Fronteras abiertas y feminismo Sunday, Nov 6 2016 

Siguiendo el clásico argumento sobre que las funciones del estado se dividen en aquellas que deben ser eliminadas y aquellas que deben ser privatizadas, las primeras son aquellas claramente disfuncionales como la guerra contra las drogas; las segundas son aquellas como la construcción de infraestructuras, que debe seguir existiendo pero de forma privada.
Lo que quieren hacernos creer los liberales de izquierda es que las fronteras son disfuncionales como la guerra contra las drogas en lugar de útiles como las carreteras.
La respuesta evidente es que no es màs liberal aquel que quiere erradicar la construcción de carreteras como no es tampoco màs liberal aquel que pretende acabar con las fronteras.
Por lo tanto lo liberal es mantener las fronteras pero privatizando el concepto. Teniendo en cuenta la tendencia popular en Europa y EE.UU., en un mundo libertario el mercado seguiría demandando, y ofreciendo, control fronterizo.
Y es que el control territorial ha existido siempre en los grupos humanos; el estado simplemente se arrogó el ejercicio como ha hecho con todo. Cuando el estado desaparezca el control territorial permanecerá. Atacar esto no es otra cosa que contructivismo social liberal, que està representado por los izquierdistas liberales.

Acaso son los islandeses menos racistas que los ingleses? No lo creo. La diferencia fundamental es la exposición al enriquecedor multicuturalismo.
No deja de ser irónico que los autodenominados “liberales sensibles” sean justamente aquellos incapaces de tener y entender sentimientos pues tratan a los seres humanos somo entes homogéneos intercambiables y sin costes de fricción.
Semejante visión es, repito, nocivamente constructivista social. Acabar con las fronteras es constructivismo pues pretende imaginar un “hombre nuevo liberal” sin sentimientos étnicos u de otro tipo. El liberalismo debería ser neutro y dejar a los seres humanos ser como naturalmente somos.
No somos máquinas sin sentimientos en manos de bondadosos ingenieros, ya sean socialistas o liberales. En ese sentido las fronteras son una necesidad social y absolutamente natural.

Existe alguna relación entre la defensa del feminismo liberal y de las fronteras abiertas? Claro que la hay.
Por un lado, el feminismo liberal busca rehacer las relaciones hombre-mujer. El problema evidente que se encuentra es que las acciones serían positivas, es decir, un HACER algo, por ejemplo, si los hombres bloqueamos a las mujeres social y profesionalmente entonces habría que hacer algo contra eso. Pero los “liberales sensibles” no son tontos, saben que no pueden proponer abiertamente políticas de HACER porque ello les señalaría rápidamente como intervencionistas frente al resto de liberales. Por ello, muy a su pesar, el feminismo liberal se queda en chau-chau, solo palabras.
Por el contrario, el caso de las fronteras les ofrece un escenario màs propicio ya que a primera vista la política sería que las fronteras desaparecieran, o sea, un NO-HACER. Es bajo este parapeto que los liberales sensibles se sienten màs seguros y directamente defienden las fronteras abiertas pues parece que es una política de NO-HACER y por ende no intervencionista. Desafortunadamente para ellos, como ya he dicho arriba, eliminar las fronteras es también contructivismo social pues atenta contra la naturaleza humana de control territorial.
En conclusión, tanto el feminismo como las fronteras abiertas son medidas intervencionistas pero con aparente lógica inversa, HACER vs NO-HACER, de ahí que en el feminismo no tengan los cojonazos de proponer intervención pero con las fronteras sí.
El liberalismo ha hecho del mercado bien entendido su bandera. Ha defendido que es una institución natural con perfecto encaje en la naturaleza humana. El liberalismo se ha presentado siempre como una opción lógica a la luz de la naturaleza del ser humano. Dicha visión siempre me pareció atrayente. Por qué preferir el constructivismo colectivista que necesita de un hombre nuevo para que funcione cuando el liberalismo no pide nada màs que los seres humanos que ya somos interactuando libremente entre nosotros? Joder, es que tiene todo el sentido del mundo buscar el anclaje ideológico en la naturaleza del ser humano sobre el que se aplica.

Ahora me pregunto, en qué momento el liberalismo de izquierdas decidió dejar de escuchar a ese ser humano para inventarse un sujeto que ama la multiculturalidad desmedida? A poco que observemos la querencia de los individuos vemos que tienden, en todos los países, a protegerse, a actuar políticamente contra la pérdida de identidad. Inglaterra, Suiza, Hungría son ejemplos en los que por medio de referéndum se ha dejado muy clarito lo que se piensa màs allá de los lideres de opinión y medios de comunicación viciados. Siendo esto así, por qué los liberales de izquierda rechazan a ese ser humano que detesta la multiculturalidad y le obligan a ser otra cosa que no es? En qué momento el liberalismo se metió a diseñar políticas que no son para los seres humanos reales?

Si la izquierda liberal reconoce finalmente que se requiere un hombre nuevo para aplicar sus ideas. La diferencia con el marxismo parece de grado; éstos quieren un hombre 100% nuevo; el liberalismo izquierdista “no mucho”, o sea, solo la puntita.

Puestas las cartas sobre la mesa ahora le toca a cada liberal juzgar si quiere “trabajar por ese hombre nuevo” o simplemente defender el liberalismo natural, aquel que no necesita nada especial para entender por qué la población mayoritariamente rechaza el multiculturalismo.

Por último, también discrepo en lo de “no mucho”. En realidad, una sociedad de fronteras abiertas requiere un cambio de paradigma tal vez mayor que una sociedad comunista. Si hemos pasado el siglo XX acusando a los comunistas de peligrosos utopistas e ingenieros sociales, qué deberíamos decir entonces a los que pretenden un cambio si cabe mayor?

MONOPOLY, MARKET AND COMPETITION. AN AUSTRIAN APPROACH Sunday, Nov 6 2016 

Paper submitted for the subject Industrial Economics, June 2010, Universidade Católica Portuguesa, Lisbon.

Prof. Helder Vasconcelos

INTRODUCTION

One of the main bastions of the interventionist economists is the industrial organization field. Nonetheless there is one economic school of thought which advocates the non intervention in the free market in any case. That is the Austrian School of Economics. In this work we will have a look at the Austrian vision of industrial organization because we consider it a very interesting and unusual point of view of this particular economic field that would deserve our attention.

Given that this is not a work on mainstream economics1 we will not pay heed to what they say about our topic. We just refer the classic text books2.

The larger part of the work consists on a development of the Austrian position. We will see the Austrian concepts of competition, monopoly, entrepreneurship and market. Later on we will move to an applied case of the theoretical concepts previously learned, specifically we will discuss Microsoft Case. As it is well-known this case involved a benchmark of antitrust policies. Once more the Austrian position will differ widely from the mainstream.

But first of all we are conscious of that a brief look at the main characteristics of the Austrian School3 will be welcome. In order to be more synthetic (and clear) we decided to draw a comparative table between the mainstream paradigm and the Austrian one.

Points of Comparison

Austrian Paradigm

Neoclassical Paradigm

1. Concept of economics (essential

principle):

A theory of human action,

understood as a dynamic process

(praxeology).

A theory of decision: maximization

subject to restrictions (narrow

concept of “rationality”).

2. Methodological outlook:

Subjectivism.

Stereotype of methodological

individualism (objectivist).

3. Protagonist of social processes:

Creative entrepreneur.

Homo economicus.

4. Possibility that actors may err a

priori, and nature of

entrepreneurial profit:

Actors may conceivably commit

pure entrepreneurial errors they

could have avoided had they shown

greater entrepreneurial alertness to

identify profit opportunities.

Regrettable errors are not regarded

as such, since all past decisions are

rationalized in terms of costs and

benefits. Entrepreneurial profits are

viewed as rent on a factor of

production.

5. Concept of information:

Knowledge and information are subjective and dispersed, and they

change constantly (entrepreneurial

creativity). A radical distinction is

drawn between scientific knowledge

(objective) and practical knowledge

(subjective).

Complete, objective, and constant information (in certain or

probabilistic terms) on ends and

means is assumed. Practical

(entrepreneurial) knowledge is not

distinguished from scientific

knowledge.

6. Reference point:

General process which tends toward

coordination. No distinction is

made between micro and

macroeconomics: each economic

problem is studied in relation to

others.

Model of equilibrium (general or

partial). Separation between micro

and macroeconomics.

7. Concept of “competition”:

Process of entrepreneurial rivalry.

State or model of “perfect

competition.”

8. Concept of cost:

Subjective (depends on

entrepreneurial alertness and the

resulting discovery of new,

alternative ends).

Objective and constant (such that a

third party can know and measure

it).

9. Formalism:

Verbal (abstract and formal) logic

which introduces subjective time

and human creativity.

Mathematical formalism (symbolic

language typical of the analysis of

atemporal and constant phenomena).

10. Relationship with the empirical

world:

Aprioristic-deductive reasoning:

Radical separation and simultaneous

coordination between theory

(science) and history (art). History

cannot confirm theories.

Empirical confirmation of

hypotheses (at least rhetorically).

11. Possibilities of specific

prediction:

Impossible, since future events

depend on entrepreneurial

knowledge which has not yet been

created. Only qualitative,

theoretical pattern predictions about

the discoordinating consequences of

interventionism are possible.

Prediction is an objective which is

deliberately pursued.

12. Person responsible for making

predictions:

The entrepreneur.

The economic analyst (social

engineer).

AUSTRIAN VIEW OF COMPETITION, MONOPOLY AND CARTELS

From the mainstream point of view competition is understood to mean the situation in markets where there is no monopoly power. Hence, perfect competition refers the situation where each participant has not any power to influence product price or quantity. The conditions required to define such a perfect situation are indeed completely unrealistic4, including universal perfect information concerning all current market events and potential ones a well. It is this model of perfect competition which is, in mainstream economics, seen as the heart of the law of supply and demand, and which has, in the antitrust policy history, guided governmental efforts to maintain competition, that is to say, to enforce a structure of industry reasonably close to the “perfectly competitive world”.

On the other hand, in Austrian terms, competition has a totally different meaning, for understanding how market works and for formulating public policy regarding the economic structure. Austrians think the mainstream meaning of competition is not only useless, but even wrong in terms of economic understanding. It is clear that to seek to emulate an out-of-this-world state in which no single entrepreneur can influence on market price or quantity is in effect to seek to paralyze the competitive market process.

Entrepreneurship is always competitive, that is, once an actor discovers a certain profit opportunity and acts to take advantage of it, the opportunity tends to disappear, and no other actor can then perceive and seize it. Accordingly, the social process is competitive, in the sense that actors really compete, on purpose or not, to be the first to perceive and embrace profit opportunities. Every entrepreneurial act uncovers, coordinates, and eliminates social maladjustments, and the fundamentally competitive nature of entrepreneurship makes it impossible for any actor to perceive and eliminate maladjustments anew once they have been discovered and coordinated. One might mistakenly think that the social process driven by entrepreneurship could lose momentum and come to a stop or disappear, once the force of entrepreneurship had revealed and exhausted all of the existing possibilities of social adjustment. Nonetheless, the entrepreneurial process of social coordination never stops nor is about to end because of the essential coordinating act amounts to the creation and transmission of new information which necessarily changes among all of the entrepreneurs involved the general perception of ends and means. This modification in turn gives rise to the appearance of an unlimited number of new maladjustments, which spark new opportunities for entrepreneurial profit, and this dynamic process spreads, never comes to a halt, and results in the constant advancement of civilization. In other words, entrepreneurship not only makes life in society possible by coordinating the maladjusted behaviour of its members, but it also fosters the development of civilization by continually prompting the creation of new objectives and knowledge which spread in consecutive waves throughout all of society. Moreover, entrepreneurship performs the very important function of enabling this development to be as adjusted and harmonious as humanly possible under each set of historical circumstances, because the maladjustments which are constantly created as civilization evolves and new entrepreneurial information emerges tend in turn to be discovered and eliminated by the entrepreneurial force of human action itself5.

Focusing on our specific issue, Austrians6 characterize a competitive market as where no potential participant faces nonmarket obstacles to entry, not as a situation where no participant or potential firm has the power to create any difference, that is to say, a situation is competitive if no incumbent participant possesses privileges from the state that give him the chance to deter legally the entry of new competitors.

The achievements that free markets are able to get depend, therefore, on freedom of entry, let’s say it again, on the absence of public privilege. It is because the law of supply and demand (as Austrians say) depends on freedom of entry that this meaning of the term competition is so important. That is the reason why the antitrust policy can be seen as seriously harmful as obstructing the competitive-entrepreneurial market process.

By stressing the properties of the market processes rather than the allocative pattern achieved by the process, hightlights the total irrelevance of unreal concepts of perfect competition. From this point of view, to assess a real economy against the criteria of perfect competition is not simply to treat far too seriously any chance of perfect competition, that is to say, equilibrium in all markets, it is grossly to misunderstand the essential economic problem faced by modern economies. As a matter of fact the economic problem faced by society consists of the need to ensure that, as far as possible, the available pieces of dispersed knowledge of separate actors be by some means mobilized to contribute to outstanding decisions that influence the societal pattern of resource assignment. To try to measure the success with which a society hands its economic problem, with a criteria that shows a pattern appropriate to centralized knowledge, is similar to a try to allocate the efficiency of an assignment pattern for low resources by comparing its outcomes with those that could be imagined for a non-scarcity world, the entire problem is how to hand with scarcity. And the economic problem is, also, how to mange the undeniable decentralization of knowledge7.

For fairly successful coordination in a market order economy, the discovery process based on competitive and entrepreneurial alertness to reach opportunities is key. Attempts in order to make the competition better off by public intervention are likely to be relied on wrong data because the bureaucrats do not use the market discovery process of benefit pursuit and are likely to block or even distort the original market’s own delicate discovery process.

At this point it should be clear that these disinterested, public oriented bureaucrats do not know how to reply the innumerable preferences curves8. There is no way they can know neither the proper price nor quantity for any particular good or service. There is nothing that could guide them to discover where market fails are.

Direct managing by government on quantities, qualities, or prices of production or input used will deter activities which no one has visualized so far. Where these blocked activities result to be profitable, maybe as an outcome of unexpected modifications in data, the probability of their being found out is therefore suddenly reduced. No necessarily intending it, the spontaneous free market discovery process has thereby been, to some extent, removed forever.

It is well known how important for the free market discovery process the potential for unfettered entry is by incomings entrepreneurs into markets. Inevitably, public restrictions prevent any entry. In this way, such restrictions are anti-competitive. They are going to frustrate the discoveries that the dynamic process is likely to create. Even where regulatory framework, maybe influenced by a mistaken ideal of market competition in which any significant size deserve to be erased, is designed to keep competition on for example by blocking mergers, which, actually, should be called as anti-competitive. For instance, this may prevent the dynamic process by which the optimum scale for the firm might be discovered onwards.

It is easy for regulatory bureaucrats to guess that they know what is good for the society they pretend to control. But, on the contrary, this is likely to mean that in the impressively advanced modern economies, it is easy for well-meaning individuals not to notice their nescience in specific instances. But, for private entrepreneurs, the device for the communication of such abrupt missing information is provided by the desirability of the market opportunities for gains which such missing information creates. Not only are regulators not able to take advantage of these discoveries; their direct performance in the market may barely fail to block the socially positive market process that depends on freedom of entry into markets for which the social attractiveness has not yet been set. It follows that the harmful effects of regulation are not needs found in evident failure. The harmful effects of regulation may show themselves as well in cases where there is a lack of coordination of which no one is aware. Our point is that public intervention may be responsible for such lack of coordination not being discovered. The prodigy of the dynamic market is its skill to inspire coordinative actions the very need for which would, in the lack of the market, never be unveiled. Indeed, the smithian invisible hand of the free market is invisible also in the sense that the deep problems of coordination it tends to fix are invisible even to the most brilliant of public regulators9.

Anyway high benefits attract, no matter neither where nor when, incomings into the market, which lower gains and demand that managers continuously innovate in order to stay ahead. This innovation can take the shape of better quality and service, but it may also mean lower prices. Moreover, it is far more likely that the merger would lead to lower prices, which is just what worries the competition10. Competition causes market tests that establishes which monopoly prevails until another entrepreneur temporally monopolizes the market. Monopolies that pretend to increase price or produce worse products will be quickly displaced by an incumbent firm11.

When a new firm is entering the market, the incumbent one faces market competition, and now it has three options: First, they can go out of business. Second, they can fight back by trying even harder to please customer and wants better than their rivals. And third, they can now cajole their elected representatives12 to intervene in the market process by contributing directly to them or to their pet causes, making it costly or even impossible for meaningful competition to develop in the market at all. The technical term that economists use for the third option is rent dissipation. It describes what happens when capital is invested in the political class rather than in productive efforts to satisfy customers. When this happens, the wealth-creation process is hampered considerably. The successful firms are those willing and able to “pay up” for the implied assurance that politicians will not throw obstacles in the way of the firms’ attempt to participate in the market13.

These incumbent firms, and every lawyer suing any random firm for antitrust, are not promoting any economic efficiency, unless one considers the prospect of spending billions of dollars to make attorneys wealthy as economically efficient14.  They are rent-seeking, not economic mechanics, but rather political points.  As long as these people were able to get some political gains by criticizing any firm, they will do it, simply because of they obtain some profit from these actions15.

Finally, let’s have a look at a strategic point in the Austrian School: the respect to private property and its implications16. This is such a big deal, which divides Austrian economists from the mainstream paradigm. Mainstream, in favour of antitrust policies economists say that efficiency solutions may be released by the state without taking in to account the private property. Austrians, on the contrary, say that one can engage in true economic calculation only through private property. As Mises and Rothbard have discussed, economic calculation is impossible within a socialist commonwealth. Antitrust policies are mistaken because they are outrageous violations of private property.  Without private property, there is no meaningful economic calculation, and without meaningful economic calculation, there is only economic chaos. Consequently we may argue that antitrust policies fall under the same category, the impossibility

By accepting a natural rights point of view on property, the way to observe economic relationships changes totally. That means, for instance, to include the right to merge our property and create a cartel17. From an economic position, any interference with this legitimate right is inefficient. From an ethical point of view, it violates property rights as well. Hence, it is unethical. We are not talking only about mergers. It is possible to extend that short of analysis to price fixing agreements, tying agreements, or any cooperative behaviour in free markets. Any interference in the freedom to come to an agreement is considered a violation of owners. If we get this main point in the Austrian thought everything we have been talking about suddenly fits perfectly in our mind scheme.

THE MICROSOFT CASE

Now let´s move back in time ten years ago, when Microsoft case was at its height. In short, Microsoft was charged on monopoly abuse power on Intel-based personal computers in its handling of operating system sales and web browser sales. The issue central to the case was whether Microsoft was allowed to bundle its browser with its operating system. Bundling them together is alleged to have been responsible for Microsoft’s victory in the browser wars as every Windows user had a copy of Internet Explorer. It was further alleged that this unfairly restricted the market for competing web browsers (such as Netscape or Opera) that were slow to download over a modem or had to be purchased at a store. Underlying these disputes were questions over whether Microsoft altered or manipulated its application programming interfaces to favor Internet Explorer over third party web browsers, Microsoft’s conduct in forming restrictive licensing agreements with original equipment manufacturer, and Microsoft’s intent in its course of conduct18.

Successful firms waste large amounts of resources (money, time or effort) to satisfy the consumer with high quality service and the lowest price possible. Firms that do not do so, eventually will be expel out the market. Microsoft, a firm that has raised the well being of millions people all over the world, became a public enemy because it was making gains in the free process of serving its customers19. Microsoft is one of the largest and most successful firms nowadays because its products are well valued by millions of free consumers.

In the wake of Microsoft’s success lie the charred remains of many of its rivals who could not keep up with the fast pace that this firm sets in the computer industry. Lotus and Apple Operating System lost users to their Microsoft equivalent. Alan Ashton, president of WordPerfect, which has lost almost its entire market share to Microsoft Word, called Microsoft “a threat to everybody in the industry”. However, that is just the way it works-if the customers like a product, they will buy it. Microsoft’s policy of serving the needs of its customers by leading the software industry and adding zero priced software for better value is now an issue pending before the Supreme Court2021.

  Nowadays we are attending a pretty interesting fight among Explorer, by Microsoft; Firefox, by Mozilla; Safari, by Apple; and Chrome, by Google. That shows, clearly, the benevolence of free markets. In such modern and high technology market as internet is, in even thinking that one firm may monopolized the market is a woeful idea. Everybody knows other browsers, apart from Explorer, are available in the market. Personally I do not like Explorer so I decided install Chrome. But other people prefer Mozilla and, of course, Mac users use Safari. Some years after the suit against Microsoft Explorer the Austrian vision comes up strongly: if any market is free entry (in the Austrian sense already exposed) it makes no sense to be afraid of any allegedly “anticompetitive activities”. Let´s have a look at the current situation of the market. 22

As we may observe, Explorer keeps being the leader but is decreasing, yes, Explorer may not be anymore the leader if the trend is like this in the future. The reason is simply, there are other browsers preferred by consumers. For an Austrian economist it would not be a surprise at all if we could go back to the past as the suit against Microsoft was in its height and we were able to see that plot. Now, in speaking on Explorer and Netscape makes no longer sense. And, for sure, the competitors-to-be will be other that today they were even not born. This is competition, dynamic market, free entry and so on.

CONCLUSSION

This brief work on monopoly, market and competition pretended to confirm the Austrian thesis, that is, what is required to promote that strong entrepreneurial and dynamic process upon which the market depends is just the freedom of entry to anyone who want and owns an idea to please consumer better than the incumbent contestants. It is important not to forget that no claim is made that freedom of entry entails that competitors refrain from attempts to monopolize markets. They may attempt to do so; and certainly their efforts may possibly place the consumer in a worse position (than he might be under a system reflecting perfect knowledge). The Austrian claim is that since no such perfect knowledge can exist, we must rely on the competitive-entrepreneurial process to reveal how the consumer may be better served. To obstruct this process in the name of competition is to undermine the only way through which the tendency toward social efficiency is possible. By obstructing or preventing entrepreneurial steps taken that do not fit the “perfectly competitive” model of universal utter powerlessness, even if such obstruction or prevention stems from the best of intentions on behalf of consumers, government is necessarily tending, to a greater or lesser extent, to paralyze what is truly the competitive process23.

Let us finish the work up with an old famous joke24 what is over there. It says that three prisoners were sitting in a U.S. jail, found guilty of economic crimes and were also comparing stories. The first one said, I charged higher prices than my competitors, and I was found guilty of profiteering, monopolizing and exploiting consumers. The second one said, I charged lower prices than my competitors, and I was found guilty of predatory pricing, cutthroat competing and under-charging. And finally the third prisoner said, I charged the same prices as my competitors, and I was found guilty of collusion, price leadership and cartelization.

In sum, the Austrian School states let the market work in long-run, embrace the freedom, trust in competition, not in government, and trust in free people, not in people behind antitrust lawsuits. And overall, respect property rights

REFERENCES

Anderson, William L.; Block, Walter; Di Lorenzo, Thomas J.; Mercer, Iliana; Snyman, Leon and Westley, Christopher. 2001. The Microsoft Corporation in Collision with Antitrust Law. The Journal of Social, Political and Economic Studies (Winter) Vol.26, No.1

Anderson, William L. 2001. Antitrust Violates Rights. Mises Daily. July 12.

Anderson, William L. 2002. The Wreckage of the Microsoft Case. Mises Daily. November 07.

Armentano, Dominick T. 1978. A Critique of Neoclassical and Austrian Monopoly Theory. In Spadaro, Louis M. New Directions in Austrian Economics pp. 94-110, republished in 2005 by the Mises Institute.

Armentano, Dominick T. 1985. Efficiency, Liberty, and Antitrust Policy. Cato Journal (Winter) Vol.4, No.3.

Armentano, Dominick T. 1998. The Anatomy of Antitrust. The Austrian Economics Newsletter (Fall) Vol.18, No.3.

Armentano, Dominick T. 2005. Microsoft in Wonderland. The Free Market. Mises Institute (April), Vol.26, No.4.

Benson, Bruce L.; Grenhut, M.L.; Holcombe, Randall G. 1987. Interest Groups and the Antitrust Paradox. Cato Journal (Winter) Vol. 6, No. 3.

Block, Walter. 1977. Austrian Monopoly Theory. A Critique. Journal of Libertarian Studies Vol.1, No.4, pp 271-279.

DiLoreznzo, Thomas, 2001. The Microsoft Conspiracy. The Free Market. Mises Institute (March) Vol.19, No.3.

Elzinga, Kenneth G. 1985. “Public Choice and Antitrust”: A Comment. Cato Journal (Winter) Vol.4, No.3.

Kirzner, Israel. 1982. Competition, Regulation, and the Market Process: An “Austrian” Perspective. Cato Policy Analysis No. 18

Kirzner, Israel. 2000. The Irresistible Force of Market Competition. Ideas on Liberty (March) Vol.50, Issue 3.

Huerta de Soto, Jesús. 2000. La escuela austriaca: mercado y creatividad empresarial. Editorial Síntesis, Madrid.

Malek, Ninos P. 2004. Anti-trust is Anti-Competitive. Mises Daily. July 13.

Salin, Pascal. 1996. Cartels as Efficient Productive Structures. The Review of Austrian Economics Vol.9, No.2: 29-42.

Terrel, Timothy D. 1999. Path Dependence and Antitrust. Mises Daily. November 09.

Tollison, Robert D. 1985. Public Choice and Antitrust. Cato Journal (Winter) Vol.4, No.3.

Westley, Christopher. 1999. The Message of the Microsoft Case. Mises Daily. December 28.

——-

1 We will denominate mainstream economics the neoclassical one.

2 Tirole, Jean (1988). The Theory of Industrial Organization. MIT Press.

3 Again we have to recommend some references for further explanations. Speaking about Austrian School of Economics we strongly recommend a careful lecture of the most important names of this tradition such as Menger, Böhm-Bawerk, Mises, Hayek, Kirzner or Huerta de Soto, among others. Specially important is the Israel Kirzner´s work on competition, entrepreneurship and market process. Moreover this work relies largely on his studies.

4 Salin (1996) has brightly showed that the concept of perfect competition should belong to socialist analysis when he says: perfect competition can only exist when a great number of (identical) producers produce a homogeneous good. In fact this theory does not describe a real process of competition between real entrepreneurs, but the technical organization of managers in a non-innovative system, for instance the managers of plants in a Soviet- style centralized system of production: It is assumed that there is one single technique-an optimal technique from a purely technical point of view-to produce a given good and all (numerous) managers have to apply exactly the same technique to produce exactly the same good. In that sense, it can be said that the theory of pure and perfect competition is in fact a theory of central planning.

5 Huerta de Soto (2000).

6 Block (1977) explains the two existent avenues in the Austrian School: the Mises-Kirner view, where monopoly pricing can exist on the free market, and a necessary part of its definition is a purposeful withholding of resources on the part of the monopolist; and the rothbardian one who states, in his own words, a monopoly as a grant of special privileges by the State, reserving a certain area of production to one particular individual or group (Rothbard, Man, Econonomy and State). Armentano (1978) also critisized the Mises-Kirner´s monopoly theory of monopoly defending the rothbardian theory. Along this work we will work on the Rothbard´s theory.

7 Kirzner (1982).

8 Yet, we must not forget that this concept is fully rejected by Austrians.

9 Kirzner (1982).

10 Malek (2004).

11 Terrel (1999).

12 One cannot forget the importance of interest group have in this process because at some point it becomes a political deal more than economist. Starting on Niskanen and others´ work on bureaucracy, which suggest that a bureau will produce more output than would be most preferred by the legislature; and when the enforcement of a rights assignment is the output, the result will be over-enforcemen. Because the favored interest will prefer a rights assignment larger than the legislature will grant, overenforcement by the enforcing agency will benefit the special interest. This explanation applies not only to all types of regulation but to antitrust as well. Special interests will prefer that the enforcement of rights be delegated because the rights will be over-enforced, increasing the special interest’s benefits. As Niskanen observed, agency managers’ incentives are closely linked to the size of the agency’s budget; and although his model was applied generally to bureaucracy, it fits antitrust as well (Benson et al., (1987)). So that we should have into account in the antitrust process many political interest are involved.

Other interesting point of view is given by Tollison (1985) who claims for the link between the public choice theory and the study of antitrust cartel policy. Tollison asks: How do judges behave ad why? The flat answer is tha we simply do not know. Two good comments on Tollison paper are Elzinga (1985) and Armentano (1985).

13 Anderson et al. (2001) and previously Westley (1999).

14 Anderson (2001).

15 Surrounding the Microsoft case some authors see a conspiracy, as DiLorenzo (2001)

16 For further explanations on the economic calculation under a socialist regime we truly recommend the lecture of Mises, Socialism; and Huerta de Soto, Socialism, Economic Calculation and Entrepreneurship.

17 Even if the market fails and some cartel is created Salin gives a way different point of view. He redefines the concept of cartels as follows. Taking in mind the Austrian paradigm the point is not the monopoly power creation but the homogenizing goods, as far as the process of monopolization by cartels is spontaneous. Moreover, Salin states that one cannot define a cartel by the existence of collusion but rather by the fact there is homogenization of goods produced by different producers.

18 Taken from Wikipedia.

19 But without rendering proper deference to its political masters.

20 Anderson et al. (2001).

21 The repercussion of Microsoft case has been critically analyzed in Anderson (2002). Although it seems unlikely that this unwarranted antitrust case is going to disappear anytime soon given the political proclivities of the parties seeking legal action, even if the settlement holds, it gives us no reason to cheer.  Once again, we have found that the political classes have engaged in wholesale looting, pillaging, and destruction, all in the name of “protecting consumers.”

23 Kirzner (2000).

24 At least one heard about it long time ago.

SUBJETIVISMO RADICAL: IMPREDECIBILIDAD Y DIVERGENCIA UN ENFOQUE AUSTRIACO Sunday, Nov 6 2016 

I Congreso de Economía Austriaca, 26-28 de marzo de 2008

Universidad de Santiago de Compostela

INTRODUCCIÓN

No creo exagerar si afirmo que hablar de la Escuela Austriaca de Economía en la actualidad en España es hablar de Jesús Huerta de Soto. Y es que a pesar de su aún temprana edad son ya unas cuantas las promociones de estudiantes de economía que han pasado por sus manos desde que empezara a dar clase de economía hace casi 26 años, siempre con la mira puesta en la tradición austriaca, o como le agrada decir a él, tradición escolástica salmantina, ámbito en el que ha venido trabajando arduamente con espectaculares resultados1. Se podría decir que en los últimos años el trabajo de Huerta ha visto multiplicados sus frutos debido a lo que se ha venido en llamar la eclosión liberal2 de la que él es parte fundamental, sin duda. La retroalimentación entre la Escuela Austriaca y el liberalismo es bien conocida desde que Menger explicitara la subjetividad del valor en sus Principios, de forma que a filas afluyen tanto de un afluente como del otro. En mi caso el origen se encuentra en la defensa del liberalismo. Así es como entré en contacto con los autores clásicos del pensamiento liberal que a su vez, en algunos casos, coincidían con la militancia austriaca (Hayek y Mises vienen a la mente enseguida). El siguiente paso me permitió acercarme a la Escuela Austriaca, descubrirla y reconocerla como la forma más adecuada de entender la ciencia económica. Lo siguiente fue introducirme de pleno en la misma, esto es, ponerme las gafas austriacas y comenzar a ver el cómo funcionan de verdad las relaciones sociales en general y económicas en general. Para ello nada mejor que acercarse al propio Huerta quien desde hace años viene dirigiendo un seminario inspirado en aquel histórico de Böhm-Bawerk. Ha sido ahí donde he aprendido la mayor parte de la economía hasta el momento.

No es de extrañar, por tanto, que la idea primigenia en que se basa este trabajo surgiera en el seminario de Huerta. Allí supe por primera vez qué fue la Methodenstreit, hito fundamental en la historia del pensamiento económico cuya especial incidencia en la Escuela Austriaca es patente. La posición austriaca tradicional ha venido siendo un apoyo total a la postura defendida por Menger en aquella disputa, dando por sentado, junto a la mayor parte de los historiadores, que la polémica (carente de sentido) cayó del lado austriaco en detrimento de Schmoller y sus seguidores historicistas. Pero todo esto a mí me intrigó más de lo que puede considerarse normal en un estudiante del paradigma austriaco y de una forma diferente pues sentía que en la doctrina de la Escuela Histórica había algo cuanto menos sugerente. Los historicistas defendían la idea según la cual no existen elementos de teoría válidos intertemporalmente e interculturalmente, tan sólo el estudio de la historia nos podía aportar conocimiento meramente contingente relativo a los individuos y su tiempo. Si bien en aquel momento no sabía ni yo mismo por dónde iban realmente los tiros. Ahí quedó mi interés aparcado hasta que en otra ocasión tocó hablar de las diferencias del paradigma austriaco con el neoclásico3, concretamente en lo que se refiere al proceso de coordinación austriaco versus los modelos de equilibrio neoclásicos, cuando el nombre Shackle y su sociedad caleidoscópica surgieron al instante. La propuesta teórica caleidoscópica consistente en llevar al extremo la subjetividad defendiendo con ello la lógica consecuencia: no existen tendencias coordinadoras en el mercado. Esta extrema posición ha sido denunciada por lo que se podría llamar “mainstream austriaco”4 pues pone en duda la relación casi directa entre la Escuela Austriaca y el liberalismo económico ya que, aparentemente, una teoría económica que no implique tendencias coordinadoras en el mercado es una puerta abierta al intervencionismo corrector de ese manifiesto desequilibrio en los procesos de mercado. Aquí es cuando saltó a mi cabeza la conexión entre el historicismo y la sociedad caleidoscópica. A simple vista tienen como semejanza, desde una posición austriaca, la discrepancia con las tesis mayoritarias, pero a poco que se profundice las conexiones se hacen más intensas. Y a fe que lo hice pues este trabajo es fruto de esa profundización, con motivo de la celebración del I Congreso de Economía Austriaca organizado por el Instituto Juan de Mariana en colaboración con la Universidad de Santiago de Compostela y la Asociación Prólogos.

El subjetivismo radical viene a significar el nihilismo en ciencia económica por un lado (impredecibilidad del fututo, sólo queda el pasado: historicismo) y por otro la negación del equilibrio, o mejor dicho, la ausencia de leyes de tendencia coordinadoras (desequilibrio caleidoscópico), clásicas de las obras de Hayek y Kirzner.

El presupuesto de este trabajo consiste en la recopilación, sistematización y aclaración del subjetivismo radical más que en su profundización (tal vez en otra ocasión). Trataré de mostrar cómo la radicalización del subjetivismo opera en los dos planos que antes mencionaba con unas consecuencias que pueden parecer incluso peligrosas para nuestra ciencia por cuanto el hilo argumental nos conducirá al replanteo total de la economía. Para alcanzar este objetivo me apoyaré en la primera parte, donde haré una recopilación sistemática de la historia del pensamiento económico en busca de rastros de subjetivismo radical. Al aproximarnos a algunas corrientes la conexión es patente y, en este sentido no supone una novedad este trabajo, pero creo haber ido más allá recogiendo esos rastros en escuelas y corrientes hasta ahora con escasa evidencia de conexión con nuestro tema y que a su vez están conectadas todas ellas entre sí de alguna manera. De haber hecho un trabajo correcto dispondremos entonces de un background lo suficientemente estructurado como para afrontar con seguridad los desafíos que plantea el subjetivismo radical y que serán objeto de análisis en la segunda parte.

Quiero advertir que los dos grandes pensadores radicales, Shackle y Lachmann no se encuentran analizados en la primera parte pues la segunda se dedica in extenso a estudiar sus ideas, al fin y al cabo estos autores son el leit motiv del trabajo, por lo que una nueva exposición de sus teorías sería reiterativa. Lo mismo he decidido respecto de la hermenéutica, que también ha sido trasladada a esa segunda parte, concretamente al final de la misma, a modo de colofón del trabajo. Aprovechando la conexión de ésta con el historicismo este trabajo empezará y acabará con una misma idea, es decir, cerrando el círculo lo cual, a efectos meramente estéticos, me pareció interesante.

BUSCANDO LOS HILOS RADICALES

A delicate task faces the historian of thought whenever an established doctrine, what in language of current fashion is called a paradigm or, more recently, a “research program”, is challenged. He has to trace the genealogy of the challengers. To this end he must pick up threads covered by the sand of time, dust them, and try to connect them with the new skein of thought.

Ludwig Lachmann5

LA ESCUELA HISTÓRICA ALEMANA6

El primer rastro de subjetivismo radical hemos de buscarlo en la Escuela Histórica Alemana, cuya autoridad moral fue indudable en las cátedras universitarias de aquel país durante la segunda mitad del siglo XIX pero que tras el fin de la Methodenstreit simplemente desapareció7. Quizá no se le hizo la suficiente justicia o quizá tuvo lo que se mereció tras una disputa sin sentido en la que los que desde su bando participaron en ella no supieron medir sus propias posibilidades. No obstante, aquí rescataremos lo que la Escuela Histórica haya podido aportar a nuestro tema.

No hay que olvidar que dentro de la propia Escuela Histórica existieron dos etapas: la primera, la Vieja, más moderada, y la segunda, la Nueva, más radical. Wilhelm Roscher fue el líder de la Vieja, Gustav Schmoller, de la Nueva. Para nuestro propósito es más beneficioso fijarnos en la ideas de Schmoller por ser, si se me permite, más purista por cuanto llevó al extremo el argumento y por ello éste puede ser más claro a la hora de centrar nuestra atención en el historicismo alemán.

En primera instancia, el historicismo moderado buscaba conjugar el análisis histórico con el teórico. Pretendía ser el complemento de las teorías clásicas desde un punto de vista histórico. Las teorías olvidaban la realidad debido a su abstracción. Decía Roscher que las ventajas del modelo de expresión matemática disminuyen a medida que los hechos a los que se aplica van siendo más complicados. Esto es verdad incluso en la psicología ordinaria del individuo, ¡Cuánto más, por tanto, en la descripción de la vida nacional!8 La variedad de la vida real hace difícil cuando no imposible el éxito de una generalización en economía a no ser, claro, que un exhaustivo estudio histórico nos permita la aprehensión de leyes, ahora sí, generales9.

Un paso más daba Schmoller pues defendía la inutilidad de toda teoría a priori a favor de una aproximación histórica exclusivamente. Los nuevos historicistas no sólo deslegitimaban los aspectos alejados de la realidad de una teoría como lo habían hecho sus predecesores sino que cuestionaban la teoría misma. Schmoller, claro líder del grupo, no tuvo ningún miramiento a la hora de defender la antirracionalidad en la ciencia económica, esto es, se descarta la posibilidad de enunciar teorías universalmente válidas debido a la complejidad del sujeto del análisis: la sociedad. Sólo podremos acercarnos a los hechos económicos con perspectiva histórica, describiendo lo que vemos e intentando sacar leyes que guiaron a los individuos en ese momento histórico y en ese marco social particular únicamente, nada de generalización. En definitiva, el científico de la economía sólo puede actuar en base en el pasado y en ningún caso extrapolar su conocimiento al futuro, o lo que es lo mismo, la labor científica queda casi anulada.

EL INSTITUCIONALISMO AMERICANO10

A finales del siglo XIX nació en los Estados Unidos una corriente de pensamiento que no formó nunca una escuela pues sus miembros jamás tuvieron conciencia de grupo debido en parte a las diferencias entre sí. La cabeza indiscutible del movimiento fue Thorstein Veblen a quien siguieron John Commons11, Wesley Mitchell y Clarence Ayres, cada uno con sus peculiaridades. Posteriormente surgieron renovadores de este “viejo” espíritu (Galbraith) y otros con uno “nuevo”12.

Los institucionalistas americanos fueron los primeros en resaltar la importancia económica de los hábitos de conducta (behaviorismo) y de pensamiento de los grupos humanos y tratar de analizar y entender las complejas instituciones sociales. Estuvieron muy influidos por los historicistas alemanes pues el mismo concepto de institución está íntimamente ligado al estudio histórico. Emplearon  conceptos provenientes de la psicología y del evolucionismo darwinista. La teoría vebleniana acerca del cambio institucional sigue el darwinismo evolucionista según el cual no existe una predeterminación teleológica. Veblen achacaba a Adam Smith que su economía desembocaba en teleologismo cuando hablaba de precio natural o de equilibrio13.

Para Veblen, los individuos son seres enormemente complejos influenciados por instintos y en absoluto son frías máquinas maximizadoras sino sujetos curiosos con hábitos y propensiones. Por este motivo los institucionalistas fueron bastante críticos con las tesis neoclásicas imperantes (dicha economía era determinista y por ende predecible, lo cual carecía de sentido.), denunciando que las que en la teoría económica suelen denominarse “leyes” son en realidad fenómenos contingentes que dependen de factores históricos, sociales e institucionales. En economía, defendían, existen muy pocas cosas inmutables y muchas que son influenciables por los instintos y las instituciones. Los cambios producidos en un determinado momento no necesariamente tendrán como efecto una vuelta al equilibrio sino que dichos efectos no serán predecibles. Y es que para Veblen, como ya hemos apuntado, la economía es un proceso de cambio constante e inevitable. En la economía vebleniana la evolución institucional permanente es fundamental.

SCHUMPETER14

Por su importancia y su no encasillamiento en ninguna corriente, Joseph Schumpeter merece una atención especial. Schumpeter incorpora rasgos dinámicos a su forma de entender la teoría económica al más puro estilo austriaco, centrando el análisis científico en el empresario como agente (exclusivamente) desequilibrador15, figura clave para él.

Schumpeter inicia su análisis partiendo de una economía estacionaria de tipo walrasiana en la que no tienen lugar ni inversiones netas ni ahorro, no cambian las técnicas productivas, ni tampoco los gustos de los consumidores; no se modifican las cantidades demandadas y ofrecidas de los distintos bienes; ni los precios; la vida económica deviene siempre del mismo modo, es un continuo flujo circular16. El único capacitado para conducir al sistema de esta situación estacionaria a una de desarrollo, es el empresario innovador, cuya actuación característica, la innovación, acaba con el equilibrio de la economía del flujo circular. Con dicha ruptura de las relaciones económicas existentes, aparece el desarrollo económico, que no el crecimiento pues siempre puede darse en base en factores exógenos. La misión del empresario es iniciar nuevas combinaciones de factores productivos, lo que hemos venido llamando, innovar.17 A todo este proceso lo llamó “destrucción creadora”, fruto de una perturbación de la corriente circular.

El empresario schumpeteriano se caracteriza por la innovación, que es esencialmente un fenómeno de desequilibrio que requiere de capacidades de las que sólo disponen unos pocos, precisamente, el empresario. En palabras del propio Schumpeter, la innovación es aquella clase de cambio que surge desde dentro del sistema que desplaza su punto de equilibrio de tal manera que el nuevo no puede alcanzarse desde el anterior mediante pasos infinitesimales18[…] El supuesto de que la conducta es rápida y emocional es en todo caso una ficción. […] En sus Ciclos comerciales, Schumpeter dice que las innovaciones son impredecibles y, comparándolas con las mutaciones, establece que el crecimiento económico está ligado a las fluctuaciones cíclicas, e invitaba a dejar de pensar en el progreso como suave y armonioso […] debemos reconocer que la evolución es desequilibrada, disonante por naturaleza […] la evolución es una perturbación de la estructuras existentes y es más parecida a una serie de explosiones que a una transformación suave, pero incesante19. Ligado a ello, para Schumpeter la depresión se produce debido a expectativas irracionales. El autor apela en este caso a los efectos colectivamente perniciosos que pueden aparecer cuando los agentes actúan en base a la racionalidad paramétrica, clásica de los defensores del racionalismo en las expectativas como Arrow y Debreu.

KEYNES

El estudio de John Maynard Keynes es particularmente interesante pues fue quien popularizó la idea de las expectativas como núcleo de la teoría económica en el libro segundo de su Teoría General. Esta aportación trajo a la ciencia económica un saludable dosis de realismo de la que carecían (y siguen careciendo) los economistas neoclásicos, y que Shackle continuaría exitosamente llevando la idea al extremo.

De acuerdo con la teoría keynesiana del ciclo económico las decisiones de ahorro las toman unos individuos en función de sus ingresos mientras que las decisiones de inversión las toman los empresarios en función de sus expectativas, no habiendo ninguna razón por la que ahorro e inversión deban coincidir. Cuando las expectativas de los empresarios son favorables, grandes volúmenes de inversión provocan una fase expansiva. Por el contrario, cuando las expectativas son desfavorables la contracción de la demanda puede provocar una depresión. El estado, según Keynes, puede impedir la caída de la demanda aumentando el gasto público20.

Literalmente Keynes dice: En la práctica, en general tenemos sólo ideas muy vagas sobre las consecuencias más directas de nuestras acciones […] Nuestro conocimiento del futuro es fluctuante, vago e incierto […] También el tiempo es moderadamente incierto. Pero sobre el precio del cobre o la tasa de interés dentro de 20 años, como de la obsolescencia que genera una nueva invención, o la posición de los dueños de los activos en el sistema social en 1970, no existe ninguna base científica sobre la cual podemos realizar algún cálculo de probabilidades. Simplemente, no sabemos21.

ECONOMÍA EVOLUCIONISTA22

El proyecto de fundar una nueva ciencia económica evolucionista arranca del Viejo Institucionalismo Americano de Veblen quien mostró, como ya vimos, su descontento con la visión de la economía dada por los teóricos abstractos. Los creadores del evolucionismo formal fueron R. Nelson y S. Winter quienes escribieron conjuntamente en 1982 An Evolutionary Theory of Economic Change donde proponen una nueva teoría, contraria al mainstream, con el objetivo de analizar los fenómenos asociados al cambio económico. Su “primera premisa, [es] que el cambio económico es importante” y, que, “nada es más digno de atención que la comprensión de los cambios acumulados en la organización económica y tecnológica.” La teoría evolucionista toma ideas básicas de la biología, como la selección natural darwinista, y las aplica a las empresas y a su habilidad para crecer y sobrevivir en el mercado.

Así mismo, rechazan la función de producción como construcción teórica del estado del conocimiento tecnológico y el supuesto de información perfecta23. No existe una conducta coherente de propósitos que guíe la actuación de la empresa. El proceso de selección de técnicas no ha de dirigirse hacia la opción maximizadora. En condiciones de competencia, actuando los empresarios conjuntamente, la situación de máximo es imposible. Frente al concepto de mercado perfecto, el propósito de toda innovación es justamente conseguir un desequilibrio en el mercado, proporcionando una posición predominante temporal para sí antes de que los seguidores lo imiten.

La innovación se caracteriza por la incertidumbre de sus resultados (para los evolucionistas, demasiada para ser racional). Existe incertidumbre técnica (posibilidad de éxito en los procesos) e incertidumbre en los mercados (posibilidad de éxito comercial). Por lo tanto, si la innovación es incierta la selección no es determinista y la maximización deviene imposible. Argumentan los evolucionistas que no es posible demostrar la existencia de la indeterminación porque siempre existe la posibilidad de que esté operando un mecanismo causal desconocido y oculto. No obstante lo anterior, la teoría matemática del caos nos dice que, incluso si el mercado es determinista, probablemente se comportaría con aparente aleatoriedad, y de forma impredecible, o dicho en otras palabras, se abre la puerta a la posibilidad de un “caos determinista”.

Por último, para el evolucionismo, existen influencias externas que influyen en los propósitos y las acciones individuales, si bien la acción no queda completamente determinada por ellas.

ECONOMÍA CONDUCTISTA

Daniel Kahneman (premio Nobel de Economía de 2002 junto a Vernon Smith) y su ex-colaborador Amos Tversky (fallecido en 1996) escribieron conjuntamente Prospect theory: Decision Making Under Risk, donde usaban técnicas de psicología cognitiva para explicar un cierto número de anomalías documentadas en la toma de decisiones económicas racionales. Centraron su análisis en el modo en que la teoría económica fallaba en sus predicciones. Ambos pusieron a prueba los límites que la teoría neoclásica tiene para predecir las acciones24 de los sujetos. Según dicha teoría los individuos toman decisiones sistemáticamente, basándose en sus preferencias y en la información disponible, de un modo que cambia muy poco a lo largo del tiempo o en contextos diferentes. La Prospect theory es eminentemente empírica y su objetivo es reflejar cómo se comportan realmente los individuos, no cómo debieran hacerlo si fueran “neoclásicamente” racionales. Las diferencias esenciales con la teoría de la utilidad esperada se refieren a tres grandes cuestiones: la definición de las alternativas sobre las que versan nuestras decisiones humanas; la valoración que les damos; y la ponderación que, a la vista de su probabilidad, les atribuimos.

El ámbito en el que esta nueva rama de la economía está cobrando mayor relevancia es en el financiero gracias a las llamadas finanzas conductuales. Respaldados por tendencias o acontecimientos extraordinarios, los inversores con frecuencia se ven compelidos a tomar decisiones que no están en línea con sus planes predefinidos a largo plazo. Richard Thaler, colaborador de Kanehman e importante teórico de las finanzas conductuales, ha descrito los cinco errores frecuentes de los inversores25, a saber:

1. Exceso de confianza: Los inversores sobrestiman su capacidad para elegir acciones o fondos de inversión que creen que van a ser muy rentables.

2. Aversión a las pérdidas: Una pérdida causa aproximadamente el doble de dolor, que el placer que produce una ganancia.

3. Búsqueda de la rentabilidad máxima: Cuando el mercado está al alza, demasiados inversores posponen el momento de comprar, y a menudo compran justo en el momento equivocado, cuando las acciones han llegado a sus máximos y van a empezar a bajar.

4. Invertir demasiado dinero en la empresa para la que se trabaja: olvidando que, ante todo, se ha de diversificar el riesgo.

5. Rechazo a vender activos muy rentables: Si una acción o un fondo ha subido mucho y se ha convertido en una parte muy importante de una cartera, reduzca el porcentaje que supone de la misma. De nuevo la clave es la diversificación conforme a unos porcentajes preestablecidos por el inversor.

NEUROECONOMÍA

La neuroeconomía26 es la combinación de la neurociencia, la economía y la psicología para estudiar el proceso de elección de los individuos. Analiza el papel del cerebro cuando los individuos evalúan decisiones, y categorizan los riesgos y las recompensas y como interactúan entre ellos. La neuroeconomía es la rama de la economía que se centra en las elecciones personales y en los cambios mentales-cerebrales que llamamos decisiones. Dada la juventud de esta corriente todavía no se han formado líderes y seguidores claro dentro de alguna escuela, no obstante, nombres clave en el desarrollo futuro de la neurociencia son: Colin Camerer, David Laibson, Kevin McCabe, Ernst Fehr y el pionero Paul J. Zack, director del Center for Neuroeconomics Studies.

La neuroeconomía explica, por ejemplo, la influencia de la química cerebral en fenómenos de mercado como la recurrencia por las burbujas financieras o el pánico de los inversionistas. La neuroeconomía usa técnicas cognitivas y de imágenes para entender qué sucede con la emoción y el cerebro al tomar decisiones económicas. La economía neoclásica dice que es un proceso racional; la neuroeconomía, que la emoción juega un rol importante pues el ser humano es algo más complicado que una fría calculadora. El ser humano actúa por impulsos, odia, ama, se solidariza, ayuda, incluso mata a sus congéneres; difícilmente podemos hallar la fórmula matemática que nos hace enamorarnos de determinada persona o que hace que la odiemos a más no poder. La economía se queda coja ante la irracionalidad de los individuos, necesita el apoyo de otras ciencias para entender el comportamiento de los individuos.

Como venimos poniendo de relieve en este trabajo, desde este particular punto de vista tampoco es adecuado seguir insistiendo en la racionalidad o pseudo racionalidad de los agentes económicos. Es imprescindible abordar nuevos puntos de vista para comprender mejor los mecanismos que operan en las tomas de decisiones económicas. Las neurociencias abren una vía que probablemente contribuyan mucho a comprender mejor el comportamiento de los individuos en un contexto de mercado económico. Queremos explicar las irracionalidades bursátiles, las compras compulsivas, el marketing feroz (neuromarketing) que nos programa para que compremos determinados productos27

ECONOFÍSICA

Si al lector le ha podido dejar sorprendido las últimas líneas de investigación en economía, la que a continuación veremos se lleva la palma pues es la que emplea herramientas provenientes de una ciencia más alejada de la economía, en este caso, la física. Didier Sornette con su libro ¿Por qué estallan los mercados de acciones? popularizó mundialmente la aplicación de técnicas enormemente complejas al estudio del comportamiento de los mercados financieros, ámbito en el cual se está desarrollando ampliamente.

La econofísica aplicada a los mercados financieros se sustenta fundamentalmente en la teoría del caos que, básicamente, estudia lo complicado, lo impredecible, lo que no es lineal. La idea fundamental consiste en que en determinados sistemas, pequeños cambios en las condiciones iniciales conducen a enormes divergencias en los resultados finales (efecto mariposa). Dado esto, conociendo cuales son las condiciones iniciales podríamos, entonces, conocer la evolución del sistema. En nuestro caso, la evolución de precios de las acciones. Si observamos las gráficas de la evolución de distintas acciones, a primera vista, pareciera que se comportan de forma errática, sin un patrón reconocible. No obstante, si analizamos la información contenida en los precios históricos, podríamos conocer este patrón y predecir cual será su comportamiento futuro. A lo menos, en el corto plazo. Esta idea, es acogida con el nombre de Teoría de Caos. El principal aporte de esta teoría es que nos entrega una explicación teórica de la existencia de sistemas dinámicos con comportamientos irregulares sin la necesidad de recurrir a variables estocásticas. Es decir, aclararía si estamos en presencia de un proceso aleatorio o de un determinismo caótico28.

OTRAS APORTACIONES

Más oculto en la historia del pensamiento se encuentra Nicholas Barbon quien, a pesar de que hay quien lo considera precursor de Adam Smith, defendía que la elección se orienta al placer y la utilidad por lo cual tiene que haber permanentemente renovación, variación y novedades, ideas contrarias al equilibrio natural que destila Smith.

El premio Nobel de Economía de 1978, Herbert Simon, también trató la cuestión de la racionalidad en las decisiones económicas. Según Simon la hipótesis básica de la economía neoclásica, la de que los agentes tienden a maximizar los resultados de su comportamiento, es muy limitada. En la práctica ningún ser humano está continuamente buscando la solución óptima. Aunque deseara hacerlo, el coste de informarse sobre todas las alternativas y la incertidumbre sobre el futuro lo harían imposible. De acuerdo con Simon, las personas simplemente intentan buscar una mínima satisfacción, es decir, tratan de alcanzar ciertos niveles de éxito para después, poco a poco, ir ajustando esa solución (racionalidad limitada). Simon aseguraba que nuestro pensamiento no se guía por la realidad, sino por nuestras teorías sobre la realidad. No hay que confundir la lógica con el pensamiento humano.

Otro economista, Maurice Allais, premio Nobel de Economía de 1988, investigó sobre las limitaciones de la teoría a la hora de predecir la elección de un sujeto ante diferentes conjuntos de alternativas azarosas. Superando el concepto de valor esperado monetario y de máxima utilidad esperada, Allais respondió a la paradoja de San Petersburgo (no merece la pena arriesgar mucho para ganar un premio infinito) planteada por Bernoulli, enunciando la que se conoce como paradoja de Allais. Según esta, en cierto tipo de apuestas, aún cuando la gente prefiere la certeza a la incertidumbre si se plantea de manera diferente el problema preferirán la incertidumbre que antes rechazaban29.

Harry Leibenstein se movió en términos semejantes de crítica al racionalismo cuando enunció la “eficiencia-X”, definida como el grado de ineficiencia que surge en el mercado porque los contratos laborales son incompletos, la función de producción ni está especificada ni es conocida, no todos los factores de producción se compran en el mercado, y la utilización efectiva depende de la presión motivacional, y de otros factores motivacionales. Esto implica que el individuo se comporta como quiere, como siente que debe hacerlo, o mezcla en su comportamiento ambos elementos30.

Albert Otto Hirchman habla en su obra Development projects observed sobre el principio de mano escondida (hiding hand) en los siguiente términos: El ser humano encara problemas que cree que puede resolver, encuentra luego que las dificultades son mayores a las esperadas en el momento de tomar la decisión, pero como ya comenzó ataca las dificultades inesperadas […] a veces con éxito […]. Como consecuencia del principio de la mano escondida, los aversos al riesgo a veces encaran acciones objetivamente riesgosas […]. El principio de la mano escondida es esencialmente uno que induce la acción a través del error, el error de subestimar las dificultades […]. El principio actúa fundamentalmente a través de la ignorancia de la ignorancia, de las incertidumbres y de las dificultades31. Por otro lado, Hirschman considera que las medidas para desarrollar un país deben ser analizadas caso por caso, mediante la explotación de los recursos locales para conseguir los mejores resultados. Imponer una estructura doctrinal uniforme sin tener en cuenta las circunstancias locales es, afirma, una receta para el desastre.

IMPREDECIBILIDAD Y DIVERGENCIA

Si como anuncié en la introducción el trabajo de recopilación realizado en la primera parte ha sido exitoso esta segunda parte será más comprensible en tanto en cuanto ahora tenemos con nosotros un buen “fondo de armario” para interpretar adecuadamente las ideas radicales de Shackle y Lachmann. Nuestra posición austriaca nos obliga a centrarnos en Lachmann pues fue él quien implementó el subjetivismo radical en la Escuela pero no debemos dejar de lado a Shackle ya que ambos fueron los portadores de la idea. Aunque no se puede decir que trabajaran conjuntamente sí que existió un feedback que se apreció en las mutuas referencias en sus trabajos32 que daría lugar a la co-autoría involuntaria del surgimiento del radicalismo. En todo caso, la crudeza de la posición representada por nuestros dos autores ha producido un enorme rechazo desde su mismo inicio dentro de la propia Escuela. Así, son también clásicos los ataques de los aprioristas radicales como Rothbard33 quienes veían en Lachmann y su nihilismo el germen de la autodestrucción austriaca.

George Lennox Sharman Shackle tuvo en Keynes y Hayek sus referencias fundamentales y de una fusión entre ambos se puede entender el pensamiento de Shackle, quien fue alumno de Hayek en la London School of Economics donde se graduó y doctoró. Shackle es catalogado como un postkeynesiano del desequilibrio, lo cual es una buena descripción de su punto de vista: desarrolló la noción de expectativas de Keynes hasta su límite lógico. Su obra más importante fue Epistemics and Economics: A Critique of Economic Doctrines publicada en 1972. En ella y en multitud de artículos Shackle desarrolla su kaleidic society, una sociedad en la que tarde o temprano el cambio inesperado se produce alterando con ello los actuales patrones, una sociedad en la que se entremezclan los momentos de orden con una repentina desintegración que desemboca en un nuevo estado de cosas34.

Ludwig Maurits Lachmann se dedicó al estudio de las entonces recientes obras de Hayek y del método genético-causal. De la época de estudios en Berlín data también su familiaridad con el método interpretativo de Weber. Lachmann se traslada en 1933 a la London School of Economics, donde conoce a Shackle, quien también influirá decisivamente en sus ideas. Conoce allí a Paul Rosenstein-Rodan, quien le transmite su énfasis en el papel de las expectativas en la economía. De hecho, dedica su primer artículo importante a este tema35.

Al enfrentarnos al estudio de la ingente cantidad de producción científica en nuestra materia creo que puede resultar muy útil la descomposición del subjetivismo radical en dos conceptos: el de la impredecibilidad del futuro y el de la divergencia en las expectativas. Ambos son uno pero a la vez se pueden entender por separado obteniendo una mayor claridad de ideas. En primer lugar observamos la imposibilidad de decir nada sobre el futuro derivada de la naturaleza del conocimiento que en economía tratamos. Como consecuencia inmediata de ello el científico social no puede proporcionar a los actores un patrón de conducta universalmente válido que les pueda guiar en sus acciones, abriendo la posibilidad del desequilibrio en los mercados más allá del simple error empresarial.

IMPREDECIBILIDAD DEL FUTURO

All economic action is of course concerned with the future, the more or less distant future. But the future is to all of us unknowable, though not unimaginable. Shackle strongly contends that our ignorance of the future invalidate any theory attributing knowledge of the future to economic actors.

Ludwig Lachmann36

El conocimiento científico se divide en dos, a saber: el natural y el social. El natural es el característico de la física y la química. El social, el de la economía, la sociología y la psicología. Se diferencian en el objeto de estudio, en unos, la naturaleza; en otros, el ser humano. Esta patente diferencia hace que cada ámbito científico deba tener su propio método. A nadie se le ocurriría explicar la órbita planetaria en función del pensamiento de los planetas. Es sencillamente absurdo, lo mismo que pretender explicar la acción humana en términos de cálculo de utilidades. Pero sorprendentemente esta aberración metodológica ha pasado por convertirse en el paradigma dominante.

La ciencia natural puede predecir en buena medida. Nadie duda de que un objeto atraído por la fuerza de la gravedad caiga siempre. Esta es una ley universal que no depende del momento histórico o del pensamiento de objeto. En cambio en las ciencias que estudian el comportamiento humano la predicción es, en el mejor de los casos, arriesgada. La moderna economía austriaca se enfrenta al problema del conocimiento. Tanto Hayek como Mises dedicaron esfuerzos a su mejor comprensión. Lo que el subjetivismo radical plantea es si Hayek y fundamentalmente Mises se quedaron cortos en su análisis. Para Shackle la economía trata de pensamientos y sólo secundariamente de cosas. Radicalizar el subjetivismo es considerar que los medios y los fines de cada individuo ya no son meros datos sino que están tamizados por una interpretación subjetiva. El subjetivismo se extiende a las expectativas. Esta ausencia de confianza en la previsibilidad es fruto del reconocimiento del carácter fundamental de la incertidumbre en cuestiones relativas a los seres humanos. A su vez, la imprevisibilidad aparece porque ya no investigamos estimación o descubrimiento de objetivos, sino de crearlos37. Nos hallamos en un mundo de esencial desconocimiento, un mundo caleidoscópico como lo definió Shackle. Lachmann remarca la presencia de la libertad del hombre para elegir y actuar, libertad que implica que el conocimiento futuro y, por tanto, las acciones futuras, no son determinables, destacando la presencia de la libertad de cada sujeto para elegir y actuar. En resumen, libertad implica que el conocimiento futuro y, por tanto, las acciones futuras, son indeterminadas38, impredecibles.

DIVERGENCIA DE LAS EXPECTATIVAS

In a kaleidic society the equilibrating forces, operating slowly, especially where much of the capital equipment is durable and specific, are always overtaken by unexpected change before they have done their work….What emerges from out reflections is an image of the market as a particular kind of process, a continuous process without beginning or end, propelled by the interaction between the forces of equilibrium and the forces of change.

Ludwig Lachmann39

La sociedad caleidoscópica es aquella que se caracteriza por el cambio rápido e incesante. Y es aquella en la que no hay necesariamente una tendencia hacia el equilibrio, hacia la consistencia de los planes de producción. Esto supone ir más allá del concepto de error empresarial enunciado por Mises y completado por Kirzner. Se trata de

[In the Stock Exchange] all we get is a succession of market-day equilibria determined by a balance of expectations tilting from one day to the next as the flow of the new turns bulls into bears and viceversa40.

HERMENÉUTICA41

Our empirical knowledge of economic phenomena obtained by observation must in any case be interpreted as embedded within this context.

Ludwig Lachmann42

La hermenéutica es la ciencia y arte de la interpretación, sobre todo de textos, para determinar el significado exacto de las palabras mediante las cuales se ha expresado un pensamiento. Aplica el modelo interpretativo de los textos al ámbito ontológico. La realidad no es más que un conjunto cultural heredado que fundamentan nuestro conocimiento acerca del mundo y el individuo.

La hermenéutica argumenta que no se puede pensar el mundo en términos estáticos sino dinámicos. La realidad siempre remite a un proceso (dinamismo y tiempo), a un proyecto que nos ha sido transmitido y que nosotros retomamos. Por ello, entender el mundo es tomar conciencia histórica de la relación que se produce entre tradiciones y de la distancia que se da entre ellas. Nuestra visión del mundo será siempre parcial, relativa y contingente debido a que parte de una realidad histórica determinada.

El hecho de que no sólo los objetos de conocimiento sean históricos, sino también (y fundamentalmente) el hombre mismo lo sea, imposibilita valorar “objetivamente” la realidad. No existe un conocimiento objetivo del mundo y tampoco el ser humano es un espectador imparcial de los fenómenos. Al contrario, cualquier conocimiento de las cosas viene determinado por un conjunto de prejuicios, expectativas y presupuestos recibidos de la tradición que limitan, determinan y orientan toda comprensión. El hombre se encuentra inmerso en un mundo que le impregna de una cultura y un lenguaje determinados que a su vez manipulan y delimitan su conocimiento de la realidad. Ésta no nace de la individualidad de cada sujeto sino que está condicionada por la historia, y se estructura en base en la articulación entre pasado y futuro, esto es, en el diálogo entre tradiciones. Debido a que el individuo es lenguaje y tiempo, y dado que el ser humano como sujeto en el mundo está inmerso en el ser del cual pretende dar cuenta, se hace imposible un conocimiento totalitario, objetivo y sistemático del mundo: la verdad sólo puede ser parcial, transitoria y relativa, características que surgen de la pertenencia del sujeto al ámbito de lo interpretable y de la individualidad inevitable de cada evento, entendiendo por éste no sólo las “cosas”, sino el hombre mismo43.

Aquí nos viene a la cabeza inmediatamente el historicismo. Las características de la hermenéutica calcan punto por punto el método de la Escuela Histórica. Es por ello que al inicio enunciaba que este trabajo empezaría y acabaría con una misma idea puesto que la identificación entre tradiciones es incuestionable. De ahí surge el desprecio a la hermenéutica por parte de algunos austriacos44.

Para los hermenéuticos, y para casi todos, el paradigma dominante no ofrece luz sobre la vida diaria de una sociedad como la actual45 y es ahí donde Lachmann y los demás46 piensan que la hermenéutica puede hacer un buen trabajo. La acción consiste en una secuencia de actos a los cuales nuestra mente asigna un significado (interpretación). Los elementos de la acción son de este modo producto de nuestras mentes y tienen que ser tratados como tal. Al estudiar la acción y la interacción entre la multitud de sujetos que forman la sociedad la tarea del investigador es eminentemente interpretativa.

La mayor parte de los fenómenos económicos son observables pero dicha observación requiere de una interpretación del contexto donde toman sentido y añadirlo a nuestro conocimiento. La interpretación hermenéutica de los fenómenos económicos tiene lugar dentro de un marco de significaciones establecidas, habiendo un marco para cada sociedad. En este momento la hermenéutica se comunica con el estudio de las instituciones. Éstas pertenecen al campo de la cultura, están inmersas en la historia y sólo una interpretación dentro de ella nos permitirá comprender el complejo de las relaciones humanas. Además, el adecuado estudio de las instituciones nos da respuesta al interrogante planteado por la divergencia de las expectativas. Las instituciones reducen la incertidumbre, orientando (concepto hermenéutico clave) la acción de los sujetos. Cada institución debe ser flexible pero su orden debe ser permanente para que la economía de mercado funcione.

La otra gran autora hermenéutica ha sido Deirdre McCloskey quien en su conocida obra The Retorics of Economics defendió la hermenéutica desde una visión particular. Para McCloskey existe un desprecio de la profesión económica por reconocer que su producto de investigación rebosa retórica. Con ello ponía de manifiesto la importancia que los economistas le daban a las formas en sus textos mediante el uso de metáforas y narraciones variopintas. Afirmaba que algunos autores se preocupan más de convencer que de vencer, es decir, la adhesión ganada por una teoría económica es lo más importante a la hora de determinar su bondad, y ello lo saben los economistas, quienes utilizaban la retórica para ganar adeptos más que preocuparse de hacer buenas teorías. McCloskey ha sido quien ha recordado a los compañeros que no es malo sino necesario reconocer la importancia de las formas y aprovecharse adecuadamente de ello. En definitiva, McCloskey puso el énfasis en el análisis de los textos científicos en economía señalando sus carencias y denunciando la marcada hipocresía de sus autores. Lavoie pone el énfasis en un punto semejante cuando afirma que el fin de las ciencias sociales teóricas (incluyendo a la economía y la investigación contable) no consiste más que en transmitir a la gente la capacidad de distinguir, entre las narraciones históricas, cuáles son aceptables y cuáles no.” Y añade, “el único ‘test’ que se puede hacer de una teoría es un juicio cualitativo de la posibilidad de ocurrencia de los eventos indicados por la narración47.

CONCLUSIÓN

Cuando me propuse estudiar el subjetivismo radical era plenamente consciente de las graves implicaciones que su aceptación tenía. La fuerte controversia suscitada en el seno austriaco da buena fe de ello. A la luz de todo el debate considero razonable que el punto de vista extremo aquí planteado levante ampollas entre los economistas prácticamente de todo cuño. Los motivos de esta enérgica reacción coinciden con la división que aquí se ha realizado, por un lado tiene que ver con la práctica negación de hacer ciencia económica y por otro, con la puesta en seria duda de la existencia de fuerzas con tendencia equilibradora en los procesos de mercado. Respecto de la primera objeción poco podemos oponer, es bastante cierto que mantener esta posición reduce a su mínima expresión a la economía, dejando tan sólo cabida para la investigación histórica. Es razonable que no guste esta perspectiva pero yo pregunto, si, admitiendo a efectos dialécticos, que la profesión diese por bueno en algún momento el subjetivismo radical48 ¿sería científicamente honesto rechazar dicha conclusión en base en la supervivencia de la profesión misma? Y en cuanto a la segunda, ésta es más discutible. El propio Lachmann no se granjeó amistades entre los compañeros de escuela. La apertura de la puerta teórica al intervencionismo corrector era un peligro para los clásicos fundamentos liberales de la Escuela Austriaca, pero en defensa de Lachmann hemos de decir que siempre defendió el libre mercado, eso sí, por razones prácticas, no queda otra en su posición. Y es que plantear la duda sobre la tendencia al equilibrio del mercado no implica en modo alguno abrazar el intervencionismo pues la crítica de Mises al socialismo sigue siendo válida y, además, el desconocimiento del futuro se aplica tanto a los actores individuales como a los planificadores49. En resumen, desde esta perspectiva no habría motivo para temer el subjetivismo radical, pero ¿y desde la otra?

BIBLIOGRAFÍA

*ADDLESON, Mark: “Radical subjectivism” and the language of Austrian economics, en Subjectivism, Intelligibility and Economic Understanding: Essays in Honor of Ludwig M. Lachmann on his Eightieth Birthday, editado por Israel M. Kirzner, Nueva York, NYU Press, 1986, pp. 1-15.

BLAUG, Mark: La metodología de la economía, Alianza Editorial, Madrid, 1993.

CRESPO, Ricardo: Subjetivistas radicales y hermenéutica en la Escuela Austriaca de Economía, Sapientia, 1998, vol. LIII, fasc. 204.

DE PABLO, Juan Carlos: Después de Kahneman y Tversky; ¿Qué queda de la Teoría Económica?, en Revista de Economía y Estadística Vol. XLIII (1) – Año 2005, Instituto de Economía y Finanzas – Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Nacional de Córdoba, disponible en http://www.eco.unc.edu.ar/ief/publicaciones/economestadistica/2005_43_n1/3_55-depablo-impr.pdf.

EKELUND, Robert y HÉBERT, Robert: Historia de la teoría económica y de su método, McGraw –Hill, Madrid, 1996.

ELSTER, Jon: El cambio tecnológico, Gedisa, Barcelona, 2000.

FURIÓ BLASCO, Elies: Joseph Schumpeter, disponible en http://www.eumed.net.

FURIÓ BLASCO, Elies: Los lenguajes de la economía, disponible en http://www.eumed.net.

HUERTA DE SOTO, Jesús: La escuela austriaca. Mercado y creatividad empresarial, Síntesis, Madrid, 2000.

HUERTA DE SOTO, Jesús: El Methodenstreit, o el enfoque austriaco frente al enfoque neoclásico de la ciencia económica, en Nuevos estudios de economía política, Unión Editorial, Madrid, 2003

HUERTA DE SOTO, Jesús: Teoría de la eficiencia dinámica, en Procesos de Mercado: Revista Europea de Economía Política, vol. I, n.º 1, Primavera 2004

LACHMANN, Ludwig M.: The Method of Interpretation, en The Legacy of Max Weber, The Glendessary Press, Berkeley, 1971, pp. 17-48.

LACHMANN, Ludwig M.: From Mises to Shackle: An essay on Austrian Economics and the Kaleidic Sciety, en Journal of Economic Literature, Vol. 14, No. 1. (Marzo, 1976), pp. 54-62.

LACHMANN, Ludwig M.: Austrian economics: a hermeneutic approach, en Economics and hermeneutics, editado por Don Lavoie, Routledge, Londres, 1991, pp. 134-146.

LAVOIE, Don: Eucledianism versus hermeneutics, a reinterpretation of misesian apriorism, en Subjectivism, Intelligibility and Economic Understanding: Essays in Honor of Ludwig M. Lachmann on his Eightieth Birthday, editado por Israel M. Kirzner, Nueva York, NYU Press, 1986, 192-210.

LEWIN, Peter: Ludwig Lachmann (1906-1990): Life and Work, disponible en http://www.mises.org/about/3236.

MCCLOSKEY, Deirdre N.: La retórica de la economía, Alianza Editorial, Madrid, 1990.

MCCLOSKEY, Deirdre N.: Si eres tan listo, Alianza Editorial, Madrid, 1993.

PERLMAN, Mark: Subjectivism, and American Institutionalism, en Subjectivism, Intelligibility and Economic Understanding: Essays in Honor of Ludwig M. Lachmann on his Eightieth Birthday, editado por Israel M. Kirzner, Nueva York, NYU Press, 1986, pp. 268-280.

SHACKLE, George L. S.: Epistémica y Economía, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1976.

STRYDOM, P.D.F.: The economics of information, a subjectivism view, en Subjectivism, Intelligibility and Economic Understanding: Essays in Honor of Ludwig M. Lachmann on his Eightieth Birthday, editado por Israel M. Kirzner, Nueva York, NYU Press, 1986, pp. 288-294.

TORR, Christopher: Convergent and divergent expectations, en Subjectivism, Intelligibility and Economic Understanding: Essays in Honor of Ludwig M. Lachmann on his Eightieth Birthday, editado por Israel M. Kirzner, Nueva York, NYU Press, 1986, pp. 295-300.

VEBLEN, Thorstein: La teoría de la clase ociosa, Alianza Editorial, Madrid, 2004.

*ZANOTTI, Gabriel J.: La Escuela Austriaca en peligro de implosión hermenéutica, ponencia presentada el 13 de Octubre de 2000 en el VI Congreso de Epistemología de las Ciencias Económicas de la Univ. Nacional de Buenos Aires.

———-

1 HUERTA DE SOTO, Jesús: La escuela austriaca. Mercado y creatividad empresarial.

2 GIRAUTA, Juan Carlos: La eclosión liberal, Martínez Roca, Barcelona, 2006.

3 HUERTA DE SOTO, Jesús: El Methodenstreit, o el enfoque austriaco frente al enfoque neoclásico de la ciencia económica.

4 Ibíd., p.30.

5 LACHMANN, Ludwig M.: From Mises to Shackle: An essay on Austrian Economics and the Kaleidic Society. La traducción sería la siguiente: “El historiador del pensamiento económico se enfrenta a una delicada tarea cada vez que una doctrina arraigada, lo que en lenguaje moderno se conoce como paradigma o, más recientemente, un “programa de investigación”, es puesta en duda. Tiene que encontrar la genealogía de los aspirantes. Con este objetivo debe recoger los hilos cubiertos por las arenas del tiempo, desempolvarlos, y conectarlos con la nueva línea de pensamiento”.

6 EKELUND, Robert y HÉBERT, Robert: Historia de la teoría económica y de su método, pp. 264-270.

7 No es muy exacto hablar de desaparición a secas pues, como luego veremos, su espíritu permaneció en los institucionalistas americanos.

8 ROSCHER, Wilhelm: Principles of Political Economy, Nueva York, 1978, p. 104.

9 Existe otro historicismo, el británico, de menor nombre que el alemán pero con aportaciones semejantes a éste en su versión moderada. Autores como Bagehot, Imgram, Cliffe-Leslie y Toynbee protagonizaron esta corriente. Abogaban, como los alemanes de Roscher, por una revisión de la teoría clásica abstracta a la que pretendían dotar de mayor realismo mediante aportaciones históricas. Se caracterizaban por tratar a la economía como una parte de la sociología, lo cual significaba que para hacer economía necesariamente se han de disponer de un marco y herramientas sociológicos. Por último, hay que señalar su sentido evolucionista determinista mezcla de Darwin y Comte según el cual del estudio histórico se podía observar cierto proceso social evolutivo con un final predecible, lo cual le confiere una particularidad que le aleja del historicismo alemán y lo acerca sospechosamente a Marx.

10 EKELUND, Robert y HÉBERT, Robert: Historia de la teoría económica y de su método, pp. 480-501.

11 Mark Perlman defiende la relación entre el subjetivismo austriaco y el institucionalismo, especialmente en John Commons cuando dice: “Commons, clearly even more than Veblen and Mitchell is the obvius linkage to the Austrians”, cursivas mías. En Subjetivism, and American Institucionalism, en Subjectivism, Intelligibility and Economic Understanding, p 278.

12 Desde hace aproximadamente 20 años, el Nuevo Institucionalismo Económico se ha convertido en un programa de investigación que sin ser dominante en las facultades universitarias, sí que ha influido al menos en el paradigma neoclásico dominante, obteniendo el reconocimiento científico al más alto nivel.

La comparación con el Viejo Institucionalismo es un tema recurrente cuando se habla del Nuevo. La verdad es que teniendo el mismo núcleo de investigación, las instituciones, los enfoques y las herramientas son en buena medida diferentes. A este respecto tan sólo señalaremos que los “nuevos”, a diferencia de los “viejos”, centran su análisis institucional en el individuo. Además, las nuevas escuelas institucionalistas hacen algunas cosas justo al contrario de la vieja escuela del institucionalismo americano. Mientras que los primeros institucionalistas trataron de introducir en la ciencia económica conceptos procedentes de otras ciencias (principalmente de la sociología), los nuevos institucionalistas tratan de utilizar los instrumentos de la  Economía para explicar la historia, el comportamiento animal, el comportamiento delictivo, el derecho, los contratos, la empresa, las redes de información, el gobierno, la familia y otras instituciones sociales.

De lo que aquí nos importa señalaremos que para esta corriente el hombre tampoco puede ser racional en la medida en que se van incorporando con más nitidez en los modelos económicos las consideraciones relativas a los costes de transacción en la toma de decisiones económicas. Así las instituciones (o reglas del juego), a través de las organizaciones integradas en ellas (jugadores del juego), surgen para reducir la incertidumbre. Pero dicha incertidumbre es cada vez mayor debido a lo incompleta y asimétrica que resulta ser la información. Eso explica la existencia de los problemas de agencia, selección adversa y moral hazard.

13 Obsérvese la semejanza con Juan de Lugo, preguntándose cuál puede ser el precio de equilibrio, ya en 1643 concluye que depende de tan gran cantidad de circunstancias específicas que sólo Dios puede conocerlo (“pretium iustum mathematicum licet soli Deo notum”). Y Juan de Salas, en 1617, refiriéndose a las posibilidades de que un gobernante pueda llegar a conocer la información específica que se crea, descubre y maneja en la sociedad civil afirma que “quas exacte comprehendere et pondedare Dei est non hominum”, es decir, que sólo Dios, y no los hombres, puede llegar a comprender y ponderar exactamente la información y el conocimiento que maneja un mercado libre con todas sus circunstancias particulares de tiempo y lugar. en HUERTA DE SOTO, Jesús: La escuela austriaca. Mercado y creatividad empresarial.

14 ELSTER, Jon: El cambio tecnológico, capítulo 5.

15 HUERTA DE SOTO, Jesús: Teoría de la eficiencia dinámica, pp. 34-36.

16 A esto Mises lo llamó ilustrativamente “economía del giro uniforme”, lo cual implicaría que no existiría el cálculo empresarial, ni el intercambio, y por lo tanto no existiría la economía, todos los sujetos tendríamos lo que queremos porque no habría escasez. La economía de giro uniforme supone un estado de cosas en el cual hay acción humana, pero siempre la misma, sin variantes, lo que supone una visión equivocadamente estrecha de tal concepto.

17 FURIÓ BLASCO, Elies: Joseph A. Schumpeter.

18 SCHUMPETER, Joseph: Theory of economic development, Harvard University Press, Cambridge, Mass., 1934, p. 64, nota 1.

19 SCHUMPETER, Joseph: Business cycles, Nueva York, McGraw Hill, 1939, p. 102.

20 Si bien sabemos gracias al arsenal teórico austriaco que los ciclos económicos tienen su fundamento en la intervención de los bancos centrales en los mercados crediticios mediante la expansión del crédito barato causante de malas inversiones, y que la aportación de Keynes no hace otra cosa que señalar los efectos sin atisbar siquiera las causas de los ciclos, no hay que despreciar in toto el keynesianismo a este respecto pues, como señalé más arriba, introdujo una idea fresca y realista como la de las expectativas no tan racionales (es más, divergentes) como el mainstream suele suponer. La desgracia para la ciencia económica y las sociedades occidentales es que de Keynes haya quedado lo más despreciable.

21 DE PABLO, Juan Carlos: Después de Kahneman y Tversky; ¿Qué queda de la Teoría Económica?, p.78.

22 FURIÓ BLASCO, Elies: JOSEPH A. SCHUMPETER.

23 Para los evolucionistas hay límites a la información debido al conocimiento tácito que algunos agentes utilizan para el desarrollo de productos y procesos, a la protección del conocimiento por medio de patentes, derechos de autor y secretos industriales.

24 En su artículo de 1981 The Framing of Decisions and the Psychology of Choice, Tverky y Kanehman difundieron unos interesantes resultados. En dicho trabajo se les daba a 152 estudiantes alternativas hipotéticas para salvar a 600 personas de una enfermedad. Utilizando una estrategia, se podía salvar sin duda alguna a un número exacto de 200 personas. Utilizando otra, había una posibilidad entre tres de salvar a todos y dos sobre tres de que ninguno se salvara. El 72% de los estudiantes eligió la primera opción, prefiriendo el riesgo menor. Pero sorprendente (para los racionalistas, claro) cuando los investigadores les presentaron a otros 155 estudiantes el mismo dilema expresado de otra manera (400 personas morirían inevitablemente o habría una probabilidad de un tercio de que nadie muriera), sólo el 22% eligió la primera alternativa. La diferencia, explicaron Kahneman y Tversky, residía en la presentación de las alternativas como pérdidas o ganancias seguras. Los sujetos de sus investigaciones generalmente evitaban los riesgos cuando las ganancias, en este caso las vidas a salvar, eran inciertas; preferían quedarse con las ganancias seguras. Sin embargo elegían arriesgarse cuando la alternativa presentaba una pérdida segura, aun si asumir riesgos implicaba la posibilidad de una pérdida todavía mayor, en Clarín, http://www.epconsultores.com/noticias/Premio_Nobel.htm.

26 Aunque esta corriente y el conductismo antes analizado se encuentran cerca en tanto en cuanto para ambas el cerebro es una “máquina” cuando se trata de identificar tendencias cortoplacistas o dar respuestas emocionales rápidas pero se vuelve enormemente impreciso a la hora de encarar cuestiones financieras complejas; difieren en que la economía conductista es un intento de formular una teoría empírica del comportamiento: se observa una conducta y luego se hace una generalización, mientras que la neuroeconomía supone que el comportamiento económico se determina en el cerebro, y que por lo tanto el estudio de su estructura es crucial para entender de qué manera se toman las decisiones económicas.

27 PEYROLÓN, Pablo: “Neuroeconomía o la Economía del Prozac” en Contribuciones a la Economía, enero 2004, disponible en http://www.eumed.net/ce/.

28 Espinosa, Christian: Caos en los mercados bursátiles, publicado en Diario Financiero 25-09-2006, disponible en http://www.economiaonline.cl/columnas/caos-en-los-mercados-bursatiles/.

29 Otras aportaciones de este cariz son otras dos paradojas, las de Abilene y Ellfsberg. La primera se da cuando los límites de una situación particular presionan a un grupo de personas para actuar de una forma que es opuesta a sus deseos individuales. El fenómeno ocurre cuando un grupo continúa con actividades desacertadas que ningún miembro de tal grupo quiere porque ningún miembro está dispuesto a expresar objeciones. La segunda dice que en cierto tipo de apuestas, aún cuando sean lógicamente equivalentes las personas prefieren apostar por algo que contra algo, es decir, obtienen mayor utilidad apostando a favor.

30 Asimismo, los austriacos han reorientado la “eficiencia-X” en sus dirección, véase HUERTA DE SOTO, Jesús: Teoría de la eficiencia dinámica, pp. 36 y 37.

31 DE PABLO, Juan Carlos: Después de Kahneman y Tversky; ¿Qué queda de la Teoría Económica?, p. 72.

32 Shackle inicia su magnum opus Epistémica y economía con una cita de Lachmann; éste, por su parte, dedica su artículo más conocido a la comparación de aquél con Mises.

33 The Logic of Action Two, pp. 275-293.

34 CRESPO, Ricardo: Subjetivistas radicales y hermenéutica en la Escuela Austriaca de Economía.

35 Ibíd.

36 LACHMANN, Ludwig M.: From Mises to Shackle: An essay on Austrian Economics and the Kaleidic Sciety, p. 55. La cita se traduce como sigue: “Por supuesto toda la acción económica trata del futuro, futuro más o menos lejano. Pero el futuro es para nosotros desconocido, aunque no inimaginable. Shackle afirma rotundamente que nuestra ignorancia del futuro invalida cualquier teoría que atribuya conocimiento del futuro a los actores económicos”.

37 CRESPO, Ricardo: Subjetivistas radicales y hermenéutica en la Escuela Austriaca de Economía.

38 Ibíd.

39 Ibíd., p. 61. La traducción es esta: “En una sociedad caleidoscópica la fuerzas del equilibrio, al operar despacio, especialmente donde buena parte del capital es duradero y específico, se encuentran siempre sobrepasadas por el cambio inesperado antes de que hayan hecho su trabajo… Lo que surge de nuestras reflexiones es una imagen del mercado como un tipo particular de proceso sin principio ni final, impulsado por las fuerzas del equilibrio y por las fuerzas del cambio”.

40 Ibíd., p. 60. La cita podría traducirse como: “[En la bolsa] todo lo que conseguimos es una sucesión de equilibrios del mercado diario determinado por un saldo de las expectativas inclinándose de un día para otro como el flujo de noticias convierte alcistas en bajistas y viceversa”.

41 LACHMANN, Ludwig M.: Austrian Economics. A hermeneutic approach, en Economics and hermeneutics.

42 Ibíd., p. 139. Se traduciría como sigue: “Nuestro conocimiento empírico de los fenómenos económicos obtenido por observación debe en cualquier caso ser interpretado como inmerso dentro de un contexto”.

44 “La extensión de la hermenéutica supone en cierto sentido una resurrección de los viejos errores de la Escuela Histórica Alemana, al hacer depender los criterios de verdad científica de realidades externas de tipo contingente”, en HUERTA DE SOTO, Jesús: El Methodenstreit, o el enfoque austriaco frente al enfoque neoclásico de la ciencia económica, p. 56.

45 Nunca está de más recordar que para el pensamiento neoclásico, fundado en la mecánica clásica, la acción es confundida con reacción: no hay elección de fines. Dado un amplio campo de preferencias para cada agente se pregunta qué elegir. Por lo tanto, el resultado de todos los actos de elección se encuentra predeterminado. La respuesta a los cambiantes precios de mercado los individuos llevan a cabo actos sin sentido de gimnasia mental desplazando arriba y abajo sus curvas de indiferencia (el gran hombre de paja neoclásico, el homo economicus), lo cual está lejos de reflejar la realidad de la compleja acción humana. En realidad los hombres hacen planes para conseguir sus objetivos y después intentan llevarlos a cabo, pudiendo colisionar con aquellos de otros o podrían resultar inalcanzable por otras razones.

46 Don Lavoie ha sido el gran valuarte de la hermenéutica austriaca, sobre todo desde que publicó su Eucledianism versus hermeneutics, a reinterpretation of misesian apriorism, artículo en el que defendía una nueva visión de la obra de Mises de carácter hermenéutico, lo que es cuanto menos dudoso. Lachmann creyó hallar aliados en Knight, Keynes y Hicks, véase su Austrian Economics. A hermeneutic approach. Otra aportación hermenéutica se puede encontrar dentro del marxismo, donde se produjo su propio giro hermenéutico a cargo de Georg Lukács

47 CRESPO, Ricardo: Subjetivistas radicales y hermenéutica en la Escuela Austriaca de Economía, quien cita a Lavoie de The accounting of interpretations and the interpretation of accounts: the communicative function of ‘the language of business’.

48 Lo cual no sería tan extraño viendo como hemos visto la enorme cantidad de pensadores que se han adherido en sus teorías al subjetivismo radical en algún punto de las mismas.

49 LEWIN, Peter: Ludwig Lachmann (1906-1990): Life and Work.

DEL ORDEN ESPONTÁNEO AL SOCIALISMO PASANDO POR EL CONTRATO SOCIAL Thursday, Jun 26 2014 

Trabajo final correspondiente Máster Oficial en Economía de la Escuela Austriaca, de la Universidad Rey Juan Carlos, Madrid.

Resumen

            Las sociedades occidentales se gobernaban en base a los principios liberales del orden espontáneo hasta hace aproximadamente cien años, cuando a partir de la Primera Guerra Mundial dichos principios comenzaron a mudar instalando en su lugar una mentalidad profundamente intervencionista. El fundamento filosófico de esta transformación se encuentra en el llamado contrato social entre cuyos principales proponentes podemos encontrar a Hobbes, Rousseau y Rawls. La Escuela Austriaca ha criticado ampliamente este nuevo paradigma por cuanto tiene consecuencias gravísimas de carácter justamente antisocial.

Palabras clave: Contrato Social, Orden Espontáneo, Intervencionismo, Liberalismo, Sociedad, Moral

 

Abstract

            Western societies were ruled according to liberal principles such as espontaneus order until a hundred years ago. By the time of WWI a new paradigm began by replacing those principles for an interventionist attitude Philosophical background may be found in the so-called contract social theory, headed by Hobbes, Rousseau and Rawls among others. Austrian School has delivered a wide-range critics relying on the antisocial character of this theory.

Key words: Social Contract, Espontaneus Order, Interventionism, Liberalism, Society, Moral

 

 

I. INTRODUCCIÓN

La filosofía es útil en economía pues nos permite conocer de dónde vienen las ideas que la fundamentan. Siendo un tanto escrupulosos diríamos la labor del economista podría reducirse a la del mero técnico capaz de implementar las políticas económicas que se le demanden. Pero los economistas de la Escuela Austriaca reclaman un papel diferente para la profesión. Para los austriacos el economista no puede ser nunca un técnico matemático que diseñe impuestos a la medida del partido político de turno en el poder. El economista austriaco emplea la filosofía, la historia, la sociología, el derecho, etc., y todas aquellas ramas de las ciencias sociales que puedan ayudar a comprender la naturaleza de las decisiones económicas del ser humano en sociedad. Este trabajo se inserta claramente en la tradición austriaca y por ello su enfoque es bastante alejando del mainstream como ahora iremos desgranando.

El presente trabajo estudia el paso desde un paradigma económico a otro, en concreto cómo las sociedades occidentales abandonaron los principios liberales que la conformaban hasta el siglo XIX, apurando diríamos que hasta la Gran Guerra, fecha en la cual el peso del estado comenzó a crecer desproporcionadamente, amplificándose se cabe aún más tras la Segunda Guerra Mundial. Dicho aumento del intervencionismo de todo signo, tanto comunista como socialdemócrata, no puede ser entendido sin atender a muchas otras variables de corte no estrictamente económico, es decir, las guerras mundiales espolearon claramente el peso del estado. Nosotros nos vamos a centrar en la filosofía, en particular en la teoría del contrato social desarrollada principalmente por nombres como Hobbes, Kant, Rousseau[1] y más recientemente John Rawls. Creemos que es esa teoría la que ha penetrado fuertemente en nuestras sociedades hasta hacerlas mutar en buena medida su herencia histórica, pasando de sociedades de tipo hayekiano (de orden espontaneo) a otras rawlsianas (de contrato social).

En un primer lugar estudiaremos qué es la teoría del contrato social a través de sus diferentes proponentes y posteriormente la criticaremos. En un segundo lugar expondremos los análisis de los principales autores austriacos sobre las consecuencias sociales del cambio de paradigma, esto es, qué ha significado para nosotros el cambio de paradigma a nivel moral, sociológico, psicológico, ético, etc.[2].

 

II. ANÁLISIS Y CRÍTICA DE LA TEORÍA DEL CONTRATO SOCIAL

Antes de meternos en harina diremos que no existe una única teoría del contrato social ya que es posible diferenciar dos etapas históricas con sus respectivas particularidades a pesar de compartir un tronco común. Por un lado observamos el llamado contractualismo más clásico enarbolado por Hobbes, Locke, Kant y Rousseau; y por otro lado se encuentran nuevos proponentes del contrato social, cuyo principal exponente es el filósofo estadounidense John Rawls, quien se convirtió en toda una referencia moderna tras la publicación de su obra “Una teoría de la justicia”, publicada en 1971.

            a) La teoría clásica del contrato social

Proporciona un intento de explicación omnicomprensiva del origen y funcionamiento de la sociedad. Los autores clásicos, a partir de un ideal acerca del ser humano desarrollan lo que se ha dado en llamar “estado de naturaleza” que es incapaz de garantizar la pacífica y prolífica cooperación social. Dicho estado de naturaleza puede ser de diferente tipo: hobbesiano de lucha permanente, lockeano de cooperación social imperfecta o rousseauniano de buen salvaje corrompido por la sociedad. Es en ese momento cuando los participantes deciden celebrar un contrato social mediante el cual los individuos dejan de estar inmersos en el estado de naturaleza y pasan a una nueva etapa más avanzada en la que se crea la sociedad. Dicho contrato social seria por tanto el origen de nuestras sociedades actuales y de él emanaría el conjunto de derechos y obligaciones que regulan la vida en sociedad, tanto para los ciudadanos como para los gobernantes[3]. Una vez que el contrato entra en vigor y despliega sus efectos la toma de decisiones debe seguir irremediablemente una regla. En la teoría hobbesiana el soberano decide, para Locke es la mayoría y para Rousseau es la llamada voluntad general,  concepto etéreo e indefinido que trascendería a la simple mayoría lockeana.

Por otro lado la teoría del contrato social se caracteriza por una doble vertiente: buscan hallar el origen del estado en la Historia, y además pretender ser el fundamento jurídico de la dominación legitima del estado sobre los individuos. En cuanto a la primera parte podemos decir que jamás ningún estado conocido ha sido creado como resultado de ese mítico contrato social entre gobernante y gobernados, muy al contrario son otro tipo de situaciones alejadas de los contratos las que dan origen a los estados, particularmente las guerras y luchas internas[4]. Y en lo que se refiere a la segunda vertiente acerca de la legitimación del poder diremos que la idea subyacente es la del consentimiento tácito, concepto tan falso como tramposo que vicia todo razonamiento lógico, ya que se trata de un tipo de consentimiento incapaz de justificar por sí mismo la existencia del estado y sus políticas.

            b) La nueva teoría del contrato social

Esta proposición tiene un carácter claramente más modesto que la teoría clásica. Su líder es John Rawls, autor que tiene como objetivo hallar una justificación a las reglas diseñadas por el estado así como a las decisiones emanadas del mismo, para lo cual esta nueva teoría despliega un razonamiento de diferente cariz. Aquí existe un estado originario anterior al pacto social pero carece de toda relevancia real porque no tiene más importancia que a efectos argumentativos. En el llamado estado originario todos los individuos deberían establecer conscientemente y a priori las posiciones de partida de cada uno en la sociedad conforme a una serie de criterios. Aquí claramente el elemento relevante es que todos los participantes en la sociedad se encuentran en la archiconocida situación de “velo de ignorancia”, el cual tiene la característica de hacerles desconocer a priori la posición que ocuparán luego en la sociedad post-contractual. A partir de ahí Rawls justica diversas medidas de carácter igualitarista para mejorar a aquellos que menores recursos iniciales tiene.


Hemos de aclarar que el propio Rawls no se veía como un antiliberal pero sí que podría considerarse como un moderno más que liberal clásico, en el sentido americano del término, convirtiéndose en el referente de la socialdemocracia moderna. Rawls nos ofrece un ingenioso sustituto del utilitarismo ya que en lugar de presentar su propia idea de organización social ideal sino que simplemente pone la mesa la gran pregunta sobre qué hacer cuando no nos ponemos de acuerdo en base a qué principios organizar la sociedad. El mismo Rawls apunta que cuando la gente no llega a un acuerdo sobre qué es lo bueno, en cambio podrían aceptar establecer un procedimiento que lleve a “lo bueno”. Es decir, para Rawls, todo resultado es justo si el procedimiento para llegar a él lo es.

Pero aquí nos planteamos lógicamente, ¿qué es un procedimiento justo? Y es aquí donde Rawls saca a pasear su famoso velo de la ignorancia. Si por ejemplo tenemos una situación inicial con 3 personas entre las cuales deben repartirse un objeto divisible, la solución natural parece evidente, dividir tal objeto a partes iguales pues ninguno tiene información a priori de qué trozo le va a caer en suerte después. A esto lo llamamos un resultado justo pues proviene de un procedimiento justo.

 

Ese ejemplo generalizado es el velo de la ignorancia rawlsiano. En efecto Rawls nos pide que imaginemos una situación denominada por él como “situación de partida”, en la cual la gente no conoce ni sus capacidades, ni sus gustos ni sus concepciones del bien. Bajo estas restricciones el autor defiende que los individuos, motivados por la maximización de su utilidad personal, llegarán precisamente a acordar unos mínimos de justicia universales. El punto principal es que la gente tras el velo de ignorancia persigue su propio interés pero son ignorantes de las cuestiones fundamentales de la decisión.


Rawls piensa, no sin razón, que independientemente del plan de vida de cada individuo todos querrán tener una dotación inicial de lo que él denomina bienes primarios, tales como libertad, oportunidades, ingresos y riqueza, a partir de los cuales cualquiera puede alcanzar los objetivos que se plantee. Por lo tanto, concluye Rawls, todas las personas estarán de acuerdo que todo el mundo deba comenzar el juego tras el pacto con una dotación mínima de bienes primarios. Esta idea supuso una nueva concepción respecto de las tradicionales concepciones de la redistribución de renta, porque eso es lo que es en tanto en cuanto los bienes primarios no existen en la naturaleza sino que han de ser producidos forzosamente por alguien y entregados a otro.


En concreto, Rawls defiende que la gente tenderá a estar de acuerdo en torno a dos principios de justicia, a saber: en primer lugar la mayor libertad para cada persona, debiendo ser la cantidad de libertad igual para todos. Con seguridad incluso cuando existe una falta de información como es el caso del velo de la ignorancia[5], todo el mundo querrá disponer de seguridad para perseguir sus propios objetivos personales, sean cuales sean. Rawls defiende también que la gente quiere diferenciarse, es decir, siendo ambos principios, igualdad y libertad contradictorios, un poco más de uno supone un poco menos del otro. Su visión al respecto parece claramente liberal.

 

La mayor crítica a Rawls se la dio su compañero de Harvard, el también filósofo Robert Nozick en su libro Anarquía, Estado y Utopía, publicado tres años después del de Rawls. El filósofo libertario advierte que Rawls lleva a cabo su análisis sin incluir los derechos de propiedad entre las libertades protegidas por el primer principio. Por el contrario, Rawls inicia su alegato asumiendo que la gente en la situación originaria tiene la tarea de redistribuir la propiedad en el seno de la comunidad social. Por lo tanto, si se defiende como hace Nozick que la gente parte con unos derechos de propiedad entonces no queda espacio para que opere el principio de diferenciación.

La parte más controversial de la teoría rawlsiana es la dedicada al principio de la diferencia. El autor arguye que la gente en la posición originaria preferiría comenzar con una mayor redistribución de riqueza e igualdad de ingreso. Pero ¿por qué unos deberían ganar más que otros? La igualdad es una la posición de partida por defecto pero lógicamente esta situación se ve pronto alterada. La gente se da cuenta de que los individuos respondemos a incentivos. Si se permiten los desiguales ingresos esto podría ser del interés de todo el mundo. Si insistiéramos en la igualdad absoluta, incluso a expensas del bienestar general, sería una pérdida de eficiencia intolerable.

 

Rawls propone, para lidiar con esta situación, que todas las desigualdades deben suponer al menos una mejora para el grupo. Esto nos dice que Rawls no era un radical igualitarista que defendiera que todos los individuos debían ser iguales al precio que fuera, incluso si eso conllevara miseria general. Pero es ahora cuando atisbamos la principal presunción de la teoría rawlsiana. Supongamos que un individuo se opone al principio de la diferencia por considerarlo injusto pues alega que si él es talentoso y por lo tanto capaz de ganar más que los demás, por qué debería su ingreso ser dirigido a los peores, en otras palabras, plantea si debería o no tener derecho a beneficiarse de su talento superior. En este punto la teoría de Rawls no olvida la persecución competitiva de la excelencia pero sí cree que los individuos no deberían quejarse si no se quedan completamente con el beneficio de sus logros.


Rawls defiende que la gente no merece cosechar al 100% el fruto de su talento. Diríase que ese sujeto con un talento superior para alguna actividad determinada no le debe su capacidad especial a ningún mérito personal sino que simplemente fue afortunado desde un punto de vista hereditario o del entorno, y acabó desarrollando esas habilidades superiores al resto. Y además, continúa Rawls, ese sujeto talentoso tuvo la suerte de que su particular habilidad está de moda en ese momento, no en otro, de forma que existe una abundante demanda para su actividad. A sensu contrario pensemos en otro sujeto habilidoso en otra actividad pero que haya dejado de estar de moda recientemente. Lógicamente éste ganará menos que el primero pero esa diferencia de ingreso no se debe al mérito personal sino al tiempo concreto en que han nacido. Es decir, mera suerte.


Se podría objetar que la suerte no explica todo. Sin embargo, a pesar del talento que pueda atesorar el primer individuo ha debido practicar y estudiar muchísimas horas desde que era un niño para llegar a ser una persona reconocida en su edad adulta, lo cual implicaría que el sujeto sí merece el fruto de su trabajo durante años. Para esto Rawls tiene una respuesta. Él defiende que si el sujeto habilidoso y trabajador tiene la capacidad de trabajar duro es también una cuestión de suerte y por lo tanto, ni el producto de la habilidad ni el del duro trabajo se deben a otra cosa que la suerte y por lo tanto no merecen quedarse con todo el fruto.


La radical visión rawlsiana sobre el mérito y la suerte le enfrentaron a la pregunta obvia, si uno no merece ni su talento o personalidad, ¿qué le queda al individuo? Y es que Rawls vacía a los sujetos de sus características reduciéndolos a meros cuerpos portadores de habilidades inmerecidas. Y lo que es más, supongamos que Rawls tenía razón al decir que la gente no merece sus habilidades, o sea, que no ostentan ese talento en base a ninguna justificación moral. De ahí no se sigue que no tengan derecho a beneficiarse de ello. ¿Cómo el hecho de no merecer ese talento especial implica que sus frutos deban ser transferidos al conjunto de la sociedad para que se beneficien los menos talentosos? Aquí Rawls se mete en una encrucijada porque no siendo anti-liberal sí que acaba diseñando una sociedad que virtualmente controla en común los principales atributos individuales.


A pesar de esta conclusión evidentemente colectivista aún es posible interpretar a Rawls menos anti-liberal de lo que tradicionalmente se ha venido haciendo. Uno podría pensar que efectivamente el mercado libre promueve el interés general, también de los menos favorecidos. En tal caso el principio de la diferencia prescribiría la prohibición de cualquier redistribución igualitarista de renta o riqueza. Y es que el principio de la diferencia podría ser por lo tanto empleado para justificar cualquier grado de desigualdad. El propio Rawls no interpreta su principio de esta manera pero su teoría no lo impide claramente. Sus seguidores tienden a interpretar el principio de la diferencia exactamente de esta forma.

 

Hayek, por ejemplo fue simpatizante de la teoría de Rawls pero no a causa del principio de la diferencia sino al énfasis en los principios estructurales de justicia. En el modelo rawlsiano a la gente en la posición originaria no se le asignan participaciones (títulos) sobre la riqueza de unos individuos en particular sino que se establecen instituciones sociales generales, no particulares. Si estudiamos a Hayek esta proposición casa bien con su particular énfasis en el imperio de la ley pues cuando Hayek se opuso fervientemente al concepto de justicia social él se refería a un sistema que produce mandatos particulares a sujetos en especial, por lo tanto desaparece el concepto de ley general y abstracta igual para todos. Así, para Gordon,


Even with that concession, Rawls’s idea of public reason has little to recommend it. Rawls has simply defined a notion of social stability to suit his theory. He never shows that something bad will happen if a society is not “stable” in his sense. Why cannot a society like our own, with considerable religious and philosophical disagreement, continue to flourish without the crutch of public reason? Unless one defines a society so that it must include common adherence to a political doctrine, it is not clear why social order demands agreement. Would not coercive efforts to enforce such a political orthodoxy on people with strong religious beliefs be likely to reduce social stability rather than promote it? This is the clear lesson of modern French history, from the Jacobins to the religious conflicts of the French Third Republic[6].

 

Por otra parte señala Evers[7] que tanto Kant como Rawls hacen mención a algo más que un mero acuerdo en sus intentos por hacer al contracto social proveer unos mínimos morales y legales que puedan ser considerados vinculantes. Por un lado Kant cree que el contrato social debe ser consistente respecto de sí mismo. Y por otro Rawls entiende que dicho acuerdo social debe ser confirmado por concepciones morales aceptables e intuitivas que den lugar a cierto equilibrio en el argumento.

Evers se pregunta por qué el simple acuerdo no es suficiente. Así, en el caso de Kant el deseo de unidad del conjunto parece que es requerido solo porque él está convencido de que esto asegurará la consistencia argumental. La consistencia parece ser una característica necesaria en el origen de las normas morales, distinto completamente del contrato per se. Para Kant el acto de deseo de una parte del todo es una, mientras que la unión entre todas las partes es otra característica indispensable del contrato social. En Kant la consistencia viene del acto conjunto de consentimiento.

En Rawls se introduce la idea del velo de ignorancia para establecer en su teoría la anhelada consistencia. Y es que si los individuos fueran tratados como seres diferentes y diferenciables unos de otros entonces sus conclusiones no serían consistentes. Para ello el autor introduce la inhumana presunción de uniformidad tras el velo de ignorancia, como luego veremos bien criticado por Hoppe. A cualquier nivel de análisis en Rawls el elemento de consistencia viene irremediablemente del argumento del velo. En otras palabras, la consistencia del argumento rawlsiano parece basarse en instituciones que Rawls impone a los individuos contratantes.

Rawls claramente rechaza cualquier base de moralidad que no sea el hipotético contrato social. De lo que venimos viendo, Kant estaría de acuerdo aunque pareciera que él confinara esta visión a como la moralidad social y el derecho emergen. A pesar de esta consideración sobre la fundación contractual de la sociedad o de al menos de la moral política, ambos filósofos han construido en el contrato un elemento, en concreto, la racionalidad, que podía permanecer independiente de los contratos, al menos cuando enfocamos la situación desde diferentes posiciones filosóficas. Se pregunta Evers por qué Kant y Rawls simplemente no eliminaron la moral política y social del análisis de racionalidad en lugar de centrarse en un ficticio contrato social.

El sentido común nos sugiere la existencia de un serio problema con todas las teorías de contrato social, tanto en Kant, como Hobbes y Rawls, ya que cuando alguien considera participar de un contrato social debe haber anteriormente un marco para realizar la elección adecuada. Ese es el requisito inherente de la ética y la moral social. Nos dice Machan:

Then the fundamental egalitarian bias in social contract must be called into question. Why regard as equally worthwhile every will involved in forging the con- tract? If this were not a requirement, and if we took the possibility of prior standards seriously, then it might not be unthinkable that some social contracts were ill formed, should never have been entered into, etc. Thus one might provide oneself with the theoretical background for criticizing the Rawlsian system on grounds, at least in pan, that no self-respecting individual should have agreed to the terms which grew out of the contract made behind the veil of ignorance-at least not until he or she became a bit more knowledgeable about various things[8].

Una cuestión que debe plantearse es si el enfoque del contrato social es aún necesario, teniendo en cuenta sus limitaciones y dado que desde otras posiciones filosóficas no sería necesario. La necesidad de Rawls de la existencia de dicho contrato proviene de su visión de que la gente, motivada por diferentes causas, no puede ser sometida a obligaciones morales que no hayan acordado explícitamente dentro de un hipotético contrato.

 

Hoppe realiza una crítica especial pues cree que Rawls perdió de vista completamente la noción de la innegable existencia de la escasez como condición humana fundamental, así como de la propiedad privada y los derechos de propiedad como una herramienta coordinadora de las acciones individuales restringidas por la escasez. Ciertamente no la propiedad ni la escasez aparecen mencionadas en su obra magna mientras que la palabra igualdad aparece tiene una docena de entradas

En realidad Rawls fue el mejor ejemplo de un filósofo completamente desinteresado en lo que la ética debe perseguir, esto es, responder justamente a la pregunta sobre lo que está permitido o no hacer en un determinado momento y lugar, teniendo en cuenta que uno no puede no actuar en la medida en que esté vivo y los medios y bienes que deben ser empleados para alcanzar los fines personales son siempre escasos, lo cual lleva a la necesaria existencia de conflictos interpersonales sobre su uso. Hoppe cree que Rawls no responde este interrogante sino que se fija en otro completamente diferente como son sus famosas reglas en la posición originaria, como ya hemos señalado anteriormente. Obviamente, la respuesta a esta cuestión depende a juicio de Hoppe de la definición de posición originaria.

Pero incluso cuando se delibera tras el velo de ignorancia uno debe, a juicio de Hoppe, seguir usando medios, que por definición son escasos, empezando por el propio cuerpo humano y el espacio de tierra que ocupa. Antes de comenzar cualquier tipo de deliberación y en aras de hacerla posible, se debe presuponer la propiedad privada o pública sobre los cuerpos y sobre el espacio físico. Este hecho general de que la naturaleza humana contrasta con que Rawls asumiera que los individuos en su teoría no estuvieran restringidos por la escasez en ningún caso, lo cual les convierte en fantasmas o cualquier otra cosa, pero no en humanos. A juicio de Rawls, esos seres diseñados por Rawls no tienen conocimiento alguno de qué es la propiedad. Y Hoppe apunta bien que Rawls pudo ser ciertamente tramposo al admitir que «the reasons for the veil of ignorance go beyond mere simplicity. We want to define the original position so that we get the desired solution»[9]

Lo que parece lógico es que Rawls retorció al extremo el concepto de ser humano para adecuarlo a sus conclusiones porque esas entidades no humanas no tienen la menor relación con los seres humanos de carne y hueso que conocemos. Conforme a su torticera visión del ser humano su teoría de la justicia de tipo socialista-igualitaria es cualquier cosa menos ética humana.

¿Qué queda entonces de la teoría del contrato social? Pues algo muy importante, en particular el valor de alcanzar un acuerdo entre seres humanos y los justificables esfuerzos para alcanzarlo. Por ejemplo, cuando los miembros de la polis, en el sentido de comunidad humana guiada por un juicio sólido, puede estar de acuerdo en cómo mantener y preservar los niveles de justicia social (y quién lo administrará), elemento crucial para las vidas de los participantes. Pero aquí el contracto no forma el fundamento último de las normas. En lugar de ello establece el método por el cual las normas pueden defendidas e interpretadas en un contexto social. Ese método está siempre abierto a nuevas evaluaciones. Cuando se ha consentido, sin embargo, se alcanza algo tremendamente valioso, ni más ni menos que la posibilidad del mantenimiento exitoso de la justicia social.

 

 

 

III. APORTACIONES DE LA ESCUELA AUSTRIACA DE ECONOMIA

A continuación vamos a estudiar las diferentes aportaciones de los autores austriacos más destacados en lo que se refiere a como el socialismo/intervencionismo ha transformado la mentalidad social de manera notable. Será por tanto este un estudio que tocará la vertiente sociológica, psicológica, moral y ética del cambio de paradigma, desde el orden espontáneo hayekiano hasta el actual contrato socialdemócrata reinante. A estos efectos asumiremos que el vasto intervencionismo moderno (socialdemocracia) tiene su fundamento filosófico en el contrato social à la Rousseau y especialmente à la Rawls.      

            a) Mises

Mises dijo que para el socialista la llegada del socialismo significaba la transición desde la irracionalidad económica típica de la sociedad abierta a la racionalidad.  Bajo el socialismo la planificación tomaba el lugar del anarquismo en la producción. La sociedad, tomando conciencia de su racionalidad no solo decide constituirse a sí misma sino que además organiza su vida económica para evitar los conflictos de intereses entre individuos irrazonables y egoístas por separado. El socialismo, como estadio superior del contrato social tiene como objetivo la justa distribución de la riqueza. La acaparamiento de riqueza y la miseria típicas de la sociedad pre-contractual se extinguirán en favor del reparto igualitario de la riqueza. El idealismo socialista dibuja un paraíso ante nosotros, tan falso como el idealismo del contrato social. Es curioso ver como para los autores contractualistas el pacto social era un requisito necesario para salir de una situación indeseable llamada estado de naturaleza, mientras que el socialismo sigue la misma línea y nos dice que la sociedad resultante de ese contrato social solo es un estadio intermedio, mejor que el estado de naturaleza, pero peor que el paraíso socialista que llegará después.

This is how our contemporaries see Socialism, and they believe in its excellence. It is false to imagine that the socialist ideology dominates only those parties which call themselves socialist or—what is generally intended to mean the same thing—”social.” All present-day political parties are saturated with the leading socialistic ideas. Even the stoutest opponents of Socialism fall within its shadow. They, too, are convinced that the socialist economy is more rational than the capitalist, that it guarantees a more just distribution of income, that historical evolution is driving man inexorably in that direction. When they oppose Socialism they do so with the sense that they are defending selfish private interests and that they are combating a development which from the standpoint of public welfare is desirable and is based upon the only ethically acceptable principle. And in their hearts they are convinced that their resistance is hopeless[10].

A juicio de Mises, en realidad el socialismo no es ni de lejos aquello que pretende ser. No es la bandera de un mundo mejor y nuevo sino la constatación del fruto de miles de años de civilización. El socialismo no construye sino que destruye, es pura destrucción pues no produce nada y consume todo

lo que el orden social previo basado en la propiedad privada había creado. Para Mises, dado que el nuevo orden socialista no puede existir por sí mismo sino dentro de un orden más amplio de propiedad privada del cual extraer recursos, cada paso hacia el socialismo conlleva la destrucción de la sociedad en la que se asienta.

Conforme a Mises el socialismo emplea dos métodos para alcanzar sus objetivos: el primero se dirige directamente a transformar la sociedad al socialismo; el segundo pretende indirectamente el mismo objetivo pero mediante la destrucción del orden extenso previo. Los socialistas reformistas prefieren la primera opción, los revolucionarios las segunda, la cual se fundamenta en la eliminación por completo de la civilización anterior. En nuestros días la transformación social se presenta casi unánimemente bajo la primera forma.

The importance of this division is lessened materially by the fact that the effects achieved by both groups do not greatly differ. As we have shown, even the direct method which aims at the creation of a new society can only destroy; it cannot create. Thus the beginning and end of the socialist policy, which has dominated the world for decades, is destruction. In the policy of the communists the will to destroy is so clear that no one can overlook it.[1]

Según Mises, lo que él llama destruccionismo y que no deja de ser el cambio radical de paradigma social que venimos anunciando en este trabajo, ha penetrado en todas las facetas de la vida, desde el Derecho hasta el arte, la educación, la religión y, por supuesto, la economía[2].

No debemos perder de vista por lo tanto que la sociedad es un producto de la acción humana pues solo los seres humanos son capaces de pensar y actuar en consecuencia. Todo el misticismo y el simbolismo del nuevo orden social ocultan la gran falsedad de que el deseo, el pensamiento y la acción pueden tener un carácter colectivo cuando en realidad son características típicamente individuales y su extrapolación al colectivo es un erróneo ejemplo de antropomorfismo. Las colectividades, a las cuales el nuevo orden pretende darles una existencia histórica previa a los individuos, no han sido nunca sociedades en el sentido austriaco, esto es, redes extensas de colaboración y cooperación entre un gran número de individuos en paz y harmonía.

Lo fundamental y punto de partida de la cooperación social descansa en las relaciones pacíficas, que se resume principalmente en el reconocimiento mutuo de la propiedad y soberanía del otro sobre su dominio. A los individuos que crean paz y estándares de recta conducta solo les atañe cubrirse las necesidades venideras así como al mismo tiempo trabajar para construir una gran estructura como es la sociedad humana. Por lo tanto, las instituciones individuales que colectivamente apoyan al organismo social son creadas con ninguna otra pretensión que la utilidad del momento. Parecen, efectivamente, individualmente necesarias y útiles a sus creadores, quedando su función social desconocida para ellos.

In the inner life of the individual the fact that the moral equilibrium has not yet been reached causes grave psychological shocks, well known to medicine as neuroses. This is the characteristic malady of our time of moral transition, of the spiritual adolescence of the nations. In social life the discord works itself out in conflicts and errors which we witness with horror. Just as it is decisively important in the life of the individual man whether he merges safe and sound from the troubles and fears of adolescence of whether he carries away scars which hinder him permanently from developing his abilities, so is it important in what manner human society will struggle through the vexed problems of organization. A rise to a closer interdependence of individuals and hence to a higher well-being, on the one hand; a decay of co-operation and hence of wealth, on the other: these are the choices before us. There is no third alternative[3].

La discusión sobre la sociedad no puede avanzar lógicamente sino es mediante el pensamiento, la voluntad y la acción de los individuos. La sociedad vive y actúa solo mediante de los individuos, no es más que acción humana coordinada. Todo sujeto lleva sobre su espalda una pequeña parte de la sociedad y nadie tiene la capacidad liberarse de su cuota de responsabilidad de pertenencia al conjunto, según Mises. Y por supuesto nadie puede salir indemne si la sociedad en su conjunto vira hacia el socialismo destructivo. Por lo tanto, todo el mundo, por mero interés personal, debe dar la batalla intelectual contra el socialismo. Nadie puede ponerse de lado ante el problema. Mises, veía de esta forma tan dramática la llegada del nuevo orden social, como era lógico y normal en aquella Europa escorada hacia el socialismo de todo tipo[4].

Lo que debe quedar absolutamente claro es que la sociedad no fue creada por Dios ni por una extraña fuerza sobrenatural. La sociedad es fruto de la voluntad humana coordinada espontáneamente. La prosperidad o la caída de la sociedad dependen en última instancia de los hombres y mujeres que la conforman. Que la sociedad sea beneficiosa o perjudicial es objeto del juicio subjetivo de cada persona, pero es claro que la sociedad abierta es fuente de prosperidad, libertad, felicidad y desarrollo. Y para que todo ello se produzca es indispensable que los individuos sean capaces de tener propiedad privada[5].

 

En otra de sus obras Mises se ocupa de la Burocracia y nosotros queremos darle cabida en nuestro análisis. Para Mises la filosofía de la estatolatria ha ofuscado todo análisis sosegado, y tiene mucha razón. Los conflictos en sociedad ya no se entienden como una lucha entre grupos de individuos sino entre dos principios: el bien y el mal. Lo bueno es encarnado por el estado como materialización de la idea suprema de moralidad; mientras que el mal es representado por el individualismo desalmado de los seres egoístas. La regla es fácil, el estado siempre está en lo correcto y los individuos se equivocan, ya sea por torpeza o por malicia. El estado es el representante de la comunidad, la justicia, la civilización y la inteligencia superior. El individuo es un pobre desgraciado, un pobre vicioso.

Agudo es el análisis de Mises cuando entra en harina sobre las relaciones entre los individuos y los representantes de la mítica voluntad superior, los burócratas. Dejando de lado la sincera buena intención del funcionario, éste se encuentra completamente imbuido de la idea de que es su deber luchar por el bienestar del estado, pues a su juicio representanta las bondades de la sociedad, por encima del interés egoísta de los individuos. Conforme a Mises el burócrata es la encarnación de la ley suprema y por lo tanto no está unido de ninguna forma al resto de seres humanos ni a sus leyes mundanas vertebradas por el individualismo. Las leyes, en tanto que emanadas del estado, Dios, no pueden osar ser reformuladas por los simples humanos. De tal forma que el ciudadano si violara alguna de las innumerables normas del estado se convierte en un criminal merecedor de castigo pues habría actuado por puro egoísmo. Pero en cambio resulta muy distinto si un funcionario incumple las leyes si lo hace en beneficio del estado, dicho funcionario podría ser técnicamente culpable pero desde un punto de vista moral el funcionario hizo lo correcto[6].

Lo que de verdad cuenta para Mises es el hecho de que bajo el orden liberal todo el mundo es el arquitecto de su propia vida. Un chico que desee prosperar y llegar lejos en la vida solo necesita su fuerza y esfuerzo. El voto diario de los consumidores enjuicia a los empresarios continuamente sin tener en cuenta cuestiones personales. El trabajo bien hecho y los servicios correctamente ejecutados son los únicos medios para el éxito.

Under socialism, on the contrary, the beginner must please those already settled. They do not like too efficient-newcomers. (Neither do old, established entrepreneurs like such men; but, under the supremacy of the consumers, they cannot prevent their competition.) In the bureaucratic machine of socialism the way toward promotion is not achievement but the favor of the superiors. The youth depends entirely on the kind disposition of the old men. The rising generation is at the mercy of the aged[7].

De acuerdo con Mises la burocratización tiene que ser forzosamente rígida porque se desarrolla en base en la observación de reglas y prácticas preestablecidas. Pero en la vida en sociedad la rigidez conlleva a la petrificación y la muerte. Resulta muy significativo que la estabilidad y la seguridad sean algunos de los eslóganes más usados por los supuestos reformadores sociales. Si las primeras sociedades humanas hubieran adoptado el principio de estabilidad nunca habrían tenido seguridad pues habrían perecido hace mucho tiempo a causa de los microbios, nos dice Mises.

La falta de crítica hace posible que a la gente se le diga, y se crea, que serán libres en un nuevo régimen absolutamente reglamentado. La gente se imagina un orden social en el cual el intervencionismo masivo es sinónimo orwellianamente de libertad. Nunca se paran a pensar que exista la posibilidad de que el gobernante de su anhelada utopía tengas sus propios fines personales y los persiga a costa de la gente. Se asume que la nueva sociedad conscientemente organizada procurará siempre y en todo lugar su bienestar, lo cual no es sino una ilusión sin fundamento como la Public Choice School se ha encargado de demostrarnos.

            b) Hayek

Según Hayek en quizá su mejor obra no económica Law, Legislation and Liberty los intentos de corregir los resultados del mercado en la dirección de la justicia social de tipo rawlsiano han probablemence producido más injusticia en forma de nuevos privilegios, obstáculos a la movilidad e ilusiones frustradas que la posible contribución a la mejora de los menos favorecidos.

Este inesperado desarrollo de las teorías del nuevo orden son consecuencia a juicio de Hayek de que la llamada a la justicia social que originariamente se hacía en nombre de los pobres fue monopolizado por otros grupos mejor organizados que querían y podían hacerse con las rentas públicas. La justicia social en su vertiente de modelo de asignación de dar a cada uno lo que se merece es irreconciliable con el ideal de que la coerción solo debe ser empleada para hacer valer las mismas reglas de justa conducta que todos los individuos podrían tener en cuenta para llevar a cabo sus planes de acción. Sin embargo cuando aquellas reclamaciones de los menos favorecidos fueron aceptadas por todo el mundo por creerlas justas entonces se abrieron la compuertas a que todo otro grupo de presión pudiera organizarse contra su posible pérdida de privilegios. Desgraciadamente no es posible proteger a todo el mundo contra los riesgos que han debido correr para llegar a la posición respecto de la cual claman protección. El mismo lenguaje de uso corriente que por una parte denomina problema social cualquier causa que traiga un perjuicio a un grupo social y que clama por el deber del nuevo orden social de hacer algo en su favor, por otro lado ha transformado la concepción de justicia social en un simple pretexto para reclamar privilegios especiales.

Véase aquí la diferencia entre Mises y Hayek. Mientras que para el primero la idea de burocracia era la rigidez absoluta bajo la cual ninguna desviación del bienestar del estado tenía sentido, en Hayek se atisba claramente una visión más realista y moderna de la nada rígida burocracia pública cuando se trata de servir a ciertos grupos de presión. En un caso o en otro la perversión moral de la sociedad es total en este nuevo orden. La justicia social se ha convertido en la práctica en un simple eslogan publicitario empleado por todos los grupos cuyo estatus tiende a decaer, nos cuenta Hayek:

That the appeal to justice by such groups frequently succeeds in mobilizing the sympathy of many who regard the traditional hierarchy of society as a natural one, and who resent the ascent of new types to that middle position to which once the bare capacity to read and write gave access, does not show that such demands have any connection with generally applicable rules ofjust conduct.

In the existing political order such claims will in fact be met only when such groups are large enough to count politically and especially when it is possible to organize their members for common action. We shall see later that only some but not all such interests can be thus organized, and that in consequence the resulting advantages can be achieved only by some and will harm the rest. Yet the more organizations of interests are used for this purpose, the more necessary does it become for each group to organize for pressure on government, since those who fail to do so will be left out in the cold. Thus the conception of ‘social justice’ has resulted in the assurance by government ofan appropriate income to particular groups, which has made the progressive organization of all such ‘interests’ inevitable. But the protection of expectations which such assurance involves cannot possibly be granted to all in any but a stationary society. The only just principle is therefore to concede this privilege to none[8].

Hayek opina que en la medida en que los ingresos particulares o grupales no estén determinados por la decisión de alguna agencia ninguna distribución concreta de ingresos podría ser descrita como significativamente más justas que otras. Si queremos llegar a ese grado de justicia coherente eso solo se puede hacer sustituyendo el viejo orden espontáneo por completo y establecer en su lugar una organización en la cual la participación en el beneficio sea fijada por una autoridad central. En otras palabras, las correcciones de la distribución originaria de un orden espontáneo por actos específicos de un burócrata o político nunca podrán ser justo en el sentido de que sea una regla de aplicación general. Cada acto de este tipo traerá peticiones de otros individuos o grupos en el sentido de ser tratados igualmente. En última instancia, dice Hayek, estas peticiones solo podrán ser satisfechas si absolutamente todos los ingresos son establecidos por decreto político[9].

Agudamente indica Hayek que el ideal justicia impersonal basada en la reglas formales se ha conseguido en el seno de una continua lucha contra esos sentimientos de lealtad personal que constituyen la base de la sociedad tribal pero que en la gran sociedad hayekiana no debe ser permitido que influencien el uso de poderes coercitivos del gobierno. La extensión gradual del orden común de paz desde los grupos pequeños hacia comunidades más grandes ha conllevado constantes choques entre las peticiones de una justicia basadas en los objetivos visibles, en terminología de Bastiat, y la necesidad de una Justicia universal igualmente aplicable al fuerte y al débil. Esto ha causado un conflicto constante entre las emociones profundamente enraizadas en la naturaleza humana a lo largo de milenios de vida en torno a la tribu, y las peticiones de principios abstractos cuya relevancia no pueda ser puesta en duda por nadie. Las emociones humanas están relacionadas con objetos concretos, las emociones de justicia en particular están mucho más conectadas con las necesidades visibles de un grupo al cual una persona pertenece, ya sea, el gremio, el sindicato, etc. Únicamente una reconstrucción mental del orden extenso nos capacita a comprender que el objetivo deliberado de perseguir unos objetivos concretos, aunque puedan ser tenidos por justos y meritorios, solo lleva a la destrucción del orden extenso existente. Aquí la conexión con el destruccionismo miseano es evidente. Y Rawls queda si cabe más en evidencia por su ingenuidad, por no darse cuenta de lo que Hayek aportó al estudio de la sociedad extensa.

Ya hemos visto que Hayek critica el error de los partidarios del nuevo orden social consistente en transpolar los principios reinantes en las sociedades tribales no avanzadas y de pequeño tamaño a la gran sociedad moderna basada en principios liberales. Esos principios tribales aplicados a nuestras complejas sociedades son infructuosos y solo llevan al caos. Son, por lo tanto, principios antisociales.

La petición de justicia social es sin duda alguna la expresión de la rebelión del espíritu tribal contra las reglas abstractas que gobiernan la vida en sociedad. Únicamente extendiendo las reglas de justa conducta a las relaciones con el resto de individuos y al mismo tiempo privando de aplicación a aquellas normas no universales, que podremos enfocar correctamente la cuestión clave del orden universal de paz que integra a toda la humanidad en sociedad.Hayek, sin duda, hace parecer a Rawls un verdadero ingenuo:

While in the tribal society the condition of internal peace is the devotion of all members to some common visible purposes, and therefore to the will of somebody who can decide what at any moment these purposes are to be and hovv they are to be achieved, the Open Society of free men becomes possible only when the individuals are constrained only to obey the abstract rules that demarcate the domain of the means that each is allowed to use for his purposes. So long as any particular ends, which in a society of any size must always be the ends of some particular persons or group, are regarded as ajustification of coercion, there must always arise conflicts between groups with different interests. Indeed, so long as particular purposes are the foundation of political organization, those whose purposes are different are inevitably enemies; and it is true that in such a society politics necessarily is dominated by the friend-enemy relation. Rules of just conduct can become the same for all only when particular ends are not regarded as justification for coercion (apart from such special passing circumstances as war, rebellion or natural catastrophes)[10].

Dicho lo cual, es sin embargo cierto que la visión que subyace al orden espontáneo ha sido durante un largo periodo histórico a pequeños grupos en unas pocas zonas urbanas y no han sido moneda de uso común en las sociedades occidentales hasta épocas relativamente recientes, lo cual provoca que dichas normas del orden extenso social sean todavía percibidas como artificiales y no naturales en contraste con los intuitivos e instintivos sentimientos heredados de la antigua sociedad tribal. Los sentimientos morales que hacen la sociedad abierta posible y exitosa han nacido en las ciudades, en los centros de comercio e intercambio, mientras que los sentimientos de la mayor parte de la gente permanecen anclados en los sentimientos de grupo pequeño y actitudes xenofóbicas típicas de las tribus. El auge de la gran sociedad compleja es demasiado reciente como para cosechar resultados y doblegar los arraigados sentimientos previos. Mientras tanto las proposiciones liberales seguirán sonando ajenas al mundo natural y seguiremos oyendo proposiciones ingenuas de tipo contractualistas, rawlsiano, distribucionista, intervencionista o socialista[11].

The resistance against the new morals of the Open Society was strengthened also by the realization that it not only indefinitely enlarged the circle of other people in relation to whom one had to obey moral rules, but that this extension of the scope of the moral code necessarily brought with itself a reduction of its content. If the enforceable duties towards all are to be the same, the duties towards none can be greater than the duties towards all-except where special natural or contractual relations exist. There can be a general obligation to render assistance in case of need towards a circumscribed group of fellow-men, but not towards men in general. The moral progress by which we have moved towards the Open Society, that is, the extension of the obligation to treat alike, not only the members of our tribe but persons of ever wider circles and ultimately all men, had to be bought at the price of an attenuation of the enforceable duty to aim deliberately at the wellbeing of the other members of the same group. When we can no longer know the others or the circumstances under which they live, such a duty becomes a psychological and intellectual impossibility. Yet the disappearance of these specific duties leaves an emotional void by depriving men both of satisfying tasks and the assurance of support in case of need[12].

Por lo tanto, concluye Hayek, que no es realmente sorprendente si el primer intento del hombre moderno en favor de los valores del orden extenso fracasara en su intento de emerger de entre los valores tribales históricos. No debemos perder de vista que la mayor parte de la gente trabaja y tiene poco tiempo para aprender cuestiones morales del mercado; mientras tanto su instinto heredado busca una moral más humana y personal que se aproxima más a la tribu al mismo tiempo que destruye la sociedad abierta. A pesar de ello, debemos darnos cuenta de que el ideal socialista, de justicia social o simplemente redistributivo no propone una nueva moral sino muy al contrario es una simple apelación a los instintos heredados de etapas previas en la Historia de la Humanidad. Dichos instintos son un atavismo, un vano intento de imponen en el esquema de la gran sociedad la moral de la sociedad tribal[13], que cuando se hacen efectivos provocan el destruccionismo masivo que mencionaba Mises en el apartado anterior de este trabajo.

De forma similar la gente que se considera alineada por la sociedad de mercado no son portadores de una nueva moral sino simplemente son gente que no ha aprendido las reglas de conducta de la sociedad abierta en la que viven y que quieren imponer a todos sus concepciones, que ellos consideran naturales, de la sociedad tribal. En especial Hayek apunta a que la izquierda no entiende que el tratamiento igualitario como ellos piden solo es factible en un sistema en el cual las acciones individuales de los participantes están restringidas, pero jamás en un sistema de orden extenso guiado por acciones cuyo efecto es desconocido.

The Rousseauesque nostalgia for a society guided, not by learnt moral rules which can be justified only by a rational insight into the principles on which this order is based, but by the unreflected ‘natural’ emotions deeply grounded on millennia of life in the small horde, leads thus directly to the demand for a socialist society in which authority ensures that visible ‘social justice’ is done in a manner which gratifies natural emotions. In this sense, however, of course all culture is unnatural and, though undesigned, still artificial because relying on obedience to learnt rules rather than on natural instincts. This conflict between what men still feel to be natural emotions and the discipline of rules required for the preservation of the Open Society is indeed one of the chief causes of what has been called the ‘fragility of liberty’: all attempts to model the Great Society on the image of the familiar small group, or to turn it into a community by directing the individuals towards common visible purposes, must produce a totalitarian society.[14]

 

IV. CONSIDERACIONES FINALES

Sería una terrible falta de comprensión de los principios básicos de una sociedad libre si pensáramos que la reducción/eliminación del estado que propugna el liberalismo va unido a un mal entendido individualismo en el que cada persona vive aislada y no tiene relaciones con otros seres humanos, fundamentalmente a través de la cooperación y la asociación. Eso atenta contra la más íntima naturaliza humana, fuertemente social. Lo que pretende el liberalismo es devolver el poder a sus legítimos ciudadanos. Hayek señala:

The mischievous idea that all public needs should be satisfied by compulsory organization and that all the meansthat the individuals are willing to devote to public purposes should be under the control of government, is wholly alien to the basic principles of a free society. The true liberal must on the contrary desire as many as possible of those ‘particular societies within the state’, voluntary organizations between the individual and government, which the false individualism of Rousseau and the French Revolution wanted to suppress; but he wants to deprive them of all exclusive and compulsory powers. Liberalism is not individualistic in the ‘everybody for himself’ sense, though necessarily suspicious of the tendency of organizations to arrogate exclusive rights for their members[15].

Hayek remarcaba la importancia de la existencia de asociaciones voluntarias no solo porque puedan convertirse en un buen instrumento al servicio de aquellos que comparten unos intereses comunes sino incluso, y esto es lo relevante, para el público en general. Hayek, minarquista, defendía que el gobierno retuviera el monopolio de la coerción por considerarlo necesario para minimizar la coerción pero por otro lado consideraba clave que el gobierno no es el único ente que tenga el derecho exclusivo de perseguir objetivos públicos. En una sociedad verdaderamente libre los llamados asuntos públicos no deberían ser identificados con asuntos del gobierno sino que la cosa pública no debería tener como referente único el interés en el gobierno, sea del grado que sea, central, regional, etc.

A juicio de Hayek la precipitación, la falta de paciencia y confianza en la capacidad de construir organizaciones voluntarias en sociedad es uno de los grandes males de nuestro tiempo pues inmediatamente ante cualquier situación controvertida se demanda urgentemente la actuación coercitiva del gobierno. No obstante, nada puede precisamente ser más antisocial que un gobierno que en lugar de limitarse a proveer un marco legal en el cual se produzca el crecimiento espontáneo intervenga activamente en la sociedad pues romperá esos lazos sociales de posible creación y hará de la sociedad un ente inmóvil e incapaz de reconocerse a sí misma como sociedad viva y dinámica.

Es justamente el gran mérito del orden espontáneo que se creen en el seno de la sociedad un gran número diferentes organizaciones de tipo voluntario, comunidades, mutualidades, clubes, asociaciones, etc., dedicadas a los más diversos ámbitos como la ciencia, las artes, el deporte, etc.[16] Resultado de ese modelo de sociedad se llegaría a una internacionalización social cultural pacífica y cooperativa. Dos ciudadanos situados en puntos alejados del mundo pueden tener más en común debido a su pasión por el arte que con sus vecinos de escalera, y es precisamente la concepción voluntarista y asociacionista de la sociedad la que tiene la capacidad de potenciar esas nuevas redes internacionales de relación.

La actual tendencia de los gobiernos de atraer hacia su órbita los grandes grupos de interés (lobbies) tiende a destruir las verdaderas relaciones sociales de tipo espontáneo y voluntario, y como resultado los individuos se dedican a agruparse lo mejor posible para obtener las dádivas del político del turno en lugar de producir y colaborar en el mercado.

No obstante, a pesar de todo lo expresado en este trabajo queremos recalcar que parcialmente las demandas de los individuos en las sociedades occidentales son entendibles, y lo son por dos razones. Primero porque no carecen de todo sentido práctico, y segundo porque efectivamente existe un contrato que se ha de cumplir.

En el caso de los países socialdemócratas, es decir, prácticamente todos en Occidente, existe una constitución que bien podría cumplir las funciones de contrato social expreso. Dichos textos legales contienen disposiciones de tipo socialdemócrata. Si lleváramos a cabo un análisis típicamente de derecho civil observaríamos que existe un contrato entre el estado y los ciudadanos pues efectivamente se vota y se promete hacer cumplir la constitución[17][18]. Dicho acuerdo refleja el compromiso del estado y de todo su aparataje político-publico de garantizar a los ciudadanos ciertos servicios a cambio de que estos entreguen parte de su renta y riqueza así como la exigencia de acatamiento de las llamadas reglas del juego, que bien podrían representar el contrato social rawlsiano. A partir de ese momento los ciudadanos llevan a cabo sus planes de acción contando con que el estado hará su parte, es decir, los ciudadanos pagan sus impuestos y por lo tanto tienen menos renta disponible pero saben que tendrán los servicios de educación y sanidad, entre otros, cubiertos por el estado.

Es de esta forma que podemos comprender que si una de las partes no cumple con su obligación la otra puede sentirse en el derecho de reclamar lo que le corresponde. Ese es justamente el fenómeno al que hemos asistido en los años de la crisis económica fundamentalmente en Europa entre 2009 y 2012. Hemos visto como millones de ciudadanos se sentían defraudados en sus expectativas legítimas, acusando al estado de diferentes cosas, desde inoperancia hasta fraude. No es nuestra posición ni la una ni la otra. Nosotros defendemos que el estado ha fallado simplemente porque tenía que fallar[19]. Sea como fuere no debemos ser tan arrogantes como para pensar que la socialdemocracia es un completo sinsentido pues es una realidad que este modelo ha venido funcionando en casi todos los países de Europa Occidental desde la Segunda Guerra Mundial y en algunos con bastante éxito, tales sean los países nórdicos, Suecia, Dinamarca y Finlandia[20]. Por lo tanto nos parece justo y comprensible que los ciudadanos hayan creído de buena fe que el estado puede y debe proveer, por ejemplo, servicios sanitarios porque así ha venido ocurriendo con relativa normalidad durante varias décadas en diferentes países.

En resumen, si existía ese contrato social, aceptado por la inmensa mayoría de los ciudadanos y sus representantes políticos al mando de los resortes del estado, por lo que un incumplimiento en su objeto debe ser tenido en cuenta en el análisis, también para los liberales, pero ante semejante situación lo que nos diferencia de los intervencionistas de todos los partidos es la solución a dar al problema. Por su parte los intervencionistas anti-mercado claman por una reorganización del estado pues les ha estado engañando prometiendo cosas que luego no cumplió por malas artes en su gestión y por habérselo regalado a otros grupos de presión, fundamentalmente el sector bancario y grandes empresas. Pero, ¿cómo lo ve el liberal?

Dando por hecho la existencia (que no legitimidad) de la constitución en tanto que contrato social su incumplimiento debe ser atendido de forma temporal, como ahora explicaremos. Permítasenos utilizar una gráfica analogía médica. Pensemos que la sociedad, o un individuo de ella, se representan por la persona P. El estado sería un Doctor mentiroso. En un primer lugar P está sano y puede vivir por sí mismo. A partir de cierto momento en la historia reciente (Primera Guerra Mundial) el Doctor consigue convencer a P de que si toma sus medicamentos estará aún más fuerte y su vida mejorará. Dichos medicamentos son el equivalente del intervencionismo. El efecto de esos remedios intervencionistas ha sido terrible y a eso hemos dedicado la segunda parte del presente trabajo. P se ha convertido en un auténtico drogadicto en todos los sentidos, pero como era de esperar no lo sabe y no quiere saberlo. Esos medicamentos no han hecho más que menguar su salud y hacerlo completamente dependiente. Antes de toparse con el Doctor mentiroso P era independiente, fuerte y próspero, ahora ha olvidado completamente que lo fue (como Rallo muestra claramente) y apenas es capaz de visualizar su vida sin los remedios del Doctor mentiroso.

No todo es puramente una impresión psicológica de los individuos, es decir, independientemente del efecto sobre el entendimiento del mundo turbado por las drogas no deja de ser cierto que si ahora mismo dejamos a P sin los remedios del Doctor y seguramente el resultado sería nefasto a corto plazo. Explicado de otra forma, la sociedad, aparte de la mentira en la que vive, ciertamente tendría problemas reales para sobrevivir a corto plazo sin la intervención estatal. La sociedad ha quedado tan dañada por el estado que difícilmente sería capaz de reconstruir unas potentes estructuras de mercado a corto plazo en su lugar. ¿Cuál sería la solución entonces?

Dado que tenemos a una sociedad enferma y débil, enganchada a la droga estatal, no podemos quitarle su droga de golpe sino a largo plazo. El modelo a corto y medio plazo debe ser Suecia, es decir, una sociedad donde la protección pública esté garantizada gracias a unas intensas políticas redistributivas y por otro lado la creación de riqueza esté altamente liberalizada, o lo que es lo mismo, facilidad para las empresas, bajos impuestos, mayor flexibilidad laboral, etc. Si efectivamente aplicáramos este modelo conseguiríamos enriquecer a la sociedad a niveles de los prósperos modelos nórdicos, con potentes y variadas empresas generando riqueza que luego es redistribuida. Poco a poco el drogadicto se irá haciendo cada vez más fuerte y autónomo, las pastillas del Doctor serán inútiles. A partir de un determinado momento la existencia del estado proveedor universal será innecesaria[21] porque la sociedad habrá recuperado todo su vigor de antaño. Sera en ese momento cuando habremos hecho el camino de vuelta, desde el contrato social al orden espontáneo.

 

V. BIBLIOGRAFÍA

Evers, Williams, «Social Contract: A Critique», Journal of Libertarian Studies, Vol. 1, No. 3., 1977.

Gordon, David, Going Off the Rawls, The American Conservative, 28 julio, 2008

Hayek, Friedrich, Law, Legislation and Liberty, Routledge, 1982.

– , The Fatal Conceit, Routledge, 1988.

Hoppe, Hans-Hermann: Democracy. The God that Failed, Transaction Publishers, 2001.

– , The Ethics of Private Property and Socialism, Ludwig von Mises Institute, 2006.

Huerta de Soto, Jesús, Socialismo, cálculo económico y función empresarial, Unión Editorial, 2010.

Machan, Tibor, Social contract as a Basic of Norms, Journal of Libertarian Studies, Spring 1983, 7, pp. 141-145.

Martínez Meseguer, César: La Teoría Evolutiva de las Instituciones, Unión Editorial, 2009.

Mises, Ludwig von: El socialismo, Unión Editorial, 2007.

– , Bureaucracia, Unión Editorial, 2005.

Rallo, Juan Ramón, Una revolución liberal para España, Deusto, 2013.

Rawls, John, Una teoría de la justicia, XXX, 1971.

Rothbard, Murray, La ética de la libertad, Unión Editorial, 2009.
————————————————————————————————————————————————————————

[1] Mises (1922), p.471.

[2] Rothbard en Poder y Mercado se muestra muy duro con esta contaminación que ha sufrido la profesión económica: Economics, especially of the modern “welfare” variety, is filled with implicit moralizing—with unanalyzed ad hoc ethical statements that are either silently or under elaborate camouflage slipped into the deductive system. Elsewhere we have analyzed many of these attempts, e.g., the “old” and the “new” welfare economics. Interpersonal utility comparisons, the “compensation principle,” the “social welfare function,” are typical examples. We have also seen the absurdity of the search for criteria of “just” taxation before the justice of taxation itself has been proven. Other instances of illegitimate moralizing are the doctrine that product differentiation harms consumers by raising prices and restricting production (a doctrine based on the false assumptions that consumers do not want these differences, and that cost curves remain the same); the spurious “proof” that, given the total tax bill, the income tax is “better” for consumers than excise taxes; and the mythical distinction between “social cost” and “private cost.”

Neither can economists legitimately adopt the popular method of maintaining ethical neutrality while pronouncing on policy, that is, taking not their own but the “community’s” values, or those they attribute to the community, and simply advising others how to attain these ends. An ethical judgment is an ethical judgment, no matter who or how many people make it. It does not relieve the economist of the responsibility for having made ethical judgments to plead that he has borrowed them from others. The economist who calls for egalitarian measures because “The people want more equality,” is no longer strictly an economist. He has abandoned ethical neutrality, and he abandons it not a whit more if he calls for equality simply because he wants it so. Value judgments remain only value judgments; they receive no special sanctification by virtue of the number of their adherents. And uncritically adhering to all the prevailing ethical judgments is simply to engage in apologetics for the status quo.Ver Rothbard (1970), p.317.

[3] Mises (1922), p.512.

[4] Huerta de Soto hace un repaso exhaustivo de toda la literatura contra el socialismo en su obra de 1992 Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial. A efectos  de este trabajo nos parece especialmente destacable el capítulo III.6 titulado Otras consecuencias del socialismo, en el cual el autor nos habla de la descoordinación y el desorden social, la información errónea y comportamientos irresponsables, el efecto corrupción, la economía oculta o «irregular», el retraso social (económico, tecnológico, cultural), la prostitución de los conceptos tradicionales de ley y justicia, la perversión moral que crea el socialismo, también considera al socialismo como «opio del pueblo» y finalmente discute el carácter esencialmente antisocial del socialismo, como ya Mises había anunciado.

[5] Clave sin lugar a dudas es la aportación seminal de Hoppe en su obra La Ética de la Propiedad Privada, donde certeraemte apunta que « All errors are costly. This is most obvious with errors concerning laws of nature. If a person errs regarding laws of nature this person will not be able to reach his own goals. However, because the failure of doing so must be borne by each erring individual, there prevails in this realm a universal desire to learn and correct one’s errors. Moral errors are costly, too. Unlike in the former case, however, their cost must not, at least not necessarily, be paid for by each and every person committing the error. In fact, this would be the case only if the error involved were that of believing that everyone had the right to tax and the right of ultimate decision-making regarding the person and property of everyone else. A society whose members believed this would be doomed. The price to be paid for this error would be universal death and extinction. However, matters are distinctly different if the error involved is one of believing that only one agency—the state—has the right to tax and the right to ultimate decision-making (rather than everyone, or else, and correctly so, no one). A society whose members believed this—that is, that there must be different laws applying unequally to masters and serfs, taxers and taxed, legislators and legislatees—can in fact exist and endure. This error must be paid for, too. But not everyone holding this erroneous belief pays for it equally. Rather, some people will have to pay for it, while others— the agents of the state—actually benefit from the same error. Hence, in this case it would be mistaken to assume a universal desire to learn and correct one’s errors. To the contrary, in this case it must be assumed that rather than learning and promoting the truth, some people have a constant motive to lie, i.e., to maintain and promote falsehoods even if they themselves recognize them as such.

In any case, what are the “mixed” consequences of, and what is the unequal price to be paid for, the error and/or lie of believing in the justice of the institution of a state?Once the principle of government—judicial monopoly and the power to tax—is incorrectly admitted as just, any notion of restraining government power and safeguarding individual liberty and property is illusory. Instead, under monopolistic auspices the price of justice and protection will continually rise and the quality of justice and protection fall. A tax-funded protection agency is a contradiction in terms—an expropriating property protector—and will inevitably lead to more taxes and less protection. Even if, as some classical liberal statists have proposed, a government limited its activities exclusively to the protection of pre-existing private property rights, the further question of how much security to produce would arise. Motivated (like everyone) by self-interest and the disutility of labor but endowed with the unique power to tax, a government agent’s response will invariably be the same: To maximize expenditures on protection— and almost all of a nation’s wealth can conceivably be consumed by the cost of protection—and at the same time to minimize the production of protection. The more money one can spend and the less one must work to produce, the better off one will be » Ver Hoppe (1993), p.391

[6]Every half-wit can use a whip and force other people to obey. But it requires brains and diligence to serve the public. Only a few people succeed in producing shoes better and cheaper than their competitors. The inefficient expert will always aim at bureaucratic supremacy. He is fully aware of the fact that he cannot succeed within a competitive system. For him all-round bureaucratization is a refuge. Equipped with the power of an office he will enforce his rulings with the aid of the police.At the bottom of all this fanatical advocacy of planning and socialism there is often nothing else than the intimate consciousness of one’s own inferiority and inefficiency. The man who is aware of his inability to stand competition scorns “this mad competitive system.” He who is unfit to serve his fellow citizens wants to rule them.Mises (1944), p.103.

[7] Mises (1944), p.125 y ss.

[8] Hayek (1982), p.139.

[9] Resulta llamativo como Hayek hace derivar el inocente objetivo de la distribución de riqueza rawlsiano que simplemente pretende dar unos mínimos de partida a todo el mundo hacia un régimen que irremediablemente acaba convirtiéndose en autoritario. «It is possible to ‘correct’ an order only by assuring that the principles on which it rests are consistently applied, but not by applying to some part of the whole principles which do not apply to the rest. As it is the essence of justice that the same principles are universally applied, it requires that government assist particular groups only in conditions in which it is prepared to act on the same principle in all similar instances», Hayek (1982), p.142.

[10] Hayek (1982), p.143.

[11] Desde este punto de vista, el socialismo sería uno de los últimos coletazos de la sociedad tribal. Aquella gente que aún vive conforme a las coordenadas mentales de la tribu se revela brusca y violentamente contra los rápidos cambios acaecidos en el mundo en los últimos 200 años porque no lo entienden, y es comprensible que no lo entiendan. La complejidad del mundo moderno es tal que la inmensa mayoría de la gente no puede alcanzar a entenderlo e incluso no quieren hacer el intento por el miedo que les produce el nuevo esquema de pensamiento que trastoca toda su heredada estructura mental.
El problema grave de esto es que mientras los individuos con esquemas tribales se adaptan pueden pasar muchas décadas o incluso siglos, durante los cuales se seguirán proponiendo soluciones de corte socialista e intervencionista que harán mucho daño a la nueva sociedad extensa hasta que las generaciones venideras adapten su biología mental al estado actual de la sociedad. En cierta medida diríamos que el ser humano no es capaz de entender su gran obra y se revela contra sí mismo en el espejo, siendo tan inútil como peligroso. Hayek cita al filósofo español Ortega y Gasset: “humanity should soon appear anxious to get rid of… so noble an attitude, so paradoxical, so refined, so antinatural … a discipline too difficult and complex to take firm root on earth”, en Hayek (1982), p.147.

[12] Hayek (1982), p.146.

[13]En su obra La Fatal Arrogancia Hayek destilaba la misma idea aunque expresada de manera ligeramente diferente: “Hence I wish to concede forthwith that most tenets, institutions, and practices of traditional morality and of capitalism do not meet the requirements or criteria stated and are -from the perspective of this theory of reason and science – ` unreasonable’ and `unscientific’. Moreover, since, as we have also admitted, those who continue to follow traditional practices do not themselves usually understand how these practices were formed or how they endure, it is hardly surprising that alternative justifications’, so-called, that traditionalists sometimes offer for their practices are often rather naive (and hence have provided fair game for our intellectuals), and have no connection with the real reasons for their success. Many traditionalists do not even bother with justifications that could not be provided anyway (thus allowing intellectuals to denounce them as anti-intellectual or dogmatic), but go on following their practices out of habit or religious faith. Nor is this in any way `news’.

(…)So, priding itself on having built its world as if it had designed it, and blaming itself for not having designed it better, humankind is now to set out to do just that. The aim of socialism is no less than to effect a complete redesigning of our traditional morals, law, and language, and on this basis to stamp out the old order and the supposedly inexorable, unjustifiable conditions that prevent the institution of reason, fulfilment, true freedom, and justice». Ver Hayek (1988), p.70.

[14]  Hayek (1982), p.147.

[15] Hakek (1982), p. XXX.

[16]Juan Ramón Rallo en su libro “Una revolución liberal para España” nos dice que “la mayor parte de los individuos ha terminado creyendo que un sector público gigantesco resulta imprescindible para disfrutar de una sociedad cada vez más libre y próspera”. Y continúa Rallo: “los ciudadanos piensan que no pueden vivir sin el Estado y en gran medida lo piensan porque desconocen cómo vivir sin el Estado”, ya que “conforme el Estado ha ido creciendo a costa de la sociedad, los individuos han ido olvidando cómo vivir sin el Estado”, pág. 11 de Rallo (2013). En definitiva, Rallo explica en su obra la variada oferta del mercado ofreciendo servicios de todo tipo, en la actualidad en diferentes puntos del planeta y en el pasado histórico reciente, en torno a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando las sociedades eran verdaderamente potentes y dinámicas.

[17]Siendo cierto que existe una minoría de ciudadanos, entre ellos los libertarios que podrían no sentirse representados por ese texto, la inmensa mayoría de la población de los países aprueba y valida su constitución.

[18]Contar que la gente reclama que los programas de los partidos políticos sean un verdadero contrato vinculante reclamable ante un tribunal, pero esa gente no se da cuenta de que esos programas sencillamente no pueden cumplirse porque son imposibles, no porque simplemente sean complicados como dicen los políticos sino literalmente imposibles: no se puede hacer feliz a la gente por ley, por mucho que la idea del contrato social plasmado en la socialdemocracia (socialismo light) o comunismo (socialismo duro) le digan a la gente que se puede conseguir.

[19]El intervencionismo de baja intensidad que representa la socialdemocracia no es ajeno a las críticas contra el más puro dirigismo económico. La diferencia en la imposibilidad teórica entre el comunismo y el estado del bienestar es de grado únicamente, una colapsara antes que la otra pues el grado de control es mayor.

[20] Estos países son realmente intervencionistas en lo que se refiere a la redistribución de la riqueza pero bastante liberales en su fase de creación, es decir, montar una empresa, contratar y despedir trabajadores, crecer y generar gran riqueza es fácil, por ello existen multinacionales como Ikea o Nokia (en su época dorada de los años 90) pero posteriormente los impuestos a la renta son muy elevados por lo que el estado es capaz de proveer aquellos servicios típicos del estado del bienestar a sus ciudadanos. Parece que aquí el contrato entre estado y ciudadanos se cumple.

[21] Decía Ronald Reagan que el objetivo de toda política social debería ser desaparecer en algún momento. La política social estatal no tiene sentido por si misma sino en función del objetivo que dice cumple. Podría ser considerada, benévolamente, como una solución estatal a la pobreza pero anhelando que la misma desaparezca eventualmente, dejando con ello de ser necesaria al existencia misma de la política social.

COMENTARIO AL CUARTO CAPÍTULO DEL LIBRO THE MYTH OF NATIONAL DEFENSE, DE HANS-HERMANN HOPPE Wednesday, Jun 25 2014 

Trabajo sobre el cuarto capítulo del libro THE MYTH OF NATIONAL DEFENSE, de Hans-Hermann Hoppe, correspondiente a la asignatura  LA DEFENSA Y LA SEGURIDAD PRIVADA COMO ALTERNATIVA EFICIENTE AL SECTOR PÚBLICO, del Máster Oficial en Economía de la Escuela Austriaca, de la Universidad Rey Juan Carlos, Madrid.

 

INTRODUCCIÓN

En este trabajo vamos a estudiar el libro “The Myth of National Defense” editado por el economista y filosofo austrolibertario Hans-Hermann Hoppe. Dado que se nos ofrecía la posibilidad de elegir entre uno de las cuatro secciones que lo fundamentan, personalmente me sentí atraído por la última, la dedicada a las aplicaciones prácticas de la teoría sobre defensa privada. Y es que generalmente, a los libertarios se nos acusa de ser tremendamente teóricos en los argumentos, perdiendo a veces el contacto con la realidad o al menos no formulando propuestas concretas que puedan ser llevadas a cabo con relativa facilidad y que supongan las prueba definitiva de la viabilidad de las propuestas. A pesar de lo dicho también recalcaré la calidad de la obra en su generalidad pues he leído otros de los artículos presentes en otras secciones y destaco sobremanera los de Kuehnelt-Leddihn y Stromberg1. Sumamente sugestivos ambos.

Los nombres de los autores de este capítulo, Walter Block, Has Hoppe y Guido Hulsmann también me animaron a decidirme por este capítulo. En particular tenía mucho interés en conocer el trabajo de Hoppe pues a mi entender, y desde mi modesto conocimiento, ese paper siempre ha sido conocido y reconocido por representar la más clara exposición de lo que una sociedad anarcocapitalista desde el punto de vista de la defensa y la seguridad sería. No en vano sus ideas de agencias de seguros ofreciendo servicios de seguridad puede ser nombrado como la idea mainstream dentro del pensamiento libertario. Además, ideas como la de poder excluir a los malhechores de la civilización mediante deportaciones a territorios no propiedad de nadie, a saber, los polos o el desierto, han sido celebradas por el propio profesor Huerta de Soto en su seminario.

El primer artículo de Walter Block es quizá el más puramente económico por cuanto se concentra en atacar conceptos arraigados de la ciencia económica mainstream tales como las externalidades y los bienes públicos. Quizá ni un argumento ni el otro sean adecuados en términos generales y menos para ser aplicados al sector de la defensa.

Por su parte Hoppe desarrolla en sus poco más de tres decenas de páginas lo que viene siendo la idea retenida en el imaginario colectivo libertario sobre cómo habría de desarrollarse una sociedad anarcocapitalista, mediante el surgimiento de agencias de seguridad privadas en competencia.

Y finalmente el economista alemán afincado en Francia Guido Hulsmann expone el papero menos económico de los tres y a mi entender más político, y tal vez, menos valioso de todos, no por su fondo, que es loable, sino por su temática, que yo entiendo un tanto demasiado imaginativa y constructivista2.

WALTER BLOCK DERRIBANDO MITOS MAINSTREAM SOBRE LOS FALLOS DE MERCADO

El trabajo de Block se estructura en tres partes muy claramente diferenciadas. Las dos primeras dedicadas a analizar las external­idades y los bienes públicos, así como la posibilidad de incluir la producción de seguridad y defensa entre ellas. La tercera parte se ocupa de desmontar la crítica de Randall Holcombe sobre que el estado es en realidad un club. Llegado el momento diré por qué esta tercera parte me pareció la más floja e innecesaria.

Tradicionalmente se ha clasificado la producción de defensa nacional como un típico ejemplo de externalidad y por lo tanto, desde el mainstream económico, la solución pasaba por la gestión directa por el estado. Aquí Block plantea como primer problema el de autoreferencia3. Dicho argumento, pudiendo ser válido pero me parece bastante vacío para argumentar profundamente desde el punto de vista de la teoría económica. Pero reconozco su validez lógica4.

Un problema del argumento de las externalidades es que se aplica a todo el mundo. En la región norteamericana, México o Canadá podrían tener incentivos a no protegerse porque tienen el paraguas de los EE.UU. Cubriéndoles pero no ocurre así sino que efectivamente también cuentan con sus propios sistemas de defensa superpuestos a los de su vecino. Este argumento del free-rider se suele aplicar a la subinversion por parte de empresas privadas pero esa misma teoría se podría aplicar al surgimiento de estados porque, en palabras de Block, “If I start a government, then according to this argument, it will benefit you; if you begin one, I will free-ride on it. Therefore neithe of us, that is, no one, will undertake this task. In other words, we ca use an argument, ostensibly proving the state necessary, to prove that, according to it, this institution could not arise5 Por lo tanto, o bien el argumento de las externalidades falla o falla en caso de estados, pero los propios defensores del argumento que es universalmente válido por lo tanto observamos que el argumento no es bueno.

Un fantástico argumento de Block consiste en mostrar la contradicción de los defensores de las externalidades cuando defienden la existencias de externalidades pero a su vez abogan contra el uso privado de armas. O sea, o bien el mercado no provee seguridad suficiente o por otro provee “demasiado” al estar gran cantidad de la población armada. O una u otra pero no las dos a la vez como argumento. En nuestra opinión es claro que el sector de defensa y seguridad no produce free-riders, muy al contrario se trata de un sector ampliamente desarrollado. Además, a modo de apunte, diremos que el coste de armarse es cada vez menor. Las nuevas impresoras 3D permiten que cualquiera, a muy bajo precio, pueda crearse su propia arma de fuego. Es más, esta incontrolada proliferación está preocupando a los mismos que defienden el argumento (fallido) de la subinversión privada.

Block pone el dedo en la llaga cuando defiende que, en caso de que alguien no quiera armarse para su defensa, no implica que sea un fallo de mercado sino que simplemente él decide que no quiere defenderse, no porque crea que el vecino va a hacerlo por él. Por tanto, que un legislador omnisciente venga a decirle que el óptimo social consiste en defenderlo a él también (cobrando impuestos) no parece muy respetuoso de la libre decisión de ese individuo.

La existencia de las externalidades roza límites absurdos pues, por ejemplo, una mujer bonita podría pedir el pago de una tasa a todos los hombres que disfrutaran viéndola pasar.

A continuación el autor se centra en el argumento de los bienes públicos, aquellos que se definen por ser no rival (si yo lo consumo no impido que tú también lo hagas) y no ser susceptibles de exclusión (no puedo evitar que otros lo consuman libremente). Tras leer este apartado queda claro que la cerrada clasificación que ensaya el mainstream de los bienes en rival/no-rival y excluible/no-excluible es como poco confusa. No existe casi nunca esa pretendida clara clasificación. Con agudeza demuestra Block que prácticamente todos los bienes podrían en algún momento ser reducidos a ser un bien público, al menos desde el punto de vista teórico, lo cual no cuenta con el respaldo de la vida real.

Desmonta muy hábilmente el autor el clásico ejemplo del faro como bien público. Para Block no habría mayor problema para el farero pues la próxima vez que el mismo barco quisiera beneficiarse del servicio sin pagar apagaría la luz si no hay otro barco cerca. Si a pesar de ello el barco free-rider se colocara a la estela de otros barcos pagadores eso incrementaría el riesgo de colisión lo cual aumentaría las primas de seguro a pagar por el barco free-rider. Tampoco tendría clientes porque éstos verían como un peligro transportar su mercancía en ese barco. Y además, el hecho mismo de adaptar sus rutas a la de otros barcos sería costoso en términos de organización interna. Todos esos costes serían probablemente más elevados que el pago del servicio de faro por lo que finalmente el barco pagaría el precio.

En cualquier caso, las soluciones de mercado a los supuestos problemas de bienes públicos son variadas, tanto como libre sea el mercado para imaginar y descubrir nuevas soluciones como señala Kirzner o Huerta de Soto. Por ejemplo, si nos planteamos que la luz en la calle es un bien público podríamos argumentar que se podría simplemente privatizar la calle de forma que solo los usuarios de la misma (y sus invitados) pudieran usarla. El pago podría correr a cargo de los usuarios parcialmente junto con los comercios. No parece un gran problema imaginarlo. De hecho, lo más probable es que en un mundo privado fueran los comerciantes los primeros interesados en proveer luz para que los clientes paguen por su calle. Y cuando decimos luz nos referimos también a seguridad. Serían una asociación de comerciantes y residentes los que se ocuparían de mantener financiada la seguridad. En un centro comercial, por ejemplo, el promotor inmobiliario ya diseña el alquiler de los locales con un coste añadido para pagar la seguridad del edificio de forma que el propio mercado s estaría autorregulando una vez más. No hay más que ver la diferencia entre un parque privado y uno público para ver donde un usuario se siente más seguro.

Pone el acento el autor en la actuación de la policía de la misma forma en que también lo hace Hoppe. Ambos autores claman la falta de incentivos de la policía estatal de servir realmente al ciudadano pues su sueldo no depende de la gente directamente. En eso el departamento de policía responde a los mismos incentivos que cualquier otro departamento público como bien anunció la Escuela de la Elección Pública. En efecto, la policía pública siempre tiene incentivos a aumentar su presupuesto en lugar de disminuirlo como consecuencia de un buen servicio que elimine a criminales de las calles.

Acaba este argumento Block enunciando que la seguridad sí es un bien rival puesto que no es lo mismo la producción de seguridad necesaria para una persona que para 1000. Si se piensa en términos exclusivos de ataque a gran escala tipo nuclear entonces sí podría tener sentido pensar en gigantescos escudos nucleares pero la realidad nos ha demostrado que ni siquiera en el momento de mayor tensión durante la Guerra Fría, la crisis de los misiles de Cuba, se llego a ese extremo por sus desproporcionadas consecuencias. Y no parece que en el siglo XXI nadie vaya a lanzar ataques indiscriminados a escala nacional. Por lo tanto, todo ataque será a nivel más pequeño, seleccionando objetivos. Ya lo hacen los propios EE.UU, que viraron su política militar de ataque a países enteros por una de ataque selectivo vía drones. Y los propios terroristas no atacan países enteros sino objetivos concretos, los cuales sí son más fácilmente controlables en términos de exclusión del no pagador del servicio.

El último apartado lo dedica Block a desactivar la teoría desarrollada por James Buchanan para el gran público y especialmente Randall Holcombe entre los libertarios minarquistas. Personalmente no veo la razón por la que dedicar 10 páginas a desmontar la teoría de los clubes porque no se sostiene por ningún lado. Yo no me voy a detener en exceso. Solo diré que en ningún caso se puede considerar al estado como un club porque nunca he solicitado formar parte de él y tampoco puedo darme de baja cuando quiera. No existe comparación posible con un club privado. Es por ello que no entiendo por qué Walter Block dedica tanto espacio a atacar cada uno de los pequeños subargumentos de Holcombe.

HULSMANN Y LA SECESIÓN

Guido Hulsmann realiza un estudio posibilista pero nada realista sobre como la secesión de territorios sería una buena estrategia liberal para implantar zonas más libres que aquel estado del que se secesionan.

Para comenzar el autor diferencia entre relaciones hegemónicas y contractuales. Las relaciones hegemónicas son aquellas que típicamente mantiene el estado respecto de sus ciudadanos, no voluntarias y desiguales en virtud de las cuales el estado decide unilateralmente y el ciudadano no puede negarse. Por contra, relación contractual sería aquella entre iguales que acuerdan un intercambio voluntariamente. Pues bien, una secesión sería una ruptura de un vínculo hegemónico. Por lo tanto debemos entender el término secesión en un sentido amplio de insumisión, rebelión contra el estado, no como un acto independentista de corte exclusivamente nacionalista que busque la instauración de un nuevo estado. Decimos esto pero una de las grandes pegas que le haremos a Hulsmann es que precisamente el secesionismo que se practica en el mundo en sentido estrecho, no en el sentido amplio que emplea el autor.

Hulsmann plantea a partir de aquí un ejercicio de estrategia libertaria sobre cómo el cree que podrían crearse islas/manchas liberales que exitosamente se secesionen de un estado e implanten un régimen de libertad. Este planteamiento, a mi entender, tiene más relevancia para la táctica política que para saber si una sociedad libertaria funcionaría.

En este sentido me parece mucho más valiosa la teoría del desprendimiento6, de Toni Mascaró. Plantea Mascaró en su artículo que la gente se vaya cada vez haciendo más independiente del estado en diferentes áreas mediante la suscripción de un seguro de salud privado, educando a los hijos en casa o en escuelas privadas, por supuesto no trabajando para el estado, arreglando un seguro de pensiones privado, utilizando monedas alternativas, evadiendo impuestos, etc., de forma que vayamos alejándonos del estado en todas las facetas posibles. Ese desprendimiento, como táctica liberal, es mucho más interesante que la secesión por la que aboga Hulsmann.

Las ideas de Hulsmann tienen un ligero aire a la teoría del nacionalismo liberal7, de Huerta de Soto, en virtud de la cual el independentismo de corte nacionalista podría tener consecuencias liberales por cuanto un mayor número de unidades políticas y de menor tamaño tenderían a ser más respetuosas con la libertad individual. El propio Hulsmann alude a esta idea cuando menciona la situación altamente compleja de la Europa medieval en la cual existían una miríada de territorios independientes y poderes superpuestos, todos ellos controlándose mutuamente.

La idea de Hulsmann sobre la secesión propiamente dicha es la de un grupo de individuos, supuestamente liberales, que deciden levantarse en armas contra el estado. Dicho grupo de individuos se organizan en forma de milicia no profesional y con el apoyo mayoritario de la población del territorio emprenden una lucha armada contra el ejército del estado del que se secesionan. Contra ese ejército regular emplearán la táctica de la guerra de guerrillas. Finalmente, debido a una serie de razones que Hulsmann intenta describir sin ningún apoyo estadístico histórico más allá de citar algunos casos salteados, todo ellos, por cierto, de mal recuerdo para el liberalismo como el propio autor remarca, tal como la revolución cubana. Pues finalmente, tras la victoria Hulsmann imagina/supone que de ahí saldrá un régimen liberal pero él tampoco lo tiene muy claro pues no encuentra ejemplos de secesionismo belicoso liberalmente triunfadores.

En definitiva, lo que explica Hulsmann no tiene que ver con la producción de de seguridad en una sociedad libre como hace Hoppe sino de una estrategia para llegar (militarmente) a una situación de independencia del estado. Pero es que esta cuestión no tiene per se nada de liberal. Es más, como él mismo se da cuenta son casi siempre movimientos de izquierdas los que han llevado a acabo estas tácticas. ¿Qué se puede sacar de ahí sobre cómo esas estructuras secesionadas se convertirían en sociedades libres? Nada porque el autor no llega a ese punto de la argumentación, el cual sería más interesantes, sobre cómo esas unidades secesionadas surgirían sociedades libres con capacidad de defensa de los enemigos externos, sobre todo del estado desgajado. Una gran interrogante nos deja Hulsmann.

Para un español resulta especialmente llamativa esta argumentación porque la guerra de guerrillas es un invento español, como bien apunta Hulsmann, en la Guerra de Independencia de la Francia napoleónica. Nos dice el autor que ese el primer ejemplo de este tipo exitoso de guerra. Cierto, pero se le olvida decir que aquellos españoles se batieron contra los franceses para poner en el trono al grito de vivan las caenas al que posiblemente ha sido el peor rey de la historia española. Es que es este el punto que Hulsmann no acaba de entender. El secesionismo por la fuerza suele estar ligado a la izquierda por ser mucho más visceral que el liberalismo. Es casi imposible imaginarse revolucionarios liberales enfundados en trajes militares de camuflaje. No es el estilo del liberalismo. Es por ello que en Cuba fueron comunistas los revolucionarios, el Viet Cong era comunista también y el Frente de Liberación Palestina también es izquierdista. Ojo, nadie cuestiona que no sean métodos de defensa exitosos, que lo son, pero simplemente no son liberales.

Si uno quiere saber cómo se llegará a la secesión más o menos radical de una sociedad liberal resulta más relevante emplear la teoría del desprendimiento y leer a los anarcocapitalistas agoristas como Konkin III y Neil Schulmann que defienden la práctica de la contraeconomía. Y más recientemente las actividades del libertario estadounidense Adam Kokesh también son interesantes. Todo eso está bien pero repito, nada tiene que ver con el objetivo de un paper editado en este capítulo del libro dedicado a aplicaciones prácticas de la defensa privada y seguridad privadas. No olvidemos además, que hay otro artículo en el libro, el de Stromberg, dedicado a la cuestión de las guerrillas con mucha más profundidad, a mi juicio. Quizá, después de todo, no sea un problema de Hulsmann sino de Hoppe por una mala edición.

Finalmente, para ser honestos con Hulsmann, diré que en el último apartado “Military Effectiveness of Private Warfare” sí expone ideas interesantes sobre por qué la guerra privada tiene más posibilidades de ganar frente al ejército público por cuanto el ejército es burocrático, jerarquizado, no sienten el conflicto tan personalmente como los guerrilleros, etc. Solo en las dos últimas páginas menciona algo parecido a las agencias de seguridad post-secesión relacionadas con las de Hoppe. Pero sin mayor desarrollo ni novedades.

HANS HOPPE Y SU CLÁSICO MODELO DE DEFENSA PRIVADA

Alterando el orden del libro vamos a finalizar el análisis con Hoppe pues su artículo es sin duda el más relevante del capítulo y marca en buena medida los desarrollos más modernos del anarcocapitalismo. En tanto Hoppe es a mi entender el teórico que más y mejor ha trabajado las cuestiones de ley, defensa y seguridad privadas además de editor de la obra que motiva este ensayo, quiero hacer un análisis más extenso de sobre qué podemos extraer de su pensamiento al respecto.

Para Hoppe la solución a los conflictos sociales desde la perspectiva libertaria es lo que él denomina una sociedad de ley privada en la cual cada institución o agente interviniente en el mercado esté sujeto a las mismas reglas éticas de respeto a la vida, libertad y propiedad de los demás. No existe un derecho público que garantice derechos y/o privilegios para ningún actor. A nadie le está permitido hacerse con bienes mediante otro medio que no sean la apropiación original, la producción o el intercambio voluntario. Nadie tiene derecho a expropiar, robar o imponer tributos sobre nadie. Nadie puede evitar que otro lleve a cabo cualquier tipo de producción de bienes y servicios con sus propios medios. En otras palabras, no existen monopolios de ninguna clase.

Específicamente sobre el problema que estamos tratando, en una sociedad de ley privada también se lleva a cabo mediante procedimientos privados libremente financiados. Estaríamos hablando de agencias de seguridad, de seguros e incluso de arbitraje. Así, aunque sería jugar a constructivismo imposible el predecir cómo funcionaría este modelo anarcocapitalista que nunca se ha dado en el mundo moderno, sí que podemos bosquejar su modelo.

En un sociedad compleja la autodefensa jugaría una función residual. Todo individuo tendría derecho a autodefenderse mediante la posesión y uso de todo tipo de armas8. Este derecho es sumamente poderoso para garantizar la independencia de los territorios respecto de invasores9.

Pero como en casi nada en la vida actual el servicio de seguridad y defensa no sería proveído por cada persona a sí misma, de la misma forma que no nos fabricamos nuestra ropa, ni producimos nuestro alimento ni teléfono móvil. Habría efectivamente un extenso y complejo mercado de seguridad y defensa, que ya existe en la actualidad10 pero que se desarrollaría enormemente. Surgirán múltiples agencias en el mercado especializadas en seguridad y competirán entre ellas por conseguir clientes voluntariamente. Habría compañías de policía y militares para garantizar la seguridad contra enemigos internos y externos; de seguro, que se encargarían de garantizar la viabilidad financiera del sector, y de arbitraje, que tomarían la posición de nuestros actuales tribunales estatales.

El estado opera bajo ese halo de legitimidad falsamente construido que le permite operar sin que se sepa qué hace ni cómo ni a qué precio porque no hay contrato que nos ayude a clarificar la situación. Situación muy diferente a la de las empresas pues en una relación contractual se especifica las propiedades de cada persona susceptibles de ser protegidas, los servicios que se proveerán, lo que ocurrirá en caso de no estar satisfecho con el servicio ofrecido y por supuesto, el precio a pagar por todo ello. Si no estuviera todo esos detalles claramente descritos en el contrato o una empresa no quisiera ofrecerlo, dicha empresa no tendría un solo cliente. Las empresas darían además una gran estabilidad social pues dado que existe un contrato, aquéllas no podrían unilateralmente cambiar los términos del mismo, como si hace el estado modificando la legislación penal, por ejemplo, haciendo ilegales hoy actos que ayer no lo eran, y viceversa.

Una parte importante en el desarrollo crítico del anarcocapitalismo a este nivel es describir, siquiera someramente, qué ocurriría cuando surjan conflictos entre el protegido y la agencia de seguridad, el asegurado y la aseguradora, y el juzgado y el árbitro. Así como entre las diferentes agencias entre sí también surgirían problemas. ¿Cómo los resolverían, pacíficamente o violentamente? Los defensores del estado y de la naturaleza hobbesiana del ser humano dirían que sin un ente superior automáticamente el desacuerdo se tornaría en violencia irreconciliable. En cambio parece más factible pensar que ningún usuario de dichas agencias firmaría un contrato que no informara de los medios de solución de conflictos a emplear en caso de divergencia pues tal circunstancia colocaría en en situación de absoluta incertidumbre a asegurados y aseguradores, lo cual se evitaría a toda consta.

Parece evidente pues que las agencias de seguridad serán capaces de proveer unos contratos completos y, desde luego, evitarán todo tipo de zona gris par ano ahuyentar posibles clientes. La solución descrita debe venir en la forma de cláusula contractual que indique qué tercero imparcial resolverá la disputa. Ese tercero debe a su vez ganarse la confianza de las agencias de seguridad y seguros, y de los clientes de éstas, para que puedan hacer negocio. Si sus laudos se consideran injustos nadie contratará sus servicios. Vemos ahí cómo vía contratos el mercado se autocorrige pues solo serán capaces de sobrevivir aquellos árbitros que sean capaces de llegar a situaciones mutuamente beneficiosas.

Como en cualquier otro área regida por el mercado libre, los precios tenderían a caer conforme la calidad aumenta. Esto haría que los servicios de seguridad serían cada vez más asequibles por los ciudadanos, que a su vez disfrutarían del poder de elección que ya disfrutan a la hora de comprarse un coche, ropa o alimento. A sensu contrario, bajo el régimen monopolístico actual el precio sube continuamente como vemos en el presupuesto público financiado con impuestos, mientras que la calidad desciende más y más, siendo en España el sector de la seguridad ciudadana uno de los más contestados en los últimos tiempos por los propios “asegurados”, que en realidad no son más que víctimas cautivas.

Otra vertiente a observar es la capacidad del mercado de asignar recursos guiado por el sistema de precios. El mercado decidirá cuánto se quiere gastar la sociedad en seguridad en relación a otros sectores que pugnan por los recursos, es decir, el mercado nos dirá con exactitud casi milimétrica si los consumidores quieren una nueva patrulla de policía en su barrio o un nuevo televisor para su casa, eliminando por lo tanto las desviaciones hacia la sobre o infra producción de las inversiones. Esto obviamente no pasa en el sector público, donde al carecer de las valiosas señales de los precios el gobernante estima en términos políticos, que no económicos, qué se hará con el presupuesto.

En lo que respecta a la calidad la mejoría también sería notable puesto que las agencias hacen depender su éxito en el negocio del bienestar de sus clientes. Sólo si un cliente se siente satisfecho del servicio prestado volverá a contratarlo en el futuro. Si por el contrario la empresa no cumpliera con lo que dijo, más allá de posibles discusiones legales, el usuario con seguridad no contrataría nuevamente con esa empresa. Ese ese mecanismo de autocontrol del mercado el que lo hace tan poderoso. Siempre es el cliente el que decide hacia dónde se mueve el mercado, y las empresas deben llevar el barco en esa dirección, utilizando el símil de Mises. Por su parte, la policía pública no responde ante los ciudadanos directamente porque cobra su sueldo vía impuestos, es decir, independientemente de si el ciudadano está satisfecho o no de sus servicios. E incluso la policía pública, como cualquier otro departamento público debe su existencia a la reclamación política de más impuestos para dar un buen servicio conforme a un presupuesto creciente cada año. Acabar con todos los criminales sería pegarse un tiro en el pié. Mientras que en el mercado las empresas siempre compiten por acabar con un criminal más.

Aspecto importante es el del resarcimiento de la víctima pues para el estado es absolutamente secundario mientras que para las agencias es clave. El estado no tiene programado en su actuar la compensación a la víctima a la que se supone debía proteger pero falló. Y más flagrante si cabe es la existencia misma de las cárceles como las entendemos hoy en día pues la victima paga vía impuestos la vida, incluso cómoda, de su propio agresor durante la pena de prisión. En el ordenamiento privado los criminales condenados tendrían como objetivo el resarcimiento de la víctima y para ello deberían trabajar y ganar lo suficiente como para compensar el daño causado. Serían las agencias las que acordarían la mejor forma de restitución para que su cliente finalmente obtenga lo que se le debe acorde al laudo arbitral. Las agencias por ejemplo podrían establecer que el criminal trabajara a través de una división de la agencia dedicada a emplear a los criminales y hacerles pagar su pena.

Si se presentara el caso en que el criminal no fuera atrapado entonces un árbitro podría condenar a la agencia de seguridad al pago de una indemnización por mal servicio, de cuyo pago se encargaría el seguro. Es claro que esta situación es financieramente indeseable por lo que las agencias tendrían un enorme incentivo a prestar adecuadamente el servicio, evitando así costosísimas indemnizaciones posteriores y pérdida de buena imagen en el mercado. El estado, sin duda, no va a indemnizar a la víctima del crimen por lo que no tiene incentivos a la prevención del crimen.

A resaltar es la labor claramente pacífica de la actuación de las agencias privadas en comparación con el estado. Las agencias tienen como objetivo maximizar el beneficio, hablando en términos neoclásicos, y para lo cual un conflicto, por no hablar de una guerra, es una pésima noticia puesto que su costo es altísimo. Por esa razón las agencias siempre preferirán llegarán a acuerdos en caso de conflicto antes que embarcarse en costosas guerras11 que les obligarían a subir las primas a su clientes, quienes cambiarían de empresa. Y en cualquier caso dichas intervenciones militares, de producirse, serían quirúrgicas, para minimizar el coste y el riesgo de dañar a quien no estaba involucrado, lo cual le traería costes y problemas añadidos. Por el contrario el estado, financiado con impuestos, no tiene ningún incentivo a la paz pues el político saca más tajada de una victoria militar que de una bajada en el presupuesto por causa de la inacción del departamento militar. Esto es lo que se llama externacionalización de costes sobre los ciudadanos. Y no hablamos de los costes evidentes de tipo monetario sino las posibles consecuencias bélicas de verse de lleno metido en un conflicto con un enemigo ajeno pero que pone en riesgo su vida y propiedades. Todos esos costes creados por la acción del estado son depositados en la espalda de los ciudadanos mientras que una agencia de seguridad los asume todos ella misma. La disparidad de incentivos parece clara.

Existe otra relevante razón para observar a las agencias como entes pacíficos, y es que no todos los riesgos pueden ni deben asegurarse. Esto implica que un seguro no puede cubrir las acciones voluntarias del asegurado que provoquen un daño a él o a terceros, solo los accidentes. Sería impensable que un seguro cubriera contra los daños provocados por alguien si ese alguien fue a su vez provocado inicialmente por el agredido. Por lo tanto dado que ese tipo de actuaciones atrevidas no serían protegidas los individuos que incurrieran en ellas deberían ser ellos mismos los que respondieran de los daños. Dado que eso ese enormemente costoso el individuo provocador dejaría de serlo pues internalizaría los costes de su acción. De esta forma vemos como el sistema de seguros fomenta el pacifismo y respeto a las normas cívicas de convivencia por parte de sus asegurados. Tomarse la justicia por la mano, fuera del procedimiento habitual, no sería aceptable en consecuencia.

Una diferencia enorme entre agencias y estado es la posesión de armas de la que hablábamos al comienzo de este apartado. Decíamos que la autodefensa sería minoritaria pero existiría y las agencias lo fomentarían pues parece lógico que una empresa de seguridad esté interesada en que su cliente sepa defenderse, ofreciéndole así una prima más baja.

En última instancia es reseñable la calidad de las leyes que proveerían las agencias en comparación al estado monopolista serían de mucha mayor calidad pues estarían también en competencia en el mercado lo cual las haría depurándose continuamente. No habría una única ley para todo un territorio sino que habría ligeras variaciones dentro de una coordinación. Dichas variaciones dinámicas permitiría a la ley adaptarse a las necesidades de sus protegidos y aplicar las mejoras legales según aparecieran. Como ya apuntamos antes existirían diferentes leyes conforme a agrupaciones sociales que reclamaran un tratamiento legal especializado. El caso de las religiones mencionado anteriormente sería uno de los casos más evidentes. Todo lo contrario del monopolio centralista de los parlamentos actuales.

Con agudeza apuntaba Hoppe en su paper, a aquí lo volvemos a resaltar, que las disparidades entre las leyes aplicadas a dos tipos de personas no pertenecientes al mismo ámbito de aplicación de ley deberían ser resueltas en un tribunal, que sería elegido de común acuerdo y conforme a las reglas del mercado se esforzaría por alcanzar el mayor acuerdo posible, contentando a todas las partes para poder seguir en el negocio. De las continuas interacciones entre empresas de seguridad, seguros y árbitros llegaríamos a una suerte de jurisprudencia interlegislativa que coordinaría procedimientos y normas de forma evolutiva de tal forma que los conflictos entre agencias se resolvieran cada vez más rápida y eficientemente.

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

1) Las alegaciones en favor del estatismo no resisten un análisis detallado. En particular las teorías de las externalidades y de los bienes públicos son, cuanto menos, confusas y muy probablemente erróneas. Parecen diseñadas para defender las intervención pública, más que para hacer ciencia con honestidad.

2) Bajo la administración monopólica estatal el sector de la defensa y la seguridad se ve envuelto en conflictos permanentes, injusticia e inestabilidad legal. Por el contrario en la sociedad de ley privada la paz, justicia y seguridad legal reinarán sin lugar a dudas.

3) Si alguna vez se practica una sociedad libre no será por medios violentos sino mediante una mezcla de divulgación, protesta civil y desprendimiento. Una vez se haya producido la independencia entonces sí se creará un mercado de defensa y seguridad altamente profesionalizado como describe Hoppe.

4) No debemos caer en el contructivismo liberal. Es cierto que la tentación de imaginar cómo sería esa sociedad de ley privada es grande y todo defensor de la libertad raramente rehuye la elucubración pero así deberíamos actuar. El anarcocapitalismo está tan lejos de ser realidad que todo lo que teoricemos corre el riesgo de ser terriblemente equivocado, probablemente por quedarse corto ante las maravillas que el mercado libre podría ofrecernos. Sea como fuere más vale ser cauto y simplemente bosquejar ideas conforme a aquello cuya existencia es incuestionable. Y lo que tenemos seguro es que hoy día ya existen empresas de seguros desarrolladísimas y financieramente capaces de sostener sistemas complejos, también tenemos empresas de seguridad privadas enormemente eficientes, sustitutivas de la labor del estado incluso en espacios típicamente públicos. Existen también empresas de defensa expertas en tácticas militares que no tienen nada que envidiar a los mejores ejércitos modernos. Por último también tenemos sistemas de arbitraje altamente funcionales que rigen, por ejemplo, el comercio mundial a gran escala con gran orden y concierto.

5) Si a todo lo anterior, elementos existentes en la actualidad, le sumamos nuestra experiencia histórica12 entonces la conclusión es evidente: hemos tenido seguridad, justicia y defensa privada en el pasado, existen parcialmente todas ellas en el presente, e indudablemente se desarrollarían como cualquier otra industria en la medida en que ese sector fuera liberándose de la apariencia de absoluta necesidad estatal.

BIBLIOGRAFÍA

ANDERSON, Terry. y HILL, Peter, The Not So Wild, Wild West.

BENSON, Bruce, Justice without State.

HOPPE, Hans-Hermann, Democracy, the God that Failed.

HOPPE, Hans-Herman, The Myth of National Defense.

LOTT, John, More Guns, Less Crime.

NOZICK, Robert, Anarchy, State and Utopia.

—————————————————————————————————————————————————–

1 En este caso fue el profesor Anxo Bastos de quien tomé inspiración directa a la hora pues él recomienda claramente en sus charlas la lectura del historiador político Kuehnelt-Leddihn. Por otro lado, en un intercambio con el propio profesor, éste reconoció cuán sugerente era el trabajo de Stromberg. Por mi parte confirmo que no se equivocaba en absoluto. Así, Kuehnelt-Leddihn nos muestra que uno de los peores resultados de la Revolución Francesa fue la exportación de la democracia a unos recién nacidos Estados Unidos y con ello el consecuente objetivo de los EE.UU. de convertir el mundo en un lugar más seguro a través de la expansión de la democracia por todo el orbe; y Stromberg por su lado argumenta agudamente como el hecho de que la práctica de los corsarios desapareciera se debió precisamente a que fue muy efectiva. Los oficiales marinos de carrera tuvieron miedo y se sintieron agraviados de la competición que los corsarios representaban, por lo que aquellas naciones con grandes flotas públicas querían asegurarse que las naciones más pequeñas no ponían en peligro su dominio de los mares mediante el uso de una alternativa privada menos costosa.

2 Cuando toque la hora de criticar las ideas de Hulsmann diré porque me parecen excesivamente imaginativas, llegando incluso a pecar de constructivista ingenuo. Defecto en que a veces caemos los liberales y del cual debemos aprender y evitar en aras de una mejor comunicación de las ideas.

3 If the whole point of the exercise is to protect the people against the violent incursions of others, how can this be attained if at the very outset the government does to them precisely what it is supposed to be protecting them from? That is, according to the logic of this externalities argument, the system is to defend them against aggression. How can this possibly be attained if the starts off the process by attacking them, e.g., by compelling them to pay for their protection, whether they wish to do so or not?, pág. 306. Es decir, ¿cómo va el estado a protegernos contra el robo si él mismo nos roba en primera instancia financiarse vía impuestos?

4 Ese mismo argumento es tradicionalmente empleado por Hoppe, quien a su vez lo rescató de su director de tesis doctoral en Alemania el filósofo Habermas. Suele decir Hoppe que en una discusión entre dos individuos, si uno argumenta que el otro no tiene derecho a su cuerpo es una contradicción porque el simple hecho de estar discutiendo/argumentando con él en lugar de asesinarlo, por ejemplo, demuestra que sí le está reconociendo propiedad sobre su propio cuerpo. Este contraargumento podría ser visto como la formalización de la más común hipocresía, es decir, decir una cosa pero hacer la contraria. Aquí observo una pega al argumento de Habermas. Si hay dos personas argumentando que la redistribución de la riqueza es necesaria, siendo una de ellas rica y egoísta mientras que la otra es generosa con su propio dinero entonces la falacia de Habermas solo podría oponérsele al rico de izquierdas que no reparte su dinero pero no al rico de izquierdas que sí lo hace. Por tanto nos parece que el argumento de Habermas es una falacia ad hominem pues no es universal sino que solo es válido para un sujeto pero no para el otro, diferenciando en base en su condición personal de egoísta o generoso, pero sin desmontar el argumento común a los dos sujetos de izquierda. Y lo mismo podría decirse del gordo que come hamburguesas sin parar y ataca la comida basura. En todo caso pensaríamos que esa persona en particular no es de fiar pero no que el argumento sea falso porque él lo defienda.

5Pág. 306.

6http://www.juandemariana.org/comentario/395/teoria/desprendimiento

7http://www.jesushuertadesoto.com/fronts/frontteoria.htm

8 El argumento en contra de la prohibición de las armas es como sigue. Dado que el estado es ineficiente en todo una prohibición legal no haría desaparecer las armas del mercado como no ha hecho desaparecer las drogas tras 100 años de war on drugs. Por lo tanto el resultado sería una sociedad en la que la gente buena no tendría armas mientras que los criminales sí las obtendrían en el mercado negro. El trágico y absurdo final de esa historia es fácil de imaginar.

9 Un ejemplo clásico es el del denominado salvaje oeste anaizado por Terry Anderson y Peter Hill en su popular obra The not so wild, wild West.

10 La cantidad de empresas de seguridad es sorprendente, algunas de ellas multinacionales con cientos de miles de trabajadores repartidos por todo el mundo como la sueca Securitas y la española Prosegur. Y en cuanto a empresas de defensa, o militares, también existe una amplia variedad, como por ejemplo la antigua Blackwater, ahora Academi, subcontrata del Gobierno estadounidense en la Guerra de Iraq, y tantas otras como DynCorp, KBR, y un largo etcétera. Se puede consultar un listado de ellas aquí: en.wikipedia.org/wiki/List_of_private_military_companies.

11 Robert Nozick en Anarquía, Estado y Utopía sostenía la opinión de que las agencias entrarían necesariamente en conflicto y harían surgir un estado mínimo, lo cual choca con nuestra argumentación de que el conflicto es caro e indeseable, y también lo es para los clientes, que no querrían ser usuarios de agencias conflictivas. En resumen, dichas agencias no cooperativas y pacíficas serían apartadas rápidamente del mercado por lo que nunca se produciría ese gran conflicto que hiciera nacer un estado a partir de dichas agencias. Incluso si no hubiera conflicto sino que se acordara un cártel, esto sería perjudicial para la agencia más eficiente, al tener que aliarse con la ineficiente competencia. Además existe una enorme tentación a romper el acuerdo como ha demostrado la teoría de juegos por lo que finalmente nunca se llegarían a producir esos acuerdos. Todo ello sin olvidad que una reducción y disminución de la cantidad y calidad de servicios tras la cartelización del sector seria una invitación al surgimiento o crecimiento de empresas más pequeñas hacia la cuales todos los usuarios se dirigirían.

12Bruce Benson en su Justicia sin Estado desarrolla cómo a lo largo de la Historia y por todo el mundo, han surgido tribunales privados que impartían justicia tan o más eficiente que el mejor de los tribunales públicos actuales.

Ensayo crítico del artículo Sobre la Producción de Seguridad, de Gustave de Molinari Wednesday, Jun 25 2014 

Trabajo sobre el artículo Sobre la Producción de Seguridad, de Gustave de Molinari, correspondiente a la asignatura  LA DEFENSA Y LA SEGURIDAD PRIVADA COMO ALTERNATIVA EFICIENTE AL SECTOR PÚBLICO, del Máster Oficial en Economía de la Escuela Austriaca, de la Universidad Rey Juan Carlos, Madrid.

PREFACIO

Antes de comenzar plenamente el comentario al artículo de Molinari me gustaría poner de manifiesto un hecho que creo claramente contradictorio en el prefacio de Rothbard, publicado en mayo de 1977, en relación a otro de sus artículos. Señala aquí Rothbard que “In contrast to all previous individualistic and near-anarchistic thinkers […] Molinari did not base the brunt of his argument on a moral opposition to the State. While an ardent individualist, Molinari grounded his argument on free-market, laissez-faire economics, and proceeded logically to ask the question: If the free market can and should supply all othergoods and services, why not also the services of protection?Esta afirmación, entendida en el contexto general de apreciación del artículo de Molinari, debe hacernos ver que Rothbard cree favorable, o al menos no despreciable, el hecho de que Molinari no defienda el mercado hasta sus últimas consecuencias por motivos éticos sino meramente utilitaristas, lo cual sería bastante honesto por parte de Rothbard. No parece muy adecuado cargar contra Molinari porque pensara que el mercado es utilitariamente mejor.

Hasta aquí todo bien sino fuera porque en otro artículo de Rothbard titulado “Do you hate the state?”, publicado en julio 1977, es decir, solo dos meses después, Rothbard argumentaba:

Let us take, for example, two of the leading anarcho-capitalist works of the last few years: my own For a New Liberty and David Friedman’s Machinery of Freedom. Superficially, the major differences between them are my own stand for natural rights and for a rational libertarian law code, in contrast to Friedman’s amoralist utilitarianism and call for logrolling and trade-offs between non-libertarian private police agencies. But the difference really cuts far deeper. There runs through For a New Liberty (and most of the rest of my work as well) a deep and pervasive hatred of the State and all of its works, based on the conviction that the State is the enemy of mankind. In contrast, it is evident that David does not hate the State at all; that he has merely arrived at the conviction that anarchism and competing private police forces are a better social and economic system than any other alternative. Or, more fully, that anarchism would be better than laissez-faire which in turn is better than the current system. Amidst the entire spectrum of political alternatives, David Friedman has decided that anarcho-capitalism is superior. But superior to an existing political structure which is pretty good too. In short, there is no sign that David Friedman in any sense hates the existing American State or the State per se, hates it deep in his belly as a predatory gang of robbers, enslavers, and murderers. No, there is simply the cool conviction that anarchism would be the best of all possible worlds, but that our current set-up is pretty far up with it in desirability. For there is no sense in Friedman that the State –any State – is a predatory gang of criminals.

En otras palabras, Rothbard critica que el anarcocapitalista David Friedman lo sea por motivos utilitaristas mientras que pone en valor su propia obra e ideología por ser iusnaturalistas. No vamos a criticar aquí una posición u otra sino simplemente poner de manifiesto lo que nos parece una flagrante inconsistencia en su argumentario en apenas dos meses de diferencia.

COMENTARIO

Vayamos ya sí al comentario del artículo sobre la producción de seguridad de Gustave de Molinari. El autor opta por realizar un análisis partiendo desde el principio, literalmente, explicando los fundamentos del ser humano y sus motivaciones en sociedad. Esa forma de argumentar se parece mucho a la praxeología desarrollada por Mises en La Acción Humana, quien comenzando desde el axioma de que el ser humano actúa es capaz de desarrollar un corpus teórico económico completo.

Comienza Molinari describiendo las pulsiones humanas a relacionarse en sociedad y cómo llega ésta a formarse. Señala a continuación que entre las necesidades humanas, una de las más básicas es la seguridad personal. Este esquema de pensamiento es netamente austriaco, siendo muy reconocible la economía de medios y fines que estableció Menger unos años después.

Por lo tanto, nos encontramos con que la seguridad es estrictamente necesaria y debe ser proveída de alguna forma por alguien o algo. Históricamente, y en términos generales, la figura del estado protector ha emergido con facilidad en base a esta justificación. El gobierno, forma básica del empleo del poder físico sobre un grupo, ha existido siempre, desde las tribus primitivas hasta la actualidad. De esta forma el gobierno se convierte en atávico pues desde el principio de los tiempos su presencia ha sido permanente y en buena medida se adapta a los recientes estudios en el campo en psicología evolutiva que señalan que el ser humano de hoy tiene mucho de aquel ser de las cavernas, temeroso, con razón, de los peligros que le acechaban y ante los cuales no quedaba más opción que la agrupación y la mutua protección. De ese caldo de cultivo es fácil colegir como uno o varios individuos más inteligentes, fuertes o, posteriormente, mejores comunicadores, son capaces de crear un poder fáctico sobre los demás y llegar posteriormente a legitimarse1.

Para Molinari la sociedad es un orden espontáneo de tipo hayekiano, la cual no ha sido creada expresamente por ningún agente externo sino que se teje a sí misma de forma autónoma y coordinada. Ese orden extenso al que llamamos sociedad no tiene por qué pensarse en términos estrictamente buenistas, es decir, la violencia entre individuos es natural pues no todo el mundo conocer y/o respeta los derechos del otro. Es en ese marco que Molinari inserta su necesidad de existencia de uno o varios proveedores de seguridad.

La premisa de partida es que el mercado es capaz de proveer cualquier tipo de bien o servicio de forma más barata y mejor que el proceso coercitivo protagonizado por el poder público. Por ende, si todo bien o servicio se somete a esta ley, no hay razón para pensar que la producción de servicios de seguridad no pueda caber para el paraguas de la libre competencia.

Clama Molinari que el gobierno no debería interferir si agentes privados quisieran ofrecer libremente servicios de seguridad a los ciudadanos en régimen de competencia de mercado pero evidentemente dicho enunciado choca frontalmente con la idea primigenia del estado como único legitimado para actuar en un territorio dado y sobre una población determinada.

Lo que le extraña al autor, como a los posteriores pensadores anarcocapitalistas como Walter Block o Hans Hoppe es por qué se asume sin más análisis que el estado deba proveer en régimen de monopolio este servicio. ¿De dónde viene este pensamiento? ¿Por qué no se cuestiona si quiera? A eso se dedica el economista franco-belga en su paper.

Realmente el autor tiene razón, pues desde un punto de vista meramente de observador objetivo no hay nada que a priori nos impida concebir una seguridad privada, por ello, la marcada excepción que existe en nuestra sociedad contra este mercado en particular resulta curiosa cuanto menos. Nos dice Molinari que las leyes, entendemos que derivadas de axiomas à la Mises, nos conducen a saber que el principio de división del trabajo es necesariamente bueno en todo tiempo y lugar, equiparando leyes económicas a leyes naturales como la gravedad, no hay lógica alguna en la negación o suspensión temporal de tal principio. En cualquier caso, o el mercado funciona siempre o no lo hace nunca y se aplica la producción comunista.

Constata Molinari que la población en general acepta la monopolización del sector de la seguridad sin poner oposición cuando dicha aceptación no se produce en casi ningún otro sector, en los cuales se admite la existencia de partes importantes de mercado.

A continuación traza una de las líneas más claras con la teoría de Rothbard sobre monopolio. Para Molinari “todo monopolio se ampara necesariamente en la fuerza”, lo cual calca la definición de monopolio rothbardiano según la cual en un mercado libre, sin estado ni coacción de ningún tipo, la cantidad de oferentes no implica una posición de dominio pues aunque solo hubiera uno, si ese uno no tiene el poder de impedir que otro entre en el mercado, nunca será un monopolio como se entiende comúnmente. Por el contrario, si existe la capacidad de impedir por la fuerza que otro agente ofrezca el bien o servicio entonces efectivamente estaremos ante una posición de monopolio. Esa fuerza a la que Rothbard y Molinari aluden no es otra que la del estado. Por lo tanto, el estado es monopolista en el mercado de producción de seguridad porque impide que otros empresarios ofrezcan sus servicios. El estado, aunque modernamente se pretenda autolegitimar de formas más sofisticadas, en última instancia su verdadera legitimación reside únicamente en el empleo de la fuerza, es decir, en la opresión de los que osen competir contra su poder.

Menos acertada nos parece la idea según la cual “el monopolio siempre acaba por desaparecer, ya sea de manera violenta, o como resultado de una transacción amigable”. No existe bibliografía que soporte dicha afirmación. La única forma en la que cabe entenderlo, y es así como lo hace Molinari es en el sentido de simple cambio de régimen, pero que en última instancia no afecta a nada sustancial, el estado, monopolista de la fuerza, no desaparece. Muy al contrario parece claro que la tendencia generalizada es hacia un mayor poder estatal desde hace 250 años.

En cualquier caso, asumamos la hipótesis del autor y pensemos ahora que el monopolio de los reyes acaba, como así fue. ¿Qué ocurrirá después? Para Molinari, si el pueblo conquista el monopolio del rey se acabará imponiendo otro monopolio pero de otras características, en concreto la gestión socializada, que no es más que un tipo de monopolio, quizá más peligroso que el monopolio del rey, como bien ha mostrado Hans Hoppe en su Democracia, el Dios que falló.

Ante esta disyuntiva, no solo teórica sino también práctica pues ha ocurrido muchas veces a lo largo de la Historia, entre acabar con toda forma de monopolio o sustituirla por otra nueva, y peor, las sociedades de han encaminado todas hacia la socialización. Solo han diferido unos casos de otros en como de despótico se ejercía el monopolio, es decir, entre socialdemocracia y comunismo.

Lo que parece claro es que el proceso histórico es el que va desde el régimen de monopolio monárquico al del comunismo es un hecho, entendiendo el comunismo como la “gestión por el pueblo” de determinada industria. Dado que vivimos en una época en la que los estados democráticos de todo tipo se arrogan el monopolio de la seguridad entonces lo llamamos comunismo dentro de este sector. Por lo tanto es importante no confundir con la idea moderna, y posterior a Molinari, de estado totalitario comunista en el que todos los sectores son gestionados por el pueblo.

Lo que cabe preguntarnos es por qué este proceso sucede casi irremisiblemente, por qué el sector de la seguridad cae siempre en el comunismo tras pasar por la monarquía monopolística. La respuesta es directa es porque se trata de un servicio que cae muy fácilmente en monopolio, ya sea del rey o del pueblo. La realidad del demandante de seguridad es la debilidad mientras que el proveedor es fuerte. Uno tiene las armas y el otro no. Esa posición de partida absolutamente desequilibrada tiende a producir un solo resultado: quien tiene la fuerza tiende a dominar a quien no la tiene. Por lo tanto parece casi natural que el fuerte no respete al débil y se acabe imponiendo mediante el establecimiento de un monopolio (estado).

Señala acertadamente Molinari que ese poder monopólico en su territorio busca continuamente su desarrollo, que en términos de monopolio en este sector no es otra cosa que la expansión territorial mediante el ejercicio de la guerra. Como dijo muy certeramente Randolph Bourne “la guerra es la salud del estado”2. Esta idea fue corroborada por Hayek en su obra “Socialismo y Guerra”.

En este sentido la diferencia entre convertirse en monopolio de la producción de seguridad y de cualquier otro sector es evidente. Un hipotético monopolista de la producción alimentaria bien podría considerarse ultra poderoso pero nunca realmente peligroso. En cambio, el monopolista de seguridad y detentor único del poder de emplear la violencia sí es un sujeto con enormes incentivo para usar su industria para algo más que dar un servicio a los demandantes de seguridad.

En definitiva la evolución histórica condujo a que el monopolio de seguridad monárquico se impusiera y se extendió hasta que las masas se revelaron. Posteriormente el poder real se vio obligado a la negociación con las masas, de forma que se crearon parlamentos y otros instrumentos de moderación del poder e interlocución entre gobernante y gobernado. Pero esta situación acabó finalmente por explotar completamente, “un día los consumidores explotados de esta forma se insurreccionaron contra los productores.” Así, una serie de idas y venidas en el poder se sucedieron hasta que en el siglo XIX se sustituyó finalmente el monopolio del rey por el monopolio popular, la monarquía por el comunismo.

Si durante el periodo monárquico nos hacíamos la preguntar de por qué la producción de seguridad queda en manos del rey y no encontrábamos respuesta desde el punto de vista de los principios de libre mercado, ahora que nos encontramos en el periodo comunista nos volvemos a plantear la misma cuestión. O bien producimos la seguridad conforme a criterios de libre mercado o bien bajo el mandado comunista. Y es aquí cuando lanza Molinari la gran afirmación. “Comunismo total o libertad total, ¡he ahí la alternativa!” Y efectivamente así es, o el mercado funciona siempre mejor que el estado o no lo hace nunca, pero no depende de cada sector. Comunismo a la norcoreana o anarcocapitalismo, voilà las dos opciones reales que tenemos.

Ante semejante disyuntiva los economistas históricamente siempre se han pronunciado en favor del comunismo. Para Molinari la razón se encuentra en que aquéllos no comprenden la complejidad del mercado, del orden extenso hayekiano. No es baladí esta cuestión porque significaría, no que el mercado es concebido por la profesión como una solución inferior sino que ni siquiera llegan a comprender completamente dicha solución. Hayek y Huerta de Soto han incidido en multitud de ocasiones la falta de comprensión de los procesos de mercado por parte de los economistas actuales del mainstream así como por parte de los intelectuales. Todos ellos consideran que está a su alcance la capacidad de diseñar la ciudad conforme sus expectativas. Por aquí, el discurso de Molinari es completamente hayekiano.

Acomete Molinari la última etapa de crítica al comunismo con base a postulados absolutamente misesianos/huertianos pues se pone a discutir la imposibilidad del socialismo con base a la información que debería tener el dirigente benévolo solo está al alcance de un ser superior. De ahí que siempre se suela deificar a los poderosos gobernantes y éstos a su vez busquen la legitimidad en la figura de un dios, ya que el poder divino no se discute. Pero no se dan cuenta los defensores del monopolio que el rey está desnudo en el sentido de que no tiene ningún tipo de inteligencia sobre humana capaz de ver y entender las complejas relaciones sociales lo suficiente como para administrarlas a su antojo.

El comunismo se diferencia de la monarquía en su legitimación. La democracia popular ya no mira a Dios sino al propio pueblo, conquistador del poder y ejerciente del mismo, aunque sea por medio de organismos políticos de representación. El comunismo asume que la razón siempre puede organizar la sociedad, empleando el debate social como medio para descubrir soluciones, esto es, el asamblearismo. Pero pensar que la mayoría ha de tener necesariamente razón es una tontería. Nadie mejor que Brian Caplan ha puesto de manifiesto las debilidades de la toma de decisiones democráticas. La escuela de la elección pública también ha trabajado en este sentido. Otra critica que observa Molinari es la ética, que se entronca muy bien con la propuesta rothbardiana en el sentido de que los derechos del individuo son inviolables, no importa cuanta gente haya decidido democráticamente arrancárselos.

Un acontecimiento como son las revueltas contra el poder ponen de manifiesto que el origen de la legitimidad del poder monopolista, más allá de las vestimentas que pongamos sobre el poder para reforzar su autoridad, en realidad, ésta se sustenta en la violencia. Es por ello que cuando la población deja de creer en ese poder éste se autoafirma simplemente recurriendo a la violencia3. Lógicamente la consecuencia es evidente, en palabras de Molinari, “toda organización artificial conduce necesariamente al terror.”

Finaliza Molinari explicando el surgimiento y posible desarrollo de una sociedad anarcocapitalista partiendo desde el grupo de hombres libres que trabajan e intercambias a la sociedad más compleja en la que el servicio de seguridad es provisto privadamente mediante el surgimiento de empresas/agentes que llegan a acuerdos voluntarios con los consumidores. En ese sentido el autor no deja de mencionar la posibilidad del nacimiento de un nuevo estado a partir de esta sociedad libertaria. De hecho se puede considerar intelectualmente honesto la introducción de esta posibilidad en su análisis. No es vano esta es una de las grandes críticas que los minarquistas hacen a los anarcocapitalistas. ¿Qué o quién le impediría a un agente oferente de seguridad convertirse en monopolista con base a la misma crítica que antes habíamos hecho al surgimiento del estado? En cualquier caso, la idea de sociedad anarcocapitalista que tiene Molinari es la de empresas basadas en un territorio determinado dentro del cual son monopolistas (en el sentido no rothbardiano sino clásico). Siendo cierto que deja abierta la posibilidad a que los ciudadanos se muevan de un territorio al otro, esta forma de imaginar el anarcocapitalismo nos parece débil, arcaica y poco robusta.

CONCLUSIONES

Molinari se considera un economista avanzado y ha pasado a la historia del liberalismo por ser el primero en proponer que la seguridad ciudadana pueda ser proveída de forma privada. Su argumento en base a etapas lógicas es netamente praxeológico, de una premisa inicial descubre todo un corpus teórico lógico basado en el mercado. Hay mucho de Molinari en Rothbard indudablemente y se pueden reconocer elementos misesianos y hayekianos. Por todo ello su discurso tiene mucho de visionario, lo cual le ha llevado a influir en buena parte de la moderna Escuela Austriaca de Economía.

En el trabajo sobre El Mito de la Defensa Nacional tendremos la posibilidad de explorar una visión de la defensa y seguridad privada mucho más sofisticada que la de Molinari pues la suya tiene el mérito de ser la primera y darnos una intuición pero no se la pueda considerar como demasiado elaborada.

————————————————————————————————————————————————————————

1Muy ilustrativa es la reciente aportación del filósofo anarcocapitalista americano Michael Huemer quien se dedica a estudiar la forma en la que el poder se auto-legitima.

2El estado, monopolista de seguridad, entiende la guerra en una doble vertiente, interna y externa. En su vertiente interna la guerra contra su enemigo exterior, real o inventado, fuerza a los súbditos/esclavos/ciudadanos a hacer un sobreesfuerzo que, siendo temporal, acaba convirtiéndose en permanente de forma que el poder del estado tiende a crecer con las guerras. Y externamente la guerra la proporciona al estado la evidente posibilidad de expandir su poder territorial conquistando otros estados, incluyendo sus recursos y habitantes. Ambas vertientes por lo tanto suponen un fuerte incentivo del monopolista de la seguridad hacia la guerra exterior.

3Este proceso se puede apreciar perfectamente en Venezuela, donde los levantamientos sociales de febrero de 2014 han puesto de manifiesto que el poder autoproclamado democrático, abierto, social, etc. no ha dudado en tirar de la fuerza para reafirmarse.

Comentario a La Teoría Evolutiva de las Instituciones. La Perspectiva Austriaca, de César Martínez Meseguer Wednesday, Jun 25 2014 

Trabajo sobre el libro La Teoría Evolutiva de las Instituciones. La Perspectiva Austriaca, de César Martínez Meseguer, correspondiente a la asignatura ECONOMÍA Y EVOLUCIÓN. ANÁLISIS EVOLUTIVO DE LAS INSTITUCIONES SOCIALES, del Máster Oficial en Economía de la Escuela Austriaca, de la Universidad Rey Juan Carlos, Madrid.

1. Introducción

El presente trabajo sobre el libro del Profesor César Martínez Meseguer está estructurado en dos partes. Primero un resumen del contenido que nos ocupará el primer tercio del comentario. En esta parte iremos recopilando las ideas del autor. A lo largo del resumen iremos intercalando comentarios propios a la obra del autor mencionado temas que nos han gustado en mayor o menor medida así como puntos conexos que merecen la pena añadir al trabajo del profesor.

En la segunda parte acometeremos un comentario crítico a la obra que ocupará aproximadamente dos terceras partes del trabajo. En este apartado intentaremos una síntesis de la tesis de autor junto a un mayor énfasis en la función empresarial de Kirzner y Huerta de Soto, y también la visión del emprendedor de Schumpeter, siendo capaces de extender ese análisis a otras instituciones no analizadas por Meseguer tales como la división del trabajo, la contabilidad y la propia propriedad privada.

2. Resumen del contenido

La presente obra se encuentra claramente dividida en tres partes. Una primera que podemos llamar histórica que el autor emplea para trazar los posibles hilos evolutivistas en la historia del pensamiento, o lo contrario, es decir, autores cuya opinión era claramente contraria a las tesis defendidas por la Escuela Austriaca.

2.1) Primera parte

Desgraciadamente son una minoría en la historia del pensamiento como Meseguer nos demuestra. El primer pensador destacado por nuestro autor es precisamente favorable, o eso se intuye, a la idea del libro. Fue en Grecia, a pesar de que sus pensadores se preocuparon más de la administración que de la ciencia económica, donde encontramos algunos loables ejemplos como Jenofonte, autor que puede ser considerado generalmente como el primer economista, o al menos el primer economista en desarrollar un corpus teórico temáticamente variado. Demóstenes por su parte hablaba de un evolucionismo legal superior al derecho positivo.

Más relevante fue Heráclito, quien fue el primer filósofo en descubrir la idea de cambio. Él pensaba que existía cierto orden en el mundo sobre el cual se articulaba un permanente fluir, lográndose una armonía. Para Heráclito, bajo la apariencia de la estabilidad puede estar ocultándose un cambio, un flujo que puede estar escapando a la simple observación (p.34). La propia naturaleza sería un proceso sin fin y no caótico, no caleidoscópico a lo Shackle sino con cierto sentido a lo Huerta de Soto. Si bien es cierto que Heráclito pensaba que había una ley de destino inmutable y por ello le podemos tachar de historicista, aunque Meseguer lo exculpa parcialmente. Una idea interesante de nuestro autor es entender que la Escuela Austriaca sería una suma de Heráclito al cual le incorporamos el concepto de physis (instintos innatos). Los primeros autores contrarios a la tesis evolutiva fueron los sofistas griegos. Éstos, no incluyeron las normas consuetudinarias en su idea de physis para los cuales las dos únicas normas serían la búsqueda del placer y el dominio del más fuerte. Rechazaban toda norma, incluso la costumbre. Sócrates aparecía después y tan solo su modestia intelectual le podía asemejar a los austriacos. Por su parte Platón supone un gran paso atrás que aún perdura ya que para él la sociedad tiende naturalmente a la degeneración que solo puede ser corregida por el control administrativo férreo de una élite de ciudadanos entre los cuales estaba él, por supuesto. El siguiente en la lista fue Aristóteles, quien también anhelaba una sociedad reglamentada y dirigida, incapaz de concebir los órdenes espontáneos que la articulan. Finalmente en Grecia tenemos a los epicúreos y escépticos, quienes tampoco fueron conscientes de la formación espontánea de estructuras sociales complejas.

Un caso raro y positivo es el de un grupo de pensadores chinos enmarcados en el taoísmo. Los taoístas sí apreciaban el binomio de evolución y orden, dando un papel crucial al individuo al que lo circunscribe en su ámbito natural y social. Eran liberales por cuanto defendían un gobierno limitado y una sociedad liberada. Su líder espiritual fue Lao-Tsé y le acompañaron otros como Chuang-Tsé y Ssu-Ma Ch’ien. Hablaron de órdenes sociales espontáneos, gobiernos dañinos de la sociedad, función empresarial como motor del progreso.

En Roma no hubo grandes aportaciones positivas por parte de ningún autor en particular como los estoicos, pero sí que se desarrolló era gran corpus legal conocido como el Derecho romano y que tanbien reúne las cualidades del evolucionismo legal austriaco: normas históricas, respetadas y mejoradas con el tiempo, tanto es así que son el fundamento de buena parte de nuestro derecho actual, miles de años después.

A continuación pasamos a estudiar a los autores medievales, fundamentalmente religiosos y cuya aportación general fue negativa pues los postulados de aquella Iglesia católica distaban mucho del liberalismo y del evolucionismo. En aquel pensamiento cristiano no cabía ningún tipo de evolución, todo era estático y creado por Dios de una vez y para siempre. Por ejemplo, San Agustín fue un claro defensor del antievolucionismo y eso hace de sus proposiciones inútiles para entender que sus leyes eternas se fundamentan en la dinámica de lo evolutivo. Otro caso es el de Santo Tomás, quien buscó una síntesis entre dinamismo y estática pero sin mucho éxito. Diríamos que es un racionalista no extremo pues acepta que a esa ley natural se le mejoren elementos con el tiempo. Mucho más relevante que la aportación de Guillermo de Ockam y Escoto fue el surgimiento del llamado Derecho mercantil gracias al cual las viejas normas civiles se fueron adaptando a las nuevas necesidades del comercio (p. 65). Este nuevo Derecho es una fusión del Derecho romano más el canónico, desarrollado en las ciudades independientes fundamentalmente de Italia como Génova y Venecia. Ese incipiente derecho se basaba en los contratos, los cuales debían ser respetados para alcanzar la prosperidad que luego se observó en el Renacimiento. Y en particular tenemos un espléndido ejemplo de florecimiento del pensamiento renacentista en España con la afamada Escuela de Salamanca, autores que como Luis de Molina supieron distinguir entre lo natural y lo artificial para establecer que los elementos vertebradores del orden social no podían ser fruto del diseño humano.

Posteriormente llegamos al empirismo inglés, racionalismo francés y Kant. Los empiristas como Locke. Mandeville y Hume, a diferencia del pesimista Hobbes que desconfiaba de la naturaleza desordenada y caótica del ser humano, sí supieron ver por primera vez en la Historia claramente el concepto de orden espontáneo y organización como distintos. Defendían unos derechos preexistentes a la voluntad del poder. Hablaban de un lento proceso histórico de evolución institucional, en particular se menciona a la posesión, la transmisión y el cumplimiento de las promesas. Por su parte el racionalismo de Descartes era la antítesis de los anteriores. El francés le daba importancia fundamental a la razón para descubrir todo lo que el ser humano pretendiera y modificarlo a su gusto, incluyendo las instituciones sociales, que dejaban de ser consideradas como fruto de la evolución no diseñada y se convertían en producto de la razón humana. Meseguer alerta que Descartes se refería a las ciencias naturales, lo cual salva parcialmente al pensador racionalista. Tras él surgió Rousseau, un auténtico lastre intelectual que no fue capaz de ver nada bueno en la evolución del hombre en sociedad, para él todo era una degeneración que solo podía remediarse volviendo al idílico y irreal estado de naturaleza a partir del cual realizar un pacto social que reflejase la voluntad general, o lo que es lo mismo, se buscaba fundar la sociedad de un modo ingenieril y completamente de espaldas a las enseñanzas de la evolución histórica de las instituciones que nos vertebran. Adam Smith tuvo tanto ideas brillantes como otras no tanto (teoría del valor). Para bien Smith defendió la división del trabajo y la capacidad de las sociedades para autoorganizarse de forma no diseñada a través de su afamada mano invisible. A pesar de las críticas a su economía preferimos quedarnos con su agudeza en la descripción de los procesos espontáneos y la complejidad de nuestras sociedades, incluso ya en la época de Smith. Kant intentó una síntesis entre Descartes y Hume pero no llegó a resultados que nuestro autor califique como satisfactorios. Finalmente, cierran época los peculiares utilitaristas Bentham y Mill quienes fueron tremendamente perjudiciales para la ciencia pues criticaron todo aquello relacionado con la tradición pues no existe una sana coordinación social no planificada, por lo tanto la sociedad debe reconstruirse con criterios de utilidad típicos de la ingeniería social.

Seguidamente Meseguer se traslada a la filosofía alemana. Allí encontramos a Hegel quien se convirtió en líder del idealismo y creador de la dialéctica como método definido como aquel pensamiento abierto a la contradicción y por lo tanto capaz de cambiar y evolucionar (p.100). Aunque Hegel introdujo la variable de la Historia en su pensamiento nunca llegó a ser capaz de entender las instituciones sociales como órdenes complejos incardinados en largo desarrollo histórico. Además, Hegel es un absoluto devoto del poder estatal. No en vano su pensamiento sirvió de alimento al nazismo como al marxismo. Efectivamente Marx es incomprensible sin la dialéctica hegeliana. El marxismo dice conocer ya el futuro y no queda más que esperar que venga o aplicarlo. Así, dado que se conocen las fuerzas que mueven el mundo en realidad todo está ya predeterminado, nada se hace en libertad sino que se cumple el papel para el que a uno le ha tocado en la vida, dependiendo de si forma parte de una clase u otra. Y el fin de esa película no es otro que la sociedad sin clases1. Es reseñable que Marx no desconocía los procesos de mercado, de hecho loa al comienzo de su Manifiesto Comunista los logros del capitalismo moderno incipiente, pero no acaba de entenderlo y fruto de lo cual lo malinterpreta, proponiendo como solución la burocratización plena de la sociedad. Esta coacción inherente al pensamiento marxista es profundamente contraria a la voluntariedad de las instituciones sociales, a las que desprecia como buen constructivista que era, aspirante a reconstructor del mundo.

Un planteamiento muy distinto tuvieron los teóricos de la Escuela histórica del derecho alemana liderada por Savigny. Esta tradición de pensamiento surge como reacción frente a los planteamientos racionalistas y proclamó el carácter absolutamente histórico del Derecho en tanto que fruto de la evolución de cientos o miles de años por lo que sería erróneo y arrogante pensar que se puede crear de la nada cuando la labor del jurista reside más en descubrirlo pues ya existe y vertebra la sociedad.

Entre los pensadores más perniciosos para el pensamiento pro evolucionista se encuentran los positivistas con Comte a la cabeza. A juicio de Meseguer el positivismo tuvo el mérito de unificar los mayores errores y defectos del empirismo, del racionalismo más extremo y del constructivismo (p.116). En particular en la ciencia económica el positivismo se dejó notar ampliamente pues ha llegado a colonizar toda la ciencia que cometió el gran error de haber dado entrada a la matemática y la estadística en economía al considerar que la información sobre los acontecimientos humanos es del mismo tipo que la natural y por lo tanto puede conocerse, medirse y manipularse externamente. Nada de eso es cierto. Acaba este apartado Meseguer volviendo al Derecho pues nos recuerda cuán negativo fue el pensamiento de Kelsen, el positivista legal por excelencia, adalid de la reconstrucción del marco legal a golpe de mandato estatal. Por contra el iusnaturalista Stammler tuvo cierta semejanza a Savigny pues buscó principios universales que aplicar a casos particulares.

El penúltimo capítulo lo dedica el autor a tratar el pensamiento evolucionista de tipo no social, es decir, el evolucionismo en las ciencias naturales pues aunque ajeno a nuestra ciencia en el siglo XIX el evolucionismo en biología sí que derribó muchos mitos también en otras ciencias y ayudó a entender los procesos sociales de forma diferente y mejor gracias a esa nueva forma de ver el mundo. Los nombres clave son Lamarck y Darwin. El primero estuvo completamente errado pero desde un punto de vista no-biológico sus ideas tienen bastante sentido. Para Lamarck el fenotipo (lo externo, el día a día) afecta al genotipo (la carga hereditaria que se transmite) de forma que tenemos un background histórico que se va transmitiendo pero a su vez cada generación puede aportar su grano de arena y mejorar dicha herencia. Esta idea es netamente evolucionista y austriaca, conforme por tanto a la opinión defendida por Meseguer. Por su parte Darwin sí acertó a ver que el fenotipo no afecta al genotipo sino al revés. El biólogo nos legó una fabulosa idea, la de que las especies tienen una larguísima historia que debe ser descubierta para comprenderla y que los cambios cuando se producen vienen desde dentro de la misma. Finalmente Spencer, filósofo social, pretendio aplicar las sugerentes ideas de Darwin a las ciencias humanas pero erró el tiro por cuanto, como nos dice Meseguer, sería un grave error si se pretendiese aplicar una metodología, la natural, a un ámbito, el social, que no le corresponde.

La primera parte del libro la cierra el autor realizando una recopilación crítica del constructivismo, sin duda alguna, ogro del liberalismo y de la Escuela Austriaca. Nos dice el autor citando a Hayek que el error del historicismo constructivista radica precisamente en pretender buscar leyes que determinen el desarrollo histórico allí donde es del todo imposible hallarlas (p.135). Otro extremo sería el tradicionalismo radical, situándose la posición de Meseguer entre ambos extremos, es decir, dando importancia a las instituciones sociales pero aceptando la necesidad y capacidad de modificarlas para mejorarlas pero con moderación. Un modelo muy lamarckiano, entiendo yo.

2.2) Segunda parte

En este segundo tramo de la obra el autor nos adentra en la metodología austriaca. En un primer momento revisamos el pensamiento de Menger, fundador de la Escuela y a la sazón punto de origen de la búsqueda hacia el pasado de los hilos evolutivistas de los que pudo beber Menger directa o indirectamente. Menger centra en el individuo el análisis de su estudio, un individuo que actúa e intercambia y que da origen a todos los procesos sociales. Nos muestra Meseguer un resumen del pensamiento austriaco más básico que desarrolló el pionero de la Escuela, nos referimos a los elementos de la Acción Humana tales como la aparición de una necesidad como origen de la misma, el descubrimiento de los medios para satisfacerla y finalmente la posibilidad de poseer la cosa anhelada con la cual satisfacer la necesidad originaria. Menger es capaz también de observar las relaciones de intercambio como medio para alcanzar los bienes económicos que nos satisfarán en última instancia. Una vez se descubre su ventaja los individuos la adoptan y van modificando su comportamiento a esa nueva circunstancia. Finalmente se institucionaliza. Menger muestra acertadamente cómo las instituciones sociales son de tipo evolutivo, cargadas de experiencias y sabiduría tras siglos de práctica.

Posteriormente se centra el autor en sus dos grandes discípulos, aunque no directos, Mises y Hayek. El primero basó su investigación en el estudio de la acción humana mientras que el segundo se centró en las instituciones sociales. Ambos autores, gigantes de la Escuela Austriaca, difieren en muchos ámbitos pero, siguiendo la cita de Kirzner (p.149) ambos compartieron un modo de entender los procesos de mercado como toma de decisiones dinámicamente competitivas en un mundo de incertidumbre inerradicable pero que no les impide trazar planes para perseguir sus fines.

Meseguer nos presenta los clásicos tres niveles de conocimiento austriaco, a saber, el del individuo aislado, el de las relaciones de intercambio y las instituciones sociales. Mises habría centrado su estudio en las dos primeras etapas mientras que Hayek en la tercera. Para Hayek el paso hacia las instituciones es gradual, a lo largo del pasar del tiempo, larmarckiano, mientras que Mises se refiere más a saltos, como las mutaciones genéticas de Darwin. Tenemos por tanto las dos patas de la mesa sobre las que se asienta la moderna economía austriaca, por un lado la concepción misesiana del mercado como un proceso impulsado por la empresarialidad, y por otro el concepto hayekiano de transmisión y acumulación de información por medio de las instituciones sociales.

Con estos mimbres Meseguer pasa a evaluar las mejoras a la teoría mengeriana de la Acción. El ser humano actúa racionalmente en un entorno de incertidumbre otorgando valores subjetivos a los medios a su alcance con los que satisfacer sus necesidades conforme a una escala de valores personal. Para ejecutar ese plan emplea la función empresarial misesiana, desarrollada en un tiempo praxeológico alejado del tiempo newtoniano, como tanto énfasis pone Huerta de Soto. Toda esa teoría es desarrollada por Mises a partir del simple axioma de Acción Humana. Hayek, diríamos, retoma el análisis donde se queda Mises y lo concluye para mostrarnos cómo ese ser humano empresarial acaba creando instituciones sociales complejas que dan orden a nuestra vida en sociedad.

Acaba el capítulo Meseguer mostrando como juegan las relaciones de intercambio, recordemos, segundo nivel de análisis, para ambos autores. En principio sobre este tema ya hemos dejado dicho que los sujetos cuando se dan cuenta que pueden perseguir mejor sus fines si intercambian medios entonces se produce el intercambio y el nivel de análisis da un paso más. Este proceso tiene su base en la empresarialidad innata a cada individuo y de uno de ellos al menos debe partir la iniciativa. Una vez ésta se extienda llegaremos al tercer nivel, el de las instituciones sociales.

El individuo lleva a cabo la acción en un mundo dinámico, lejos del matemático mundo positivista neoclásico. Siendo posible predecir ésta debe reducirse a la tendencia dada la teoría de la acción humana y las instituciones sociales. Más allá de eso toda predicción peca de arrogante y equivocada. En cualquier caso, para nuestro análisis resulta de gran importancia la existencia del marco teórico hayekiano pues nos permite ponernos en situación, tal como que las instituciones son órdenes repletos de información tácita heredada con el pasar de largos períodos de tiempo, tan largos que nuestro esquema mental no puede sino intuirlo pero nunca abarcarlo. El modo de acercarse a las instituciones es la modestia intelectual, sabiendo que tenemos ante nosotros unos poderosísimos instrumentos de transmisión de información intertemporal con tendencia a la mejora continua, para lo cual es importante no olvidarse que el científico puede y debe retocar aquellas instituciones que precisen de mejora pero sin llegar a ser cambios radicales.

La última parte del capítulo la dedica el autor a crítica a Rothbard abiertamente, por quien, en general, no goza mayores simpatías tanto por su metodología como por su posicionamiento político anarquista. No obstante Meseguer centra su crítica en lo que él considera un racionalismo extremo en Rothbard por cuanto para éste existe claramente definido aquello que es bueno o malo, racional e irracional, moral e inmoral. En opinión de Meseguer Rothbard yerra profundamente al creer que realmente existe una posición unívoca y cognoscible a la razón humana. Justo contra eso se había revelado su maestro Mises. En última instancia Rothbard lo que busca no es tanto un derecho natural sino una ética universal fundamentada en el reconocimiento del derecho de autopropiedad de cada individuo sobre su cuerpo y por ende al producto de su esfuerzo. Diríamos que es algo así como el intento de Mises de desarrollar toda una teoría a partir del muy básico a priori de la acción humana. A su modo Rothbard plantea algo parecido, dado que cada sujeto es libre y propietario de sí mismo por naturaleza cualquier injerencia es anti ética y por lo tanto rechazable. Discrepamos en ver a Rothbard como un inmovilista, él no hablaba de ir contra las instituciones evolutivas sino simplemente reconocer que el ser humano es el centro de todo también para reclamar su autonomía ética, no solo económica a lo Mises. Por tanto, Rothbard completa el análisis misesiano en la ética. Si Meseguer lo rechaza de plano entendemos que puede ser por razones de las consecuencias políticas pues ninguna otra salida salvo el anarquismo es éticamente válida.

Acaba esta segunda parte Meseguer dando un rápido repaso a la teoría del conocimiento o epistemología austriaca. A lo largo de la primera parte hemos visto formas buenas y malas de entender la razón y ya dijimos cuáles era la más próxima a la Escuela Austriaca. La epistemología austriaca asume racionalidad en la acción humana pero no la restringe a un determinado tipo de acción y desde luego no la cree perfecta, la razón humana es falible y limitada. Es por eso que es erróneo pensar en un sujeto capaz de reconstruir la sociedad o marcar el camino del mundo. En ese sentido la razón austriaca es humilde, podemos actuar más o menos racionalmente en nuestra vida porque es nuestro entorno pero no podemos conocer completamente ni manipular la sociedad. Además, los datos que sí podemos conocer acerca del funcionamiento de la sociedad y sus órdenes espontáneos han de ser siempre cautelosos, más que buscar la verdad el austriaco busca la certeza. Para estudiar las ciencias sociales debemos por tanto emplear un método especial diferente de las naturales y con unas pretensiones muy diferentes, quizá más modestas. En lo que estoy en desacuerdo con Meseguer, en la línea del final del anterior capítulo con Rothbard, es su crítica a la ética que el teoriza como evolutivo, basada en las mismas categorías que el resto de instituciones sociales. Discrepo porque creo que la ética no es evolutiva sino única y ligada a la naturaliza misma del ser humano. A mi entender tan cierto es que el hombre actúa como que es dueño de su destino, y ni una cosa ni la otra pueden negarse sin caer en contradicción, es decir, estamos ante apriorismos lógicos.

2.3) Tercera parte

En última instancia Meseguer nos trae una última parte de su libro que parece bastante lógica. Tras haber estudiado las raíces históricas del evolucionismo y haber mostrado las características fundamentales de dicha teoría en la Escuela Austriaca ahora queda lo más bonito quizá, la aplicación de dicha teoría al estudio de algunas de las instituciones sociales más importantes.

Muy buena es la distinción entre orden y organización, y entre normas y mandatos. Orden es un sistema complejo a través de lo cual multitud de sujetos llevan a cabo su actividad sin que haya sido formulado expresamente como tal y en el cual todo individuo puede perseguir sus propios fines personales. Se articula en base a normas, reglas generales heredadas de la tradición que procesan grandes cantidades de información dispersa. Por su parte, las organizaciones son creadas deliberadamente para cumplir un objetivo concreto y más modesto al cual sirven. Su reglas son los mandatos, reglas específicas de comportamiento dirigidas a los miembros de la organización y emanados de una voluntad reconocible, no de la anónima evolución. Es, por tanto, la diferencia entre la sociedad moderna y el Derecho que la rige, y una empresa con sus mandatos de comportamiento interno.

El siguiente capítulo está dedicado a una introducción histórica de las instituciones sociales. Personalmente lo encuentro el de menor interés del libro, no porque sea malo o erróneo sino porque creo que no casa bien en el conjunto de la obra. Meseguer se dedica a hacer una recopilación antropológica de la evolución humana que es muy buena pero entendemos que las instituciones sociales objeto del libro no tienen que ver con nuestros antecesores que ni eran humanos por lo que hablar de instituciones sociales humanas carece de sentido. Poco se puede sacar de aquellos seres prehistóricos. Solo cuando nuestro autor avanza unos cuantos pasos en la Historia y llega al ser humano y las primeras civilizaciones este capítulo cobra más interés. Vemos aquí que, una vez partiendo de la existencia de seres humanos en el planeta, la teoría austriaca de la acción humana, el intercambio y finalmente las relaciones sociales conducentes a la creación de instituciones se dan desde el pimer momento, desde las primeras civilizaciones humanas como Mesopotamia y Egipto en la cuales existe ya un lenguaje, unas normas, un cierto mercado, etc.

El próximo capítulo es el primero específicamente dedicado a una institución social: el Derecho, área de mayor conocimiento profesional del autor, y se nota por su amplitud y profusión de detalles. Así, nos cuenta Meseguer que el ser humano ha aprendido con el pasar del tiempo que las normas se heredan y se perfilan, dando como resultado un ordenamiento jurídico de una complejidad importante pero sin llegar a la profusión de las normas emanadas del BOE. Para el autor la cristalización de las normas en instituciones es solo el final de un largo proceso, es decir, el Código Justiniano, siendo lo visible del proceso evolutivo histórico, no es más que una pequeña parte de toda la gigantesca evolución humana que ha producido las normas contenidas en dicho códice legal.

Las normas sociales no guían a los ciudadanos pormenorizadamente sino que simplemente establecen pautas de actuación generales cuya observancia se ha mostrado relevante y necesaria para el desarrollo de la sociedad. Dado que dichas normas evolutivas son generales todos los individuos pueden emplearlas como un marco jurídico seguro en el cual llevar a cabo sus planes personales de acción.

Las normas son respetadas por los miembros de la comunidad antes de que lleguen a representarse formalmente, es una especie de conocimiento inmaterial que todos los miembros conocen y conforme al cual actúan. Posteriormente las normas perviven en el tiempo pues demuestran su validez continuada de forma que la sociedad las toma como propias. Solo en un estadio muy tardío las normas acaban por articularse formalmente. Esta última parte del proceso es la más llamativa a los ojos del inexperto por cuanto es la que se ve y por lo tanto cree que una norma es solo eso, una representación formal, pero no es así pues para llegar a dicha norma hemos pasado por un proceso centenario de prueba y error de innumerables normas hasta que hemos alcanzado cierto nivel de complejidad y efectividad, pero que no deja de ser una etapa más ya que el proceso de evolución no se detiene en nosotros, evidentemente.

Las primeras normas surgieron cuando los seres humanos se volvieron sedentarios tras el descubrimiento de la agricultura. Se sustituyeron las respuestas de tipo instintivo animal por otras de tipo conductual no biológicas sino sociales y por lo tanto aprendidas. Las sociedades post-revolución neolítica adquirieron cierto nivel de complejidad ya que la población había aumentado considerablemente, los individuos se especializaban y comerciaban cada vez más. Ante semejante marco parece lógico que aparecieran normas reguladoras de conductas.

Fundamental es una idea del autor expresada en la página 234: “cuando el hombre trata por primera vez de dar expresión al contenido de las normas que regulan la vida en sociedad, no está creando ni mucho menos un nuevo esquema de la nada, sino que únicamente se está dando forma verbal a algo que ya se conoce o intuye, pero que no había sido capaz de explicar hasta ese momento”.

El Derecho, qua institución social, se fundamenta en unos principios pero de carácter evolutivos, no universales, por lo que han de ser descubiertos si bien nunca creados ex pofeso. Dichos contenidos dan estabilidad al sistema, hecho fundamental para el desarrollo de una sociedad próspera pues los individuos desean que las perspectivas sean estables para poder planificar más fácilmente. El Derecho, gracias a su estabilidad, es un elemento clave para reducir enormemente la incertidumbre inerradicable en la que se mueve el ser humano.

La segunda parte del capítulo se ocupa de las diversas formas en las que el Derecho ha sido interpretado, cuidado y creado. En Roma existieron los juriconsultos, expertos legales cuyo oficio era la interpretación de la ley, no iban más allá. En el mundo anglosajón los protagonistas son los jueces, que interpretan y hacen evolucionar el Derecho de forma muy descentralizada en el marco de la common law. No obstante en Roma convivieron con los propios jurisconsultos. Las últimas vías son las más dañinas por constructivistas: en sede parlamentaria y vía poder político. Estos dos subepígrafes los considero los mejores del libro, especialmente el del poder político, cuya página 251 es una delicia de desmenuzamiento de cómo la política ha usurpado el Derecho para dañarlo gravemente.

El siguiente capítulo trata del surgimiento del mercado2, institución básica con la que identificamos el estudio de la economía habitualmente y por lo tanto de importancia máxima. No en vano este capítulo va justo detrás del dedicado al Derecho pues no se puede entender un mercado medianamente desarrollado sin un conjunto de normas básicas que lo vertebren y le doten de estabilidad y fiabilidad para que los agentes se animen activamente a participar y crear riqueza a largo plazo.

En el mercado el elemento transmisor de información por excelencia son los precios. Meseguer se dedica extensamente a explicar que si bien los precios son las únicas representaciones visibles en el mercado de la cantidad abrumadora de información, no implica que sean objetivos. Los precios son meras relaciones históricas de intercambio entre individuos en un momento dado y que tenían unas preferencias subjetivas. Por tanto, inferir de ahí que los precios son objetivables es un error, entendible y habitual, pero inexcusable para el estudioso austriaco.

Los mercados libres, vertebrados por un Derecho general y evolutivo, dan la oportunidad a todos los agentes de desarrollarse plenamente dentro de sus capacidades y habilidades. La regla siempre en el mercado es la de la voluntariedad, solo se produce un intercambio si es mutuamente beneficioso para las partes en liza. Por esa razón clave los mercados promueven la paz ya que solo ofreciendo bienes y servicios deseados por el público puede uno alcanzar sus metas. Es esta la famosa distinción austriaca de medios políticos y económicos, unos violentos y otros pacíficos.

Gracias al mercado la productividad se incrementa pues las posibilidades de negocio se disparan. La estructura de capital comienza también a alargarse sanamente gracias al ahorro e inversión de los agentes. Los lazos entre los sujetos participantes se estrechan, los intereses se aproximan sin unificarse. Estamos ante un puro proceso de big bang social coordinado, como lo define Huerta de Soto. Lo genial de este proceso es que su potencia es ilimitada pues responde a la función empresarial y ésta, siempre que no exista coacción, tenderá a desarrollarse en todo momento y lugar.

Conforme el mercado aumenta su complejidad van a apareciendo instituciones secundarias que nos suenas como la previsión. Los agentes ahorran para el futuro, se hacen prudentes conscientes de las vicisitudes del mercado, etc. Y el gran resultado de esa explosión económica es la aparición de las primeras civilizaciones. En otras palabras, no existiría el ser humano social y complejo tal y como lo conocemos si no hubiera mercado.

El último capítulo temático aplicado es el dedicado al surgimiento del dinero. En este tema el autor no aporta grandes novedades pues fundamentalmente retoma la posición de Menger y su teorema retroactivo del dinero en virtud del cual el valor de dinero hoy se basa en una estimación sobre el valor ayer y así sucesivamente hasta llegar al día en que el dinero basó su valor su cualidad como bien no monetario. Este esquema de pensamiento sirve para imaginar bien el origen del oro como dinero. El oro es dinero porque evolutivamente ha sido así, no porque nadie lo haya impuesto. Y se ha impuesto, entre otras muchas razones, porque en su origen la gente lo valora como tal, porque es apreciado como bien no monetario.

El dinero, como otra institución evolutiva que es, no está más que sufriendo un temporal daño a cargo de los gobiernos modernos que han monopolizado su emisión en su propio beneficio, fruto de lo cual estamos empleando como dinero el dinero fiat, que puede que no sea más que una etapa en la Historia que dé paso de nuevo al oro o nuevas monedas fruto de la creatividad empresarial como Bitcoin y otras monedas digitales.

El penúltimo capítulo del libro, corto, y de relevancia menor a nuestro entender, se ocupa de posibles orientaciones futuras de las investigaciones de tipo institucional como por ejemplo la teoría del intervencionismo, el análisis económico del Derecho, teoría del monopolio, los mercados financieros y el bienestar y justicia social. Aparte Meseguer realiza una breve exposición de la teoría del ciclo económico austriaca en su versión clásica, tal y como la explica Huerta de Soto.

El capítulo final del libro es, como corresponde, un capítulo de conclusiones. Para Meseguer el racionalismo constructivista es altamente perjudicial y defiende los órdenes espontáneos y la liberalización de dichas instituciones para que puedan desplegar todos sus efectos beneficiosos, que son muchísimos.

3. Comentario

En este apartado que ocupará la segunda y mayor parte del presente trabajo nos adentraremos en cómo algunas otras instituciones sociales absolutamente básicas surgieron, complementando así el análisis que Meseguer lleva a cabo en la tercera parte de su obra.

3.1) Esquema de desarrollo de las instituciones

Peter Boettke y Cristopher Coyne3 nos han mostrado una tesis provocativa según la cual la función empresarial no causa el crecimiento económico ya que la empresarialidad se encuentra tan ampliamente extendida que no puede por sí sola explicar las diferencias en las tasas de crecimiento entre diferentes regiones. Los autores lo explican de la siguiente manera:

Entrepreneurship cannot be the cause of development, but rather . . . the type of entrepreneurship associated with economic development is a consequence of it. That is, development is caused by the adoption of certain institutions, which in turn channel and encourage the entrepreneurial aspect of human action in a direction that spurs economic growth.4

Los autores señalan la propiedad privada y el imperio de la ley como las instituciones principales que llevan al surgimiento de la empresarialidad y en última instancia el crecimiento económico. Al albur de esta rompedora tesis que nos dice que no es la función empresarial el motor del desarrollo sino las instituciones que facilitan su aparición vamos a analizar el posible surgimiento de diferentes instituciones que fueron surgiendo como la división del trabajo, el propio dinero, la contabilidad y la propiedad.

Para que surja una nueva institución social hacen falta dos condiciones: primero, alguien debe concebirla en su mente y llevarla a la práctica; y segundo, la nueva práctica debe extenderse desde los primeros innovadores hacia el resto de la población. Para que se cumplan ambos se requieren emprendedores, los cuales tienen un alto incentivo en la persecución del beneficio. Diremos que la función empresarial coordina los mercados a través del tiempo y el espacio, explica el progreso tecnológico y el crecimiento, y completa la teoría de la distribución del ingreso5.

Mises define la función empresarial tan ampliamente que el término llega a incluir lo que podríamos definir como actividad fuera estrictamente del mercado6. Por lo tanto, visto de esta manera la empresarialidad se encuentra en casa aspecto de la acción humana que pudiera existir incluso antes del desarrollo del concepto de mercado en tanto que orden espontaneo complejo y extenso, operando por tanto en diferentes áreas de la vida social. Lo que está claro es que la función empresarial se aplica a todos los ámbitos de la vida, no solo a los monetarios.

Podríamos definir de la siguiente manera la secuencia en la que se produce el surgimiento de las instituciones sociales a partir de la función empresarial. El caso paradigmático de estudio en la literatura austriaca como bien hace el profesor Meseguer es el de la adopción de intercambio indirecto. En un primer lugar el uso del intercambio indirecto se le ocurre a un individuo en su mente y decide llevarlo a cabo porque está alerta y continuamente buscando nuevas posibilidades de mejorar su posición. En segundo lugar, una vez la nueva práctica se ha ya introducido otros miembros del grupo la observarán y juzgarán sus efectos. Puede que una nueva idea, aun siendo beneficiosa para los individuos que la observan, no sea tenida en cuenta por un error de juicio. No obstante, existe una tendencia a considerar que si una innovación claramente produce beneficios extra entonces será juzgada acertadamente. En tercer lugar, los primeros observadores decidirán ponerla en marcha ellos mismos, los llamados primeros seguidores7. Vemos que hay dos tipos de influencias funcionando aquí, por un lado tenemos la pura imitación y por otra la más sutil persuasión. Menger puso el énfasis en la imitación8. Más interesante es la persuasión por cuanto se da cuando el emprendedor comparte la nueva práctica con sus allegados y los anima a adoptar la nueva práctica. Presumiblemente este interés por compartir se deba al mero interés personal pero también puede ser un ánimo altruista o de alcanzar notoriedad en el grupo. Por último, el cuarto paso es la difusión de la nueva practica al resto de la comunidad.

3.2) El surgimiento de la división del trabajo

Citando a Adam Smith diremos que:

This division of labour, from which so many advantages are derived, is not originally the effect of any human wisdom, which foresees and intends that general opulence to which it gives occasion. It is the necessary, though very slow and gradual, consequence of a certain propensity in human nature.9

La división del trabajo es presentaba generalmente como un conjunto de actividades que se dan dentro del ámbito de las empresas, como en la conocida fábrica de clavos del propio Smith, o entre naciones como en la teoría ricardiana de la ventaja comparativa. Mises, por su parte, puso el énfasis en que la teoría de la ventaja comparativa se aplica a la actividad individual ya ocurra en el ámbito de la empresa o entre naciones. En la medida en que las capacidades de los individuos sean diferentes entre ellos, o haya diferencias geográficas, la ley de la ventaja comparativa se aplica siempre: dos o más personas pueden incrementar su producción si se especializan en aquello para lo cual poseen una ventaja relativa, incluso aunque en términos absolutos uno sea superior al otro, para después intercambiar o compartir la producción. Aparte de Smith y Ricardo, Mises también trabajo el concepto y lo llamo Ley de Asociación10.

Para ver cómo la división del trabajo se desarrolla comenzaremos por una situación en la cual no existe. Imaginemos un clan de cazadores-recolectores en el cual cada miembro realiza ambas labores indistintamente pero existen diferencias físicas entre ellos. Así, un miembro con espíritu empresarial se da cuenta de la existencia de una oportunidad de beneficio. Convence a otro miembro del grupo, posiblemente alguien cercano, que serían más productivos si cada persona llevara a cabo una sola tarea, ya sea cazar o recolectar, y luego dividir las ganancias. Si ese individuo empresario ha acertado en su visión y la idea es llevada a cabo adecuadamente, los dos ganarán y comerán más. El emprendedor y su socio son más ricos que antes. Este es el primer paso en el proceso de aparición de la división del trabajo: una nueva práctica se introduce en la vida económica e inmediatamente beneficia a las partes que la aplican. El segundo paso viene cuando esa nueva técnica y la prosperidad que trae son percibidos por algunos otros miembros cercanos del propio grupo. Dichos sujetos observan la técnica, la evalúan y comprenden su correspondencia con la mayor producción de alimentos. Estos primeros observadores deciden que ellos también llevar a cabo la división del trabajo para su propio bienestar, convirtiéndose así en los primeros observadores. En la medida en que éstos comienzan a aplicar la nueva técnica el proceso se repite por si solo una tercera vez ampliando el número de observadores a cada vez. Nuevos grupos irán observando el éxito en la producción del grupo inicial y decidirán copiarlo ellos también. Si este proceso se extiende lo suficiente la práctica se convertirá en común y por ende la división del trabajo habrá nacido en tanto que institución social.

La imitación no es la única fuerza impulsora de la adopción de la división del trabajo. Igualmente los sentimientos de cuidado mutuo motivaran a los innovadores a compartir la información con aquellos cercanos a ellos, explicándoles cómo funciona la nueva habilidad productiva y seguros de su éxito les intentarán convencer de que ellos también la empleen. Además de la familia los primeros observadores expandieran la idea en otros ámbitos como el trabajo. Y una vez que la división del trabajo se haya probado claramente útil los emprendedores serán alerta de sus posibilidades en otras áreas conexas. El incremento de comida resultante de la nueva técnica le permitirá al clan invertir en otros métodos indirectos de producción. Por ejemplo, un emprendedor con una ventaja comparativa en el diseño de herramientas o en el cuidado de la prole, tiene ahora más posibilidades de especializarse en esas tareas. Este éxito en la especialización en una actividad crea oportunidades para el nacimiento de otras especializaciones11. De esta forma el grupo puede beneficiarse más y más de la división del trabajo en otras áreas que no fueron la inicial. De esa forma tendríamos emprendedores en diferentes áreas procurando averiguar allá en donde pueden aplicar la nueva técnica.

Este proceso no necesariamente ha de transcurrir sin sobresaltos. Puede que haya, y es probable y natural, un periodo de prueba y error, en el cual varios miembros del grupo deciden si se especializan o no, y si lo hacen, quién debería hacer qué tarea; no podemos asumir simplemente que el reconocimiento de la existencia de una ventaja comparativa es obvio para los miembros del grupo. Es más, podría darse que ciertos miembros del grupo podrían rechazar la división del trabajo en base en razones prácticas. Otros puede que no deseen el éxito de los innovadores y prefieran conservar el statu quo del grupo. O incluso se nos ocurre que dicha práctica contravenga ciertas prescripciones religiosas por lo que la clase dirigente espiritual vetaría también la innovación. A pesar de la resistencia que la división del trabajo pueda encontrar en su desarrollo ésta provee beneficios tanto para los innovadores como la totalidad del grupo, es decir, la superioridad de dicha innovación incrementando la producción general mostrará claros incentivos para que finalmente se acabe imponiendo en el grupo.

La división del trabajo también ocurrirá entre diferentes grupos. Una vez que los emprendedores tienen éxito explotando la ventaja comparativa dentro de su propio grupo, comienzan a buscar oportunidades para extender la nueva práctica a grupos más alejados. De hecho, los incentivos para explotar la división del trabajo entre grupos son mayores que dentro de un solo grupo, ya que los miembros de diferentes grupos pueden explotar las variaciones geográficas, el origen de la ventaja comparativa ricardiana, en mayor medida que a miembros próximos a los que ya lo están practicando. Las diferencias en los productos naturales, clima, vida animal y vegetal son todas diferencias que suponen ventajas comparativas incluso más importantes que las cualidades innatas de una persona. Los emprendedores de diferentes grupos que puedan identificar continuamente nuevas ventajas comparativas y comunicarlas con confianza a nuevos sujetos verán que sus ingresos aumentan notablemente. Una vez más, el éxito inspira la imitación y por lo tanto la práctica se extenderá rápidamente. Cada vez más la cooperación entre grupos será habitual, ya sea a través de los líderes del tipo que sea representando a cada grupo o, con el tiempo, directamente entre los miembros del grupo hasta que la división del trabajo se haga ampliamente extendida. El establecimiento de la especialización y el intercambio entre dos grupos proporcionará a sus miembros el conocimiento y la experiencia necesarios para comerciar con otros grupos de forma que la nueva práctica se extienda incluso más rápidamente. Está claro que las dificultades de implementar la división del trabajo serán más grande que simplemente dentro de un mismo grupo. Las diferentes lenguas y usos sociales dificultan el aumento de la confianza intergrupal que es muy necesario para que se produzca la cooperación. Es más, a veces los grupos son enemigos entre sí. La guerra y las luchas de todo tipo entre vecinos hacen completamente imposible el surgimiento de esa transmisión de información y cooperación pacífica. Puede también suceder que el intercambio es demasiado costoso para que la especialización se lleve a cabo finalmente ya que, no olvidemos el mundo del que hablamos, en aquella época las distancias y la geografía suponían unos costes elevadísimos pues los bienes a intercambiar se desplazaban en base a la fuerza animal No obstante, la ventaja comparativa ofrece incentivos para el beneficio perdurables en el tiempo por lo que tarde o temprano los emprendedores descubrirán el método para expandir la división del trabajo a pesar de las grandes dificultades que se pudieran presentar. Así, durante largos periodos de tiempo, y con muchas idas y venidas, la especialización se entiende más y más entre los diferentes grupos.

Los orígenes de la especialización se encuentran demasiado alejados en la historia humana para que nosotros podamos comprender adecuadamente la forma en que surgió la especialización. Sin embargo, de acuerdo a la teoría evolutiva de las instituciones estudiada podemos alcanzar una notable interpretación de los limitados acontecimientos que hemos llegado a conocer de aquella lejana época. Los modernos trabajos de antropología defienden que la división del trabajo efectivamente ayudó sobremanera al éxito del hombre moderno. Por ejemplo, los seres neandertales no poseían grandes diferencias a nivel del sexo y capacidad física por lo que tanto hombres como mujeres se dedicaban a cazar grandes animales. La primera división del trabajo evidente en los humanos conforme a las dataciones arqueológicas tiene relación con la aparición de los humanos anatómicamente modernos, es decir, más parecidos a nosotros. En ellos ya existía una clara diferenciación por sexo lo cual provocó que los hombres se especializaran en los grandes animales mientras que las mujeres se ocuparon de las plantas y los animales de menor tamaño. La división del trabajo se basó fundamentalmente en esta diferenciación netamente fisiológica mientras que los primeros humanos siguieron viviendo en el mismo territorio africano pero cuando las migraciones hacia Europa y Asia comenzaron entonces la especialización se comenzó a dar también en razón a la geografía, es decir, aumentaron exponencialmente las oportunidades de negocio entre grupos. Este acontecimiento hizo a los humanos netamente superiores en términos de productividad frente a los neandertales que finalmente acabaron sucumbiendo. Conforme a los antropólogos Kuhn y Steiner el aumento de la productividad alcanzado por los humanos les permitió aumentar su población, continuar su expansión territorial y derrotar a los neandertales12.

Nuestra teoría evolutiva austriaca apoya los descubrimientos de los antropólogos. En primer lugar, las diferencias físicas entre hombres y mujeres13 eran mayores entre los humanos modernos que entre los neandertales; la fuerza de las mujeres neandertales era completamente comparable a la de sus congéneres masculinos por lo que la ventaja comparativa de la especialización entre neandertales era menor que la del humano moderno y consecuentemente las ventajas económicas de la división del trabajo eran menos obvias de ver que para los humanos modernos. En segundo lugar, la división del trabajo por sexo entre los humanos modernos ocurrió en un área geográfica relativamente pequeña por lo que la observación y comunicación entre grupos era fácil. Por su parte los neandertales se encontraban dispersos en un área geográfica mucho más grande por lo que incluso aunque a un emprendedor neandertal se le ocurriera la idea de la especialización sería más complicado que la práctica se extendiera con facilidad. En tercer lugar, la flora y fauna eran mucho más diversas en África que en Europa y Asia. Una mayor diversidad de vida animal y vegetal incrementa las oportunidades para que se nazca la ventaja comparativa. Pongamos en el ejemplo de dos sujetos igualmente capacitados para cultivar pero uno de ellos es relativamente mejor que el otro trepando a los árboles. Por tanto está claro que una mayor diversidad de alimento implica necesariamente que las ganancias de los trabajadores especializados humanos eran mayores para los humanos modernos que para los neandertales, haciendo más fácil para los innovadores descubrir una oportunidad de negocio y para los imitadores darse cuenta también de los efectos beneficiosos de la nueva práctica. En cuarto lugar, la especialización se puede considerar ya una institución ya establecida antes de que los humanos emigraran fuera de África. Aunque la ventaja comparativa de una mayor variedad de plantas y animales ayuda el aprovechamiento de la especialización, el hecho de que ésta ya existiera plenamente implantada cuando aún se localizaban los humanos en África hacia menos ventajosa la institución pero no inútil pues como ya vimos la división del trabajo se puede aplicar a todas aquellas variables donde un emprendedor juzgue una oportunidad de negocio, como lo era la simple especialización por sexo. En definitiva, diremos que los humanos en África poseían superiores capacidades empresariales que las de los neandertales, en buena medida por su mayor capacidad craneal fruto de alguna mutación genética.

3.3) El origen del dinero

Esta institución social básica ha sido ya ampliamente tratada por Carl Menger quien dijo:

We can only come fully to understand the origin of money by learning to view the establishment of the social procedure, with which we are dealing, as the spontaneous outcome, the unpremeditated resultant, of particular, individual efforts of the members of a society.14

Dado que también Meseguer ha tratado ampliamente este tema por nuestra parte no vamos a indagar demasiado. Simplemente apuntaremos que conforme la especialización se hace más extensa dentro de un determinado número de grupos la ausencia de la doble coincidencia de utilidades cada vez más dificulta el intercambio.

El primero que adoptó la nueva estrategia de intercambio indirecto fue un emprendedor tanto en el sentido de Mises, Schumpeter y Kirzner. Los siguientes en observar, valorar y aplicar la nueva idea también pueden ser considerados emprendedores debido a la existencia de una gran incertidumbre en su acción, si bien es cierto que conforme más gente se une al empleo del intercambio indirecto la incertidumbre va desapareciendo.

Una característica esencial del dinero es su efecto-red, elemento distintivo del cual, por ejemplo, la división del trabajo puede carecer. Por otro lado, el dinero puede ser adoptado unilateralmente por una persona y tener éxito para él mientras que la división del trabajo requiere acuerdo entre varios sujetos para que tenga sentido, es por ello que el surgimiento del dinero tiene un carácter menos complejo que la división del trabajo. Lo que está claro en cualquier caso es que las instituciones se retro-alimentan para crecer, por ejemplo, el dinero permite el nacimiento del cálculo y a su vez potencia el intercambio y la división del trabajo.

3.4) La aparición de la contabilidad

La entrada en escena del dinero, creando una unidad de cuenta (una de sus características básicas) conduce a la posibilidad de llevar a cabo una contabilidad de pérdidas y ganancias. Si bien es cierto que se conservan registros bancarios y de instituciones financieras de épocas tan pretéritas como la China imperial, Egipto, Grecia, Roma, e incluso de las civilizaciones babilónica y asiria; sin embargo en ninguna de esas épocas los empresarios bancarios e intermediarios financieros realizaban un cálculo de pérdidas y ganancias. El cálculo sistemático de pérdidas y ganancias se deriva de la contabilidad de doble entrada que no aparece hasta bastantes cientos de años después del nacimiento del dinero, presumiblemente entre los mercaderes del norte de Italia (fundamentalmente las dos grandes potencias comerciales de la época Venecia, Génova y Florencia) del siglo XIV. La importancia del cálculo para el capitalismo han sido enfatizada por Mises a lo largo de su gran obra Socialismo, y su historia es objeto de una extensa literatura acerca del surgimiento de la contabilidad de doble entrada como institución social15.

El término doble entrada puede significar simplemente que los apuntes en un libro de cuentas incluyen apuntes de crédito y débito simultáneos, pero en tanto que método de contabilidad doble entrada implica mucho más que eso. Significa registrar el capital invertido en la empresa, comprobar el estado de créditos y débitos periódicamente para asegurar la exactitud, y calcular pérdidas y ganancias. El método como decíamos tuvo su origen en las ciudades del norte de Italia y desde ahí se extendió a otras ciudades o incluso pudo ser adoptado al mismo tiempo en varias ciudades en las cuales los mercaderes estuvieran buscando un sistema que minimizara sus errores, facilitaran el control y les proporcionara una visión general del estado financiero del negocio. Ya sea que este nuevo método de contabilidad fue creado por una o varias personas, lo que está claro es que fue el producto de la función empresarialidad motivada por la búsqueda de un beneficio. Las ventajas de la contabilidad de doble entrada para los mercaderes italianos se puede observar echado un vistazo a su uso de las llamadas “commendas”, acuerdos comerciales empleados en las transacciones a larga distancia por los mercaderes italianos. En la “commenda”, el socio que quedaba en su lugar de residencia ponía la mayor parte del capital necesario para el proyecto, mientras que el otro se dedicaba a viajar con los bienes por el extranjero donde los colocaba en el mercado, ambos compartían las ganancias. Generalmente si un inversor invertía él mismo todo el capital requerido se llevaba el 75% de los beneficios; por otro lado, si el socio viajante además desembolsaba un tercio del capital tenía derecho a la mitad de las ganancias. Para calcular los beneficios era imprescindible haber evaluado correctamente el valor de la inversión inicial, los gastos incurridos para comprar y transportar los bienes y, por supuesto, los ingresos obtenidos por su venta. La contabilidad de doble entrada les permitía a los socios hacer un seguimiento correcto de su inversión, gastos e ingresos, así como calcular los beneficios al final del proyecto. Siendo cierto que las “commendas” no hubieran sido técnicamente imposibles sin la existencia de la contabilidad de doble entrada ya que este tipo de asociación empresarial se desarrolló con anterioridad, es también verdad que las ventajas de la contabilidad sistematizada son patentes; es más fácil crear y desarrollar una sociedad empresarial de este tipo y el acuerdo entre socios está sujeto a menos probabilidad de ser objeto de disputa y/o litigio legal, pues los beneficios pueden ser fácilmente calculados con exactitud y claridad. De lo que no hay duda de que el beneficio económico es lo que motivo es surgimiento del método de doble entrada.

El uso de la “commenda” también ejemplifica cómo el conocimiento de la contabilidad de doble entrada se extendió entre los mercaderes. La “commenda” se limitaba a proyectos en particular específicos, y es que una forma de diversificar el riesgo para un inversor era meterse en diversos de estos proyectos al mismo tiempo. Así, por ejemplo, en Génova durante el siglo XIV era común que un mercader dejara abiertas un gran número de “commendas” cuando la muerte le alcanzaba. De esta forma no suponía un problema de cara a la herencia pues las cuentas de los negocios del fallecido estaban claramente especificadas, o incluso traspasar el negocio a otros mercaderes. La claridad en las cuentas permitía que los proyectos empresariales continuasen hasta su fin, independientemente de la suerte de sus componentes. Además, tengamos en cuenta la transmisión de información básica, un socio conoce la nueva técnica y la muestra al que la desconoce. Este a su vez, transmitirá la información en su próximo proyecto, etc. De esa forma los principios de actuación de una “commenda” exitosa se extendían rápidamente a otros proyectos por todo el norte de Italia. Sigamos. El socio viajante que trabajaba con otros mercaderes en el extranjero que le ayudaban a colocar sus bienes en los mercados locales. De esta forma el contacto entre los mercaderes en Italia y en el extranjero les permitió a éstos conocer la contabilidad de pérdidas y ganancias, así como adoptar este nuevo allá y cómo creían que era efectivo en sus propios negocios locales. La imitación de los mercaderes italianos expandió el uso de la nueva contabilidad por diferentes puntos lejanos del planeta. La diseminación de la contabilidad de doble entra también se produjo a nivel educativo

Los mercaderes extranjeros enviaban aprendices a Italia a aprender los métodos de sus socios italianos. Normalmente no se piensa en la educación como un elemento típicamente emprendedor pero si lo es. Imaginemos si no un mercader barcelonés que enviaba a uno de sus aprendices a Génova. Para ese mercader había una oportunidad de negocio clara que solo podía ser satisfecha adquiriendo ese conocimiento.

Otro importante medio mediante el cual la práctica se extendió ampliamente por toda Europa de la invención de la imprenta ya que permitió la expansión de las oportunidades de observación y valoración más allá de los fuertes lazos de unión entre socios y aprendices hacia otros lazos más difusos y lejanos como negocios sin relación alguna con los mercaderes nor-italianos. Así, en 1494 Luca Pacioli16, un monje franciscano y reconocido matemático, y en alguna ocasión colaborador del Leonardo da Vinci, publicó su “Summa di Arithmetica”. El libro es un amplio tratado del estado de las matemáticas en aquel momento y su autor, quien tenía una gran relación con las técnicas de contabilidad de los mercaderes venecianos, dedicó una sección a la contabilidad. Aunque el tratado de Pacioli en realidad no contenía ninguna innovación, su exposición de la práctica ya existente17 sobre la contabilidad de doble entrada fue tan lúcida que Pacioli es considerado hoy en día el padre la contabilidad. Es curioso que buena parte de los actuales métodos empleados en contabilidad sean descritos perfectamente por Pacioli, un moje, hace 500 años. Muy reseñable resulta que Pacioli pensaba que el cálculo de activos y deudas en términos monetarios era el objeto principal de las anotaciones contables, y que es precisamente lo que un mercader necesita para valorar adecuadamente sus inversiones. El libro de Pacioli cosechó cierto éxito y fue impreso hasta tres veces y miles de copias se vendieron por toda Europa. A lo largo del siglo siguiente su tratado fue traducido a diferentes idiomas tales como el holandés, inglés, francés español y alemán; y lo que si cabe más relevante, inspiró a muchos otros a escribir su propio tratado de de contabilidad de doble entrada. Dichos autores eran a menudo profesores que utilizaban esos libros como manuales para sus alumnos. Este sin duda fue un medio importante para la difusión del trabajo de Pacioli por toda Europa. Además de todo lo anterior diremos que ciertos acontecimientos políticos y económicos también dieron un empujón a la expansión de la contabilidad de doble entrada, en concreto la creación de los nuevos estados-nación uniformes que implementaron el uso generalizado de los números de origen árabe, y también el comercio internacional incrementó enormemente su importancia con nuevas rutas hacia America y Asia. Todas estas modificaciones aumentaron el valor de la contabilidad del capital, lo puso si cabe más en el foco de atención de los mercaderes y animó a empresas comerciales de todo tipo a implementarlo por toda Europa. De esta forma, lo que se creó aisladamente en algunas ciudades del norte de Italia en el siglo XIV se convirtió en paradigma en el comercio internacional allá por el siglo XVI, siendo ya por tanto lo que hemos dado en llamar institución social.

3.5) Sobre la propiedad

Tanto Menger como Mises recalcan que la propiedad, en su sentido económico básico, significa control físico sobre un bien. Cuando los bienes son escasos, el controlar unas unidades particulares de un bien capacita a la persona para alcanzar los fines subjetivos que estime oportunos y que de otra forma no podría conseguir. El control de los bienes de los consumo posibilita que alguien alcance sus fines directamente; el control de los bienes de producción capacita a la persona a alcanzar sus fines indirectamente. De acuerdo con Mises es posible definir propiedad económica como control sobre un bien. El control físico es clave en el sentido de que las formas sociales de propiedad, incluyendo las reglas legales, adquieren su relevancia únicamente a través del control sobre los recursos escasos18.

La propiedad sobre un objeto o recurso no debe ser necesariamente controlada individualmente; el control físico a menudo puede ser compartido conjuntamente19. Los granjeros vecinos que empleen un buey en días alternos o los habitantes de la localidad que construyen un edificio público juntos para disfrutarlo conjuntamente ejercen la propiedad comunal. El control compartido puede desarrollarse conforme a los planes individuales de cada persona, como en el ejemplo del buey, o puede darse conforme a un único plan que el grupo acepta, como en el caso del edifico público. Este último es la propiedad típica de las organizaciones y es importante en nuestras sociedades modernas pues es de uso masivo por las empresas. También era común en las sociedades antiguas, en trabajos públicos cuya construcción y uso eran llevados a cabo conjuntamente y los bienes empleados en ceremonias públicas. Otra manifestación de la propiedad en sociedad es la posibilidad de separar la toma de decisiones y la ejecución física de las mismas. Si solo existe un individuo la toma de decisiones y su ejecución son llevadas a cabo por el mismo sujeto, pero en sociedad una persona puede decidir cómo emplear unos recursos mientras que otra aplica dichas decisiones.

En términos sociales la propiedad, aunque está ideada para resolver conflictos, puede en cierta manera crearlos puesto que el control de un bien por parte de un grupo tiende a excluir el uso de otras personas. El conflicto puede dar pié a que aumentes los incentivos por hacerse con los bienes mediante el uso de la violencia y el fraude. Un objetivo primario de las reglas que gobiernan la adquisición, uso y transmisión de la propiedad es reducir tal conflicto. Se observa a menudo que las reglas constituyen las formas legal y social de propiedad, las relaciones de comportamiento entre hombres que emergen a partir de la existencia de bienes escasos y a cuyo uso aspiran. Los economistas generalmente asumen que el estado es necesario para que se haga cumplir los derechos de propiedad aunque algunos autores liberales como Rothbard y Bruce Benson han defendido convincentemente de lo contrario. Entre los antropólogos, los etnógrafos normalmente creen en un concepto de propiedad asegurado por un poder superior, mientras que los arqueólogos argumentan que la codificación de las normas regulatorias de la propiedad puede ser consideradas como un mecanismos a través del cual los objetos y la tierra se “mezclan” con los usos de la gente, distribución y transmisión. Nuestra teoría está conforme a la de los arqueólogos, es decir, las reglas de propiedad no requieren de la existencia de gobiernos para especificar o hacer cumplir los derechos de propiedad. Nuestra teoría evolutiva explica cómo los derechos emergen espontáneamente20.

Diferentes normas que reglamenten la adquisición de la propiedad establecen cada una un sistema particular de propiedad. En general, los economistas y antropólogos identifican tres sistemas generales de propiedad. Las reglas que permiten a cualquiera apropiarse de un recurso como recoger una fruta y cazar un animal, crean un sistema de acceso libre o en derecho romano res nullius. Las reglas que restringen el uso de un recurso a un grupo particular y determine previamente los usos dentro del grupo, creando una propiedad de uso común. Las reglas que restringen el uso de un recurso a una persona particular es lo que se conoce normalmente como propiedad privada individual, que normalmente permite al usuario amplias facultades en el uso y disfrute del bien, incluyendo su transmisión. Las reglas que permiten el libre intercambio de propiedad entre los propietarios crean un sistema de mercado con sus dos pilares de competición y precio. Si definimos una teoría general de la formación espontánea de la propiedad ésta debería explicar (a) cómo los sistemas de recursos comunes y propiedad individual emergen de la res nullius, (b) cómo la propiedad común emerge de la propiedad individual, y (c) cómo la propiedad individual emerge de la comunal. Aunque la teoría evolucionista es lo suficientemente amplia para explicar estos tres casos, debido a razones de economía de espacio vamos a centrarnos en el tercero, es decir, el surgimiento de la propiedad individual a partir de la comunal. La transformación de lo común en individual ha llamado la atención de economistas de renombre como Demsetz, quien en 1962 publicó su “Towards a Theory of Property Rights”. En dicho artículo y en otro posterior publicado en 200221, el autor identifica diversos factores que eventualmente transformarán lo común en propiedad individual como el efecto de factores externos, la comodidad con la que los bienes individuales pueden ser gestionados, el incremento del valor económico de n bien, el debilitamiento de los lazos sociales asociados al incremento de la población, el incremento de la especialización y el incremento de la complejidad en la producción. Este trabajo pionero de Demsetz explica los incentivos para establecer la propiedad privada individual pero no el proceso por el cual emerge realmente.

En el sentido de la falta de análisis de Demsetz creemos que nuestro análisis teórico evolucionista puede dar luz. Por ejemplo, consideremos una sociedad de cazadores-recolectores en la cual el compartir la comida es una costumbre ampliamente aceptada y establecida. El reparto, asumimos, es una práctica beneficiosa porque lima las asperezas del consumo de un bien tan preciado en estas sociedades antiguas. Con el tiempo, conforme al tamaño del grupo crece más y más, los lazos sociales se debilitan, los costos de compartir aumentan y el holgazanear aumenta, tal y como decía Demsetz. Bajo estas nuevas circunstancias, uno de los más productivos sujetos recolectores del grupo se da cuenta de que él y su familia si se quedan parte de la producción para ellos solos. Esto no solo incrementará a riqueza de la familia que se aparta sino que además disminuirá el ingreso medio en el resto del grupo. Una segunda familia, tras observar a la primera, se da cuenta de que ellos también pueden incrementar su bienestar apartándose del grupo y quedándose para ellos su producción, etc. Este proceso continúa hasta que finalmente la propiedad privada se establece como una institución.

No obstante parece claro que se puede poner una gran objeción a esta forma de entender la propiedad individual y es que esos sujetos que primero se desligan del grupo podrían ser fácilmente identificados y hostigados, llegando a una marginación que en aquellas sociedades de subsistencia podría ser fatal en casi todos los casos

La presión contra la persona que se sale del grupo es, qué duda cabe, enorme, tanto para cualquier disrupción en la rutina establecida y mucho más en un elemento crucial para aquellas sociedades como lo era el alimento. Sin embargo, incluso si las presiones son insoportables para una sola persona el proceso emprendedor descrito puede seguir teniendo lugar. Todo comienza cuando una persona aisladamente reconoce la ventaja de salirse del grupo pero entiende que estratégicamente no puede hacerlo completamente en solitario sino que previendo precisamente la lógica oposición interna, decide buscarse aliados antes de llevar a cabo su plan. Es necesario para evitar represalias a corto plazo del tipo amenaza física por romper la armonía del grupo, y a más largo plazo porque de fracasar su idea, recordemos que es solo una idea a probar, podría encontrarse solo en el mundo y eso era equivalente a la muerte más o menos pronta. Por esa razón busca aliados y lo hace en su círculo más cercano, la familia. Usa para ello la técnica de la persuasión, de la que ya hemos hablado anteriormente. Una vez consiga el primer objetivo podrá llevar a cabo la secesión. En entonces cuando los miembros más productivos que quedan en el grupo observan la nueva práctica y se imaginan a ellos mismo secediendo igualmente, pudiendo unirse al grupo disruptor que aplica la propiedad privada individual. Cuando el emprendedor descubre la idea y quiere ponerla en práctica, no solo tiene en mente la búsqueda de aliados en la familia, también buscará en el grupo a esos otros sujetos más productivos pues creerá que a ellos la idea les parecerá atractiva más fácilmente. La función empresarial no es tan solo ocuparse de los beneficios personales si el sujeto emprendedor la aplica para sí mismo, sino que también tiene en cuenta los beneficios de los demás y los medios de organización de un grupo que pueda contestar a los reaccionarios del grupo original. En esos estadios del proceso la empresarialidad requiere no solo estar alerta y juzgar adecuadamente las oportunidades de negocio sino también persuasión y liderazgo como acertadamente describe Schumpeter22 cuando trata del empresario23.

Tal vez sea necesario resaltar que no estamos necesariamente defendiendo la existencia de una tendencia general que impliquen el surgimiento de la propiedad privada individual a partir de la propiedad comunal. La propiedad comunal es en sí misma el resultado de un proceso empresarial y hay muchas situaciones en las cuales la propiedad privada es impracticable24.

3.6) Ideas finales

La teoría de Menger se fundamenta en el proceso de descubrimiento empresarial para explicar el surgimiento del dinero y esa misma teoría se puede aplicar a cualquier otra institución social. La teoría de Menger defiende que cada paso está guiado por la función empresarial, es decir, la capacidad de estar alerta, descubrir y valorar nuevas oportunidades de negocio. Un proceso en el que los pasos se repiten lógicamente una y otra vez en todos los ejemplos de instituciones analizados, y gracias a los cuales disfrutamos de un enorme desarrollo económico. En un principio, una nueva práctica, tal vez disruptiva a los Schumpeter, aparece. Al final del proceso la nueva práctica se convierte en común y una nueva institución ha nacido.

La teoría presentada es cierto que tiene algunas limitaciones. La más importante es que ignora el poder de la coerción para establecer nuevas instituciones. Nuestra proposición se fundamenta en en el beneficio económico obtenido a través de la adopción voluntaria de nuevas prácticas, por lo tanto las instituciones implantadas en base a la fuerza no están presentes en el análisis de ningún modo. Históricamente la coerción ha sido un método común para crear patrones sociales. Las antiguas prácticas y usos sociales como la esclavitud, el bandidaje, y los ejércitos obligatorios caen fuera del alcance de nuestra teoría, así como otras modernas instituciones como la banca central, los aranceles, subsidios y los impuestos, todas ellas instituciones ampliamente extendidas en nuestras modernas sociedades. No solo las prácticas coercitivas han establecidos sus propias instituciones sino que han transgredido las voluntarias. La guerra y el pillaje el intercambio y la formación de capital. La coerción también debe ser incorporada a nuestra teoría sobre el surgimiento de las instituciones para que sea completa25. Los bienes comunales bien gestionados como tal puede ser tan positiva para el aprovechamiento óptimo de los recursos como la propiedad privada individual en otros casos. Por lo tanto, lo que la teoría económica evolutiva de las instituciones nos está diciendo es que en aquellas situaciones de propiedad comunal, si hubiera un ganancia empresarial derivada de la implementación de la propiedad individual entonces siempre habría un incentivo para que un empresario lo descubriera y consecuentemente intentara aprovecharla. Que lo lograra dependerá de su pericia como empresario a la hora de trazar el plan así como de las específicas circunstancias en las cuales su plan deberá desarrollarse. De ahí puede haber un éxito empresarial o un error, y de haber éxito podrá surgir a largo plazo una institución social o quedarse en un experimento simplemente parcialmente exitoso.

Una segunda limitación de la teoría es que dice muy poco del tiempo que tarda una institución en desarrollarse y desplegar sus efectos como tal. Según lo describe Menger el proceso de creación del dinero podría durar meses, años o incluso siglos. Es por ello que Israel Kirzner diferencia entre procesos de mercado e institucionales. En los mercados podemos tener confianza que los emprendedores descubrirán y explotarán las instituciones existentes bastante rápidamente. Fuera del mercado los beneficios, en el sentido de ingresos que exceden los gastos, no existen. Kirzner asegura que “no entrepreneur could, by himself, discover opportunities for pure profit by attempting to move the barter society towards the use of money”, y de ahí concluye que “there is thus no systematic discovery procedure on which we can rely for the spontaneous emergence of superior institutional norms”26.

Parece que Kirzner pueda estar en lo correcto al diferenciar entre esos dos tipos de procesos. El beneficio monetario tanto un poderoso incentivo y guía indispensable en los mercados modernos y en su ausencia, o al menos reducida, en la introducción de instituciones. Además, los emprendedores en los modernos mercados expresamente intentan introducir innovaciones como el ferrocarril, los coches y los ordenadores, mientras que las instituciones se supone que no son el objeto de la intención consciente de nadie. A pesar de la diferenciación kirzneriana no deberíamos concluir que las fuerzas que llevan a la adopción de instituciones positivas no existen. La ganancia económica no es un beneficio monetario estrictamente pero aún así es un poderoso incentivo potenciador de la adopción de nuevas prácticas. El cálculo de pérdidas y ganancias es esencial para juzgar la eficiencia de una nuevo proceso de producción en el mercado pero es a menudo posible juzgar si una nueva práctica es beneficiosa incluso sin cálculo. Kirzner nos alertó27 de que “the truth is that all human decision making is guided by an extremely powerful force—the motivation to see relevant facts as they are“. La motivación para ver hechos relevantes que puedan mejorar nuestra posición es la fuerza última que guía el establecimiento de nuevas instituciones sociales. Esta fuerza es sin duda más débil que la función empresarial del mercado y por lo tanto las instituciones necesitan un mayor tiempo de desarrollo. El ordenador personal se implantó entre nosotros en apenas unas décadas mientras que la contabilidad de doble entrada requirió más de doscientos años ser una institución en toda Europa.

————————————————————————————————————————————————————————

1 No deja de ser interesante que Marx dedicara tanto esfuerzo al análisis de la situación social presente y pasada, así como al idea de sociedad sin clases, pero no dejó nada escrito sobre cómo se pasaba de una a otra sociedad más allá del tiempo necesario de dictadura del proletariado. Es una pena que no hubiera desarrollado un poco cómo pasar al siguiente estado porque el comunismo en el mundo se ha estancado sistemáticamente en esa etapa y ha asesinado a 100 millones de personas en ella. Lo dicho, una pena que Marx no explicara como salir de la dictadura del proletariado.

2 En términos misesianos el mercado es denominado catalaxia.

3En Boettke, Peter J., and Coyne, Christopher J., “Entrepreneurship and Development: Cause or Consequence?” Advances in Austrian Economics 6: pp. 67–87, 2003

4 Ibid. p.3.

5 Ver Rothbard, Murray, 1962. Man, Economy, and State, p. 538, 1962

6Acting man exclusively seen from the aspect of the uncertainty inherent in every action“, en Mises, Ludwig, Human Action, p.537, 1962.

7 Sobre la tendencia a darse cuenta de las oportunidades y copiarlas ver, Kirzner, Isreal Discovery and the Capitalist Process: “it can be stated with considerable confidence that individuals tend to notice that which it isin their interest to notice” 1985, p. 27.

8 Menger, Carl, Principios de Economia Politica, 1871, p.271.

9 Smith, Adam, An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, p.17, 1776.

10 Mises, Ludwig, Human Action, 1966, p.157.

11 A esto se le llama complementariedad de oportunidades, concepto acuñado por el economista austriaco Randall Holcombe.

12 «The competitive advantage enjoyed by moderns came not just from new weapons and devices but from the ways in which their economic lives were organized around the buffering advantages of cooperation and complementary subsistence roles for men, women, and children », en Kuhn, Steven L., and Mary C. Stiner. 2006. “What’s a Mother to Do? The Division of Labor among Neandertals and Modern Humans in Eurasia.” CurrentAnthropology 47 (6): 953–80.

13 Ver Mises, Ludwig, Socialism, 1922, p.293.

14 Menger, Carl, Principios de Economia Politica, 1871, p.250.

15Mises, Ludwig, Human Action, p.212, 1949.

16 Ver apartado de la Wikipedia dedicado a Pacioli.

17 Vemos, como Meseguer apuntaba con motivo de la codificación del Derecho, que el conocimiento previo ya existía y que la plasmación en negro sobre blanco no es más que una mera formalización que lo hace más visual y mejora su transmisibilidad pero no define la existencia de ese conocimiento previo.

18 Tanto Mises en Socialismo como Menger en sus Principios tratan este aspecto crucial sobre la naturaleza económica de la propiedad.

19 Véase al respecto los trabajos de la Nobel de Economía de 2010 Elinor Ostrom y sus interesantes intuiciones sobre gestión privada comunal de espacios y recursos comunes.

20 Ver Benson, Bruce. 1989. “The Spontaneous Evolution of Commercial Law.” Southern Economic Journal 55 (3): 644–61, y el incio de Rothbard, Murray N. 1970. Power and Market..

21 “Toward a Theory of Property Rights II.” Journal of Legal Studies (31).

22 Schumpeter, Joseph A. , 1911, The Theory of Economic Development. Cambridge, Mass.: Harvard University Press., p.83.

23 Me ha sido de utilidad el material leido para la asignatura del primer cuatrimestre “Innovación y tecnología en los procesos de mercado”, especialmente el libro del economista neerlandés Arnold Heertje “Schumpeter on the Economics of Innovation and the Development of Capitalism”.

24 Juan Ramón Rallo en su libro “Una revolución liberal para España” explica las diferentes posibilidades de la propiedad comunal sobre todo en el capítulo dedicado al medio ambiente y gestión de espacios por naturaleza comunes.

25 Otra limitación de la teoría presentada aquí es que no tiene en cuenta la acción colectiva a gran escala. Así, algunas reglas tales como conducir por el carril derecho no pueden ser establecidas gradualmente sino que deben ser adoptadas colectivamente y a la vez. No obstante, en el caso de la conducción por el carril derecho creemos que se trata de una mezcla de institución voluntaria y acción colectiva. Así, sabemos que en el Reino Unido se conduce por el lado izquierdo de la carretera mientras en el resto de Europa lo hacemos por el lado derecho. Lo lógico era circular por la izquierda para tener la mano derecha libre para empuñar un arma en caso de encontrarse con enemigos de frente, igual de lógico era circular por la izquierda si conducías un carruaje porque con la mano derecha se empuñaba el látigo y se podría fustigar a los peatones de ese lado de la calle en un descuido. ¿Pero por qué y desde cuando se circula por la derecha en Europa? Cuando se inventó el coche, en esos primeros momentos el conductor iba situado en el centro del coche, dominando la circulación. Cuando se empezó a incrementar el tráfico algunos fabricantes situaron al conductor en el lado izquierdo del vehículo, si circulaba también por la izquierda con esa posición controlaba los setos y los bordillos del borde de la calzada pero se fallaba en el cálculo de la distancia cuando se cruzaba con otro coche en sentido contrario. Las opciones eran dos, situar el conductor en el lado derecho del coche y seguir circulando por la izquierda o mantener al conductor en la izquierda y hacer circular los coches por el lado derecho de la calle. Lo que parece claro es que se estableció que como norma los conductores tenían que ir sentados en la parte del coche que quede más hacia el centro de la calzada. Parece que se circula por la derecha por una serie de convenciones dadas por la mayoría de diestros que hay en el mundo. Al ser diestro, la palanca de cambio se mueve con más fuerza si lo hacemos con la mano derecha. Las rotondas se toman en sentido anti-horario por la facilidad que tiene la mayoría de la gente (diestra) a la hora de trazar un circulo. Y por fin encontramos una referencia a las motos, que circulando por la derecha hacen la señalización de sus maniobras con la mano izquierda porque la derecha está aguantando el puño del gas para que no se pare la moto. También al circular por la derecha y señalizar con la mano izquierda esta queda hacia el centro de la calle que se ve más y evita confusiones con los peatones. Ver Wikipedia.

26 Kirzner, Israel. 1992. The Meaning of Market Process.

27 Kirzner, Israel, 1985. Discovery and the Capitalist Process.

Resumen de los capítulos IV, V, VI y VII del libro Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial, de Jesús Huerta de Soto Wednesday, Jun 25 2014 

Trabajo resumen del libro Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial, de Jesús Huerta de Soto, correspondiente a la asignatura ANÁLISIS ECONÓMICO DE LA PLANIFICACIÓN Y DEL INTERVENCIONISMO, del Máster Oficial en Economía de la Escuela Austriaca, de la Universidad Rey Juan Carlos, Madrid.

INTRODUCCIÓN

En la misma medida en que la historia del pensamiento económico ha reconocido la labor el economista neoclásico Milton Friedman y del resto de la Escuela de Chicago en su lucha contra los errores keynesianos, bien podría decirse que la Escuela Austriaca encabezada por Mises y Hayek son ampliamente vistos como los responsables de haber demostrado la imposibilidad del cálculo económico en los regímenes socialistas, o lo que es lo mismo, si asumimos la no existencia de propiedad privada en un sistema dado (socialismo) no surgirán precios de mercado y por lo tanto no se podrá dar el cálculo económico en ausencia del cual resulta humanamente imposible sostener una sociedad compleja (u orden extenso, en términos hayekianos) basada en la división del trabajo (o conocimiento, como señala Huerta) como la nuestra.

Está claro que el sistema socialista, tal y como le ocurre al keynesianismo (que se refunda en formas tales como neo-keynesianismo, nueva economía keynesiana y post-keynesianismo), ha ido viendo sus líneas teóricas ligeramente modificadas pero grosso modo la crítica de Mises allá por 1920 sigue siendo válida.

Particularmente llamativa es la cita que el profesor Huerta de Soto nos regala en el prefacio a la segunda edición de su obra en la cual el economista Mark Blaug admite que “de forma lenta y extremadamente reacia he llegado a darme cuenta de que los economistas austriacos están en lo cierto y todos los demás hemos estado equivocados1.

RESUMEN

El capítulo IV se titula Ludwig von Mises y el inicio del debate sobre el cálculo económico y es buena medida un capítulo dedicado a la historia del pensamiento económico. Huerta de Soto es capaz de trazar los orígenes del debate que da origen al libro no en 1922 con la publicación de Socialismo, de Mises, sino mucho más atrás en el tiempo, tanto como hasta Grecia, Roma, con autores pre-clásicos y clásicos, así como otros muy posteriores como Pareto, Bagehot, Pierson, Barone, Weber y Wieser, entre los más destacados.

Tras realizar las oportunas menciones a estos antecedentes del debate, pasa Huerta de Soto a diseccionar la argumentación fundamental de Mises partiendo del paper original publicado en 1920 llamado “El cálculo económico en una comunidad socialista”, junto, por supuesto, al ya mencionado libro Socialismo, dos años posterior. El artículo de 1920 no es otra cosa que la reproducción de una conferencia dada por su autor un año ante en respuesta a “Through War Economy to Economy in Kind” del filósofo de la ciencia austriaco Otto Neurath, también de 1919.

El sistema socialista se mostraba a los jóvenes idealistas tras la Primera Guerra Mundial que habían sufrido en sus carnes los horrores de semejante enfrentamiento bélico, tal y como apunta su discípulo Hayek en el prólogo que realizó a El Socialismo en 1978 una gran oportunidad para reconstruir el mundo de una forma que ellos creían más justa y racional. Decía Hayek en el prólogo que El Socialismo abogaba por entender que esa reconstrucción del mundo, supuestamente para mejor, en realidad iba en la dirección equivocada. Hayek, que en su juventud fue socialista, no tuvo por menos que sentirse “zarandeado” intelectualmente por semejante obra.

Se pone el autor a continuación a analizar al gran gurú del socialismo, Karl Marx, quién publicó El Capital en 1867, y al que acusa de desarrollar una teoría del valor trabajo errónea, debido a su consiguiente teoría de la plusvalía, mas sobre todo debido a no tratar el desarrollo específico del sistema socialista que pudiera implantarse. Se diría que Marx señaló (a su juicio) un problema y un fin último, algo así como el nirvana del socialismo, pero se “olvidó” de explicar el proceso. Para Huerta de Soto esa posición oficial del marxismo ha venido históricamente siendo empleada para no entrar en el debate acerca de las probabilidades reales del orden socialista y su desarrollo.

Por contra, un mérito que sí ha de reconocerse a Marx es su capacidad para observar y señalar los desequilibrios propios del mercado, lo cual, a juicio de Huerta de Soto, guarda ciertas semejanzas con el estudio de los procesos de mercado típicamente austriaco centrado en como el mercado no está nunca en equilibrio sino que, a lo sumo, tiende a él, pasando por una serie de etapas de descubrimiento y coordinación, posiblemente desequilibradoras.

Basándose en los trabajos sobre el capital de Bohm-Bawerk y los mencionados de Mises, Huerta de Soto concluye que el sistema socialista es esencialmente una utopía ya que defiende que la no-planificación capitalista emergida del orden espontáneo hayekiano podría ser en algún momento remplazada por una suerte de “planificación perfecta”, producto de una supuesta organización administrativa central para la cual los precios de mercado no serían necesarios. Es ese el mantra del socialismo, al menos en un primer estadio histórico del mismo, y origen de toda argumentación contra su factibilidad.

Pasa a continuación nuestro autor a estudiar las que fueron primeras proposiciones de corte socialista para enmendar las pegas al problema del cálculo, y para ello toma el llamado cálculo en especie, siendo inicialmente una propuesta del propio Marx en El Capital2.

La siguiente solución analizada por Huerta es la de realizar el cálculo utilizando las horas de trabajo empleadas en la producción de un bien, idea que obviamente recuerda a Marx y su frustrada teoría del valor-trabajo. En pocas palabras diremos que cada trabajador obtendría un cierto número de cupones en función a las horas trabajadas. Dichos cupones podrían ser intercambiados para conseguir una cantidad previamente determinada de bienes y servicios producidos por otros trabajadores de la comunidad. La gestión de la producción social debería llevarse a cabo conforme a un registro del número de horas empleadas para producir cada bien y servicio. Éstos serían distribuidos a los trabajadores que quisieran dar a cambio la correspondiente cantidad de cupones ganados con anterioridad. En resumen, cada hora trabajada le da derecho al trabajador a reclamar su cuota equivalente de los bienes y servicios producidos por la comunidad.

Mises en 1924 ya criticó a Otto Leichner allá por 1924 y Huerta de Soto coge el testigo al recalcar que esos cupones no son dinero en ningún caso y que existe una ausencia de precios de mercado que muestren las relaciones voluntarias de intercambio. Otro problema estudiado por Mises es aquel que atañe los bienes naturales imposibles de reproducir, tales como el carbón, a los cuales consecuente no se les puede otorgar ningún valor medido en horas de trabajo. Y otra dificultad crucial de esta solución es que no todas las horas de trabajo son uniformes ni homogéneas. Y es que efectivamente, no existe tal cosa como el factor trabajo unitario sino multitud de variaciones, clases y tipos que no pueden ser sumadas/restadas debido a su naturaleza netamente heterogénea, en ausencia de un denominador común como son los precios denominados en dinero emergidos de las relaciones de mercado para cada forma de trabajo.

En último lugar analiza Huerta de Soto la siguiente solución ideada y opuesta a la crítica misesiana centrada en el empleo de unidades de utilidad. Esta propuesta puede ser, si cabe, considerada aún peor elaborada que las anteriores porque es preciso entender que el concepto de utilidad es necesariamente subjetivo, producto de la muy personal estimación que cada agente realiza, por lo que la medición de utilidades es absurdo. Solo pueden llevarse a cabo comparaciones de utilidad respecto de la utilidad de aquellos cursos de acción que se dejan de emprender.

En definitiva, todas estas primeras proposiciones para salvar el problema de cálculo tuvieron su continuación en propuestas de corte estático, a pesar de que Mises ya admitió en su obra que cálculo económico no era un problema desde un punto de vista estático.

El capítulo V se titula La indebida desviación del debate hacia la estática: los argumentos de similitud forma y la llamada “solución matemática” y se inicia considerando los argumentos de similitud formal, los cuales asumen que toda la información está dada y se encuentra disponible. Ante semejante asunción de modelización de equilibrio general el problema de cálculo económico pierde su sentido pues se convierte en una mera cuestión de cálculo matemático, pero no económico. Este viraje en el adjetivo del problema, de económico a matemático, es lo que evita que los teóricos del socialismo respondan a la pregunta sobre cómo es posible que el órgano de planificación central se haga con la información relevante, de carácter tácito y disperso, para coordinar los planes de acción de millones de agentes diseminados por todo un territorio y cada uno con una valoración subjetiva del mundo. Efectivamente, si transformamos el problema económico en uno simplemente matemático nos ahorramos responder a esa cuestión fundamental y solo necesitamos un potente súper ordenador que haga el cálculo. Se lamenta Huerta de Soto del tiempo y energía perdidos en esta indebida desviación, y no le falta razón.

Entre esas mentes brillantes que se perdieron en el debate estático tenemos a Wieser, Cassel, Barone y Lindhal. El propio Schumpeter se confundió en su faceta de historiador del pensamiento económico al pensar que estos autores habían respondido la crítica de Mises. Nada más lejos de la realidad. Lo único que hicieron esos autores fue aportar su granito de arena a la desviación del debate.

Otros teóricos que se enmarcan en la desviación estática son Taylor y Dickinson que abogan por la llamada solución matemática. Pero no son los únicos, Huerta de Soto señala a Tisch y Zassenhaus como colaboradores del error e incluso Cassel y Walras, autores clásicos del equilibrio en cuya obra los autores socialistas se inspiraron.

Ligeramente aparte de la solución matemática tenemos el método de prueba y error, que

Pretende evitar la engorrosa necesidad de solucionar algebraicamente el complejísimo sistema de ecuaciones que se deriva de la misma. En efecto, tanto estos autores como, según veremos más adelante, el propio Lange, consideraban que, siendo la solución matemática la más adecuada, mientras existiesen dificultades prácticas para encontrar la solución del correspondiente sistema de ecuaciones, podría llegarse a una aproximación muy ajustada de tal solución mediante un procedimiento de «prueba y error». Para ello, bastaría con que de partida se adoptaran las «soluciones de equilibrio» heredadas del sistema capitalista vigente con carácter previo a la introducción del socialismo. A partir de ahí sólo sería preciso ir efectuando las modificaciones marginales que fuesen necesarias para «devolver» el sistema al equilibrio siempre que se verificasen cambios3.

Aunque no parece quedar claro cómo este nuevo método se ejecutaría realmente, Huerta de Soto nos dice que vendría a ser en el necesario envío de información por parte de los diferentes agentes y sectores de la economía al órgano central de planificación socialista, informando en particular de las distintos acontecimientos en la producción y combinación relativa de factores. Cuando la información fuera recibida, los planificadores establecerían una especie de precios provisionales que le servirían a las empresas para producir en conformidad a ellos. El propio actuar de cada agente económico señalaría automáticamente donde hay abundancia y escasez relativa, o lo que es lo mismo, donde se han equivocado los planificadores y por cuanto. Una vez reenviada esa información al órgano central, los burócratas recalcularían los precios y el círculo volvería a empezar. Con este método, vemos, el cacareado equilibrio general sería factible y el problema del cálculo de habría (falsamente) erradicado.

Para Huerta de Soto nada esto tiene el menor sentido económico. Y es que es un sinsentido teórico creer que el sistema de libre mercado esté alguna vez en equilibrio, lo cual permitiría al planificador socialista fijarse en dicho sistema y perseguirlo4. Esta actitud naif proviene de la completa falta de comprensión del problema económico que se estaba tratando puesto que los precios de mercado son transmisores de información en cambio incesante pues son el reflejo de las decisiones de actuación de millones de agentes.

Por otro lado, asumir que la transición desde una economía de mercado a una socialista no afectaría a los propios precios es erróneo ya que las modificaciones serían realmente una revolución y por ende todas las áreas económicas se reformularían. Por tanto, incluso aunque hubiera tal cosa como un esquema de precios de mercado en equilibrio, dicha estructura se derrumbaría con la llegada de un nuevo sistema económico por lo que los precios anteriores ya no responderían al nuevo estado de cosas.

Continúa Huerta de Soto argumentando que incluso si, a efectos del debate, se asumiera estabilidad en los precios solo mediante la función empresarial se podrán adecuadamente interpretar. Es decir, si nos encontramos con escasez de determinado producto en el mercado, no necesariamente la respuesta única es la subida permanente de precios pues bien puede incentiva a los empresarios a descubrir alternativas empleando su alertness.

En último lugar el autor concluye el capítulo criticando la cortedad de miras de los defensores del equilibrio. Lo que está claro es que el burócrata no tiene esa capacidad de acción y por lo tanto estaremos perdiendo de vista soluciones de mercado en aras de alcanzar un equilibrio que a todas luces nos es insuficiente para replicar el resultado de la creatividad empresarial.

El capítulo VI se titula Oskar Lange y la “solución competitiva” y en él expone la proposición de resolución más ampliamente conocida y argumentada por parte de los economistas socialistas. Oskar Lange fue sin duda el rival más potente de cuantos se han opuesto a Mises y los austriacos que vinieron tras él en el debate del cálculo. No en vano Lange, de origen polaco, había estudiado en la LSE, Chicago, Berkeley y Harvard. En Harvard fue precisamente donde conoció a Schumpeter amén de conocer a los otros economistas socialistas Alan y Paul Sweezy y, sobre todo, a Wassily Leontief.

La solución competitiva no fue la única aportación de Lange pues Huerta de Soto admite que pasó por hasta cuatro etapas personales de pensamiento pero sin lugar a dudas la solución competitiva es la que mayor relevancia tuvo y a la que nuestro autor se dedica in extenso. Lange reunió y empleó un conjunto de elementos teóricos que ya estaban sobre la mesa desde hace tiempo pero los dio un sentido conjunto. Estamos hablando del método de prueba y error, la fijación de precios conforme a los costes marginales de producción y los flujos de información arriba y abajo entre los burócratas y los agentes a pié de terreno.

Oskar Lange se inspiró en los modelos walrasiano y neoclásico, junto a las aportaciones de Heimann y Polanyi, para desarrollar su propio modelo en el cual se llegar al equilibrio en los sistemas de mercado. Dicha postulado se basa en que los precios al consumo y los salarios se fijan en el mercado en tanto que los burócratas planificadores se encargarían de establecer solamente los precios de los factores de producción.

En cuanto a la forma en que esos factores de producción verían fijados sus precios no hay más respuesta que al libre entender del burócrata de turno. Es a posteriori cuando el miembro del órgano de planificación se vería en la necesidad de seguir el comportamiento de los mercados conforme a los precios fijados por él y en función de si se producen escaseces o abundancias subir o bajar los precios mediante el empleo del método de prueba y error ya enunciado anteriormente. Siempre a la búsqueda del equilibrio.

En resumen la propuesta del teórico socialista no es otra cosa que una revisión del método de prueba y error venido de Walras y Taylor de tal forma que, dejando al mercado la fijación de los precios de los bienes de consumo y salarios, el estado establece la distribución de recursos de capital que alcanza el equilibrio.

Si se sigue este planteamiento Huerta de Soto cree ver una derrota implícita de los teóricos socialistas respecto de los planteamientos misesianos pues entonces los socialistas admitirían que el mercado siguiera funcionando para cierta parte de los precios y solo habría intervención para los bienes de capital. En cualquier caso sí que parece un paso atrás de los teóricos socialistas en sus anteriores posiciones de control burocrático pleno sobre la economía.

Este llamado socialismo de mercado no plantea destruir el mercado por lo tanto sino mantenerlo allá donde sea útil e incluso buscar una convivencia entre socialismo y mercado. Todo esto no tiene sentido salvo si se defiende que el mercado existía antes del desarrollo capitalista, es decir, el capitalismo es el sistema a eliminar pero no necesariamente el mercado previo.

Bajo la óptica del Escuela Austriaca la mera proposición del socialismo de mercado supone una victoria de sus autores, personalizando en Mises ya que ningún economista hoy día plantea la centralización plena de la economía, admitiendo la necesidad de existencia de un mercado que fije precios.

Desde la óptica marxista el socialismo de mercado viene a significar el definitivo abandono del postulado en virtud del cual la planificación tiene como objetivo la eliminación de la competencia, más allá incluso que ser su simple opuesto teórico. Por lo tanto, los socialistas surgidos después de las tesis de Lange ya no comulgaron con la rígida planificación central de inspiración marxista sino que veían con buenos ojos la existencia de competencia aunque los medios de producción fueran propiedad del estado.

Huerta de Soto describe abundantemente hasta siete problemas del modelo de Oskar Lange. Señala el autor que “la imposibilidad de elaborar la lista de bienes de capital” en condiciones de ausencia de verdaderos empresarios dado la esencia subjetiva del capital y de los medios de producción en general. Posteriormente apunta Huerta de Soto a la profunda mala comprensión por parte de Lange de lo que es realmente un precio de mercado como su rival austriaco Mises se lo señalaba. Los precios Lange son paramétricos, no verdaderos precios, por lo que solo son útiles en un mundo de de equilibrio walrasiano. Otro problema viene de la “inexistencia de verdaderos precios libres para los bienes y servicios de consumo” y los salarios puesto que no habría mercados libres que los determinaran. Sigue Huerta de Soto apuntando que las reglas de Lange son imposibles de cumplir en una economía dinámica real, tanto la regla que alude a la adopción de una relación de factores que minimice los costes medios y la que habla de producir hasta que se iguales precios y costes marginales. Tampoco tendría sentido el método de prueba y error, como ya hemos explicado. Sigue Huerta de Soto y se fija en lo arbitrario de la fijación de un tipo de interés artificial, lo cual se uniría a la existencia de un verdadero mercado de capitales, con bolsa de valores y acciones representativas del valor de las empresas del mercado. Y finalmente no debemos olvidar, nos dice Huerta de Soto, de la “ignorancia en cuanto al comportamiento típico de los organismos burocráticos”.

El debate con Lange, por época, no lo sostuvo con Mises sino con su discípulo Hayek a caballo de los años 30 y 40. Cuenta Huerta de Soto una anécdota que posiciona bien al autor sobre quién ganó el debate. Nos dice el autor que en el intercambio epistolar entre ambos teóricos opuestos el propio Lange llegó a admitir que los problemas señalados por Hayek y que el modelo de equilibrio estático walrasiano que él usaba no daba de sí como para afrontar las pegas. Llegó Lange a admitir en 1943 que solo la socialización de las industrias clave era aceptable, mientras que los medios de producción relacionados con el resto de industrias deberían seguir estando en manos privadas ya que “ello permitía mantener la flexibilidad y capacidad de adaptación que solo la iniciativa privada con carácter exclusivo permite alcanzar5. Años después, tras la Segunda Guerra Mundial y a pesar de haber prometido una respuesta final a Hayek Lange en última instancia no respondió y se enrocó en sus posiciones originales, previas incluso a los “avances” producidos durante los años de debate intelectual. Ahí murió el debate.

El capítulo VII lo dedica Huerta de Soto a ciertas consideraciones finales sobre otros tres economistas socialistas tales como Durbin, Dickinson y Lerner. Todos ellos retomaron el argumento del socialismo à la Lange y desarrollaron una propuesta en la que introdujeron elementos de corte competitivo para afrontar el eterno problema del cálculo en el sistema socialista.

Para Huerta de Soto, el teórico Durbin, de cuyas ideas realiza una amplia exposición, a pesar de que Durbin tuviera conocimientos sobre la Escuela Austriaca y sus diferencias respecto del paradigma del equilibrio neoclásico, no se encuentran mayores contribuciones que hicieran avanzar el debate significativamente.

Tampoco el segundo teórico analizado Dickynson hizo aportaciones al debate pues se mantuvo en esencia bajo posiciones estáticas muy semejantes a las que en su día ya había sostenido. Según Huerta de Soto Dickynson nunca fue capaz de ver que “La gran maravilla de la vida en una sociedad capitalista movida por la fuerza de la empresarialidad radica en que en la misma cada persona o agente económico aprende a disciplinar y modificar voluntariamente su comportamiento en función de las necesidades y deseos de los demás, todo ello en un contexto en el que cada uno persigue los más variados, ricos e imprevistos fines”6.

Dickinson observa que el sistema socialista sería mejor por cuanto podría disminuir la incertidumbre típicamente capitalista y que a ojos de los teóricos del mercado austriacos es precisamente la esencia del modelo de libre mercado. Parece claro que Dickinson no entiende el proceso social descentralizado en el marco de un sistema capitalista y cuya coordinación se hace posible precisamente gracias a los precios. Dickynson asume, al igual que los teóricos socialistas previos, que los burócratas planificadores tendrían al al alcance la información necesaria para dirigir la economía mediante mandatos.

En última instancia destaca Huerta de Soto la candidez de Dickinson al defender que en ese entorno de control pleno de las relaciones económicas gracias al poder máximo del órgano de planificación central sería compatible con la libertad individual. No acertamos a ver cómo semejante mamotreto administrativo, arbitrario y desmesurado puede en alguna medida ser respetuoso con la libertad de cada individuo.

Ataca Huerta de Soto el último de los teóricos socialistas de su obra, Abba Lerner quien fundamentalmente cayó en los mismos fallos que sus predecesores. Lerner admitía expresamente la necesidad de tener acceso a información completa de cada fábrica, conocer las variaciones continuas de oferta y demanda así como de todas las industrias, y por lo tanto los precios son necesarios en tanto que transmisores de esa información que él reclamaba para el órgano de planificación. Lo que no supo ver Lerner es que esa información no está nunca disponible en la forma en la que él la imagina. Lerner puede se considerado como un walrasiano extremo en tanto en cuanto condena toda desviación del equilibrio general como un fallo de mercado típicamente producido por el capitalismo pero que un sistema de planificación central podría paliar.

En definitiva, para Huerta de Soto ni Durbin, ni Dickinson ni Lerner aportaron nada nuevo al debate y mucho menos respondieron a los desafíos planteado por Mises primero y Hayek después.

CONCLUSIONES

En su obra, tanto en los capítulos aquí analizados como los previos que no han sido objeto de resumen en este trabajo, el profesor Huerta de Soto demuestra claramente por qué el socialismo es un error intelectual, y lo hace subiéndose a hombros del gigante Ludwig von Mises.

El autor nos muestra uno de los debates más apasionantes en la historia del pensamiento económico moderno desarrollado por “contrincantes” austriacos y socialistas. Huerta de Soto realiza una una amplísima recopilación de ideas y obras que cita literalmente, muchas de ellas auténticas joyas de la historia del nuestra disciplina, aunque fueran equivocadas. Es gracias a todo ese trabajo de investigación que Huerta de Soto puede tener éxito en su tarea de presentar al lector todas las ideas clave del debate, desde la proposición original de Mises en 1920 a los último coletazos socialistas, pasando por el interesantísimo enfrentamiento entre Lange y Hayek.

La lectura del libro nos aclara que la llamada solución matemática no responden a la esencia del planteamiento misesiano en absoluto, sino que lo malinterpretan para buscar un atajo intelectual a ninguna parte. No obstante la desviación matemático-estática sí sirvió de refugio intelectual al socialismo y a sus principales proponentes durante bastantes años. Lo que no queda claro es si ese empecinamiento de los teóricos socialistas en el equilibrio, a pesar de las numerosas llamadas al orden de Mises y Hayek, fueron honestas por cuanto no comprendían a los austriacos y/o pensaban realmente que el equilibrio es el nirvana económico, o por el contrario existió cierta malicia con la que esconder sus propias debilidades.

A lo largo de los capítulos hemos visto cómo los teóricos socialistas cambiaban sus posiciones, llegando a retroceder en muchas ocasiones ante los ataques austriacos. Entre la ortodoxia marxista defensora de la eliminación de la propiedad privada y control pleno de la economía, y el socialismo de mercado que Lange defendió a principios de los años 40 hay una distancia enorme que habla a las claras de la fuerza del argumento austriaco.

En buena medida se puede entender el socialismo más elaborado como una consecuencia directa de la matematización de la economía y solo una vuelta al subjetivismo metodológico y al individualismo puede despegarnos de esa tela de araña matemática. En ese sentido Mises y Hayek aportaron una gran cantidad de argumentos para darnos cuenta de los peligros del uso de las matemáticas para hacer economía. Y en particular es un ejemplo estupendo de esta desviación estática y sus peligrosas consecuencias la posición de Abba Lerner, el cual, recordemos, sancionaba que todos aquellos aspectos en los cuales el mundo real no se ajustase al modelo de equilibrio general y competencia perfecta eran sancionados como indebidas desviaciones del camino hacia el nirvana que debían ser corregidas inmediatamente por medio de la intervención estatal. En efecto, la absoluta falta de comprensión, empatía y distancia en la posición de Lerner son tan alarmantes que, si bien pueden ser achacables a él mismo, hay mucho, a nuestro entender, de problema general de la economía matemática, pues es capaz de hacer creer que la economía modelizada es realmente Economía, con mayúsculas.

Finalizaremos este trabajo-resumen enunciando que Huerta de Soto acierta completamente a mostrarnos por qué la economía austriaca ganó el debate, aportó a la ciencia económica la eterna desconfianza hacia la planificación central y revolucionó durante unos años los estándares de debate en los que se discutía. Por un momento se planteaban dos modelos, el estático del equilibrio matemático conducente al socialismo, y por otro el dinámico de la economía de libre mercado. Si el mundo a día de hoy no es un lugar poblado (aún más) de sistemas socialistas, se lo debemos, aparte de las propias inconsistencias del socialismo que lo hacen caer, a las aportaciones seminales de Mises y Hayek, figuras para tantos economistas (y no economistas) que si alguna vez sintieron la tentación de defender el socialismo no lo hicieron tras leer lo absurdo e inhumano de dicho sistema.

————————————————————————————————————————————————————————

1Blaug y De Marchi, 1991, p.558. Para estos autores el simple hecho de medir la aplicación de la economía neoclásica con el fin de demostrar la capacidad de calcular en el socialismo es un hecho “tan ingenuo desde el punto de vista administrativo como para dar risa. Sólo aquellos emborrachados con el modelo de equilibro estático perfectamente competitivo pueden haberse tragado semejante tontería. Yo mismo fui uno de los que se la tragó en mis años de estudiante en los 50 y ahora no hago sino maravillarme ante mi propia falta de agudeza”.

2Así, para Huerta de Soto “El problema de las propuestas de efectuar el cálculo económico in natura o en especie es, con independencia de que sea imposible que la información necesaria pueda estar disponible para el órgano de coacción central, simplemente que no es posible efectuar cómputo alguno, ni suma ni resta, entre cantidades heterogéneas. En efecto, si el órgano director decide entregar, por ejemplo, a cambio de una determinada máquina, 40 cerdos, 5 tonelas de harina, 1 tonelada de mantequilla y 200 huevos, ¿cómo puede llegar a saber si no está entregando, desde el punto de vista de sus propias valoraciones, más de lo que debiera? O, expresándolo de otra forma, ¿sería posible conseguir fines de mayor valor para el propio órgano de control si dedicara esos recursos a otras líneas de actividad? Quizá quepa disculpar que, en un principio, los teóricos socialistas no fueran capaces de aprehender el insoluble problema que para el socialismo supone el carácter subjetivo, disperso e inarticulable del conocimiento empresarial, pero lo que no cabe disculpar es que hayan caído en el burdo error de pensar que podrían efectuarse cómputos racionales sin utilizar como común denominador ninguna unidad monetaria”, p.200. Cita a continuación Huerta de Soto al economista socialista pues éste se opuso frontalmente a la solución del cálculo en especie como una solución viable.

3Pág. 235.

4En cierta medida esto es lo que hacían los planificadores soviéticos cuando se fijaban en los precios relativos de las materias primas en el mundo libre para acorde esa información establecer sus propios precios relativos. Un disparate.

5Pág. 334, Huerta de Soto citando a Lange en su trabajo sobre los “Fundamentos económicos de la democracia en Polonia”.

6Pág. 371.

El fracking es el futuro y además ¡es (relativamente) verde! Wednesday, Jun 25 2014 

Trabajo correspondiente a la asignatura ECONOMÍA Y MEDIO AMBIENTE, del Máster Oficial en Economía de la Escuela Austriaca, de la Universidad Rey Juan Carlos, Madrid.

Si le preguntamos a un ecologista qué piensa sobre el fracking seguramente oiremos alusiones a la filtración de gas metano, aguas subterráneas envenenadas, terremotos y, en general, un completo desastre medioambiental. Pero la realidad es que los continuos estudios, de gran calidad la mayoría de ellos, apuntan casi todos hacia el carácter fundamentalmente verde del método de fracturación hidráulica. El punto clave en la discusión ecológica de este nuevo tipo de extracción de gas (y también petróleo) tiene que ver con la perforación de los pozos, la extracción del gas y el tratamiento posterior de las instalaciones.

1) El fracking contamina acuíferos de los que obtenemos el agua corriente. Esto es falso porque la fracturación hidráulica se produce varios centenares de metros por debajo de la altura a la que se encuentran los acuíferos y capas de roca sólida separan los depósitos de gas y petróleo de los acuíferos. Este amortiguador natural hace que la temida filtración sea prácticamente imposible. Además, los pozos se construyen con al menos 4 capas de acero y hormigón por lo que no existe posibilidad alguna de fuga.

2) El fracking necesita una enorme cantidad de agua para su actividad. No diremos que el fracking usa mucho o poco agua pues eso es una valoración subjetiva, pero sí diremos que sus necesidades de agua son menores que las que otras energías necesitan para su producción como el carbón y la nuclear. La perforación de un pozo consume normalmente entre 19 y 38 millones de litros, lo que multiplicado por los 4000 pozos existentes supone apenas el 0,03% del consumo total del país. Por otro lado, parte de dicha agua es reutilizada en otros pozos tras pasar un proceso de reciclaje, lo que reduce las necesidades de agua en futuras prospecciones.

3) Los productos químicos empleados son altamente peligrosos y ocultados del público. El 99,5% del fluido utilizado para fracturar la roca es agua y arena. Por lo tanto solo el 0.5% son químicos, que en ningún caso son secretos. Muy al contrario, todos ellos son publicados por la propias empresas extractoras en una web del Gobierno federal americano abierta al público llamada FracFocus. Allí el usuario podrá consultar los miles de pozos, uno por uno, abiertos por los centenares (literalmente) de empresas dedicadas al fracking. Además, no pensemos que se trata de elementos químicos muy alejados de nosotros pues todos los que podremos ver en dicha web se encuentran en nuestra vida diaria.

4) La perforación hidráulica produce terremotos. De nuevo, no existen evidencias de que la propia actividad del fracking cause terremotos pues esta actividad no emplea toda la energía suficiente para causar un movimiento sísmico. No obstante, no sería honesto pasar por alto que un derivado del fracking sí es culpable, nos referimos al almacenamiento geológico a presión de las aguas residuales tras su empleo en la fracturación. Pero simplemente reduciendo la cantidad de agua inyectada y la profundidad de los pozos, así como evitando zonas propensas a los temblores, puede ser claramente reducido el riesgo de provocar terremotos, que a pesar de todo es pequeño y de poca magnitud.

5) Las aguas residuales del fracking suponen un peligro. Este es a nuestro parecer el punto más débil de la fracturación hidráulica. En media, alrededor del 20% del agua inyectada en un pozo se recupera tras finalizar la perforación. Este agua, contaminada con los productos químicos empleados pero, sobre todo, con elementos químicos muy peligroso traídos de las profundidades hace que su tratamiento sea muy complejo. Existen dos vías mayoritarias de tratamiento en la actualidad, por un lado el reciclaje y por otro el almacenamiento. El reciclaje parece la mejor solución pues evita tener que volver a gastar más agua en futuros pozos y, sobre todo, carece del grave problema del almacenamiento geológico profundo del agua contaminada, que como acabamos de ver, es la causante de los pequeños pero no desdeñables terremotos referidos en el punto anterior.

Visto lo anterior parece claro que la actual mala fama de las actividades del fracking se encuentra muy sobredimensionada. Por un lado el lobby carbonífero presiona y mucho por no perder su cuota de poder. Por otro lado el lobby ecologista intenta hacer valer sus posiciones mostrando y exagerando solo lo malo. A nuestro entender el fracking no es tan verde como las energías eólica y solar pero es mucho mejor que el carbón, y a esa nadie la cuestiona de esta forma.

¿Es el fracking el próximo desastre ecológico? Estudio del caso americano Wednesday, Jun 25 2014 

Trabajo correspondiente a la asignatura ECONOMÍA Y MEDIO AMBIENTE, del Máster Oficial en Economía de la Escuela Austriaca, de la Universidad Rey Juan Carlos, Madrid.

En este trabajo hablaré sobre lo en todo el mundo se ha venido en llamar fracking, palabra inglesa que denomina el proceso de fracturación hidráulica para extraer gas de las capas profundas de la corteza terrestre. No voy a tratar en este trabajo de las consecuencias económicas de este nuevo método pues creo que eso no se discute. Nadie pone en duda que es la gran revolución en marcha en los EE.UU.1, que ha salvado su economía de los desastres de la Administración Obama y de la Fed, sino que además a buen seguro reordenará el marco estratégico internacional en tanto en cuento un actor preponderante en la escena global como los EE.UU. no van a tener la necesidad de llevar a cabo campañas militares como la de Iraq. Pero repito, todo eso es obvio y nadie discute que ocurrirá, solo se debate en qué medida y cómo el mundo cambiará2. De lo que quiero hablar aquí es de las pegas que se ponen a ese nuevo foco de desarrollo económico y que son todas de corte ecológico. El capitalismo, como es tan común desde la izquierda, es acusado de no ser respetuoso con el medio ambiente en sus procesos industriales. En el caso que nos ocupa la industria energética que está explotando las inmensas fuentes de gas de esquisto se ha visto bajo el foco de la sospecha, cuando no directamente acusada, de llevar a cabo prácticas extractivas peligrosas para el ser humano y el entorno natural, visibles tanto a corto como largo medio plazo. Vamos a ver si tiene sentido acusar a la industria privada de semejantes prácticas o por el contrario todas las críticas tienen más que ver con el desconocimiento o incluso con la defensa de otros intereses ocultos.

¿Cómo funciona realmente la fracturación hidráulica? Se define fracturación hidráulica como el proceso consistente en inyectar un fluido basado en agua, arena y aditivos químicos, a gran profundidad con el objetivo de liberar recursos naturales tales como petróleo, gas natural, energía geotérmica e incluso agua atrapada en las formaciones de roca en profundidad. Respecto del gas de esquisto (gas natural alojado en las formaciones de las rocas de esquisto bituminoso), los productores de este gas perforan la superficie mediante pozos que tienen una media de 2300 metros de profundidad, es decir, cientos de metros por debajo de los acuíferos de agua potable. Una vez que la empresa ha completado el proceso de perforación, que lleva de dos a cuatro semanas, se procede a la propia fracturación de la formación rocosa mediante la inyección del mencionado fluido a alta presión y que se extiende varias decenas de metros en horizontal respecto de la vertical del pozo. Esta parte del proceso lleva entre tres y cinco días en ser completada, tras la cual el pozo producirá gas natural durante los siguientes veinte a cincuenta años, o puede que más. Tras la perforación la compañía incluso se encarga de devolver al entorno natural alrededor del pozo su aspecto más natural trayendo nueva tierra y nueva vegetación, dejando únicamente la salida del pozo y los tanques de almacenamiento como vestigio de todos los trabajos llevados a cabo. Por otro lado, parte de los fluidos empleados en el fraccionamiento suben a la superficie y es almacenado temporalmente. Dichos fluidos son reciclados por la propia empresa en forma de aguas residuales o almacenados bajo tierra en profundidad3.

La fracturación hidráulica no es en absoluto un método nuevo en la industria energética ya que se ha venido empleando, solo en los EE.UU., en más de un millón de pozos durante los últimos 60 años, y de forma generalmente exitosa pues se han extraído más de 7500 millones de barriles de petróleo y más de 18000 billones metros cuadrados de gas natural. No olvidemos que simplemente 28 billones de metros cuadrados son suficientes para dar calefacción a quince millones de hogares durante un año. El desarrollo de la fracturación hidráulica y la perforación horizontal han incrementado significativamente el acceso y explotación a las reservas probadas de petróleo y gas natural en numerosos estados americanos, tales como Alabama, Arkansas, Colorado, Illinois, Luisiana, Michigan, New York, Dakota del Norte, Oklahoma, Pennsylvania, Texas y Wyoming.

Aunque los geólogos y las empresas energéticas han tenido conocimiento de las reservas de petróleo y gas de esquisto desde hace décadas no ha sido hasta fechas recientes que los avances tecnológicos aplicados a la perforación horizontal y la fracturación hidráulica han hecho posible la extracción a gran escala de los recursos gasísticos y con ello la venida del boom económico ha sido posible. Solamente en el estado de Dakota del Norte, en diciembre de 2009, existían 4600 pozos que produjeron 7,5 millones de barriles de petróleo crudo. Apenas dos años después, en enero de 2012, en Dakota del Norte había ya 6600 pozos en funcionamiento produciendo 16,9 millones de barriles de petróleo mensuales. En otro estado, Pennsylvania, la producción de gas natural más que se cuadruplicó entre 2009 y 2011. Este boom petrolero y gasístico ha permitido la creación de numerosos puestos de trabajo para geólogos, ingenieros, trabajadores de maquinaria pesada, conductores de camiones y soldadores. E indirectamente todo esto implica asimismo una mayor demanda en tales áreas de servicios adyacentes tales como restaurantes, negocios de repuestos/reparación, comercios de maquinaria, hoteles e incluso lavanderías. La producción de energía a través del fracking se está convirtiendo en un catalizador de la revitalización económica a lo largo de todo el subcontinente norteamericano, siendo el método de la fracturación hidráulica un elemento clave para el desarrollo de la producción de petróleo y gas a nivel global.

Verdades y mitos de la fracturación hidráulica. A pesar de que este método no es ni mucho menos nuevo pues ha venido empleándose desde hace décadas y a pesar también de que el fracking ha ayudado de manera crucial a la reciente reactivación energética, dicho método ha recibido numerosas críticas negativas debido a informaciones incorrectas y exageraciones sin base. La mayor parte de la preocupación del público se debe a su preocupación sobre la posibilidad de que la fracturación hidráulica contamine los acuíferos, el tipo de químicos usados, la capacidad de crear terremotos y la gestión del gasto de agua. Dichas cuestiones ya son reguladas, en los EE.UU. por numerosas leyes y regulaciones de todo tipo tanto de carácter federal como estatal. No obstante vamos a comentar las respuestas y soluciones que la propia industria energética, y por ende el mercado, están dando a estos problemas.

¿Pone el fracking en peligro los acuíferos y provoca la contaminación del agua destinada al consumo? La realidad es que esta actividad está sujeta tanto a la normativa estatal como federal y no se ha detectado ningún ejemplo de contaminación en el agua corriente. No debemos olvidar el hecho de que los acuíferos se sitúan bastantes cientos de metros por encima de la altura a la que actividad del fracking tiene lugar. Además, las empresas extractoras construyen los pozos con especiales medidas de seguridad como cubiertas de acero y cemento para impedir la salida de gas y ningún organismo del ramo ha encontrado pruebas de lo contrario4. No obstante, a pesar de que por el momento no se han encontrado evidencias de lo contrario, la EPA continua investigando y tiene como objetivo publicar un estudio de amplio espectro sobre el fracking y el agua corriente que pueda corregir las debilidades de los estudios hasta ahora en términos de selección de datos estadísticos, su tratamiento, la ausencia de un amplio control por la comunidad científica e incluso falta de transparencia. Finalmente, en el siguiente gráfico obtenido de la propia web de la EPA se puede apreciar claramente la imposibilidad práctica de contaminación de los acuíferos ya que éstos se encuentran en una capa superficial mientras que el estrato de roca que contiene el gas se encuentra dos kilómetros por debajo.

¿Se desperdician enormes cantidades de agua durante la fracturación de la roca? La extracción de gas natural de las formaciones de roca requiere técnicamente una menor cantidad de agua que otras energías competidoras, en particular, el carbón y la nuclear. Veamos en el siguiente gráfico la distribución de los usos del agua en EE.UU.5 En él se aprecia que el porcentaje de agua empleado por la minería de gas y petróleo es absolutamente menor, apenas del 1%.

Además, si nos limitamos a estudiar el agua usada en perforar los nuevos pozos anuales, unos 4000 al ritmo actual, el consumo de esa actividad apenas llega al 0.03% del total del consumo nacional. Esto, en términos de un pozo individualmente considerado significa que se requiere para ser perforado entre 19 y 38 millones de litros de agua, de los cuales un 20% de media vuelve a la superficie y se están consiguiendo recuperar en algunos casos hasta el 70%. No parece pues que haya motivos suficientes para ser alarmista en este sentido.

¿Son los productos químicos empleados en el proceso de fracking elementos peligrosos y/o escondidos por la industria? Los fluidos empleados en el fracking están basados fundamentalmente en agua y arena y solo un pequeño porcentaje involucra a productos químicos que en todo caso son de uso común en los hogares y, desde luego, están regulados por la legislación estatal. En concreto, el 99,5% del contenido del fluido es agua y arena, mientras que el 0,5% restante son los aditivos químicos6, entre 3 y 12 tipos diferentes, dependiendo su mix de la composición de la fuente de gas en concreto, así como de la región geográfica y del pozo en particular. La combinación de aditivos tiene como función la disolución/desgaste/erosión de los minerales, impedir la aparición de bacterias, la corrosión de la tubería, minimizar la fricción y mantener las fracturas en la roca abiertas. Todos los productos empleados en el proceso de fracturación son de uso común, desde limpiadores de piscina, detergentes domésticos, cosméticos e incluso helados comestibles. Ninguno de esos aditivos químicos son ocultados al público, y la ley federal estipula que la empresa debe proveer información detallada de carácter técnico al personal de emergencia en caso de accidente. Además, por un lado los estados tienen sus propias leyes reguladoras del fracking que estipulan las circunstancias en que los químicos empleados deberán hacerse públicos, y por otro lado, a nivel federal, el Departamento de Energía, en colaboración con el Consejo de Protección de las Aguas Subterráneas, creó una web llamada fracfocus.org que informa detalladamente de los productos químicos empleados en el proceso de fracturación. Dicha información es proporcionada motu proprio por las empresas, especificando los químicos empleados en casa pozo a lo largo de todo el país. Transparencia absoluta78.

¿Es el uso de agua usada en el fracking peligroso y desregulado? Las empresas desechan y reciclan las aguas residuales empleando diferentes métodos, todos los cuales son reconocidos por las leyes federales y estatales. Las empresas normalmente usan alrededor de quince millones de litros de agua proveniente de lagos, ríos y depósitos municipales. La mayor parte del agua se queda enterrada pero entre un 15 y 20 por cierto se recupera a través del pozo. Este agua que vuelve a la superficie efectivamente contiene los químicos de los que hemos hablado, así como otras sustancias naturales pero peligrosas que haya podido recoger en su camino de regreso. Dicho agua en ningún caso será destinada al consumo humano y su desechado está controlado. En este sentido, como en casi todos, existe una diversidad de legislaciones estatales por lo que no se puede hablar de un solo tipo de tratamiento de residuos. Las empresas emplean una gran diversidad de métodos que sueles incluir el almacenamiento temporal en depósitos especiales. Otras empresas optan por reciclar9 y volver a usar esos fluidos pues es más respetuoso con el medio ambiente y también más económico. Otro tipo de soluciones pasan por el almacenamiento en profundidad en instalaciones altamente controladas. A pesar de todo lo dicho, existe una cierta preocupación en algunos estados como Pensilvania por el hecho de que las aguas residuales del fracking pudieran verterse a cursos de agua que en última instancia sean objeto del consumo ciudadano pero las autoridades no han encontrado por el momento rastro de que eso esté ocurriendo10. En cualquier caso, la gestión de las aguas residuales se encuentra muy vigilada tanto por los gobiernos como por las propias empresas, plenamente conscientes del peligro que suponen.

¿Causa el fracking terremotos? El propio proceso de fracturación no causa per se terremotos, solo en muy raras circunstancias el uso de pozos para el almacenamiento, que no fracturación, ha causado terremotos. Se han registrado movimientos sísmicos que van hasta los 4 grados en la escala Richter cerca de pozos de gas de esquisto que han traído la polémica sobre si se trataba de causalidad o casualidad. Lo que está claro es que el proceso de fracking por sí mismo no causa terremotos. Pero como mencionábamos en el punto anterior, el almacenamiento de las aguas residuales en pozos sí que ha sido probado como causante de terremotos de pequeña escala. No obstante, frente a los más de 30.000 pozos de almacenamiento, solo se han registrado una decena de actividades sísmicas directamente relacionadas y en ningún caso hubo daños relevantes de ningún tipo. Pero no hay que perder de vista del análisis que los terremotos causados por acción humana no se deben exclusivamente a la extracción de gas vía fracking pues un estudio11 asegura que el hecho de que las actividades geotérmicas dedicadas a la captación del calor interno de las capas profundas de la tierra han causado bastantes movimientos sísmicos, más que el fracking. Además, se pone de relieve que la continua inyección de dióxido de carbón a alta presión, procedente de plantas de carbón también induce los terremotos y, si cabe, de magnitud considerable. Por lo tanto el fracking no es la primera actividad humana que causa ligeros movimientos de tierra y no es la más grave. Por ende, no debemos exagerar esta cuestión sino entenderla en su justa medida pues actividad en el subsuelo no es en absoluto un nuevo fenómenos y en cualquier caso si una perforación causara por primera vez un daño serio entonces deberían establecerse responsabilidades pero no podemos ex ante prohibir todo una industria sin tener pruebas concluyentes de que nada de eso pudiera llegar a ocurrir.

¿Falta de regulación? ¿Federal o estatal? En principio, en tanto que defensores del libre mercado y tras haber visto cómo se resuelven los problemas por las propias empresas debería quedarnos claro que la mejor regulación es la del mercado pero sin llegar a extremos anarquistas diremos que si algún tipo de regulación pública debiera haber es, sin lugar a dudas, la estatal por cuento respeta mejor los principios liberales y es más efectiva. La historia americana libertaria es claramente pro-states y en este caso hay quien llega a asegurar que el éxito del fracking promoviendo la extracción a gran escala de gas y petróleo respetando el medio ambiente se sustenta en una regulación estatal bastante convincente12. Todos los estados en los que se existen pozos de gas de esquisto han regulado pertinentemente y lo han hecho desde hace décadas, sin rastro de contaminación desde entonces. La propia EPA reconoce que no tiene por qué ser ese organismo federal quien regule pormenorizadamente la gestión de los pozos. Pero a pesar de todo esto es innegable el proceso de duplicación legal que se viene produciendo por parte de la propia EPA13. Esta situación pone en peligro la estabilidad del mercado puesto que la economía liberal requiere, para su correcto funcionamiento, la existencia de normas claras, justas e iguales para todos los agentes. En la medida en que comience la sobrerregulación (y duplicación) se pondrá en riesgo consecuentemente la actual efectividad de la industria extractora, pudiendo dar lugar a graves distorsiones.

Conclusiones. Hemos visto que el fracking tiene unas enormes potencialidades y es preciso no perderlas de vista a la hora de analizar las consecuencias del fracking, sobre todo desde un punto de vista del puro análisis coste-beneficio. No obstante, a pesar del enorme presente y futuro económico de este método extractivo lo que nos ha preocupado es estudiar su punto débil antes de ser aprobado como la nueva revolución energética, a saber, su supuesta falta de respeto por el medio ambiente. Vimos que existen diversas críticas pero casi todas ellas carecían de fundamento real y eran más el fruto de la desinformación y los prejuicios. Únicamente dos preguntas nos dejan ligeras dudas. Por un lado el almacenamiento a presión de los fluidos restantes se ha demostrado causante de terremotos de pequeño alcance y, sobre todo, la propia gestión de esas aguas residuales aún no es un caso cerrado, siendo las soluciones actuales no plenamente satisfactorias14. Finalmente nos hemos referido al marco regulatorio, el cual a pesar de encontrarse dominado por la legislación estatal de calidad y en competencia, lo cual ha beneficiado enormemente el desarrollo intenso y sin problemas medioambientales del fracking, existe un creciente interés a nivel federal por duplicar la legislación, lo cual pondría en peligro los sanos fundamentos del mercado de fracking.

Bibliografía. Si bien hemos dicho que la fracturación hidráulica no es un fenómeno reciente pues lleva décadas llevándose a cabo, su revolución sí lo es por lo que la mayor parte la literatura se encuentra todavía en internet, en forma de infórmenes, blogs y periódicos online. En particular han sido utilizados los siguientes enlaces útiles:

  • Frac Focus, web pública colaborada por las empresas inmersas en la industria del fracking. Información certera, abundante, visual y didáctica: http://www.fracfocus.com

  • The Shale Revolution I & II, realizados por Credit Suisse, y publicados en diciembre de 2012 y octubre de 2013, respectivamente. Posiblemente el mejor informe sobre la fracturación hidráulica existente.

  • EPA, la Agencia de Protección al Medio Ambiente estadounidense es el máximo organismo público y referencia de la protección medioambiental pública: http://www.epa.gov.

  • Comisión Interestatal Conjunta de Gas y Petróleo, Abundante información también en : http://www.iogcc.state.ok.us/

  • Energy, Markets and Money, el blog en inglés del economista español experto en mercados energéticos Daniel Lacalle: energyandmoney.blogspot.com.

  • Otras webs como Heritage Foundation y el Cato Institute también tienen abundante literatura sobre el fracking. No obstante, dado que el fracking está absolutamente vivo es preciso leer los periódicos y agregadores de noticias para estar al tanto de las novedades en este sector.

—————————————————————————————————————————————————–

1 En el momento de escribir este trabajo hay registrados 63000 pozos en los Estados Unidos, de los cuales casi 4000 son nuevas perforaciones anuales. Ver http://www.fracfocus.org.

2 Son altamente recomendables los infórmenes publicados por el banco suizo Credit Suisse al respecto: The Shale Revolution I y II, con fechas de diciembre de 2012 y octubre de 2013. En ellos se muestra que el enorme impacto del gas de esquisto en la economía global y que consecuentemente acabará por redefinir las estructuras de poder actuales de arriba abajo.

5 Extraído de http://www.fracfocus.org.

6 La multinacional Halliburton creó un sistema de puntuación verde de los productos químicos empleados. Además la propia Halliburton ha desarrollado un producto llamado CleanStim cuya composición se basa 100% en desechos de la industria alimentaria. Pero no es la única, otras compañías del sector como Breitling están trabajando en el desarrollo de nuevas fórmulas que respondan a las necesidades de energías limpias por parte de los consumidores. Tal vez en un futuro la industria haya podido obtener un mix de químicos completamente verdes.

7 No obstante hemos de plantearnos la naturaleza real de las reclamaciones verdes pues a nuestro entender se trata de un concepto muy ambiguo pues las palabras verde y toxico han sido vaciadas de contenido. En el día a día cada individuo, empresas industriales y agroalimentarias empleamos una inmensa de productos químicos, contribuimos a la contaminación usando limpiadores y jabones, fertilizantes y pesticidas, y todos ellos acaban siendo filtrados a nuestro sistema de consumo de agua gracias a la lluvia.

8 En cualquier caso a la industria le gustaría acabar empleando en las perforaciones un mix de agua, arena y aditivos verdes. Están en el camino, lo cual demuestra la capacidad del mercado para aprender y automejorarse continuamente.

9 Un ejemplo de empresa auxiliar es Rettew Flowback Inc., cuyo negocio se centra en gestionar las operaciones de gestión del agua residual para las empresas extractoras. Rettew tiene la capacidad de filtrar el agua y dejarla lista para el consumo humano pero ese no es el objetivo ya que lo que se pretende es reutilizarla en fracking, dejando ciertos elementos como el cloruro sódico cloruro potásico sin filtrar pues son necesarios para una nueva perforación. Sin duda, la industria ha desarrollado la capacidad de filtrar el agua tanto como sea necesario y el objetivo último es hacer que la industria del fracking no requiera nueva agua para su actividad. Uno de los clientes de Rettew es Cheasepeak Energy Corp., empresa extractora que aplica los nuevos métodos de reciclaje que le llevan a reutilizar hasta el 95% de todo el fluido que se recupera. Este proceso ahorra millones de dólares a Cheasepeak y ahorra millones de litros de agua.

11 Ver dicho estudio: http://www.nap.edu/catalog.php?record_id=13355; el cual asegura que los proyectos geotérmicos han provocado más de 400 temblores de tierra desde 2005.

12 Ver la web de la Comisión Conjunta Interestatal de Gas y Petróleo http://groundwork.iogcc.org/topics-index/hydraulic-fracturing/state-progress.

13 Así por ejemplo, el Departamento de Interior redactó un borrador en el cual se establecía que los productos químicos empleados deberían ser públicos cuando ese proceso ya se había llevado a cabo.

14 En el caso de la energía nuclear las aguas empleadas para refrigerar el núcleo así como el propio material de uranio no tienen por el momento otro tratamiento general que el almacenamiento geológico profundo. Por lo tanto puede que la industria del fracking tampoco llegue a desarrollar plenamente una solución para sus residuos, conformándose con una gestión en los mismos términos que hoy día pero con técnicas mejoradas.

Next Page »