es libre y propietario de sí mismo por naturaleza cualquier injerencia es anti ética y por lo tanto rechazable. Discrepamos en ver a Rothbard como un inmovilista, él no hablaba de ir contra las instituciones evolutivas sino simplemente reconocer que el ser humano es el centro de todo también para reclamar su autonomía ética, no solo económica a lo Mises. Por tanto, Rothbard completa el análisis misesiano en la ética. Si Meseguer lo rechaza de plano entendemos que puede ser por razones de las consecuencias políticas pues ninguna otra salida salvo el anarquismo es éticamente válida.

Acaba esta segunda parte Meseguer dando un rápido repaso a la teoría del conocimiento o epistemología austriaca. A lo largo de la primera parte hemos visto formas buenas y malas de entender la razón y ya dijimos cuáles era la más próxima a la Escuela Austriaca. La epistemología austriaca asume racionalidad en la acción humana pero no la restringe a un determinado tipo de acción y desde luego no la cree perfecta, la razón humana es falible y limitada. Es por eso que es erróneo pensar en un sujeto capaz de reconstruir la sociedad o marcar el camino del mundo. En ese sentido la razón austriaca es humilde, podemos actuar más o menos racionalmente en nuestra vida porque es nuestro entorno pero no podemos conocer completamente ni manipular la sociedad. Además, los datos que sí podemos conocer acerca del funcionamiento de la sociedad y sus órdenes espontáneos han de ser siempre cautelosos, más que buscar la verdad el austriaco busca la certeza. Para estudiar las ciencias sociales debemos por tanto emplear un método especial diferente de las naturales y con unas pretensiones muy diferentes, quizá más modestas. En lo que estoy en desacuerdo con Meseguer, en la línea del final del anterior capítulo con Rothbard, es su crítica a la ética que el teoriza como evolutivo, basada en las mismas categorías que el resto de instituciones sociales. Discrepo porque creo que la ética no es evolutiva sino única y ligada a la naturaliza misma del ser humano. A mi entender tan cierto es que el hombre actúa como que es dueño de su destino, y ni una cosa ni la otra pueden negarse sin caer en contradicción, es decir, estamos ante apriorismos lógicos.

2.3) Tercera parte

En última instancia Meseguer nos trae una última parte de su libro que parece bastante lógica. Tras haber estudiado las raíces históricas del evolucionismo y haber mostrado las características fundamentales de dicha teoría en la Escuela Austriaca ahora queda lo más bonito quizá, la aplicación de dicha teoría al estudio de algunas de las instituciones sociales más importantes.

Muy buena es la distinción entre orden y organización, y entre normas y mandatos. Orden es un sistema complejo a través de lo cual multitud de sujetos llevan a cabo su actividad sin que haya sido formulado expresamente como tal y en el cual todo individuo puede perseguir sus propios fines personales. Se articula en base a normas, reglas generales heredadas de la tradición que procesan grandes cantidades de información dispersa. Por su parte, las organizaciones son creadas deliberadamente para cumplir un objetivo concreto y más modesto al cual sirven. Su reglas son los mandatos, reglas específicas de comportamiento dirigidas a los miembros de la organización y emanados de una voluntad reconocible, no de la anónima evolución. Es, por tanto, la diferencia entre la sociedad moderna y el Derecho que la rige, y una empresa con sus mandatos de comportamiento interno.

El siguiente capítulo está dedicado a una introducción histórica de las instituciones sociales. Personalmente lo encuentro el de menor interés del libro, no porque sea malo o erróneo sino porque creo que no casa bien en el conjunto de la obra. Meseguer se dedica a hacer una recopilación antropológica de la evolución humana que es muy buena pero entendemos que las instituciones sociales objeto del libro no tienen que ver con nuestros antecesores que ni eran humanos por lo que hablar de instituciones sociales humanas carece de sentido. Poco se puede sacar de aquellos seres prehistóricos. Solo cuando nuestro autor avanza unos cuantos pasos en la Historia y llega al ser humano y las primeras civilizaciones este capítulo cobra más interés. Vemos aquí que, una vez partiendo de la existencia de seres humanos en el planeta, la teoría austriaca de la acción humana, el intercambio y finalmente las relaciones sociales conducentes a la creación de instituciones se dan desde el pimer momento, desde las primeras civilizaciones humanas como Mesopotamia y Egipto en la cuales existe ya un lenguaje, unas normas, un cierto mercado, etc.

El próximo capítulo es el primero específicamente dedicado a una institución social: el Derecho, área de mayor conocimiento profesional del autor, y se nota por su amplitud y profusión de detalles. Así, nos cuenta Meseguer que el ser humano ha aprendido con el pasar del tiempo que las normas se heredan y se perfilan, dando como resultado un ordenamiento jurídico de una complejidad importante pero sin llegar a la profusión de las normas emanadas del BOE. Para el autor la cristalización de las normas en instituciones es solo el final de un largo proceso, es decir, el Código Justiniano, siendo lo visible del proceso evolutivo histórico, no es más que una pequeña parte de toda la gigantesca evolución humana que ha producido las normas contenidas en dicho códice legal.

Las normas sociales no guían a los ciudadanos pormenorizadamente sino que simplemente establecen pautas de actuación generales cuya observancia se ha mostrado relevante y necesaria para el desarrollo de la sociedad. Dado que dichas normas evolutivas son generales todos los individuos pueden emplearlas como un marco jurídico seguro en el cual llevar a cabo sus planes personales de acción.

Las normas son respetadas por los miembros de la comunidad antes de que lleguen a representarse formalmente, es una especie de conocimiento inmaterial que todos los miembros conocen y conforme al cual actúan. Posteriormente las normas perviven en el tiempo pues demuestran su validez continuada de forma que la sociedad las toma como propias. Solo en un estadio muy tardío las normas acaban por articularse formalmente. Esta última parte del proceso es la más llamativa a los ojos del inexperto por cuanto es la que se ve y por lo tanto cree que una norma es solo eso, una representación formal, pero no es así pues para llegar a dicha norma hemos pasado por un proceso centenario de prueba y error de innumerables normas hasta que hemos alcanzado cierto nivel de complejidad y efectividad, pero que no deja de ser una etapa más ya que el proceso de evolución no se detiene en nosotros, evidentemente.

Las primeras normas surgieron cuando los seres humanos se volvieron sedentarios tras el descubrimiento de la agricultura. Se sustituyeron las respuestas de tipo instintivo animal por otras de tipo conductual no biológicas sino sociales y por lo tanto aprendidas. Las sociedades post-revolución neolítica adquirieron cierto nivel de complejidad ya que la población había aumentado considerablemente, los individuos se especializaban y comerciaban cada vez más. Ante semejante marco parece lógico que aparecieran normas reguladoras de conductas.

Fundamental es una idea del autor expresada en la página 234: “cuando el hombre trata por primera vez de dar expresión al contenido de las normas que regulan la vida en sociedad, no está creando ni mucho menos un nuevo esquema de la nada, sino que únicamente se está dando forma verbal a algo que ya se conoce o intuye, pero que no había sido capaz de explicar hasta ese momento”.

El Derecho, qua institución social, se fundamenta en unos principios pero de carácter evolutivos, no universales, por lo que han de ser descubiertos si bien nunca creados ex pofeso. Dichos contenidos dan estabilidad al sistema, hecho fundamental para el desarrollo de una sociedad próspera pues los individuos desean que las perspectivas sean estables para poder planificar más fácilmente. El Derecho, gracias a su estabilidad, es un elemento clave para reducir enormemente la incertidumbre inerradicable en la que se mueve el ser humano.

La segunda parte del capítulo se ocupa de las diversas formas en las que el Derecho ha sido interpretado, cuidado y creado. En Roma existieron los juriconsultos, expertos legales cuyo oficio era la interpretación de la ley, no iban más allá. En el mundo anglosajón los protagonistas son los jueces, que interpretan y hacen evolucionar el Derecho de forma muy descentralizada en el marco de la common law. No obstante en Roma convivieron con los propios jurisconsultos. Las últimas vías son las más dañinas por constructivistas: en sede parlamentaria y vía poder político. Estos dos subepígrafes los considero los mejores del libro, especialmente el del poder político, cuya página 251 es una delicia de desmenuzamiento de cómo la política ha usurpado el Derecho para dañarlo gravemente.

El siguiente capítulo trata del surgimiento del mercado2, institución básica con la que identificamos el estudio de la economía habitualmente y por lo tanto de importancia máxima. No en vano este capítulo va justo detrás del dedicado al Derecho pues no se puede entender un mercado medianamente desarrollado sin un conjunto de normas básicas que lo vertebren y le doten de estabilidad y fiabilidad para que los agentes se animen activamente a participar y crear riqueza a largo plazo.

En el mercado el elemento transmisor de información por excelencia son los precios. Meseguer se dedica extensamente a explicar que si bien los precios son las únicas representaciones visibles en el mercado de la cantidad abrumadora de información, no implica que sean objetivos. Los precios son meras relaciones históricas de intercambio entre individuos en un momento dado y que tenían unas preferencias subjetivas. Por tanto, inferir de ahí que los precios son objetivables es un error, entendible y habitual, pero inexcusable para el estudioso austriaco.

Los mercados libres, vertebrados por un Derecho general y evolutivo, dan la oportunidad a todos los agentes de desarrollarse plenamente dentro de sus capacidades y habilidades. La regla siempre en el mercado es la de la voluntariedad, solo se produce un intercambio si es mutuamente beneficioso para las partes en liza. Por esa razón clave los mercados promueven la paz ya que solo ofreciendo bienes y servicios deseados por el público puede uno alcanzar sus metas. Es esta la famosa distinción austriaca de medios políticos y económicos, unos violentos y otros pacíficos.

Gracias al mercado la productividad se incrementa pues las posibilidades de negocio se disparan. La estructura de capital comienza también a alargarse sanamente gracias al ahorro e inversión de los agentes. Los lazos entre los sujetos participantes se estrechan, los intereses se aproximan sin unificarse. Estamos ante un puro proceso de big bang social coordinado, como lo define Huerta de Soto. Lo genial de este proceso es que su potencia es ilimitada pues responde a la función empresarial y ésta, siempre que no exista coacción, tenderá a desarrollarse en todo momento y lugar.

Conforme el mercado aumenta su complejidad van a apareciendo instituciones secundarias que nos suenas como la previsión. Los agentes ahorran para el futuro, se hacen prudentes conscientes de las vicisitudes del mercado, etc. Y el gran resultado de esa explosión económica es la aparición de las primeras civilizaciones. En otras palabras, no existiría el ser humano social y complejo tal y como lo conocemos si no hubiera mercado.

El último capítulo temático aplicado es el dedicado al surgimiento del dinero. En este tema el autor no aporta grandes novedades pues fundamentalmente retoma la posición de Menger y su teorema retroactivo del dinero en virtud del cual el valor de dinero hoy se basa en una estimación sobre el valor ayer y así sucesivamente hasta llegar al día en que el dinero basó su valor su cualidad como bien no monetario. Este esquema de pensamiento sirve para imaginar bien el origen del oro como dinero. El oro es dinero porque evolutivamente ha sido así, no porque nadie lo haya impuesto. Y se ha impuesto, entre otras muchas razones, porque en su origen la gente lo valora como tal, porque es apreciado como bien no monetario.

El dinero, como otra institución evolutiva que es, no está más que sufriendo un temporal daño a cargo de los gobiernos modernos que han monopolizado su emisión en su propio beneficio, fruto de lo cual estamos empleando como dinero el dinero fiat, que puede que no sea más que una etapa en la Historia que dé paso de nuevo al oro o nuevas monedas fruto de la creatividad empresarial como Bitcoin y otras monedas digitales.

El penúltimo capítulo del libro, corto, y de relevancia menor a nuestro entender, se ocupa de posibles orientaciones futuras de las investigaciones de tipo institucional como por ejemplo la teoría del intervencionismo, el análisis económico del Derecho, teoría del monopolio, los mercados financieros y el bienestar y justicia social. Aparte Meseguer realiza una breve exposición de la teoría del ciclo económico austriaca en su versión clásica, tal y como la explica Huerta de Soto.

El capítulo final del libro es, como corresponde, un capítulo de conclusiones. Para Meseguer el racionalismo constructivista es altamente perjudicial y defiende los órdenes espontáneos y la liberalización de dichas instituciones para que puedan desplegar todos sus efectos beneficiosos, que son muchísimos.

3. Comentario

En este apartado que ocupará la segunda y mayor parte del presente trabajo nos adentraremos en cómo algunas otras instituciones sociales absolutamente básicas surgieron, complementando así el análisis que Meseguer lleva a cabo en la tercera parte de su obra.

3.1) Esquema de desarrollo de las instituciones

Peter Boettke y Cristopher Coyne3 nos han mostrado una tesis provocativa según la cual la función empresarial no causa el crecimiento económico ya que la empresarialidad se encuentra tan ampliamente extendida que no puede por sí sola explicar las diferencias en las tasas de crecimiento entre diferentes regiones. Los autores lo explican de la siguiente manera:

Entrepreneurship cannot be the cause of development, but rather . . . the type of entrepreneurship associated with economic development is a consequence of it. That is, development is caused by the adoption of certain institutions, which in turn channel and encourage the entrepreneurial aspect of human action in a direction that spurs economic growth.4

Los autores señalan la propiedad privada y el imperio de la ley como las instituciones principales que llevan al surgimiento de la empresarialidad y en última instancia el crecimiento económico. Al albur de esta rompedora tesis que nos dice que no es la función empresarial el motor del desarrollo sino las instituciones que facilitan su aparición vamos a analizar el posible surgimiento de diferentes instituciones que fueron surgiendo como la división del trabajo, el propio dinero, la contabilidad y la propiedad.

Para que surja una nueva institución social hacen falta dos condiciones: primero, alguien debe concebirla en su mente y llevarla a la práctica; y segundo, la nueva práctica debe extenderse desde los primeros innovadores hacia el resto de la población. Para que se cumplan ambos se requieren emprendedores, los cuales tienen un alto incentivo en la persecución del beneficio. Diremos que la función empresarial coordina los mercados a través del tiempo y el espacio, explica el progreso tecnológico y el crecimiento, y completa la teoría de la distribución del ingreso5.

Mises define la función empresarial tan ampliamente que el término llega a incluir lo que podríamos definir como actividad fuera estrictamente del mercado6. Por lo tanto, visto de esta manera la empresarialidad se encuentra en casa aspecto de la acción humana que pudiera existir incluso antes del desarrollo del concepto de mercado en tanto que orden espontaneo complejo y extenso, operando por tanto en diferentes áreas de la vida social. Lo que está claro es que la función empresarial se aplica a todos los ámbitos de la vida, no solo a los monetarios.

Podríamos definir de la siguiente manera la secuencia en la que se produce el surgimiento de las instituciones sociales a partir de la función empresarial. El caso paradigmático de estudio en la literatura austriaca como bien hace el profesor Meseguer es el de la adopción de intercambio indirecto. En un primer lugar el uso del intercambio indirecto se le ocurre a un individuo en su mente y decide llevarlo a cabo porque está alerta y continuamente buscando nuevas posibilidades de mejorar su posición. En segundo lugar, una vez la nueva práctica se ha ya introducido otros miembros del grupo la observarán y juzgarán sus efectos. Puede que una nueva idea, aun siendo beneficiosa para los individuos que la observan, no sea tenida en cuenta por un error de juicio. No obstante, existe una tendencia a considerar que si una innovación claramente produce beneficios extra entonces será juzgada acertadamente. En tercer lugar, los primeros observadores decidirán ponerla en marcha ellos mismos, los llamados primeros seguidores7. Vemos que hay dos tipos de influencias funcionando aquí, por un lado tenemos la pura imitación y por otra la más sutil persuasión. Menger puso el énfasis en la imitación8. Más interesante es la persuasión por cuanto se da cuando el emprendedor comparte la nueva práctica con sus allegados y los anima a adoptar la nueva práctica. Presumiblemente este interés por compartir se deba al mero interés personal pero también puede ser un ánimo altruista o de alcanzar notoriedad en el grupo. Por último, el cuarto paso es la difusión de la nueva practica al resto de la comunidad.

3.2) El surgimiento de la división del trabajo

Citando a Adam Smith diremos que:

This division of labour, from which so many advantages are derived, is not originally the effect of any human wisdom, which foresees and intends that general opulence to which it gives occasion. It is the necessary, though very slow and gradual, consequence of a certain propensity in human nature.9

La división del trabajo es presentaba generalmente como un conjunto de actividades que se dan dentro del ámbito de las empresas, como en la conocida fábrica de clavos del propio Smith, o entre naciones como en la teoría ricardiana de la ventaja comparativa. Mises, por su parte, puso el énfasis en que la teoría de la ventaja comparativa se aplica a la actividad individual ya ocurra en el ámbito de la empresa o entre naciones. En la medida en que las capacidades de los individuos sean diferentes entre ellos, o haya diferencias geográficas, la ley de la ventaja comparativa se aplica siempre: dos o más personas pueden incrementar su producción si se especializan en aquello para lo cual poseen una ventaja relativa, incluso aunque en términos absolutos uno sea superior al otro, para después intercambiar o compartir la producción. Aparte de Smith y Ricardo, Mises también trabajo el concepto y lo llamo Ley de Asociación10.

Para ver cómo la división del trabajo se desarrolla comenzaremos por una situación en la cual no existe. Imaginemos un clan de cazadores-recolectores en el cual cada miembro realiza ambas labores indistintamente pero existen diferencias físicas entre ellos. Así, un miembro con espíritu empresarial se da cuenta de la existencia de una oportunidad de beneficio. Convence a otro miembro del grupo, posiblemente alguien cercano, que serían más productivos si cada persona llevara a cabo una sola tarea, ya sea cazar o recolectar, y luego dividir las ganancias. Si ese individuo empresario ha acertado en su visión y la idea es llevada a cabo adecuadamente, los dos ganarán y comerán más. El emprendedor y su socio son más ricos que antes. Este es el primer paso en el proceso de aparición de la división del trabajo: una nueva práctica se introduce en la vida económica e inmediatamente beneficia a las partes que la aplican. El segundo paso viene cuando esa nueva técnica y la prosperidad que trae son percibidos por algunos otros miembros cercanos del propio grupo. Dichos sujetos observan la técnica, la evalúan y comprenden su correspondencia con la mayor producción de alimentos. Estos primeros observadores deciden que ellos también llevar a cabo la división del trabajo para su propio bienestar, convirtiéndose así en los primeros observadores. En la medida en que éstos comienzan a aplicar la nueva técnica el proceso se repite por si solo una tercera vez ampliando el número de observadores a cada vez. Nuevos grupos irán observando el éxito en la producción del grupo inicial y decidirán copiarlo ellos también. Si este proceso se extiende lo suficiente la práctica se convertirá en común y por ende la división del trabajo habrá nacido en tanto que institución social.

La imitación no es la única fuerza impulsora de la adopción de la división del trabajo. Igualmente los sentimientos de cuidado mutuo motivaran a los innovadores a compartir la información con aquellos cercanos a ellos, explicándoles cómo funciona la nueva habilidad productiva y seguros de su éxito les intentarán convencer de que ellos también la empleen. Además de la familia los primeros observadores expandieran la idea en otros ámbitos como el trabajo. Y una vez que la división del trabajo se haya probado claramente útil los emprendedores serán alerta de sus posibilidades en otras áreas conexas. El incremento de comida resultante de la nueva técnica le permitirá al clan invertir en otros métodos indirectos de producción. Por ejemplo, un emprendedor con una ventaja comparativa en el diseño de herramientas o en el cuidado de la prole, tiene ahora más posibilidades de especializarse en esas tareas. Este éxito en la especialización en una actividad crea oportunidades para el nacimiento de otras especializaciones11. De esta forma el grupo puede beneficiarse más y más de la división del trabajo en otras áreas que no fueron la inicial. De esa forma tendríamos emprendedores en diferentes áreas procurando averiguar allá en donde pueden aplicar la nueva técnica.

Este proceso no necesariamente ha de transcurrir sin sobresaltos. Puede que haya, y es probable y natural, un periodo de prueba y error, en el cual varios miembros del grupo deciden si se especializan o no, y si lo hacen, quién debería hacer qué tarea; no podemos asumir simplemente que el reconocimiento de la existencia de una ventaja comparativa es obvio para los miembros del grupo. Es más, podría darse que ciertos miembros del grupo podrían rechazar la división del trabajo en base en razones prácticas. Otros puede que no deseen el éxito de los innovadores y prefieran conservar el statu quo del grupo. O incluso se nos ocurre que dicha práctica contravenga ciertas prescripciones religiosas por lo que la clase dirigente espiritual vetaría también la innovación. A pesar de la resistencia que la división del trabajo pueda encontrar en su desarrollo ésta provee beneficios tanto para los innovadores como la totalidad del grupo, es decir, la superioridad de dicha innovación incrementando la producción general mostrará claros incentivos para que finalmente se acabe imponiendo en el grupo.

La división del trabajo también ocurrirá entre diferentes grupos. Una vez que los emprendedores tienen éxito explotando la ventaja comparativa dentro de su propio grupo, comienzan a buscar oportunidades para extender la nueva práctica a grupos más alejados. De hecho, los incentivos para explotar la división del trabajo entre grupos son mayores que dentro de un solo grupo, ya que los miembros de diferentes grupos pueden explotar las variaciones geográficas, el origen de la ventaja comparativa ricardiana, en mayor medida que a miembros próximos a los que ya lo están practicando. Las diferencias en los productos naturales, clima, vida animal y vegetal son todas diferencias que suponen ventajas comparativas incluso más importantes que las cualidades innatas de una persona. Los emprendedores de diferentes grupos que puedan identificar continuamente nuevas ventajas comparativas y comunicarlas con confianza a nuevos sujetos verán que sus ingresos aumentan notablemente. Una vez más, el éxito inspira la imitación y por lo tanto la práctica se extenderá rápidamente. Cada vez más la cooperación entre grupos será habitual, ya sea a través de los líderes del tipo que sea representando a cada grupo o, con el tiempo, directamente entre los miembros del grupo hasta que la división del trabajo se haga ampliamente extendida. El establecimiento de la especialización y el intercambio entre dos grupos proporcionará a sus miembros el conocimiento y la experiencia necesarios para comerciar con otros grupos de forma que la nueva práctica se extienda incluso más rápidamente. Está claro que las dificultades de implementar la división del trabajo serán más grande que simplemente dentro de un mismo grupo. Las diferentes lenguas y usos sociales dificultan el aumento de la confianza intergrupal que es muy necesario para que se produzca la cooperación. Es más, a veces los grupos son enemigos entre sí. La guerra y las luchas de todo tipo entre vecinos hacen completamente imposible el surgimiento de esa transmisión de información y cooperación pacífica. Puede también suceder que el intercambio es demasiado costoso para que la especialización se lleve a cabo finalmente ya que, no olvidemos el mundo del que hablamos, en aquella época las distancias y la geografía suponían unos costes elevadísimos pues los bienes a intercambiar se desplazaban en base a la fuerza animal No obstante, la ventaja comparativa ofrece incentivos para el beneficio perdurables en el tiempo por lo que tarde o temprano los emprendedores descubrirán el método para expandir la división del trabajo a pesar de las grandes dificultades que se pudieran presentar. Así, durante largos periodos de tiempo, y con muchas idas y venidas, la especialización se entiende más y más entre los diferentes grupos.

Los orígenes de la especialización se encuentran demasiado alejados en la historia humana para que nosotros podamos comprender adecuadamente la forma en que surgió la especialización. Sin embargo, de acuerdo a la teoría evolutiva de las instituciones estudiada podemos alcanzar una notable interpretación de los limitados acontecimientos que hemos llegado a conocer de aquella lejana época. Los modernos trabajos de antropología defienden que la división del trabajo efectivamente ayudó sobremanera al éxito del hombre moderno. Por ejemplo, los seres neandertales no poseían grandes diferencias a nivel del sexo y capacidad física por lo que tanto hombres como mujeres se dedicaban a cazar grandes animales. La primera división del trabajo evidente en los humanos conforme a las dataciones arqueológicas tiene relación con la aparición de los humanos anatómicamente modernos, es decir, más parecidos a nosotros. En ellos ya existía una clara diferenciación por sexo lo cual provocó que los hombres se especializaran en los grandes animales mientras que las mujeres se ocuparon de las plantas y los animales de menor tamaño. La división del trabajo se basó fundamentalmente en esta diferenciación netamente fisiológica mientras que los primeros humanos siguieron viviendo en el mismo territorio africano pero cuando las migraciones hacia Europa y Asia comenzaron entonces la especialización se comenzó a dar también en razón a la geografía, es decir, aumentaron exponencialmente las oportunidades de negocio entre grupos. Este acontecimiento hizo a los humanos netamente superiores en términos de productividad frente a los neandertales que finalmente acabaron sucumbiendo. Conforme a los antropólogos Kuhn y Steiner el aumento de la productividad alcanzado por los humanos les permitió aumentar su población, continuar su expansión territorial y derrotar a los neandertales12.

Nuestra teoría evolutiva austriaca apoya los descubrimientos de los antropólogos. En primer lugar, las diferencias físicas entre hombres y mujeres13 eran mayores entre los humanos modernos que entre los neandertales; la fuerza de las mujeres neandertales era completamente comparable a la de sus congéneres masculinos por lo que la ventaja comparativa de la especialización entre neandertales era menor que la del humano moderno y consecuentemente las ventajas económicas de la división del trabajo eran menos obvias de ver que para los humanos modernos. En segundo lugar, la división del trabajo por sexo entre los humanos modernos ocurrió en un área geográfica relativamente pequeña por lo que la observación y comunicación entre grupos era fácil. Por su parte los neandertales se encontraban dispersos en un área geográfica mucho más grande por lo que incluso aunque a un emprendedor neandertal se le ocurriera la idea de la especialización sería más complicado que la práctica se extendiera con facilidad. En tercer lugar, la flora y fauna eran mucho más diversas en África que en Europa y Asia. Una mayor diversidad de vida animal y vegetal incrementa las oportunidades para que se nazca la ventaja comparativa. Pongamos en el ejemplo de dos sujetos igualmente capacitados para cultivar pero uno de ellos es relativamente mejor que el otro trepando a los árboles. Por tanto está claro que una mayor diversidad de alimento implica necesariamente que las ganancias de los trabajadores especializados humanos eran mayores para los humanos modernos que para los neandertales, haciendo más fácil para los innovadores descubrir una oportunidad de negocio y para los imitadores darse cuenta también de los efectos beneficiosos de la nueva práctica. En cuarto lugar, la especialización se puede considerar ya una institución ya establecida antes de que los humanos emigraran fuera de África. Aunque la ventaja comparativa de una mayor variedad de plantas y animales ayuda el aprovechamiento de la especialización, el hecho de que ésta ya existiera plenamente implantada cuando aún se localizaban los humanos en África hacia menos ventajosa la institución pero no inútil pues como ya vimos la división del trabajo se puede aplicar a todas aquellas variables donde un emprendedor juzgue una oportunidad de negocio, como lo era la simple especialización por sexo. En definitiva, diremos que los humanos en África poseían superiores capacidades empresariales que las de los neandertales, en buena medida por su mayor capacidad craneal fruto de alguna mutación genética.

3.3) El origen del dinero

Esta institución social básica ha sido ya ampliamente tratada por Carl Menger quien dijo:

We can only come fully to understand the origin of money by learning to view the establishment of the social procedure, with which we are dealing, as the spontaneous outcome, the unpremeditated resultant, of particular, individual efforts of the members of a society.14

Dado que también Meseguer ha tratado ampliamente este tema por nuestra parte no vamos a indagar demasiado. Simplemente apuntaremos que conforme la especialización se hace más extensa dentro de un determinado número de grupos la ausencia de la doble coincidencia de utilidades cada vez más dificulta el intercambio.

El primero que adoptó la nueva estrategia de intercambio indirecto fue un emprendedor tanto en el sentido de Mises, Schumpeter y Kirzner. Los siguientes en observar, valorar y aplicar la nueva idea también pueden ser considerados emprendedores debido a la existencia de una gran incertidumbre en su acción, si bien es cierto que conforme más gente se une al empleo del intercambio indirecto la incertidumbre va desapareciendo.

Una característica esencial del dinero es su efecto-red, elemento distintivo del cual, por ejemplo, la división del trabajo puede carecer. Por otro lado, el dinero puede ser adoptado unilateralmente por una persona y tener éxito para él mientras que la división del trabajo requiere acuerdo entre varios sujetos para que tenga sentido, es por ello que el surgimiento del dinero tiene un carácter menos complejo que la división del trabajo. Lo que está claro en cualquier caso es que las instituciones se retro-alimentan para crecer, por ejemplo, el dinero permite el nacimiento del cálculo y a su vez potencia el intercambio y la división del trabajo.

3.4) La aparición de la contabilidad

La entrada en escena del dinero, creando una unidad de cuenta (una de sus características básicas) conduce a la posibilidad de llevar a cabo una contabilidad de pérdidas y ganancias. Si bien es cierto que se conservan registros bancarios y de instituciones financieras de épocas tan pretéritas como la China imperial, Egipto, Grecia, Roma, e incluso de las civilizaciones babilónica y asiria; sin embargo en ninguna de esas épocas los empresarios bancarios e intermediarios financieros realizaban un cálculo de pérdidas y ganancias. El cálculo sistemático de pérdidas y ganancias se deriva de la contabilidad de doble entrada que no aparece hasta bastantes cientos de años después del nacimiento del dinero, presumiblemente entre los mercaderes del norte de Italia (fundamentalmente las dos grandes potencias comerciales de la época Venecia, Génova y Florencia) del siglo XIV. La importancia del cálculo para el capitalismo han sido enfatizada por Mises a lo largo de su gran obra Socialismo, y su historia es objeto de una extensa literatura acerca del surgimiento de la contabilidad de doble entrada como institución social15.

El término doble entrada puede significar simplemente que los apuntes en un libro de cuentas incluyen apuntes de crédito y débito simultáneos, pero en tanto que método de contabilidad doble entrada implica mucho más que eso. Significa registrar el capital invertido en la empresa, comprobar el estado de créditos y débitos periódicamente para asegurar la exactitud, y calcular pérdidas y ganancias. El método como decíamos tuvo su origen en las ciudades del norte de Italia y desde ahí se extendió a otras ciudades o incluso pudo ser adoptado al mismo tiempo en varias ciudades en las cuales los mercaderes estuvieran buscando un sistema que minimizara sus errores, facilitaran el control y les proporcionara una visión general del estado financiero del negocio. Ya sea que este nuevo método de contabilidad fue creado por una o varias personas, lo que está claro es que fue el producto de la función empresarialidad motivada por la búsqueda de un beneficio. Las ventajas de la contabilidad de doble entrada para los mercaderes italianos se puede observar echado un vistazo a su uso de las llamadas “commendas”, acuerdos comerciales empleados en las transacciones a larga distancia por los mercaderes italianos. En la “commenda”, el socio que quedaba en su lugar de residencia ponía la mayor parte del capital necesario para el proyecto, mientras que el otro se dedicaba a viajar con los bienes por el extranjero donde los colocaba en el mercado, ambos compartían las ganancias. Generalmente si un inversor invertía él mismo todo el capital requerido se llevaba el 75% de los beneficios; por otro lado, si el socio viajante además desembolsaba un tercio del capital tenía derecho a la mitad de las ganancias. Para calcular los beneficios era imprescindible haber evaluado correctamente el valor de la inversión inicial, los gastos incurridos para comprar y transportar los bienes y, por supuesto, los ingresos obtenidos por su venta. La contabilidad de doble entrada les permitía a los socios hacer un seguimiento correcto de su inversión, gastos e ingresos, así como calcular los beneficios al final del proyecto. Siendo cierto que las “commendas” no hubieran sido técnicamente imposibles sin la existencia de la contabilidad de doble entrada ya que este tipo de asociación empresarial se desarrolló con anterioridad, es también verdad que las ventajas de la contabilidad sistematizada son patentes; es más fácil crear y desarrollar una sociedad empresarial de este tipo y el acuerdo entre socios está sujeto a menos probabilidad de ser objeto de disputa y/o litigio legal, pues los beneficios pueden ser fácilmente calculados con exactitud y claridad. De lo que no hay duda de que el beneficio económico es lo que motivo es surgimiento del método de doble entrada.

El uso de la “commenda” también ejemplifica cómo el conocimiento de la contabilidad de doble entrada se extendió entre los mercaderes. La “commenda” se limitaba a proyectos en particular específicos, y es que una forma de diversificar el riesgo para un inversor era meterse en diversos de estos proyectos al mismo tiempo. Así, por ejemplo, en Génova durante el siglo XIV era común que un mercader dejara abiertas un gran número de “commendas” cuando la muerte le alcanzaba. De esta forma no suponía un problema de cara a la herencia pues las cuentas de los negocios del fallecido estaban claramente especificadas, o incluso traspasar el negocio a otros mercaderes. La claridad en las cuentas permitía que los proyectos empresariales continuasen hasta su fin, independientemente de la suerte de sus componentes. Además, tengamos en cuenta la transmisión de información básica, un socio conoce la nueva técnica y la muestra al que la desconoce. Este a su vez, transmitirá la información en su próximo proyecto, etc. De esa forma los principios de actuación de una “commenda” exitosa se extendían rápidamente a otros proyectos por todo el norte de Italia. Sigamos. El socio viajante que trabajaba con otros mercaderes en el extranjero que le ayudaban a colocar sus bienes en los mercados locales. De esta forma el contacto entre los mercaderes en Italia y en el extranjero les permitió a éstos conocer la contabilidad de pérdidas y ganancias, así como adoptar este nuevo allá y cómo creían que era efectivo en sus propios negocios locales. La imitación de los mercaderes italianos expandió el uso de la nueva contabilidad por diferentes puntos lejanos del planeta. La diseminación de la contabilidad de doble entra también se produjo a nivel educativo

Los mercaderes extranjeros enviaban aprendices a Italia a aprender los métodos de sus socios italianos. Normalmente no se piensa en la educación como un elemento típicamente emprendedor pero si lo es. Imaginemos si no un mercader barcelonés que enviaba a uno de sus aprendices a Génova. Para ese mercader había una oportunidad de negocio clara que solo podía ser satisfecha adquiriendo ese conocimiento.

Otro importante medio mediante el cual la práctica se extendió ampliamente por toda Europa de la invención de la imprenta ya que permitió la expansión de las oportunidades de observación y valoración más allá de los fuertes lazos de unión entre socios y aprendices hacia otros lazos más difusos y lejanos como negocios sin relación alguna con los mercaderes nor-italianos. Así, en 1494 Luca Pacioli16, un monje franciscano y reconocido matemático, y en alguna ocasión colaborador del Leonardo da Vinci, publicó su “Summa di Arithmetica”. El libro es un amplio tratado del estado de las matemáticas en aquel momento y su autor, quien tenía una gran relación con las técnicas de contabilidad de los mercaderes venecianos, dedicó una sección a la contabilidad. Aunque el tratado de Pacioli en realidad no contenía ninguna innovación, su exposición de la práctica ya existente17 sobre la contabilidad de doble entrada fue tan lúcida que Pacioli es considerado hoy en día el padre la contabilidad. Es curioso que buena parte de los actuales métodos empleados en contabilidad sean descritos perfectamente por Pacioli, un moje, hace 500 años. Muy reseñable resulta que Pacioli pensaba que el cálculo de activos y deudas en términos monetarios era el objeto principal de las anotaciones contables, y que es precisamente lo que un mercader necesita para valorar adecuadamente sus inversiones. El libro de Pacioli cosechó cierto éxito y fue impreso hasta tres veces y miles de copias se vendieron por toda Europa. A lo largo del siglo siguiente su tratado fue traducido a diferentes idiomas tales como el holandés, inglés, francés español y alemán; y lo que si cabe más relevante, inspiró a muchos otros a escribir su propio tratado de de contabilidad de doble entrada. Dichos autores eran a menudo profesores que utilizaban esos libros como manuales para sus alumnos. Este sin duda fue un medio importante para la difusión del trabajo de Pacioli por toda Europa. Además de todo lo anterior diremos que ciertos acontecimientos políticos y económicos también dieron un empujón a la expansión de la contabilidad de doble entrada, en concreto la creación de los nuevos estados-nación uniformes que implementaron el uso generalizado de los números de origen árabe, y también el comercio internacional incrementó enormemente su importancia con nuevas rutas hacia America y Asia. Todas estas modificaciones aumentaron el valor de la contabilidad del capital, lo puso si cabe más en el foco de atención de los mercaderes y animó a empresas comerciales de todo tipo a implementarlo por toda Europa. De esta forma, lo que se creó aisladamente en algunas ciudades del norte de Italia en el siglo XIV se convirtió en paradigma en el comercio internacional allá por el siglo XVI, siendo ya por tanto lo que hemos dado en llamar institución social.

3.5) Sobre la propiedad

Tanto Menger como Mises recalcan que la propiedad, en su sentido económico básico, significa control físico sobre un bien. Cuando los bienes son escasos, el controlar unas unidades particulares de un bien capacita a la persona para alcanzar los fines subjetivos que estime oportunos y que de otra forma no podría conseguir. El control de los bienes de los consumo posibilita que alguien alcance sus fines directamente; el control de los bienes de producción capacita a la persona a alcanzar sus fines indirectamente. De acuerdo con Mises es posible definir propiedad económica como control sobre un bien. El control físico es clave en el sentido de que las formas sociales de propiedad, incluyendo las reglas legales, adquieren su relevancia únicamente a través del control sobre los recursos escasos18.

La propiedad sobre un objeto o recurso no debe ser necesariamente controlada individualmente; el control físico a menudo puede ser compartido conjuntamente19. Los granjeros vecinos que empleen un buey en días alternos o los habitantes de la localidad que construyen un edificio público juntos para disfrutarlo conjuntamente ejercen la propiedad comunal. El control compartido puede desarrollarse conforme a los planes individuales de cada persona, como en el ejemplo del buey, o puede darse conforme a un único plan que el grupo acepta, como en el caso del edifico público. Este último es la propiedad típica de las organizaciones y es importante en nuestras sociedades modernas pues es de uso masivo por las empresas. También era común en las sociedades antiguas, en trabajos públicos cuya construcción y uso eran llevados a cabo conjuntamente y los bienes empleados en ceremonias públicas. Otra manifestación de la propiedad en sociedad es la posibilidad de separar la toma de decisiones y la ejecución física de las mismas. Si solo existe un individuo la toma de decisiones y su ejecución son llevadas a cabo por el mismo sujeto, pero en sociedad una persona puede decidir cómo emplear unos recursos mientras que otra aplica dichas decisiones.

En términos sociales la propiedad, aunque está ideada para resolver conflictos, puede en cierta manera crearlos puesto que el control de un bien por parte de un grupo tiende a excluir el uso de otras personas. El conflicto puede dar pié a que aumentes los incentivos por hacerse con los bienes mediante el uso de la violencia y el fraude. Un objetivo primario de las reglas que gobiernan la adquisición, uso y transmisión de la propiedad es reducir tal conflicto. Se observa a menudo que las reglas constituyen las formas legal y social de propiedad, las relaciones de comportamiento entre hombres que emergen a partir de la existencia de bienes escasos y a cuyo uso aspiran. Los economistas generalmente asumen que el estado es necesario para que se haga cumplir los derechos de propiedad aunque algunos autores liberales como Rothbard y Bruce Benson han defendido convincentemente de lo contrario. Entre los antropólogos, los etnógrafos normalmente creen en un concepto de propiedad asegurado por un poder superior, mientras que los arqueólogos argumentan que la codificación de las normas regulatorias de la propiedad puede ser consideradas como un mecanismos a través del cual los objetos y la tierra se “mezclan” con los usos de la gente, distribución y transmisión. Nuestra teoría está conforme a la de los arqueólogos, es decir, las reglas de propiedad no requieren de la existencia de gobiernos para especificar o hacer cumplir los derechos de propiedad. Nuestra teoría evolutiva explica cómo los derechos emergen espontáneamente20.

Diferentes normas que reglamenten la adquisición de la propiedad establecen cada una un sistema particular de propiedad. En general, los economistas y antropólogos identifican tres sistemas generales de propiedad. Las reglas que permiten a cualquiera apropiarse de un recurso como recoger una fruta y cazar un animal, crean un sistema de acceso libre o en derecho romano res nullius. Las reglas que restringen el uso de un recurso a un grupo particular y determine previamente los usos dentro del grupo, creando una propiedad de uso común. Las reglas que restringen el uso de un recurso a una persona particular es lo que se conoce normalmente como propiedad privada individual, que normalmente permite al usuario amplias facultades en el uso y disfrute del bien, incluyendo su transmisión. Las reglas que permiten el libre intercambio de propiedad entre los propietarios crean un sistema de mercado con sus dos pilares de competición y precio. Si definimos una teoría general de la formación espontánea de la propiedad ésta debería explicar (a) cómo los sistemas de recursos comunes y propiedad individual emergen de la res nullius, (b) cómo la propiedad común emerge de la propiedad individual, y (c) cómo la propiedad individual emerge de la comunal. Aunque la teoría evolucionista es lo suficientemente amplia para explicar estos tres casos, debido a razones de economía de espacio vamos a centrarnos en el tercero, es decir, el surgimiento de la propiedad individual a partir de la comunal. La transformación de lo común en individual ha llamado la atención de economistas de renombre como Demsetz, quien en 1962 publicó su “Towards a Theory of Property Rights”. En dicho artículo y en otro posterior publicado en 200221, el autor identifica diversos factores que eventualmente transformarán lo común en propiedad individual como el efecto de factores externos, la comodidad con la que los bienes individuales pueden ser gestionados, el incremento del valor económico de n bien, el debilitamiento de los lazos sociales asociados al incremento de la población, el incremento de la especialización y el incremento de la complejidad en la producción. Este trabajo pionero de Demsetz explica los incentivos para establecer la propiedad privada individual pero no el proceso por el cual emerge realmente.

En el sentido de la falta de análisis de Demsetz creemos que nuestro análisis teórico evolucionista puede dar luz. Por ejemplo, consideremos una sociedad de cazadores-recolectores en la cual el compartir la comida es una costumbre ampliamente aceptada y establecida. El reparto, asumimos, es una práctica beneficiosa porque lima las asperezas del consumo de un bien tan preciado en estas sociedades antiguas. Con el tiempo, conforme al tamaño del grupo crece más y más, los lazos sociales se debilitan, los costos de compartir aumentan y el holgazanear aumenta, tal y como decía Demsetz. Bajo estas nuevas circunstancias, uno de los más productivos sujetos recolectores del grupo se da cuenta de que él y su familia si se quedan parte de la producción para ellos solos. Esto no solo incrementará a riqueza de la familia que se aparta sino que además disminuirá el ingreso medio en el resto del grupo. Una segunda familia, tras observar a la primera, se da cuenta de que ellos también pueden incrementar su bienestar apartándose del grupo y quedándose para ellos su producción, etc. Este proceso continúa hasta que finalmente la propiedad privada se establece como una institución.

No obstante parece claro que se puede poner una gran objeción a esta forma de entender la propiedad individual y es que esos sujetos que primero se desligan del grupo podrían ser fácilmente identificados y hostigados, llegando a una marginación que en aquellas sociedades de subsistencia podría ser fatal en casi todos los casos

La presión contra la persona que se sale del grupo es, qué duda cabe, enorme, tanto para cualquier disrupción en la rutina establecida y mucho más en un elemento crucial para aquellas sociedades como lo era el alimento. Sin embargo, incluso si las presiones son insoportables para una sola persona el proceso emprendedor descrito puede seguir teniendo lugar. Todo comienza cuando una persona aisladamente reconoce la ventaja de salirse del grupo pero entiende que estratégicamente no puede hacerlo completamente en solitario sino que previendo precisamente la lógica oposición interna, decide buscarse aliados antes de llevar a cabo su plan. Es necesario para evitar represalias a corto plazo del tipo amenaza física por romper la armonía del grupo, y a más largo plazo porque de fracasar su idea, recordemos que es solo una idea a probar, podría encontrarse solo en el mundo y eso era equivalente a la muerte más o menos pronta. Por esa razón busca aliados y lo hace en su círculo más cercano, la familia. Usa para ello la técnica de la persuasión, de la que ya hemos hablado anteriormente. Una vez consiga el primer objetivo podrá llevar a cabo la secesión. En entonces cuando los miembros más productivos que quedan en el grupo observan la nueva práctica y se imaginan a ellos mismo secediendo igualmente, pudiendo unirse al grupo disruptor que aplica la propiedad privada individual. Cuando el emprendedor descubre la idea y quiere ponerla en práctica, no solo tiene en mente la búsqueda de aliados en la familia, también buscará en el grupo a esos otros sujetos más productivos pues creerá que a ellos la idea les parecerá atractiva más fácilmente. La función empresarial no es tan solo ocuparse de los beneficios personales si el sujeto emprendedor la aplica para sí mismo, sino que también tiene en cuenta los beneficios de los demás y los medios de organización de un grupo que pueda contestar a los reaccionarios del grupo original. En esos estadios del proceso la empresarialidad requiere no solo estar alerta y juzgar adecuadamente las oportunidades de negocio sino también persuasión y liderazgo como acertadamente describe Schumpeter22 cuando trata del empresario23.

Tal vez sea necesario resaltar que no estamos necesariamente defendiendo la existencia de una tendencia general que impliquen el surgimiento de la propiedad privada individual a partir de la propiedad comunal. La propiedad comunal es en sí misma el resultado de un proceso empresarial y hay muchas situaciones en las cuales la propiedad privada es impracticable24.

3.6) Ideas finales

La teoría de Menger se fundamenta en el proceso de descubrimiento empresarial para explicar el surgimiento del dinero y esa misma teoría se puede aplicar a cualquier otra institución social. La teoría de Menger defiende que cada paso está guiado por la función empresarial, es decir, la capacidad de estar alerta, descubrir y valorar nuevas oportunidades de negocio. Un proceso en el que los pasos se repiten lógicamente una y otra vez en todos los ejemplos de instituciones analizados, y gracias a los cuales disfrutamos de un enorme desarrollo económico. En un principio, una nueva práctica, tal vez disruptiva a los Schumpeter, aparece. Al final del proceso la nueva práctica se convierte en común y una nueva institución ha nacido.

La teoría presentada es cierto que tiene algunas limitaciones. La más importante es que ignora el poder de la coerción para establecer nuevas instituciones. Nuestra proposición se fundamenta en en el beneficio económico obtenido a través de la adopción voluntaria de nuevas prácticas, por lo tanto las instituciones implantadas en base a la fuerza no están presentes en el análisis de ningún modo. Históricamente la coerción ha sido un método común para crear patrones sociales. Las antiguas prácticas y usos sociales como la esclavitud, el bandidaje, y los ejércitos obligatorios caen fuera del alcance de nuestra teoría, así como otras modernas instituciones como la banca central, los aranceles, subsidios y los impuestos, todas ellas instituciones ampliamente extendidas en nuestras modernas sociedades. No solo las prácticas coercitivas han establecidos sus propias instituciones sino que han transgredido las voluntarias. La guerra y el pillaje el intercambio y la formación de capital. La coerción también debe ser incorporada a nuestra teoría sobre el surgimiento de las instituciones para que sea completa25. Los bienes comunales bien gestionados como tal puede ser tan positiva para el aprovechamiento óptimo de los recursos como la propiedad privada individual en otros casos. Por lo tanto, lo que la teoría económica evolutiva de las instituciones nos está diciendo es que en aquellas situaciones de propiedad comunal, si hubiera un ganancia empresarial derivada de la implementación de la propiedad individual entonces siempre habría un incentivo para que un empresario lo descubriera y consecuentemente intentara aprovecharla. Que lo lograra dependerá de su pericia como empresario a la hora de trazar el plan así como de las específicas circunstancias en las cuales su plan deberá desarrollarse. De ahí puede haber un éxito empresarial o un error, y de haber éxito podrá surgir a largo plazo una institución social o quedarse en un experimento simplemente parcialmente exitoso.

Una segunda limitación de la teoría es que dice muy poco del tiempo que tarda una institución en desarrollarse y desplegar sus efectos como tal. Según lo describe Menger el proceso de creación del dinero podría durar meses, años o incluso siglos. Es por ello que Israel Kirzner diferencia entre procesos de mercado e institucionales. En los mercados podemos tener confianza que los emprendedores descubrirán y explotarán las instituciones existentes bastante rápidamente. Fuera del mercado los beneficios, en el sentido de ingresos que exceden los gastos, no existen. Kirzner asegura que “no entrepreneur could, by himself, discover opportunities for pure profit by attempting to move the barter society towards the use of money”, y de ahí concluye que “there is thus no systematic discovery procedure on which we can rely for the spontaneous emergence of superior institutional norms”26.

Parece que Kirzner pueda estar en lo correcto al diferenciar entre esos dos tipos de procesos. El beneficio monetario tanto un poderoso incentivo y guía indispensable en los mercados modernos y en su ausencia, o al menos reducida, en la introducción de instituciones. Además, los emprendedores en los modernos mercados expresamente intentan introducir innovaciones como el ferrocarril, los coches y los ordenadores, mientras que las instituciones se supone que no son el objeto de la intención consciente de nadie. A pesar de la diferenciación kirzneriana no deberíamos concluir que las fuerzas que llevan a la adopción de instituciones positivas no existen. La ganancia económica no es un beneficio monetario estrictamente pero aún así es un poderoso incentivo potenciador de la adopción de nuevas prácticas. El cálculo de pérdidas y ganancias es esencial para juzgar la eficiencia de una nuevo proceso de producción en el mercado pero es a menudo posible juzgar si una nueva práctica es beneficiosa incluso sin cálculo. Kirzner nos alertó27 de que “the truth is that all human decision making is guided by an extremely powerful force—the motivation to see relevant facts as they are“. La motivación para ver hechos relevantes que puedan mejorar nuestra posición es la fuerza última que guía el establecimiento de nuevas instituciones sociales. Esta fuerza es sin duda más débil que la función empresarial del mercado y por lo tanto las instituciones necesitan un mayor tiempo de desarrollo. El ordenador personal se implantó entre nosotros en apenas unas décadas mientras que la contabilidad de doble entrada requirió más de doscientos años ser una institución en toda Europa.

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1 No deja de ser interesante que Marx dedicara tanto esfuerzo al análisis de la situación social presente y pasada, así como al idea de sociedad sin clases, pero no dejó nada escrito sobre cómo se pasaba de una a otra sociedad más allá del tiempo necesario de dictadura del proletariado. Es una pena que no hubiera desarrollado un poco cómo pasar al siguiente estado porque el comunismo en el mundo se ha estancado sistemáticamente en esa etapa y ha asesinado a 100 millones de personas en ella. Lo dicho, una pena que Marx no explicara como salir de la dictadura del proletariado.

2 En términos misesianos el mercado es denominado catalaxia.

3En Boettke, Peter J., and Coyne, Christopher J., “Entrepreneurship and Development: Cause or Consequence?” Advances in Austrian Economics 6: pp. 67–87, 2003

4 Ibid. p.3.

5 Ver Rothbard, Murray, 1962. Man, Economy, and State, p. 538, 1962

6Acting man exclusively seen from the aspect of the uncertainty inherent in every action“, en Mises, Ludwig, Human Action, p.537, 1962.

7 Sobre la tendencia a darse cuenta de las oportunidades y copiarlas ver, Kirzner, Isreal Discovery and the Capitalist Process: “it can be stated with considerable confidence that individuals tend to notice that which it isin their interest to notice” 1985, p. 27.

8 Menger, Carl, Principios de Economia Politica, 1871, p.271.

9 Smith, Adam, An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, p.17, 1776.

10 Mises, Ludwig, Human Action, 1966, p.157.

11 A esto se le llama complementariedad de oportunidades, concepto acuñado por el economista austriaco Randall Holcombe.

12 «The competitive advantage enjoyed by moderns came not just from new weapons and devices but from the ways in which their economic lives were organized around the buffering advantages of cooperation and complementary subsistence roles for men, women, and children », en Kuhn, Steven L., and Mary C. Stiner. 2006. “What’s a Mother to Do? The Division of Labor among Neandertals and Modern Humans in Eurasia.” CurrentAnthropology 47 (6): 953–80.

13 Ver Mises, Ludwig, Socialism, 1922, p.293.

14 Menger, Carl, Principios de Economia Politica, 1871, p.250.

15Mises, Ludwig, Human Action, p.212, 1949.

16 Ver apartado de la Wikipedia dedicado a Pacioli.

17 Vemos, como Meseguer apuntaba con motivo de la codificación del Derecho, que el conocimiento previo ya existía y que la plasmación en negro sobre blanco no es más que una mera formalización que lo hace más visual y mejora su transmisibilidad pero no define la existencia de ese conocimiento previo.

18 Tanto Mises en Socialismo como Menger en sus Principios tratan este aspecto crucial sobre la naturaleza económica de la propiedad.

19 Véase al respecto los trabajos de la Nobel de Economía de 2010 Elinor Ostrom y sus interesantes intuiciones sobre gestión privada comunal de espacios y recursos comunes.

20 Ver Benson, Bruce. 1989. “The Spontaneous Evolution of Commercial Law.” Southern Economic Journal 55 (3): 644–61, y el incio de Rothbard, Murray N. 1970. Power and Market..

21 “Toward a Theory of Property Rights II.” Journal of Legal Studies (31).

22 Schumpeter, Joseph A. , 1911, The Theory of Economic Development. Cambridge, Mass.: Harvard University Press., p.83.

23 Me ha sido de utilidad el material leido para la asignatura del primer cuatrimestre “Innovación y tecnología en los procesos de mercado”, especialmente el libro del economista neerlandés Arnold Heertje “Schumpeter on the Economics of Innovation and the Development of Capitalism”.

24 Juan Ramón Rallo en su libro “Una revolución liberal para España” explica las diferentes posibilidades de la propiedad comunal sobre todo en el capítulo dedicado al medio ambiente y gestión de espacios por naturaleza comunes.

25 Otra limitación de la teoría presentada aquí es que no tiene en cuenta la acción colectiva a gran escala. Así, algunas reglas tales como conducir por el carril derecho no pueden ser establecidas gradualmente sino que deben ser adoptadas colectivamente y a la vez. No obstante, en el caso de la conducción por el carril derecho creemos que se trata de una mezcla de institución voluntaria y acción colectiva. Así, sabemos que en el Reino Unido se conduce por el lado izquierdo de la carretera mientras en el resto de Europa lo hacemos por el lado derecho. Lo lógico era circular por la izquierda para tener la mano derecha libre para empuñar un arma en caso de encontrarse con enemigos de frente, igual de lógico era circular por la izquierda si conducías un carruaje porque con la mano derecha se empuñaba el látigo y se podría fustigar a los peatones de ese lado de la calle en un descuido. ¿Pero por qué y desde cuando se circula por la derecha en Europa? Cuando se inventó el coche, en esos primeros momentos el conductor iba situado en el centro del coche, dominando la circulación. Cuando se empezó a incrementar el tráfico algunos fabricantes situaron al conductor en el lado izquierdo del vehículo, si circulaba también por la izquierda con esa posición controlaba los setos y los bordillos del borde de la calzada pero se fallaba en el cálculo de la distancia cuando se cruzaba con otro coche en sentido contrario. Las opciones eran dos, situar el conductor en el lado derecho del coche y seguir circulando por la izquierda o mantener al conductor en la izquierda y hacer circular los coches por el lado derecho de la calle. Lo que parece claro es que se estableció que como norma los conductores tenían que ir sentados en la parte del coche que quede más hacia el centro de la calzada. Parece que se circula por la derecha por una serie de convenciones dadas por la mayoría de diestros que hay en el mundo. Al ser diestro, la palanca de cambio se mueve con más fuerza si lo hacemos con la mano derecha. Las rotondas se toman en sentido anti-horario por la facilidad que tiene la mayoría de la gente (diestra) a la hora de trazar un circulo. Y por fin encontramos una referencia a las motos, que circulando por la derecha hacen la señalización de sus maniobras con la mano izquierda porque la derecha está aguantando el puño del gas para que no se pare la moto. También al circular por la derecha y señalizar con la mano izquierda esta queda hacia el centro de la calle que se ve más y evita confusiones con los peatones. Ver Wikipedia.

26 Kirzner, Israel. 1992. The Meaning of Market Process.

27 Kirzner, Israel, 1985. Discovery and the Capitalist Process.

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